miércoles, 9 de diciembre de 2015

Sobre el libro blanco de Marina: niego la mayor


   Acaba de salir en los medios la noticia sobre la finalización del famoso Libro blanco de la profesión docente y su entorno escolar de José Antonio Marina, la cual es prácticamente igual en todos ellos, lo que me hace pensar que reproducen una nota oficial, precisión importante, porque no sería extraño que, en los próximos días, ante las previsibles críticas, Marina se defienda diciendo que se han reproducido o entendido mal sus palabras.  Esta presentación permite ya hacer algunas  consideraciones.
   1.- Es una incongruencia que el Gobierno actual publique un libro blanco.- Se supone que un libro blanco es un análisis general sobre el estado de una cuestión (en este caso, la profesión docente) como paso previo a introducir mejoras en ella. Con arreglo a esto, es condición sine qua non de todo libro blanco el ser presentado por quien puede llevar a cabo tales mejoras, requisito que ni el ministro ni el Gobierno actual reúnen, ya que estamos a pocos días de unas elecciones. Habría tenido lógica presentar un libro blanco en 2011 o 2012; presentarlo ahora, cuando sus auspiciadores están con un pie en el estribo, es una operación cosmética tan demagógica como ridícula, a la que no entiendo cómo ha podido prestarse alguien con el prestigio de José Antonio Marina.
   2.- Las propuestas que se han hecho públicas muestran serias lagunas.- Aunque el título de este artículo hace que esté un tanto fuera de lugar el entrar a valorar lo que en concreto propone Marina, voy a permitirme unas breves observaciones. Una de las principales diferencias de la propuesta de Marina (están muy bien esquematizadas en la imagen de arriba, sacada de ABC) es que dificulta el acceso a la docencia mediante estas novedades: un examen nacional después del grado universitario, un numerus clausus y dos cursos de prácticas después del máster. Es inobjetable la idea de que, endureciendo las condiciones de acceso, se orientará el sistema hacia la selección de los mejores, por lo que esta parte de la propuesta me parece plausible, y más si una de sus aportaciones -los dos años de prácticas- constituye un factor encaminado a mejorar en un terreno donde las respuestas actuales son bastante deficientes: la formación didáctica. Insisto en que esta parte de la propuesta me parece  buena, aunque ya de entrada tiene un pequeño lunar: se presenta sin avanzar su finaciación, y ya sabemos que estas cosas luego tendrán que llevarlas a cabo unos dirigentes políticos poco amigos de gastar en educación. Hay después otros aspectos donde ya las cosas no están tan claras. El primero es el de la formación docente de esos futuros docentes en los másteres de docencia. ¿Quién la va a llevar a cabo? ¿Qué se va a enseñar en ellos? Esta es una verdadera patata caliente que Marina, conocedor del actual estado de esta cuestión, elude "recomendando" sin demasiadas precisiones que la lleven a cabo personas con experiencia de aula, sin duda porque sabe muy bien que los actuales másteres son el coto privado de los psicopedagogos, los cuales enseñan allí sus eternas memeces, que solo han servido para una cosa: cargarse la enseñanza, y cuando hago estas rotundas afirmaciones me limito a reproducir las palabras que he oído a otros profesores universitarios y a un buen puñado de jóvenes profesores de instituto recién salidos de los másteres que se quejan amargamente de cómo han perdido el tiempo y les han estafado el dinero en los cursos de didáctica de sus especialidades, donde les han bombardeado con inútil y discutible doctrina pedagogista, pero les han dicho muy poco o nada acerca de cómo enseñar sus asignaturas o conducir un grupo. Si, después de las recomendaciones de Marina, se consigue arrancar de las garras de estos implacables señores la presa que tienen férreamente atrapada, empezaré a creer en su propuesta, mientras tanto... 
   Algo parecido sucede con otra recomendación de Marina de la que ya he hablado en alguna otra ocasión: su propuesta de que los directores decidan a la hora de elegir a los profesores: si esto no se hace erradicando antes el clientelismo ante los padres que actualmente domina la enseñanza y delimitando muy bien las atribuciones de los directores, no solo no será una mejora, sino que representará un serio factor de empeoramiento, ya que solo con lo que él propone no se garantiza que los directores no vayan a utilizar esa capacidad de selección dejándose llevar por sus filias y fobias personales; muy al contrario, situaciones así están siendo cada vez más abundantes, ¿o acaso cree el señor Marina o pretende hacernos creer a los demás que el colectivo de directores de centros educativos está compuesto exclusivamente de almas puras?
   Otro punto débil de la propuesta es la obligación de que los docentes se sometan a periódicas evaluaciones: esta es una condición muy exigente y de la que carecen muchas profesiones, por lo que endurecería tanto la práctica de la docencia que, para ser justos, tendría que tener la contrapartida de una sustancial compensación en el sueldo; dicho a lo llano: es un esfuerzo que debería pagarse, a no ser que el señor Marina piense que a los docentes, al contrario que al resto de los colectivos profesionales, se les pueden remunerar el trabajo y las tensiones adicionales con alabanzas y sonrisas. ¿Se podrían reflejar en los sueldos esas evaluaciones? ¿Se querría hacer? ¿Se haría? ¿Lo podría quitar el primer ministro o consejero al que se le antojase? No son incógnitas baladíes. 
   3.- Niego la mayor.- ¿Y cuál es la mayor? Pues muy sencillo: que lo que la educación española actual necesita sea un libro blanco sobre la docencia. Llevamos años en España percibiendo que algo falla en torno a nuestra educación, cierto, y vea el señor Marina de cuántas cosas hubiera podido hacer libros blancos: de la falta de estudio, de la presión sobre los profesores y la consecuente lacra del aprobado regalado, de la conflictividad escolar, de la falta de medios (agravada con los recortes), del insuficiente número de profesores en muchos centros, del intrusismo de los padres más energúmenos, de farsas como la enseñanza bilingüe, del desparrame producido por la transferencia de competencias a las comunidades autónomas, de los abusos que se cometen en algunas de ellas en materia lingüística u otras, de la necesaria revisión de los currículos (¡esa demencial unión de la Lengua y la Literatura!), de las terribles fisuras del sistema, de los disparates perpetrados por cargos incompetentes, prepotentes e ignorantes, de la inadecuada oferta educativa, del zarandeo a que se ha visto sometida la educación al llevar lustros regida por las ocurrencias de gobernantes y "expertos" que raramente han pensado con sensatez, honestidad y exclusividad en la enseñanza, e, incluso, de la mala práctica profesional de algunos docentes, por mencionar solo algunos de nuestros problemas. Si la situación es esta, ¿no hubiera sido más lógico, por ejemplo, abordar El libro blanco de la la educación y su entorno en España? No es sostenible que nos centremos solo en una cosa cuando hay tantas, no tiene ningún fundamento pretender que ahora toque precisamente el libro blanco del profesorado, no cuela, señores Marina y Méndez Vigo.
   Porque, además, el núcleo de la propuesta de Marina es la formación y selección del profesorado y este guachimán no es la primera vez que se ve obligado a hacer una precisión: no solo no son tan malas como inicua e interesadamente se está queriendo hacer creer desde determinados sectores, sino que, además, en el contexto general de este país, son de las mejores. Plantearé algunas preguntas: ¿para cuántas profesiones es requisito imprescindible el tener una titulación universitaria? ¿Cree alguien que los títulos universitarios se regalan? A mí no me regalaron ninguno de los dos que tengo. ¿Cuántos de los que nos critican saben siquiera de lejos lo que es prepararse bien una oposición? ¿Cuántos españoles saben lo difícil que es ganarla? ¿Cuántos se han enfrentado a la culturización suplementaria -dejando aparte las horas de estudio- que representa eso de carrera + oposición: las lecturas, el enriquecimiento a través del contacto con las diversas disciplinas del saber y de las artes, la información sobre cómo está el mundo...? ¿Cuántos profesionales tienen la cantidad de horas de formación permanente que tienen los profesores? ¿Cuántos, además del control de sus jefes, trabajan sin trampa ni cartón ante los ojos de sus alumnos y pueden ser supervisados por un cuerpo de inspectores? Muchos oficios están sometidos a exigencias muy duras, lo sé, porque a nadie se le da un sueldo por su cara bonita, pero todas esas cosas que he mencionado forman hoy parte de la formación, selección y control del profesorado: ¿a alguien le parece poco? Bueno, pues, aun así, desde ciertos sectores sociales, políticos e informativos se nos anatemiza sin ningún pudor, se nos está señalando, desde hace ya demasiado tiempo, como los causantes de los males de la enseñanza.
   Y no lo somos, claro, somos solo la cabeza de turco elegida por unos cuantos: ciertos expertos y pedagogos envueltos ya sea en el fracaso del actual sistema o en una pícara pesca de río revuelto consistente en presentarse ellos como salvadores y a nosotros como culpables; ciertos políticos ignorantes, corruptos o de intereses inconfesables que han utilizado los ataques contra el profesorado como maniobra de distracción o coartada para sus desmanes de todo tipo; los sectores más cavernícolas de la opinión pública... Por eso considero especialmente desafortunada esta iniciativa de José Antonio Marina: porque, se quiera o no, el elaborar hoy un libro blanco sobre la profesión docente equivale implícitamente a señalarnos como culpables del fracaso del sistema. Y no lo somos, niego la mayor, no se le puede hacer el juego de manera tan ingenua a la demagogia peor intencionada.               

6 comentarios:

  1. Pues al "Libro blanco de Marina" habría que añadirle la propuesta de carrera docente del PSOE para profesores de secundaria que dejaría fuera de la enseñanza a los licenciados de las diferentes áreas de ciencias, humanidades, lenguas..., y no sería más que un "magisterio gordo" Ojo, que algo así ya ha pasado, y degradado la enseñanza a niveles infames, conozco el caso de Chile.
    Y para guinda lo que acabo de leer hace unos minutos, las propuestas de Albertito Rivera arremetiendo contra la condiciín funcionarial de los profesores.
    Llevo tiempo pensando que en esta Restauración segunda parte no cejarán todos en convertir a este sistema neocaciquil-taifal en una sociedad de cesantes dependientes del "turno electoral"
    Ya lo decía Lázaro de Tormes: salir del trueno para dar en el relámpago.

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  2. Me imagino por dónde debe de ir lo de Ciudadanos, Hesperetusa, porque ya viene avisando desde hace tiempo de su intención de reducir el sector público a la mínima expresión. Del actual espectro político, tengo por muy cierto que son los más feroces enemigos de lo público y de la figura del funcionario, que yo creo que es un importante factor de estabilidad social y política, y lo digo bien alto, porque estoy muy orgulloso de ser funcionario y servidor público, ¡cuántos de los que nos criminalizan son unos perfectos cantamañanas, cuando no cosas peores! El partido de Ribera es resultón porque se presenta como recambio al podrido statu quo actual y lo critica, pero hay que tener mucho cuidado con ellos, porque en materia económica son tan neocon como los peperos más conservadores. Por otra parte, si te fijas en sus pactos o en cosas como lo suave que fue en el debate a cuatro del otro día la crítica de Ribera a la corrupción del PP, se generan serias dudas sobre si, llegados al poder, los de Ciudadanos van a ser muy distintos a lo que hay, así que eso del trueno y el relámpago no parece ninguna exageración. Yo les concedo el beneficio de la duda, pero una duda muy mosqueada.

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  3. Lo de Ciudadanos con el funcionario empieza a parecer patológico. Y es cierto que lo avisaste, lo recuerdo bien. En la diana, Pablo. Buen artículo, por cierto, como acostumbras.

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  4. Gracias, Alberto, lo mismo digo del tuyo. Más nos vale estar atentos y codo con codo. En cuanto a Ciudadanos, como me figuro que el 99'99999% de los españoles, estoy hecho un lío, porque todas las opciones tienen cosas que me agradan y cosas que me repelen, y de C's precisamente una de las que más me repelen (o, más bien, me aterran) es lo que ha dejado ver de sus proyectos hacia lo público y los funcionarios: este partido tiene un concepto de lo público digno de Reagan o de Thatcher y, por lo que se refiere a los funcionarios, no sé qué le habremos hecho, porque nos aplica sistemática y generalizadoramente la presunción de culpabilidad de los peores vicios: holgazanería, ineficacia, absentismo, incompetencia, falta de ética... Desde la oleada de hooligans políticos y de trolls mediáticos de allá por 2011, no he visto tal animadversión hacia nosotros, injustificada, por cierto, porque, valorados con objetividad y serenidad, los millones de funcionarios que "padece" España cumplimos bien o muy bien tareas esenciales, por no hablar de lo baratitos que salimos, hay datos de todo ello. Mucho de este rechazo de corte ultraliberal presencié en UPyD, por eso tengo las narizotas tan sensibilizadas hacia él. Que tengo cuidado Rivera: la trayectoria de UPyD no es en absoluto un imposible para su partido.

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    1. No hay opción buena, Pablo. Solo hay malas y peores. Y toca elegir si damos "un voto de desconfianza" a alguien o nos lo guardamos. Un abrazo

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  5. Está más claro que el agua, Alberto: esta es de las veces que no se puede dejar de votar. Que Dios nos pille "confesaos". Un abrazo.

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