sábado, 13 de mayo de 2017

"El molino de La Barbolla": primera reimpresión

   Pues sí, amigos, este ha sido un buen año para El molino de La Barbolla, ya que lo han puesto como lectura en algunos centros más y se han agotado los ejemplares, así que he tenido que hacer una nueva reimpresión. Aparte de lo que aparece en la columna de la derecha, acerca de este libro también podéis informaros en el primer artículo que escribí sobre él
    Cuando me decidí a arriesgar con El molino de La Barbolla, fue porque percibía que en el nivel de 1º de ESO había un cierto vacío de libros que pudiesen resultar atractivos para los lectores, así que me lancé a componer uno que reuniera una serie de ingredientes que yo creía que a ellos les gustan, tales como la amistad, el dinamismo o el misterio. Aunque me esté mal el decirlo, creo que acerté, y me baso en lo que he visto en las ya bastantes charlas con lectores que he dado, tanto en lo que ellos me transmiten como en lo que me dicen sus profesores. Estos últimos suelen insistir en una cosa: en que ellos y sus alumnos están más bien hasta la coronilla de tanto tema transversal embutido malamente en historias mohínas, aviso para las editoriales y su corrección política, tan oportunista como hipócrita. Quiero añadir algo más: junto a los ingredientes que he mencionado más arriba, me preocupé también de otras cosas, como el estilo literario, la riqueza del vocabulario o la inclusión de elementos de cierto nivel cultural: la calidad y la diversión no solo pueden, sino que deben ir juntas: entretener a un lector joven no tiene por qué significar empobrecerle. 
    Para que os hagáis una idea de cómo es la historia, voy a terminar dejando tres fragmentos que considero significativos, cada uno de un capítulo diferente, y empezaré por el comienzo del libro. 
Primeras líneas del capítulo I (La cuerda)
    Era una hermosa mañana de mayo. En la plaza de la iglesia, la brisa cantaba entre las ramas de un olmo y los ciprinos de la fuente surcaban de lado a lado las aguas entibiadas por el sol. 
    Irene y Emma, dos niñas de doce años, descansaban de no hacer nada tumbadas sobre el montón de tierra que unos albañiles habían dejado en un rincón de la plaza. A pocos pasos yacían sus bicicletas con los manillares retorcidos hacia atrás, como si estuvieran vigilando a sus dueñas por temor a que escapasen. 
Del capítulo III (El fantasma de las salinas):
    Ese pozo que habéis visto se hizo allá por los años cuarenta, mejor dicho: se empezó a hacer, porque nunca llegó a terminarse; fue como un maldición. Los dueños de la salina quisieron aprovechar la bolsa de agua que había debajo de la nave, así que un buen día vino una empresa de prospecciones, instaló el taladro más grande que nunca se había visto por aquí y comenzaron a perforar el suelo. A las dos semanas, habían profundizado ya más de treinta metros y dieron con un yacimiento pequeño y con muchas impurezas, de modo que decidieron seguir en busca de otro mayor; ojalá no hubieran tenido nunca esa idea.
Del capítulo V (La casa de Villacorza):
    Tenía un par de estatuas de mármol y dos de sus paredes estaban cubiertas de libros de todos los tamaños, algunos, llamativamente grandes. La mayoría parecían ser muy viejos. Tal vez por sus tonos oscuros o el olor a papel rancio que exhalaban, había en ellos algo que repelía, pero a Irene no le extrañó, porque lo cierto -pensó mientras los observaba- era que, pasados los primeros días, habían podido ir comprobando que no todo era maravilloso y atractivo en aquella casa: estaba siempre tan sombría...; y luego, las cosas: muy bonitas, muy valiosas, sí, pero ¡todas antiquísimas! A veces, además, encontraban objetos o rincones que resultaban como aquellos libros: inquietantes sin que se supiera por qué. 
    ¿Os ha parecido interesante? Me agradaría pensar que sí. La Barbolla, Imón (donde están las salinas del capítulo III), Villacorza...: sitios reales donde se sitúa una historia irreal y misteriosa; ese es uno de los aspectos que más atraen a los lectores del libro y por los que más suelen preguntarme los chicos en las charlas: ¿cómo son, qué hay allí de verdad? Siempre resulta fascinante el abrazo entre la realidad y la fantasía.    

viernes, 5 de mayo de 2017

"La sociedad gaseosa", de Alberto Royo

   El pasado mes de marzo, se publicó La sociedad gaseosa, segundo libro de Alberto Royo, del que hará una presentación aquí en Madrid el próximo jueves 18 a las 19:00 horas, en la Casa del Libro de la calle Fuencarral, os adjunto abajo el cartel.  
   Entrando ya en el libro en sí, se trata de un volumen no muy extenso (189 páginas), encabezado por un prólogo de Enrique Moradiellos y compuesto de una introducción, veintitrés capítulos de diversa extensión y dos epílogos. En lo referente al contenido, se concreta en tres ejes temáticos fundamentales. En primer lugar, el autor adopta un decidido posicionamiento en favor de todo lo que represente cultura y conocimiento, ya sea de ámbito científico, humanístico o artístico, posicionamiento que a menudo adquiere un tono de defensa, parece mentira que hayamos llegado a una situación en que cosas así necesiten ser defendidas, pero los hechos no dejan lugar a dudas. En este eje nos habla también de lo imprescindibles que son el esfuerzo, el interés y la dedicación para alcanzar frutos tan excelsos como el conocimiento profundo o la producción de belleza artística. En segundo lugar, y en coherencia con el título del libro, aborda Alberto el penoso panorama de baratija intelectual que se está imponiendo en nuestra sociedad y lo hace a través de una serie de reflexiones y ejemplos, que van desde Operación Triunfo como máximo exponente del escaparate musical hasta la variada gama de "expertos" educativos que, con sus esperpénticas recetitas milagro, están embaucando a la sociedad con una (interesada) mentira tan repugnante como funesta: que se puede alcanzar un conocimiento que valga la pena con tontorrones postureos lúdicos, sin necesidad de apurar el cáliz del esfuerzo, el interés y la dedicación. En tercer lugar, se interesa por algo que va implícito en lo que acabo de decir: las repercusiones -sin duda, muy nocivas para la sociedad- que la invasión de la estupidez gaseosa tiene en la enseñanza y sobre lo que representa hoy ser profesor.
   Cada uno de estos tres pilares es imprescindible en el discurso de La sociedad gaseosa, pero creo que el último es el más importante, y no voy a engolfarme en las múltiples razones que avalarían esta apreciación, sino que voy a ir a una sola muy explícita: el hecho de que la frase "Los profesores tenemos que enseñar y no entretener" se repita casi de forma literal al principio y al final del libro (páginas 23 y 187). Por algo será. Y, sin perjuicio de la altísima dignidad de los otros dos (de los que, por otra parte, difícilmente podría ser desligado), lo celebro, porque son muchas las afinidades que me unen a Alberto, pero esta cruzada quijotesca en favor de la afligida causa de una enseñanza merecedora de tal nombre es sin duda la más grandiosa. Estoy con él; estoy con él en esto y en lo demás, y más, en un momento como este, en el que algunos percibimos quizás no una conjura de los necios, pero sí una época de bonanza de la necedad, en la que cosas tan sagradas como la cultura, el conocimiento, las artes, la belleza o el tormento y el éxtasis de la verdadera creación están siendo asediadas, minusvaloradas y hasta ridiculizadas, mientras se manipula y entontece a la sociedad con orwellianos productos de masas que entronizan lo vano y lo ligero hasta la náusea. Releo el último párrafo y me hago una pregunta: ¿no estaremos en realidad asistiendo a una conjura de supermegalistos para convertirnos en necios a todos los demás? Ahora de quien me acuerdo es de Huxley.
   Todo lo que he dicho lo presenta Alberto en un libro a la vez rico y ameno, con el estilo limpio y ligero a que nos tiene acostumbrados. La composición en capítulos breves facilita una variedad en la que están presentes nuestros amados "expertos", una conferencia sobre sus embustes, múltiples y sustanciosas referencias a autores de diversas épocas y también apelaciones a diversas artes, en especial, la música, esa en la que el libro nos deja ver que Alberto ha experimentado el difícil camino de tormento y éxtasis que desemboca en el excelso logro de la belleza artística. Que habla por experiencia, vamos, justo lo contrario del 99% de los que, en el mundo educativo de hoy, se cuelgan la medalla de "expertos".  
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miércoles, 19 de abril de 2017

Otro que muerde el polvo

   La Guardia Civil acaba de detener a Ignacio González en el curso de una investigación por corrupción. 
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    A algunos nos parece que esto ha tardado en llegar más de la cuenta. Y no olvidemos que este señor es otro que estuvo muy cerquita de Esperanza Aguirre, como este o como esta. Que nadie olvide el feroz trato que estos personajes infligieron a la ciudadanía en general y a los empleados públicos en particular. 
   ¿Qué os parece si les dejamos a los Queen que le pongan la banda sonora a esta noticia?

Another one bites de dust - Queen

sábado, 15 de abril de 2017

Algunas observaciones sobre el pacto de los 250.000 interinos

   Hará un par de semanas, se firmó entre el Gobierno y los sindicatos CCOO, UGT y CSIF (1) un acuerdo que en general se ha presentado en los medios (2) como  una oferta de empleo que convertirá en funcionarios fijos a 250.000 interinos. El acuerdo ha sido recibido como una noticia excepcional (algún medio lo califica de histórico), pero ha generado cierta confusión y bastantes incógnitas. La confusión está principalmente en las cifras. En primer lugar, ni la Administración sabe exactamente cuántos interinos hay en España, aunque se calcula que están en torno a los 350.000; en segundo lugar, al menos los sindicatos no tienen muy claro a cuántas personas va a beneficiar esta medida, pues CSIF habla de 250.000, UGT, de casi 350.000 y CCOO, de entre 270.000 y 300.000. 
    El tiempo dirá a cuántas afectará exactamente, aunque seguro que no nos enteraremos, porque eso no lo van a ir publicando los periódicos. En todo caso, lo que más inquietud ha generado es esa coletilla que ha seguido siempre a la cifra de 250.000 plazas: que van a servir para convertir a interinos en funcionarios. Por indicación europea, el Gobierno español a lo que estaba obligado era a reducir la altísima tasa de temporalidad en la función pública de nuestro país, no a convertir en fijos a los que están ahora como temporales, que es lo que parecen haber entendido tanto el Gobierno como los sindicatos, es por tanto lo que han transmitido los medios, es lo que ha alegrado mucho a los que ahora son interinos, es lo que ha decepcionado a los que no lo son y tienen sus esperanzas puestas en las oposiciones y es lo que nos ha inquietado a los que creemos que los puestos públicos deben cubrirse respetando al máximo el principio de igualdad de oportunidades. Lo que todos nos tememos es que, aderezándolo debidamente en las convocatorias, se van a poner todos los elementos encaminados a que se queden los que están, y ello porque es esto lo que conviene a los que cortan el bacalao: el Gobierno (que quiere espantar al máximo el nubarrón de una millonada en indemnizaciones), los sindicatos (que en este asunto han obrado como los representantes de sus clientelas, o sea, los interinos que ya lo son) y los caudilletes de esos sitios donde el interino es el amiguete o el pariente que se pone a dedo, que no deben de ser pocos. Si al final es esto lo que ocurre, este proceso nacerá lastrado por una falta de limpieza y dejará en la cuneta a muchos que con lo único que cuentan es con su talento personal y sus derechos individuales, es decir, a esos que no tienen respaldos del poder o del grupo de presión. Dado que las democracias presumen de proteger los derechos individuales de los ciudadanos, la Administración e incluso el Gobierno deberían tomarse muy en serio que las convocatorias que emanen de este acuerdo garantizasen que se dieran las plazas a quienes más las merecieran, sean o no interinos en el momento actual. ¿Lo harán? Ya veremos. 
    Vengo ya a los apuntes finales. Una vez más, el PP ha dado muestra de su cinismo. ¿Os imagináis que un padre tacaño llevase a sus hijos medio desnudos y un buen día les comprase ropa y pretendiera por esto que le tomásemos por un padre ejemplar? Esto es ni más ni menos lo que ha hecho el Gobierno: cumplir con obligaciones que se llevaban escamoteando décadas y que él ha escamoteado todavía más y querer colgarse una medalla por ello. Y lo está presentando además como creación de empleo, cuando en realidad es dar otra categoría a empleo que ya estaba, increíble. Tampoco me sorprende el oportunismo de los sindicatos, que se han prestado a esta farsa del acuerdo para aparentar que hacen algo, cuando todos sabemos que llevan décadas mirando pasivamente cómo los funcionarios perdemos derechos, particularmente, desde 2010. Lo único que han hecho los sindicatos de la función pública desde 1988 ha sido convocar huelgas intermitentes completamente inútiles, que solo han servido para que se les descontasen días a los ingenuos que las secundaban. Y ahora salen con esto.
    Y la última, de verdad: me produce una enorme satisfacción ver que los funcionarios ya hemos dejado de ser una montonera sobredimensionada de parásitos odiosos: ahora resulta que servíamos para algo, que en España (como, por cierto, se ha sabido siempre) éramos incluso menos de los que haría falta, y que esa estabilidad por la que se ha llegado a injuriarnos era muy conveniente. Echad un vistazo a lo que decían en 2011 el PP, algunos de los medios que ahora echan las campanas al vuelo y la jauría de trolls que tienen distribuidos en la red.  

1.- El acuerdo en las páginas de los sindicatos: CCOO; UGT; CSIF.
2.- La oferta en diversos medios de comunicación: El confidencial; El Mundo; El País; El diario; La Razón.

jueves, 6 de abril de 2017

¿Ada o Adolfa?

  




¿Estará sufriendo la alcaldesa de Barcelona una indeseable metamorfosis?
    Queridos amigos:
    El empecinamiento rara vez es bueno y cuando se ejerce por parte de una institución pública contra los ciudadanos por razones espurias es, sencillamente, una de las formas más indignas del abuso de poder. Supongo que ya no quedará en el mundo ningún ingenuo que desconozca las abiertas preferencias independentistas de Ada Colau. Esta señora puede pensar como quiera, pero, en lo tocante a las actuaciones que afecten a los demás, es otro cantar, y más, en un cargo público. Existe una organización que se llama Barcelona con la Selección, que persigue fines tan subversivos como instalar en las calles de Barcelona pantallas gigantes donde se puedan ver los partidos de la selección española de fútbol. En el año 2016, cumpliendo todos los trámites legales pertinentes, instaló una en la plaza de Cataluña de Barcelona. Después de una rocambolesca actuación plagada de trampas y mentiras que se explica aquí, el Ayuntamiento de Barcelona les negó el permiso y les impuso sanciones que sumaban los 10.000 euros, aduciendo irregularidades y conflictos inventados para esconder la repugnante realidad: que se les prohibió y se les multó porque ni a la señora Colau ni a sus correligionarios les gusta la selección española. Y como no les gusta, acosan ferozmente a sus aficionados, haciendo sin ningún reparo un uso abusivo de su poder. Así de sencillo y de demoledor: se prohíbe el fútbol en Barcelona (España), porque a los nacionalistas catalanes y a la señora Colau les irrita la selección española. Esto tiene un nombre: totalitarismo. Pues bien, hoy nos hemos enterado de que el encarnizado Ayuntamiento presidido por la señora Colau ha impuesto a esta organización una cuarta multa, esta, de 1.802 euros, ¿entendéis ahora lo del empecinamiento?  
   Cuando fue sancionada en 2016, Barcelona con la Selección pidió ayuda a la ciudadanía (tuve la satisfacción de colaborar) y recaudó más dinero del que necesitaba. Aquí os dejo un vídeo en que vuelve a hacerlo y replica al último abuso de la señora Colau:

Barcelona con la Selección responde a la última multa y pide ayuda
    Volveré a echarles una mano, naturalmente. Ensañamientos indecentes como este no son admisibles en democracia, por no hablar de los temblores que produce una dirigente que es capaz de prohibir hasta el fútbol: ¿os imagináis a los responsables de esta persecución gobernando un país con mayoría absoluta? Miedo da.  

sábado, 1 de abril de 2017

Si Cassandra Vera representa la libertad de expresión...

   Acaba de salir la sentencia contra Cassandra Vera por sus desafortunados tuits contra Carrero Blanco y se ha formado el lógico revuelo por la desproporción de la pena: un año de prisión. Estoy en absoluto desacuerdo con esta condena, disparatada consecuencia de la desaforada, represiva y totalitaria legislación impulsada por el PP en materia de derechos civiles. En los países democráticos como el nuestro, este tipo de normas, además de ser inadmisibles por injustas, son inoperantes, pues, como está sucediendo ahora, al llegar el momento de aplicarlas, su gran inadecuación genera un fuerte rechazo social, lo que obliga a buscar recursos para no llevar a cabo sentencias de este tipo.
    Esto, a veces (como en este caso), tiene otra consecuencia negativa: la de hacerlas contraproducentes, ya que el resultado puede ser que el tener que perdonar un castigo abusivo deje impune a alguien que, como Cassandra Vera, haya realizado actos que sin duda merecen algún escarmiento. Conclusión: por justicia, inteligencia y sentido democrático, hay que tener un exquisito cuidado para fijar en las leyes castigos equilibrados. Mejor hubiera sido para nuestra sociedad y nuestro sistema judicial que a Cassandra Vera se le hubiera impuesto una pena razonable y así nos habríamos evitado el penoso espectáculo de ver como ella y sus partidarios convierten en víctima a alguien que ha obrado de manera muy ruin. Para demostrar esto, dejo aquí un par de noticias donde se recogen algunos de los tuits lanzados al mundo por esta muchacha: 
    -Antología general:
    -Contra Cristina Cifuentes cuando estuvo a punto de perder la vida:
    Supongo que, a la vista de estas perlas, nadie medianamente razonable defenderá los actos de esta mujer. Ella podrá tener lo que quiera contra Carrero Blanco, pero es una mezquindad inadmisible escarnecer continuamente y en medios de difusión general a alguien que murió en un atentado terrorista y basar las "gracias" en alusiones a ese atentado, como no son de recibo esas manifestaciones a tuitazo limpio de sus ánimos asesinos contra los sanfermineros, los canis o los fachas, ni -lo que, a mi juicio, es lo peor de todo- los deseos de muerte públicamente dirigidos contra Cristina Cifuentes cuando esta se hallaba en grave riesgo de morir. Si Cassandra Vera tiene toda esta porquería en su interior, que se la guarde o la comente en sus círculos privados, pero que la proyecte en medios de comunicación de largo alcance ni puede permitirse en una sociedad civilizada ni considerarse uso de la libertad de expresión, sino atropello grosero y cobarde de las personas contra las que ha lanzado sus penosas ocurrencias.
    No: lo que ha ejercido Cassandra no  es la libertad expresión, así que resultan un tanto cínicas sus quejas de ahora y lamentable el circo que han montado IU y Podemos sacándola en procesión. Cuando unos partidos hacen lo que están haciendo estos, ponen en duda su sensibilidad democrática; concretamente lo de Podemos, usando este asunto como cortina de humo para no condenar el golpe de Estado encubierto que está produciéndose en Venezuela, resulta una pirueta vergonzosa.     

martes, 21 de marzo de 2017

"La buena educación": los Von Siempre

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   He podido ver hoy el programa que hace unos días emitió ELPAIS.com sobre nuestro actual sistema educativo, el cual llevaba el título de La buena educación, y he de decir que, tomando prestada una genial expresión de Martes y 13, allí, si exceptuamos a Ángel Gabilondo, estaban los Von Siempre: gente como María Acaso, Fernández Enguita y Pilar Álvarez, acompañados además por el presentador (Carlos de Vega), quien no desentonaba con el resto. Con estos mimbres, el programa resultó ser lo esperable: más de lo mismo, o sea: contenidos no, competencias vaporosas sí, propuestas supuestamente novedosas no contrastadas o ya fracasadas, también... No voy a poder, como en otras ocasiones, desmontar apartados completos, ya que este ha sido un programa en el que se ha hablado de forma torrencial acerca de muchas cosas, así que me limitaré a algunas pinceladas sueltas.
    Aunque ya sabéis que no suelo ser benevolente con María Acaso, quiero agradecerle esta vez un detalle: a la hora de plantearse el tema del abandono escolar, el presentador ha sugerido si la culpa podría ser de los profesores (este crimen, que yo sepa, no se nos había colgado hasta ahora) y ella ha respondido de forma fulminante que a los profesores no se nos puede hacer culpables de nada. El señor Vega no lo ha debido de encajar muy bien, porque, cuando minutos más tarde todos los invitados han coincidido en que era necesario mejorar la formación del profesorado, ha recordado lo dicho antes por Acaso y han tenido que aclararle que lo que había que cambiar era la formación permanente, no a los profesores. Pero ya era tarde, la incongruencia había quedado al descubierto: si parece implícito que los profesores de hoy no están bien formados, alguna culpa tendrán del desastre, algo habrán hecho, y todos sabemos que, de los presentes en el debate, al menos el señor Enguita (Enguita 1, Enguita 2), así lo cree. Lo que cada vez queda más patente es que, a poco que se rasque, la propuesta de los innovadores aparece muy endeble. Un ejemplo: hacia el minuto 30, se ha introducido un brevísimo vídeo en el que aparecía Tibor Navracsics, comisario europeo de Educación, para decir una serie de vaciedades sobre lo malo que es el conocimiento y lo necesaria que es la innovación, así sin más, pero lo peor de este vídeo no era su huero contenido, sino la voz que lo sostenía, un político profesional que no tiene ni idea de educación y que es muy discutido en la UE: ¿esta es la propuesta de los innovadores, los cuatro tópicos favorables al actual vaciado economicista de la enseñanza pronunciados por una autoridad desautorizada? Y no muy distinto es lo que ocurre con Fernández Enguita o María Acaso: se presentan como innovadores de algo que desconocen por completo: cada vez que ha salido un tema (deberes, calendario, formación del profesorado, evaluación...), se han descolgado con algo que estaba a años luz de la vida escolar real; en el tema de los deberes o el del calendario, ha tenido que salir Gabilondo a poner cordura y realismo; en el de la división de espacios (casi al final), Enguita se ha pronunciado con una "innovación" ya experimentada, inútil por completo y más anticuada que el No - Do, cosa que no extraña en alguien que se nos ha hecho viejo proponiendo innovaciones. Y esta es la gran cuestión: si se aplicasen las cosas que dicen estas personas, no se enseñaría nada, no se evaluaría como es debido y se implantarían unas "innovaciones" las más de las veces disparatadas y ni siquiera novedosas. 
   Más enjundia ha tenido esto otro. En el minuto 15:37 del programa, se ha mencionado a David Calle, el profesor que se ha hecho famoso por su participación en el concurso del mejor profesor del mundo. Se ha proyectado un vídeo en el que hablaba él y después los tertulianos han hecho algunas consideraciones. Como sabéis, este profesor tiene una línea de explicaciones y clases de matemáticas en YouTube que son seguidas por miles de personas, las cuales sacan de ellas mucho provecho. Es agradable, explica muy bien y no se le ha subido nada a la cabeza, al contrario de lo que ha ocurrido con algún otro participante en el concurso mundial. He ido a YouTube y he grabado una de las clases de David Calle, para que os hagáis una idea de su propuesta quienes lo desconozcáis. Como veis, lo que hace este señor es lo que hacemos miles de profesores en el mundo: explicar con el apoyo de una pizarra cuestiones prácticas o teóricas de su asignatura, Matemáticas, por lo que choca que, en el programa, el presentador se pregunte rotundo: "¿Por qué no todos los profesores son así?", y choca porque, repito, somos millares los profesores así, cada uno lo hará con más o menos gracia (eso, como ha señalado Enguita, dependerá del carisma de cada cual), pero en lo estrictamente didáctico, esos recursos suyos los usamos muchísimos. Por ello, no se entiende la proclama que ha lanzado a continuación María Acaso, afirmando que David Calle tiene éxito porque hace esas cosas en internet mientras que esas mismas cosas no están funcionando en el aula real, donde se produce un simulacro educativo y un fracaso. Solo conociendo el tremendo sectarismo que anima a esta "experta" se explica que haya sido tan incapaz de entender lo que está pasando en realidad: la diferencia entre David Calle y cualquier profesor que esté en un instituto y explique tan bien como él (que los hay, y muchos), no es pedagógica, sino de medios, unos medios, además, que ni se excluyen ni están enfrentados, sino que, como su propio caso demuestra, pueden llegar a ser complementarios: él en YouTube con su pizarra de grafos y el otro profesor en su aula con una pizarra como esa, con una digital o con la de toda la vida; él hablando con tal vez miles de alumnos a los que no ve y con los que se comunica mediante internet, mientras que el otro profesor se dirige a esos alumnos que tiene delante, sabe cuántos y quiénes son y guarda con ellos una interacción directa que le da la ventaja, por ejemplo, de poder resolver las dudas de forma instantánea y presenciando el proceso de asimilación. No hay diferencias esenciales, solo las hay de circunstancia y canal comunicativo: lo esencial, es decir, profesor que domina unos conocimientos (esos contenidos que tanto molestan a los innovadores) y los transmite a unos alumnos que no los dominan, es exactamente igual en internet y en el aula, y aun se permiten ambos coincidir en otra antigualla: la pizarra.
    Por lo tanto, resulta patética toda esa diatriba de María Acaso: tanto David Calle como los miles de profesores que, metidos en aulas, lo hagan tan bien como él (e insisto, son muchos, de todas las áreas) están triunfando en el mismo campo: el de la transmisión del saber. ¡Qué gran sandez eso del simulacro educativo!, uno de esos detalles que me hacen pensar que esta señora, en realidad, no tiene ni idea de educación y sospechar, por su virulencia contra la escuela, que tal vez este empeño suyo tenga algún interés inconfesable.
   Resulta lamentable, pero una y otra vez se corrobora que es cierto: los medios de comunicación, al tratar el tema de la enseñanza, llevan muchísimo tiempo optando por los de siempre -los del vacío discurso innovador-, con sus embustes de siempre y concediéndoles el trato privilegiado de siempre, no voy a aburriros con los mil ejemplos de otras veces. ¿Por qué lo hacen? Supongo que por muchas razones, entre las cuales me temo que debe de predominar un frívolo sentido comercial, una convicción de que estos vendedores de coloridas falsificaciones que sostienen que se puede aprender todo y llegar a ser maravilloso divirtiéndose y sin el menor esfuerzo tienen por fuerza que dar más audiencia (= más pasta) que aquellos aburridos moralistas que se dedican a decir la verdad: que aprender y estar bien preparado cuesta. El estilo telebasura ha terminado haciendo estragos.