sábado, 6 de enero de 2018

Sobre penas inhumanas y tratos crueles

   En estos días en que nos ha golpeado el doloroso y horrendo desenlace de la desaparición de Diana Quer y son muchas las voces que piden un castigo ejemplar para su brutal asesino, se ha dado la coincidencia de que, por diversos conductos, ha salido también a la actualidad la cuestión de la prisión permanente revisable, o sea, una condena penal que serviría para hacer efectivos esos castigos ejemplares sobre los autores de crímenes espantosos, tales como el propio José Enrique Abuín, asesino de Diana, o el único al que hasta ahora se le ha impuesto, es decir, David Oubel, el monstruo que el 31 de julio de 2015 mató con una motosierra a sus dos hijas, una de nueve años y otra de cuatro.
   Una de las razones por las que la prisión permanente revisable se ha asomado a la actualidad es la proposición que ha promovido en el Congreso el PNV para derogarla; otra ha sido el pronunciamiento precisamente de Rocío Viéitez, la madre de las víctimas del sanguinario Oubel, la cual se declara  firme partidaria de que esa pena se mantenga. La iniciativa del PNV, que cuenta con 162 votos y el apoyo o las simpatías de PSOE, Unidos Podemos, Compromís, Bildu y los nacionalistas catalanes, se sustenta en argumentos tales como que esa condena es irresponsable y desproporcionada y que la Constitución prohíbe penas inhumanas y tratos crueles. Ante eso, Rocío Viéitez, tras preguntarse cosas como si la ley debe dar más amparo al delincuente que a la víctima o si la libertad de aquel debe representar la pérdida de la libertad de esta, termina diciendo: "A esos 162 votos que piden su derogación: ¿podrían por favor decírmelo a la cara y hablarme de irresponsabilidad, desproporcionalidad, dignidad, crueldad, inhumanidad...?"
   La señora Viéitez maneja algunos otros argumentos difícilmente refutables, como este: ¿acaso no merece una pena muy dura alguien que ha matado a dos niñas con una motosierra? Similar pregunta podría hacerse a propósito de Enrique Abuín, o de los tristemente célebres asesinos de Alcasser, o de Pedro Jiménez (autor del espantoso asesinato de dos mujeres policías), o de Tony Alexander King (el asesino de Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes), o del violador del ascensor, además de violador, un asesino muy frío, o del abominable Rafita, o de José Bretón, otro maltratador tan desalmado que fue capaz de inmolar a sus propios hijos, o de Juan Manuel Valentín Tejero, dueño de un escalofriante historial en el que se incluye el asesinato de la niña Olga Sangrador, o del bestial Gustavo Romero Tercero... Dejo aquí solo algunos de los ejemplos más espeluznantes, que no son ni de lejos los únicos que por desgracia padece nuestro país, y eso que España no es ni mucho menos de los más azotados por este tipo de alimañas. Todos han demostrado una crueldad sin límites; todos reincidieron en cuanto tuvieron la menor oportunidad; todos, para bien de la humanidad, estarían mucho mejor bien encerrados o bien enterrados, porque, que a nadie le quepa la menor duda, con estos y con otros muchos como ellos: tantas veces como la sociedad ha sido generosa con ellos y ha respetado su derecho a la libertad, ha habido alguien que lo ha pagado muy caro, en bastantes ocasiones, con su derecho a la vida, y no son especulaciones, hablo de hechos, ahí están sus historiales. 
    Bajo esta perspectiva, cuando Rocío Viéitez se pregunta por qué la libertad de los criminales debe representar la pérdida de liberta de sus víctimas, esta formulando una cuestión de profundísimo calado, a la cual es un desatino responderle llamándola retrógrada, como parece ser que han hecho algunos progresistas biempensantes que han tenido la inmensa fortuna de no cruzarse en sus vidas con un Rafita o con un Antonio Anglés. Ella misma lo dice: es muy fácil ser bueno cuando no te ha machacado la tragedia.
   Pero la vida hay que afrontarla con realismo, no con tópicos que no aguantan el menor choque con la realidad, más aún, cuando uno tiene responsabilidades políticas. Es mentira que todo el mundo pueda reinsertarse, y no solo eso, sino que además está claro que los canallas más reacios a la reinserción son precisamente los más dañinos; es una solemne bobada eso de que las penas deban buscar ante todo la reinserción, porque muy por delante deben ir la punición y el escarmiento, pero además, cuando se trata de alimañas sanguinarias como las que he citado y otras de su pelaje, es crucial que haya un castigo proporcionado a sus crímenes desaforados y una protección de la gente buena, que estará en grave peligro en tanto ellos anden sueltos por la calle. ¿Cuándo van a dejar nuestros políticos de hacer demagogia con cosas tan serias como esta? ¿Cuándo dejarán de ser tan frívolos de querer labrarse imágenes de tí@s supermaj@s aun a costa de políticas  que afectan a la seguridad, la dignidad y hasta la vida?
   Por lo demás, indigna un poco (o bastante) echar un vistazo a la galería de esos que se ponen estupendos con la humanidad y la crueldad sobre los potenciales afectados por la prisión permanente revisable, porque está claro que esas cosas les importan un pimiento y que lo único que pretenden es debilitar al Gobierno y apuntarse algún tanto demagógico. ¿A quién pretende engañar el PNV? Si tan preocupado está por la falta de humanidad y la crueldad, ¿por qué desperdició durante años montones de oportunidades de luchar contra ellas y prefirió en cambio dar la espalda a las víctimas de ETA? El PNV es un partido que todo lo afronta en términos de pérdida o ganancia, hace años era lo del árbol y las nueces, ahora es enredar y hacer guiños al electorado resentido contra el sistema penal, del que en el País Vasco aún queda mucho. En esta misma línea, en un partido como Bildu, pantomimas "humanitaristas" como esta solo producen una reacción: las ganas de vomitar. De los podemitas y los nacionalistas catalanes, lo de siempre: desestabilizar, crear malestar y confusión donde, cuando y con lo que sea. Tengo, como viene siendo habitual, que dejar para el final al PSOE: está cada vez más desnortado, ¿cuándo se enterará de que lo que tienen que hacer los partidos sólidos son políticas necesarias y con razones convincentes y no apuntarse a ferias guiadas por tópicos gastados e insostenibles? Mucho me temo que quizás el PSOE ya no cumpla los estándares de partido sólido.
    Pero, a última hora, no se trata de políticas, se trata sobre todo de justicia y de derechos. Si nos equivocamos a la hora de determinar los que se merecen los monstruos, seguro que dañaremos terriblemente a los de las personas inocentes.  

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