viernes, 17 de agosto de 2012

El Golem y otros monstruos

   El ballet de las palabras (el blog cultural) es, como sabéis, el blog de mi amiga Patricia y en la columna de la derecha tenéis un enlace para cuando queráis visitarlo. Patricia se ha propuesto desde hoy una tarea tan generosa como ardua: dar asilo en su blog a escritores que no tienen demasiado éxito con el mundo editorial, para lo cual ha creado una sección que se llama Literatura viva. Para que rabiéis de envidia, os anuncio que Patricia me ha dicho que un día me hará un hueco en su parada de monstruos (muchas gracias, Patry), parada cuyo ilustre inaugurador es nada menos que el Golem. Os dejo con él.

martes, 14 de agosto de 2012

¿Qué resuelve un referéndum?

    Aunque Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo llevaban ya algún tiempo haciendo pública su idea de la necesidad de un referéndum sobre las medidas económicas del Gobierno, no había tenido hasta ayer (en un artículo firmado por ambos en "El País") una oportunidad de ver una exposición por extenso de esta propuesta. Si analizamos el artículo de los secretarios generales de los sindicatos mayoritarios, lo primero que llama la atención es que es muy breve: ciertamente, media página no parece una extensión suficiente para desarrollar una propuesta de tal envergadura, y supongo que esta será la causa de las importantes carencias que presenta el artículo, el cual, por ejemplo, no adelanta siquiera una pista acerca de cuál debería ser exactamente la pregunta (cuestión importantísima en un referéndum) ni hace la menor proyección en torno a lo que debería suceder después de la consulta, la ganase quien la ganase. Profundizando un poco más, se ve que el artículo tiene los siguientes contenidos:
   -En primer lugar, expone cuáles son las razones de la propuesta: la grave crisis económica que padecemos, la crisis social que esta ha desencadenado entre los españoles por motivos como el injusto reparto de las cargas, la creciente desconfianza hacia los políticos y las instituciones, la ausencia de las medidas más duras en el programa electoral del PP y el derecho de la ciudadanía a opinar sobre las políticas que los gobernantes le imponen. A esta exposición de razones dedica la mayor parte de su extensión.
   -En segundo lugar, con bastante más brevedad, apela a dos fundamentos que legitimarían la propuesta: el artículo 92.1 de la Constitución y el precedente del referéndum sobre la entrada en la OTAN.
   -Por último, con bastantes menos consideraciones de las que merecería, presenta las finalidades de la consulta, que quedan resumidas en las últimas líneas del artículo:
    "Si a esto le añadimos que estas medidas las sufrimos todos pero nadie ha podido opinar sobre ellas, se entenderá que pidamos que el Gobierno convoque un referéndum para que la ciudadanía pueda expresar libremente su opinión sobre si este es el camino a seguir para superar la crisis".
   Con todos mis respetos para Toxo, Méndez y sus sindicatos, me produce perplejidad que esta del referéndum sea o aparente ser su principal propuesta en un momento como el que atravesamos. Se me ocurren unas cuantas objeciones. La primera es la pregunta: ¿qué se preguntaría? Si atendemos al artículo, la pregunta tendría que ser: "¿Es este el camino a seguir para superar la crisis?" Imaginemos que el Gobierno (como suele suceder en los refrendos) gana y el Pueblo responde que sí: el resultado sería que deberíamos pensar que, en efecto, lo que está haciendo el Gobierno es lo adecuado, así que ¡adelante! ¿Es a esto a lo que nos quieren conducir UGT y CCOO? ¿A que podamos decir: "Esta política es una opción suicida y plagada de injusticias, pero el Pueblo la refrendó"? Espero que los sindicatos mayoritarios tengan ideas mejores que esta. Pero ¿y si sale que no? Entonces, ¿qué? Esa sería una situación muy delicada e interesante, y creo que Toxo y Méndez deberían haber tenido la entereza de decir qué piensan ellos  que debería suceder en este caso. El guachimán sí la tiene y lo dice: el Gobierno debería dimitir, pero advierto un par de cosas: primera, que los gobiernos no suelen perder refrendos; segunda, que vendrían unas nuevas elecciones, y entonces, otra vez, ¿qué? ¿Un nuevo Gobierno salido de unas nuevas elecciones? ¿Es eso lo que quieren Toxo y Méndez? ¿Por qué no lo dicen claramente? ¿Y para qué se necesitaría un rodeo tan caro, absorbente y delicado como un referéndum, si el Gobierno que hay tampoco está claro que vaya a aguantar mucho? ¿Y realmente la tremenda crisis que atravesamos se resuelve SOLO con un nuevo Gobierno salido de unas elecciones?
   Me temo que no; ciertamente, el actual Gobierno está penosamente agotado, pero es que Méndez y Toxo tienen razón: España atraviesa una tremenda crisis económica, social y política, en la que cada vez se ve más claro que son muchas y muy importantes las cosas que tienen que cambiar y que resolverse: banca, recortes, paro, injusticia, corrupción, crisis de casi todas las instituciones, desconfianza en la  clase política, derrumbe del sistema autonómico... Eso es mucho y muy complejo, ¿qué resuelve un referéndum? En la delicadísima situación actual, las organizaciones como CCOO y UGT deben tomar conciencia clara de la coyuntura (que la tienen), posicionarse (deberían saber de qué lado están y dejarse de gestos confusos que acabaremos pagando todos) y ádoptar con decisión posturas y medidas propias, coherentes y con contenido, sin esconder la cabeza debajo de ningún referéndum tan improbable como inútil. Estamos muy mal y podemos acabar peor; toca trabajar en serio. 

domingo, 5 de agosto de 2012

Henning Mankell

   Una de las ventajas que tiene el verano es que nos permite perder el tiempo en cosas importantes. Gracias a esto, he podido dedicar unos días a  releer La quinta mujer, la extraordinaria novela del escritor sueco Henning Mankell, que seguramente muchos conoceréis. Pertenece a la serie de novelas policiacas escritas por este autor y protagonizadas por el comisario Kurt Wallander, de la cual yo he tenido el placer de leer las siguientes: Asesinos sin rostro, Los perros de Riga, La leona blanca, La falsa pista, La quinta mujer y Pisando los talones. Todas ellas me parecen estupendas, pero, a mi juicio, La quinta mujer es la mejor, es tan entretenida y atractiva que las 635 páginas que tiene las vas devorando sin apenas darte cuenta.
   Soy medianamente aficionado al género policiaco y, de los autores que he leído, Henning Mankell me parece el más completo; sin ir más lejos, hace dos o tres años, se puso de moda -atención al dato: en verano- la famosa trilogía Millennium, de su compatriota Stieg Larsson, que es netamente inferior. Recuerdo que me leí el primer tomo de la serie (Los hombres que no amaban a las mujeres) y no pasé de ahí, porque, junto a algunos aciertos como ese pintoresco personaje llamado Lisbeth Selander, la novela tenía un defecto para mi gusto imperdonable: importantes grietas en el argumento (por ejemplo: no puedes montar un novelón de casi ochocientas páginas buscando al asesino de un personaje que... al final está rocambolescamente vivo). Henning Mankell jamás comete un error así: sus novelas están perfectamente estructuradas y las historias a que dan lugar las maldades de sus villanos podrán ser un poco tremendistas, pero no están montadas sobre la nada. Estas y otras virtudes suyas están compendiadas en La quinta mujer, así que pasaré a enumeraros algunas. En primer lugar, este autor utiliza un narrador externo en tercera persona y de una absoluta omnisciencia, lo que le permite mostrarnos las tramas con toda naturalidad desde los dos lados: el del criminal y el del equipo de policías capitaneados por Wallander que intentan darle caza. En segundo lugar, haciendo uso de esta omnisciencia, Mankell profundiza mucho en los móviles que empujan a sus villanos, no solo en los personales, sino, en ocasiones, en motivaciones de facto que pueden remontarse a muchos años atrás (esto se aprecia muy bien en La quinta mujer). La profundización psicológica afecta también al lado de los "buenos", sobre todo, en la figura de Wallander, cuyas reflexiones sobre lo divino y lo humano aparecen a todo lo largo y ancho de las novelas. Esto da lugar a la tercera virtud que encuentro: las reflexiones de Wallander suelen ser muy actuales y poner el dedo en la llaga en problemas universales tales como la violencia o la corrupción, lo que añade a las novelas un ingrediente de perspicaz valoración de la sociedad actual y hace que nos sintamos muy identificados con el personaje, al que inquietan cosas que nos inquietan a todos. Pero es que además -cuarta virtud- Wallander también les da vueltas en la cabeza a cosas tan prosaicas como los precios desorbitados de los bocadillos en los trenes -le vemos indignarse con eso-, su dolor de estómago, la delantera que le lleva siempre el tiempo para resolver satisfactoriamente sus asuntos personales y profesionales o el "palo" que le han dado con la reparación del coche, cosas que convierten a este personaje en un ser muy vivo, en una persona casi, polivalente, contradictoria, cercana. Esa humanidad procede de la minuciosidad de miniaturista -quinta virtud- con que Mankell dibuja a sus personajes, incluso a los menos relevantes, todos ellos con sus rasgos característicos, lo que hace que en sus novelas prácticamente no haya personajes planos. La minuciosidad alcanza también a la presentación de los hechos, a menudo (por ejemplo: en La quinta mujer), desplegados con calendario y hasta horario. Y todas estas cosas tan cotidianas -sexta virtud- las integra Mankell en sus tramas policiales si que raspen al encajar, con absoluta naturalidad. La quinta mujer ostenta una séptima virtud de propina: los crímenes que Wallander investiga están relacionados con un sórdido y terrible mal que nos azota en la actualidad (el que quiera saberlo, que lea la novela), abordado de tal modo que el lector no acaba de tener muy claros sus sentimientos hacia el "malo" de la historia.
   Terminaré hablando de las novelas no "wallanderianas" de Henning Mankell, de las que he leído dos: Profundidades y Zapatos italianos, ambas interesantísimas. El protagonista de la primera es un personaje muy complejo y de una crudeza naturalista, de hecho, así es la historia: cruda, gélida (hasta por los escenarios), brutal. La segunda es ya una historia más amable, una especie de crepuscular novela del camino poblada de seres a la vez corrientes y admirables. Ambas tienen, a mi juicio, un denominador común: la soledad: tanto el feroz Lars Tobiasson de Profundidades como los personajes de Zapatos italianos son seres terriblemente solitarios. Y, si bien se mira, también Kurt Wallander es un incurable solitario: divorciado de su esposa Mona, incapaz de atraerse a Baiba, más separado de lo que quisiera de su padre y de su hija... Quizás uno de los temas de fondo de Henning Mankell sea la soledad humana.