sábado, 28 de octubre de 2017

Revolución desmontable

    Sabéis que, desde el principio, en todo este asunto de la asonada independentista de Cataluña, tuve claro que era una cuestión muy grave, por lo que siempre emití las valoraciones más pesimistas, las cuales, por cierto, se han ido cumpliendo casi en su totalidad, o sin casi. Paradójicamente, ahora, cuando muchos de los que a mi alrededor han estado años llamándome exagerado y agorero se ponen pesimistas, yo me inclino hacia el optimismo y pienso que toda esta revolución de apariencia gigantesca es en realidad una amenaza desmontable y que es el momento de ponerse manos a la obra, aunque supongo que no va a ser fácil desactivarla. Las principales razones que me llevan a ello son, primero, que la enérgica aplicación del  155, con las inexcusables destituciones de una banda de golpistas y el esperable enjaulamiento de más de un pajarraco que lo ha estado pidiendo a gritos, ayudará a poner claridad, orden y racionalidad; segundo, que confío enormemente en que el manguerazo de realidad despierte a los sectores sensatos de la sociedad catalana y los impulse a reconducir las cosas hacia el abandono y olvido de la orgía de disparates del último lustro; tercero, que, quien más quien menos, todos habrán visto que los desafíos desmesurados e inviables conducen como mínimo a la ruina, detrás de la cual puede haber incluso cosas mucho peores, como ulsterizaciones o guerras civiles: ¿tan oprimida está Cataluña que merece la pena explorar esa vía? No sé, a lo mejor no es para tanto. Hay además otra serie de factores que quiero desglosar.  
1. Desprestigio
    La trayectoria de la revolución independentista y, sobre todo, su patético final, han dejado tan en evidencia la pobreza de sus planteamientos y la inconsistencia de sus artífices que es imposible que esto haya pasado desapercibido a cualquier observador de mediana inteligencia; siendo así, cuesta creer que no vaya a cundir un gran desencanto entre los que les creyeron y un importante abandono de sus filas. ¿Quién puede creer en un Puigdemont o un Junqueras después de la penosa imagen de cinismo, cobardía, deserción, mezquindad y falta de entereza que han dado? ¿Quién puede creer en una Forcadell que solo ha demostrado histeria, desenfreno y un autoritarismo algo más que pasado de vueltas? Un Gobierno y unos parlamentarios que han proclamado una independencia pretendiendo escurrir el bulto con el pueril pretexto de la votación secreta o el declaro/suspendo de Puigdemont han demostrado carecer de dignidad y de credibilidad, credibilidad que ni ellos mismos han demostrado hacia sus propios actos. No hablemos ya del principal artífice de todo esto, que no es otro que Artur Mas, el cual se ha limitado a instigar sin dar la cara, a creerse el más astuto, a intentar eludir el pago de una multa o pretender que la pagasen otros.  ¿De verdad van a seguir creyendo los catalanes que eran nobles los proyectos promovidos por gente tan miserable e indigna? ¿De verdad se han creído que un sueño valioso se puede conseguir con las herramientas del engaño y la supuesta astucia? ¿De verdad hay una sola persona en el catalanismo que crea que una charlotada como el referéndum del 1-O puede legitimar nada? Medios como esos solo pueden conducir a falsedades y miserias, me niego a creer que no se le vaya a caer la venda de los ojos a más de uno.
2. No hay tal mayoría abrumadora
    Otra razón, y quizás la más importante, es esta: desmembrar un país es un acto tremendo, por lo que tiene que tener unas razones poderosísimas, las cuales están a años luz de existir en Cataluña, no es necesario perder el tiempo en absurdos debates y estudios (que, cuando están bien hechos, acaban llegando a esa conclusión), porque las cosas evidentes y que se caen por su propio peso es contraproducente andar razonándolas. Y dentro de esa carencia de razones, la más grande es la de la mayoría de partidarios de la independencia: es más que dudoso que sean mayoría, por no hablar de que, si lo fueran, para justificar una segregación tendrían que serlo en un porcentaje que jamás ha existido ni existirá en Cataluña, basta pasearse una mañana por Barcelona para verlo muy claro. Y el próximo día 29, habrá una manifestación antiindependencia que lo volverá demostrar. Lo único que ha pasado es que, tras años de acoso asfixiante, de propaganda televisiva, de manipulación educativa y de manifestaciones programadas desde el poder, se ha creado una apariencia de mayoría abrumadora que ni aun así se ha conseguido. Lo que sí se ha conseguido es crear la división entre los catalanes, ¿para qué? Para luego no ser ni capaces de declarar la independencia con claridad, otro cargo en el debe del independentismo. 
3. El factor engaño
    Y es que todo ha sido un inmenso montaje, planeado con determinación y sin temor a mentir. Los medios de comunicación y el secuestro de la enseñanza han sido cruciales y se han manejado sin el menor escrúpulo. El pasado 24 de septiembre, publicó "El País" un artículo titulado Mitos y falsedades del independentismo, que es un acertado y celebrado compendio y desmontaje de las más notorias mentiras en que se ha sustentado esta conspiración, habría que preguntarles a los responsables de "El País" por qué han tardado tanto en publicar tan esclarecedor documento. Y si alguien quiere una muestra de los demenciales extremos a que se ha llegado en la falsificación, que vea este vídeo con los disparates de un supuesto profesor de historia que ha sido subvencionado con dinero público por multitud de instituciones regidas por independentistas:
4. Inconsistencia
    La CUP ha anunciado que va a organizar una paella insumisa masiva el día 21 de diciembre, como respuesta a la convocatoria de elecciones. Ya el mero hecho de haber tenido a este particular grupo como soporte para nada menos que sacar adelante un plan de independencia es cuando menos una decisión poco sostenible, pero la verdad es que su activismo callejero no desmerece nada a la política de permanente búsqueda de imágenes de masas enfervorizadas pensadas para la televisión que han demostrado los artífices del procés. No es consistente una independencia sustentada en manifestaciones festivas y mareas de banderas, como no es consistente una paella masiva como contraprograma de unas elecciones en una comunidad que necesita urgentemente centrarse.   
5. Ciertas claves inconfesables del nacionalismo
    Para entender la mentalidad, los planteamientos y los objetivos de los nacionalistas, sería muy útil leer en La Vanguardia este artículo: Urkullu, el mediador que llegó del norte. Su autora es Lola García, directora adjunta del medio y nos cuenta el proceso de lo que ella presenta como intentos de mediación para conseguir un acercamiento entre Puigdemont y Rajoy cuando se hacía cada vez más evidente que iba a haber una respuesta firme del Gobierno de la nación. Es curioso ver como la práctica totalidad de los supuestos mediadores eran de simpatías nacionalistas, lo que automáticamente los desmentía como mediadores por su falta de imparcialidad. Puede verse muy bien en el que la autora presenta como modelo ejemplar, nada menos que Íñigo Urkullu, un político que en todo este proceso no ha podido ocultar sus preferencias y que incluso ha intentado sacar tajada para sus propias reivindicaciones nacionalistas. Así son los nacionalistas (Lola García lo es): tan solipsistas que no son capaces de traspasar los cortos límites de su mundo ni para buscar mediadores. Otro dato muy revelador se encuentra al final del artículo, cuando se cuenta que Urkullu, al comprobar la cerrazón de Puigdemont, se sintió liberado para seguir con lo que le interesaba: sacar tajada de una negociación con Rajoy en los presupuestos: cuando se trata de barrer para casa, no hay inconveniente en cambiar de chaqueta. ¡Ya me imagino el suspiro de alivio que daría el altruista Íñigo! 
6. Cuidadín con los pescadores de río revuelto
    A este banquete se han apuntado un buen manojo de comensales que, francamente, uno no terminaba de creerse que estuvieran agitando la estelada por amor al pan payés y la barretina, una variopinta macedonia con ingredientes tales como Pisarello, Fachín, Podemos, Roures, La Sexta, eldiario.es, los batasunos, el PNV..., quienes, so capa de una desinteresada defensa del derecho a decidir, han ejercido con contumacia el derecho a manipular y crear confusión, cuando no desorden. Y está, por último, el inquietante invitado ruso, del que ya se han ocupado numerosos medios y cuya participación en todo lo que represente debilitar a la UE o a EEUU no es un mito  conspiranoico. Que el prusés  haya gozado de tan decidido apoyo de esta facción dice muy poco a su favor.
7. Y los socialistas ¿qué van a hacer?
    Según parece, el PSC y Miquel Iceta sí se van a dignar a asistir a la manifestación de SCC del próximo 29 de octubre, contrariamente a lo que hicieron con la del pasado día 8, que al parecer resultaba ofensiva para sus progresistas narices, ¡tanta bandera de España...! El PSOE y el PSC deberán medir muy bien sus pasos, porque su interesado postureo en este asunto, que ha resultado demasiado evidente, les puede costar un nuevo desastre electoral, y ya están encadenando demasiados. Al PSOE le convendría dejar muy claro con qué bandera se queda, y en cuanto a Iceta, habrá que ver cómo se le recibe en la manifestación del 29. Cuestión aparte es una especie de momia con remordimientos llamada Montilla, que debería hacerles a sus correligionarios el inmenso favor de esconderse y quedarse calladita.    
8. La reforma de la Constitución
    En definitiva, se abre en Cataluña un nuevo capítulo muy importante, porque hay que empezar a enfriarle los ánimos al independentismo, delicada tarea que, como se ve, no carece de argumentos y que afecta además al conjunto de España. Nada podrá ya ser igual después de lo que ha ocurrido en Cataluña, después de que hayamos comprobado cómo el separatismo no tendría el menor inconveniente en cargarse el país, después de haber visto cómo unos malvados majaderos que han resultado menos listos de lo que se creían han tenido un mes a una comunidad sumida en el desorden y sin que supiéramos quién gobernaba allí. Inevitablemente van a tener que pasar cosas, aunque solo sea por el empeño que el PSOE y su inefable secretario general van a poner en colgarse la medalla electoralista de que se abra un proceso de reforma de la Constitución. Y aquí es donde habrá que poner mucho cuidado, porque los nacionalistas son muy dados a colar las derrotas como victorias y van a pretender sacar con nuevos chantajes en la negociación lo que no han podido sacar con una rebelión en toda regla. Pero la verdad es que han perdido, así que deberían pagar por su derrota y por todo el daño que han hecho, que no es poco. Si se emprende una reforma constitucional, ¿por qué tiene que ser forzosamente en el sentido de mayor descentralización? Al hilo de este conflicto, desde numerosos ángulos se ha señalado que las comunidades españolas tienen más autonomía que nadie en el mundo, así que ¿por qué habría que darles más, cuando quizás el problema es que hay algunos con demasiados privilegios? ¿Por qué tenemos que aguantar regímenes fiscales privilegiados como el navarro y el vasco?  ¿Qué sentido tienen unas policías autonómicas caras, menos eficaces que los cuerpos nacionales y susceptibles de volverse contra la legalidad, como hemos visto que ha ocurrido con los mozos? ¿Todavía hacen falta más evidencias de que es un peligro dejar las competencias en educación en manos de las autonomías, sobre todo, de las que cuentan con problema nacionalista? Porque creo que ya se puede decir en voz alta que el problema real es el nacionalismo, así pues ¿por qué, si se reforma la Constitución, va a tener que ser forzosamente para plegarse a sus exigencias? No perdamos de vista que los que estamos por la recentralización somos cada vez más, hay quien dice que ya representamos un treinta por ciento, así que ya va siendo hora de que los partidos vayan pensando en nosotros, no vaya a ser que salga por ahí alguno nuevo que nos haga caso, se lleve un buen puñado de votos en cualquier convocatoria electoral y nos veamos sometidos al hastío de ver como la clase política lo afronta con el imaginativo recurso de llamarnos populistas y fachas.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Humor panfletario

   Desde ya hace algún tiempo, vengo siguiendo el reflejo que medios de muy distinto signo hacen del desafío separatista. Aunque lógicamente todos tienen su sesgo, que nadie piense que son todos iguales, porque en algunos la tendenciosidad y la manipulación se disparan de forma sonrojante. Es curioso: los medios de inclinación podemita son tan beligerantes en su preferencia por las posturas independentistas y sus críticas de dudosa objetividad contra el sistema actual que casi superan a los propios catalanistas, con lo que uno no acaba de entender la razón de tan encendidos furores secesionistas. Un ejemplo palmario es eldiario.es y donde mejor se aprecia es en los chistes de su principal o no sé si único humorista, Manel Fontdevila. Aquí tenéis un ejemplo:
   Creo que la sutileza y la gracia de esta muestra hacen ocioso cualquier comentario.

domingo, 22 de octubre de 2017

Tres movimientos del PSC

   Una de las claves del recrudecimiento del desafío catalanista desde 2012 ha sido que el separatismo se vio desde el principio fortalecido por la ambigüedad y oportunismo de ciertos grupos mediáticos y políticos, muy señaladamente, el PSOE, que, hasta hace nada, aún creía que maniobrando en este conflicto lo que hacía era debilitar al PP y a Rajoy, cosa de la que esperaba salir favorecido. Cinco años ha estado el PSOE practicando una política miope y abogando por el diálogo, primero con Mas y luego con Puigdemont, al mismo tiempo que acusaba a Rajoy de cerrarse a él y ser así culpable de la crisis segregacionista. Que hayamos tenido que llegar al 2 de octubre de 2017 para que el PSOE se diera por fin cuenta de que con eso estaba cometiendo la tremenda irresponsabilidad de favorecer un plan golpista, segregacionista y totalitario da idea de la sima de incompetencia que domina hoy ese partido. En buena parte esto se debe a su absurda, desigual y cada vez más insostenible alianza con el PSC, por lo que a lo mejor resultan significativas estas tres noticias muy recientes relativas al Partido SocioCatalanista:
    1.- Iceta se reunió con Puigdemont antes de la implantación del 155. Eso ocurrió el pasado día 19 y lo que el socialista le pidió al President fue que convocase elecciones para dar una salida al conflicto, pero llama la atención que le pidiera también que el Govern fuese al Senado para ofrecer un pacto por Cataluña, con lo que podemos preguntarnos si Iceta no se ha dado cuenta de que la situación no está precisamente como para darle a Puigdemont y su Gobierno esos tratos de privilegio (para ver lo que pasó con Iceta, pulse 1).
    2.- El PSC advierte al PSOE que no le dará "un cheque en blanco" con la aplicación del 155. Así lo ha precisado Alicia Romero, portavoz adjunta del PSC en el Parlament. Según ha comunicado, su partido no está ni por el 155 ni por la DUI, sino por el diálogo y por unas elecciones convocadas por Puigdemont, con lo que implícitamente el PSC está legitimando a un personaje que ya ha dado sobrados motivos para despojarlo de toda confianza y representatividad  (para ver lo que ha dicho la señora Romero, pulse 2).
    3.- Nuria Parlón abandona su puesto en la ejecutiva del PSOE. Confieso que para mí esta noticia es enormemente grata, ya que la alcaldesa de Santa Coloma se ha destacado por ser uno de esos miembros del PSC que más obstáculos han puesto a que el PSOE hiciera lo que debió haber empezado a hacer hace ya mucho: colaborar en la tarea de detener los planes  golpistas del separatismo (para ver lo que ha pasado con la señora Parlón, pulse 3).
    Parecen claras dos cosas: que el PSC tiene un alma demasiado catalanista como para no ofuscarse a la hora de decidir en asuntos que nos afectan a todos los españoles y que se está abriendo una grieta importante en su relación con el PSOE. Quizás esto, aunque represente añadir más confusión a la mucha que ahora nos inquieta, sea bueno a la larga y en un balance general, porque tal vez pudiera ser el principio de la separación entre ambos partidos. El lastre que desde hace ya mucho ha supuesto el PSC para la política territorial del PSOE podría pasar a la historia y con ello, además, tal vez se clarificaría un poco en Cataluña el mapa de la izquierda, en el que últimamente lo que impera es un caos de ofertas a cuál más delirante y estéril. 

jueves, 19 de octubre de 2017

El camino más fácil

   Como en los viejos dramas, no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. El plazo ya se ha cumplido: pasaron ya las famosas 10:00 de la mañana del jueves 19 de octubre de 2017 y, fiel a su estilo, Carles Puigdemont, en lugar de responder con la claridad nada esperable en un sujeto que ha dado sobradas muestras de inconsistencia personal, de estupidez y de fanatismo, ha intentado una vez más reírse de España entera con una serie de dislates. Así pues, ha llegado el momento de que se pague la deuda.
   A eso de las 10:45, después de que el ministro portavoz anunciase que el Gobierno seguía adelante con la aplicación del 155, oigo a un tal Carles Campuzano, del PDeCAT y muy a la altura de semejante organización, proferir una serie de amenazas contra España por negarse a aceptar eso que los independentistas están llamando oferta de diálogo de Puigdemont y que no es más que un sucio chantaje burdamente maquillado. 
   Parece claro, ante tales muestras de fanatismo, que la mejor solución sería el camino más fácil: coger a ese golpista que preside la Generalitat y mandarlo cuanto antes a Soto del Real a hacer compañía a ese otro par de incendiarios conocidos como los Jordis. Cuanto antes se le encierre, antes dejará de conducirnos a todos a la ruina. De hecho, es lo que debió hacerse hace ya tres años, pero con Artur Mas. Y no habríamos llegado hasta aquí. Y, naturalmente, detrás de él tendrán que ir sus cómplices más señalados.
   Sé que esto asusta y que va a ser complicado que el Gobierno se atreva a hacerlo, y más, si se tiene en cuenta que está obligado a pactar nada menos que con Pedro Sánchez, pero me temo que, aunque quiera demorarlo, no va a tener más remedio que hacerlo en algún momento.
           Malos tiempos nos han llegado.

lunes, 16 de octubre de 2017

¡Pero si Trapero es un "mandao"!

   Leo la noticia de que la  Fiscalía ha pedido prisión incondicional para José Luis Trapero, mayor de los Mozos de Escuadra, en la causa que se le sigue por sedición a raíz de la espectacular pasividad e incluso colaboración de los Mozos en toda esta conspiración para segregar Cataluña. Lo encuentro muy lógico, dado que el señor Trapero -a quien para esta citación de hoy se le advirtió que no fuera de uniforme, una forma de señalarle que se acabó el guiñol- parece haberse tomado sus obligaciones de defensa de la legalidad demasiado a la ligera, con lo que demuestra que ha sido una víctima más del espejismo en que han caído todos los artífices del prusés, sus secuaces y sus comparsas: el de tomarse como un festivo cachondeo lo que en realidad era algo tan grave como una rebelión separatista. Vuelvo a utilizar la palabra guiñol: uno de los pecados más graves que han cometido los nacionalistas ha sido el de la soberbia: durante años, han estado siguiendo una estrategia saturada de trampas, engaños, simulaciones y tergiversaciones con las que imaginaban que eran unos chicos listísimos que estaban burlándose de la legalidad, del estado de derecho, del Gobierno y de esos millones de españoles que no pensaban como ellos y que eran tan cretinos que no se daban cuenta. Parecían decirse: "¡Qué imbéciles son!  ¡Nos estamos riendo de ellos, estamos instrumentalizando sus leyes y sus principios para pisotearlos y no se dan ni cuenta!"
    Quien no me crea, que repase las risillas, los desprecios y las jocosas ocurrencias al hacer declaraciones de sujetos como Homs, Turull o Bosch, o el cínico aplomo de Neus Munté para presentar lo negro como si fuera blanco o viceversa, o todo el rosario de extralimitaciones sustentadas en argumentos insostenibles llevados a cabo por Mas, Junts pel Sí o Puigdemont. Es innegable: el referéndum de 2014, las leyes (?) dictadas por el Parlamento catalán en septiembre de 2017, el referéndum de 2017 y todas aquellas bobadas de las urnas y las papeletas, la inmensa manipulación informativa sobre la actuación policial del 1 de octubre, la declaración/suspensión de la independencia, la absurda respuesta que el supuesto presidente Puigdemont ha dado hoy a un gravísimo ultimátum...: tremendos actos cuyos artífices han estado llevando a cabo con estúpida ligereza, persuadidos de que los conducían como habilísimas estratagemas con las que iban a ganar y a eludir sus responsabilidades. Y me temo que las triquiñuelas de Trapero -su ambigüedad, eso de presentarse en el juzgado vestido de uniforme- formaba parte de este decorado.
    Pero parece ser que el guiñol se ha acabado. Que ni ellos eran tan listos ni los demás éramos tan tontos. Que se está empezando a pasar lista para rendir cuentas. Que ya va en serio.
    En este contexto, a la vista de que a Trapero se le está calificando de mando superior de los Mozos, creo que habría que hacer una precisión: operativamente, Trapero es un mando, de acuerdo, pero, políticamente -y lo más gordo de lo que aquí se cuece es político- es un "mandao": por encima de él está el agresivo y desaparecido Pere Soler, ese al que le damos pena los españoles, y más por encima aún, el consejero Forn, que tampoco se ha distinguido por su moderación: ¿qué hay de estos dos altos cargos? Si a Trapero se le acusa de sedición, ¿qué va a pasar con ellos? Porque supongo que a estas alturas nadie pretenderá que creamos que Trapero iba por libre y que estos dos superiores suyos no le transmitían ningún mandato. Y ya que hablamos del consejero, ¿qué hay del Gobierno catalán? ¿No tiene nada que ver en esa sedición de la que se acusa a Trapero? ¡Este Trapero, la que ha montado él solito! A ver si va a ser porque rima con Tejero. ¿Y del señor Puigdemont, que ha conducido toda la política que ha desembocado en el 1 - O y declaró la independencia de Cataluña, si bien la suspendió medio minuto después? ¿Y de Artur Mas, que puso en marcha la conspiración y convocó el referéndum de 2014? ¿Y de la señora Forcadell, que ha pasado como el caballo de Atila por encima de todas las normas y garantías parlamentarias? ¿Y de los parlamentarios que han votado leyes, referendos e independencias que sabían que vulneraban la legalidad?  
    ¿Qué hay de todos estos? ¿Es que tienen menos responsabilidad que Trapero? ¿Los llamará también un juez? Tendría gracia que los que están en un grado mayor de jerarquía o los que han violado las leyes de manera flagrante fuesen a salir mejor parados que el "mandao", a no ser, repito, que todo esto haya sido tan solo una conspiración de los Mozos, lo cual no parece ser el caso.
     Se acabó la feria: esto no era un guiñol, así que ahora... A la vista de todo esto, se me ocurre, además, una cosa: cuando las aguas vuelvan a su cauce y se aborde esa reforma constitucional por la que tanto suspiran el PSOE y su líder, ¿en qué va a consistir? ¿En buscar el encaje de Cataluña? Sinceramente, creo que eso sería como si, después del golpe de Tejero, se hubiese emprendido una reforma constitucional para buscar el encaje de los pronunciamientos militares.     

miércoles, 11 de octubre de 2017

El país del esperpento

   Que no es otro que España, ya que esa técnica literaria fue creación de  Valle-Inclán. Como sabéis, consiste en una deformación grotesca de la realidad, pero, como ya advirtió el propio Valle, con el paradójico fin de reflejar la realidad tal y como es cuando uno se encuentra en una realidad absurda hasta la náusea. Y esa era la situación en que se encontraba el genial escritor gallego cuando, hacia 1920, inventó el esperpento: ante una España tan ridículamente absurda que solo podía retratarse  con realismo mediante la deformación grotesca. Parece que, un siglo después, nos vamos acercando. 
    La declaración/suspensión de la independencia de Cataluña que presenciamos ayer es el último capítulo del esperpento español. De camino, hago esta observación: el primer Estat Catalá duró once horas; el segundo no ha llegado al medio minuto: ¿no bastaría esto para hacer recapacitar a cualquier persona sensata? Nuevamente Puigdemont nos ha hecho hacer el ridículo internacional: ¿qué estarán pensando a estas alturas sobre España los ciudadanos inteligentes de otros países? Les tendrá que parecer de chiste un país con gobernantes que declaran una independencia y acto seguido la suspenden, un país donde los poderes locales se constituyen en contrapoder estatal, un país donde el Gobierno central no fulmina de inmediato a sujetos que, como Mas en 2014 y Puigdemont en 2017, pretenden romper su integridad, un país donde se puede estar ¡diez días! con dos poderes contrapuestos mandando en una de sus regiones, un país donde se alza una conspiración golpista y no solo no se frena con contundencia, sino que hay partidos supuestamente constitucionales (PSOE, Podemos, PNV) que consideran al líder del golpismo un interlocutor válido para una negociación.
      Sin duda, el prestigio de España está hoy por los suelos, debemos de parecer un país esperpéntico en el que cualquier aventurero puede burlarse de las leyes y de los ciudadanos de bien. Un país con un sistema legal incapaz de autodefenderlo.
    Y eso no es nada: ¿qué pensarían en el mundo si conocieran la larga historia de abusos permitidos que han conducido durante más de 30 años a que el independentismo catalán haya llegado hasta donde está hoy? 
     La palabra esperpento se quedaría corta.
     Puigdemont, la CUP, la ANC y demás golpistas se han estado riendo de España durante mucho tiempo y la declaración/suspensión de ayer fue la última burla. Pero cualquiera puede entender que sus chistes tendrían muy poca gracia si no les hiciesen pagar, sobre todo, para los propios catalanes.
     Hoy, Rajoy ha puesto en marcha el 155 y Sánchez ha dicho que le ha arrancado el compromiso de reformar la Constitución; ya pueden tener mucho cuidado con lo que hacen, porque la credibilidad del sistema está bajo cero y me temo que no seríamos pocos los que no llevaríamos bien que se convirtieran en cómplices del cachondeo independentista. Esperpentos, los justos.

domingo, 8 de octubre de 2017

No es la economía, estúpido

Vista de los participantes en la manifestación.
    ¿Habrán visto esto en el palacio de la Generalidad? Puesto que lo han sacado en TV3, no me cabe la menor duda de que sí, por lo que el ilustre inquilino de aquella casa y sus aliados, aun con toda su cerrilidad a cuestas, por fuerza tienen que tener muy clara una cosa: han perdido.
     La verdad es que evidencias tenían ya en cantidad y contundentes, y en los últimos días se ha hablado mucho de una: la hemorragia de bancos y empresas que se está produciendo en Cataluña por temor a una hipotética independencia, a lo que se está dando una gran importancia. No voy a negar que la tenga, pero a mí me parece que hay cosas que están por delante: Cataluña no puede independizarse porque política, geográfica, histórica, estratégica y socialmente es parte de España; porque lo de la pertenencia social es clarísimo y delicadísmo, como se ha visto hoy: independizar Cataluña sería romperla, como está siendo un malvado empeño en romperla todo el plan indepedentista de los últimos años; porque culturalmente es muy española, como es muy catalana y como es muy universal, tal y como ha señalado hoy muy bien Vargas Llosa, y esas facetas catalana, española y universal no solo no son incompatibles, sino que son inseparables y la engrandecen, cosa que también ha dejado claro el sensacional escritor peruano (que me juego el cuello a que no le hace ascos a sentirse también un poquito español y catalán). Ante esto, la economía es un tanto secundaria, por lo que ha estado muy fino José Borrell cuando les ha dirigido a las empresas que ahora se van esta pregunta: "¿No lo podíais haber dicho antes?". Impecable: de hecho, la reptiliana conducta de la economía en este golpe de Estado de 2017 a mí me recuerda a la de aquellos generales que en el anterior, el del 23 de febrero de 1981, estuvieron desaparecidos durante las horas comprometidas y solo se manifestaron cuando vieron que la intentona había fracasado. ¡Qué mal quedaron, exactamente igual de mal que ha quedado ahora el siempre miserable mundo del dinero!
    Pues eso: no es la economía, estúpido, es la vida de las personas: ¿hasta cuándo vais a seguir jodiéndola tú y los tuyos? 

viernes, 6 de octubre de 2017

Manifestación contra la declaración de independencia

   Aunque sería raro que no lo supierais, os informo de que, para el próximo domingo 8 de octubre, Sociedad Civil Catalana, la agrupación cívica que más resueltamente se ha pronunciado en Cataluña contra los planes del independentismo, ha convocado una manifestación contra la declaración de independencia y en favor de cosas como como la democracia, la convivencia o el pluralismo. Será a las 12:00 en la plaza de Urquinaona de Barcelona. Más información, aquí:

              Todo el apoyo para esta organización, modelo de civismo, coraje y sensatez.

jueves, 5 de octubre de 2017

Aún podría dimitir

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   El personaje que sucedió a Artur Mas en la presidencia de la Generalidad y que ostenta la difícil hazaña de haberle superado en ineptitud, chifladura y, quizás, falta de principios protagonizó ayer una esperpéntica escenificación del parto de la montaña. Iba a desvelar el día en que anunciaría al mundo la independencia de Cataluña desde el balcón de la plaza de Sant Jaume, pero, fiel a su trayectoria de recurrir al engaño, al victimismo y a la finta cínica, ha pronunciado un discursete llorón en que se ha dedicado a culpar al rey (como si fuese Felipe VI el que llevase a sus espaldas una pila de desprecios a las leyes) y a hablar de mediaciones y diálogos. Causa estupor esta frase: "Gent que esperava de vostè un altre to i una apel-lació al diàleg i a la concòrdia". ¿Se atreve a hablar de concordia la cabeza visible del movimiento que ha convertido Cataluña en una revuelta permanente y ha pisoteado cien leyes que debía obedecer? ¿Es Puigdemont tan estúpido y tan cínico de dirigirle esas palabras a un jefe de Estado al que el independentismo que él lidera lleva años ultrajando con pitadas y encerronas como la de la manifestación del pasado agosto?
   Algunos tramos del discurso dan la impresión de que a este prusés y a su líder les ha fallado el cálculo: esperaban con sus mentiras y amenazas, más el concurso del coro de  tontos útiles, crear un clima que obligase al Estado a ponerse de rodillas y negociar, pero no les ha salido. Y ahora se dan cuenta de que la han liao parda y se han metido ellos y nos han metido a todos en una situación muy delicada, porque han llegado ya al callejón sin salida de tener que declarar la independencia en virtud de su referéndum grotesco e insostenible. A una elección muy cruda. ¿Por qué no ha anunciado hoy Puigdemont la fecha? Me temo que porque se ha visto ante el abismo y se ha dicho: "Y ahora, ¿qué?" Y ha pensado en la aventura demencial, en el golpe de Estado impresentable que han puesto en marcha y, ante el último paso, se ha preguntado: "¿Qué vendrá después?" Y no se ha atrevido a darlo, lo que quizás represente que no es tan memo y tan fanático como ha demostrado ser hasta ahora, pero digo solo "quizás", porque este personaje no anima al optimismo.
   Naturalmente, ya sabe muy bien que ha perdido, el problema es que parece que está dispuesto a morir matando y además tiene detrás a muchos a los que ya no les puede fallar, pero debería recapacitar, porque el daño que ha hecho hasta ahora puede ser cosa de risa comparado con los que aún pueden venir. No obstante, tampoco es él el único culpable, aunque sea el máximo responsable: ¿qué me decís de esos ultramontanos de la CUP, de esos fanáticos de la ANC con la Forcadell a la cabeza, de esa víbora apellidada Jonqueras, de ese genio de Tardá, de ese envase de rencor reconcentrado de Rufián? ¿A qué lugar se puede ir con esta tropa sino al desastre? 
   Y luego están los del diálogo y la mediación: Iglesias, Podemos, el PNV, la Coláu, esa perla importada llamada Albano Dante Fachín, ETA, la ultraderecha europea...: ¿puede alguien creer que uno solo de estos esconde una buena intención para nada? Y está también La Sexta, cómo no: ayer, a las 20:55, vi a un comentarista de esa cadena referirse a Felipe VI y Puigdemont como dos jefes de Estado frente a frente, lo juro: ¿qué diablos pasa con La Sexta? Será cosa de Roures, supongo. ¡Ah!, se me olvidaba el PSOE, que aún parece obstinarse en lo del diálogo: ¿cómo han podido, aún hasta ayer, Iceta y Sánchez pretender que Rajoy negociase con Puigdemont? ¿Tanto han tardado en entender que este señor lleva ya mucho tiempo deslegitimado? ¡Vaya linces! Otra escuadra hacia la muerte: con compañías como estas, ¿qué otra cosa podía hacer el president, sino estrellarse?  El problema radica en su empeño en que los demás nos estrellemos con él. 
    Antes de suicidarse y arrastrarnos a los demás, le quedaría otra salida: dimitir. Eso seguro que le ahorraría unos cuantos años de cárcel. 
    Mañana será otro día, a ver qué pasa. 

miércoles, 4 de octubre de 2017

O con el golpe o con la Constitución: se acabó el postureo

   Cinco minutos de mensaje del jefe del Estado han sido suficientes para dejar las cosas muy claras: como no podía ser de otra forma, las instituciones estatales van a situarse del lado de la ley, y no hará falta que os recuerde que la ley en esta España democrática -la que representa indiscutiblemente, como han señalado muchas voces dignas de crédito, la mejor época de nuestra historia- emana de la Constitución. La Constitución establece un marco legal que de ninguna manera permitía los atropellos antidemocráticos que el nacionalismo catalán lleva cometiendo durante décadas y que han culminado con la verdadera orgia totalitaria de los últimos meses.
   Se acabaron, pues, los penosos miramientos que durante demasiado tiempo se han tenido con el fascismo nacionalista, miramientos que han resultado tan dañinos como muchos veníamos señalando desde hace años. A lo que ahora se hace frente es a un golpe de Estado, y hay que ser consecuentes; tantos años de cataplasmas y titubeos han llevado a demasiados a una especie de síndrome de Estocolmo, solo de este modo me explico que muchas mentes lúcidas se hayan dejado contagiar por los hipócritas lloriqueos de los golpistas ante la actuación policial del pasado día uno, que fue incluso tímida, si se tiene en cuenta que esos festivos votantes querían nada menos que romper el país. ¿Violencia policial? Que le pregunten a Ester Quintana por la violencia policial y la moderación de los mozos de escuadra. Tan estúpidos como para dejarnos embaucar por los plañidos de los responsables de aquella carga de 2012 en que la dejaron sin un ojo no podemos ser.
   Las reacciones ante el discurso de Felipe VI han sido las esperables: están muy claras las que eran a favor, por lo que solo daré algunas pinceladas acerca de otras.
   En primer lugar, hablaré del PNV, partido cuya hipocresía es un eficacísimo emético. El verdadero problema de la España democrática ha sido y es el nacionalismo, no las fábulas que puedan tener en la cabeza los señores Ortuzar y Urkullu, a quienes les recomiendo que lean "Patria": lleva 40 años produciendo zozobra, es insaciable e insolidario, ha producido dolor, división y fractura social, es probadamente totalitario y segregacionista, está hoy en día detrás de un golpe de Estado y, por último, la organización nacionalista ETA, esa que tanta comprensión suscita en el PNV, es responsable de más de 800 muertes. Que el PNV esté contrariado con lo que ha dicho Felipe VI es una razón más para ponerse del lado del rey. El nacionalismo lleva la marca de Caín.
   En lo que dicen Pablo Iglesias y Podemos no hará falta que me detenga mucho: detrás de esas bobadas altisonantes que podéis leer en "La Vanguardia" (que, curiosamente, las resalta mucho), no se esconde más que lo de siempre en este partido: el intento de desestabilizar el país, propósito para el cual no tiene inconvenientes en apoyar al golpismo o a la aberración que haga falta. Podemos huele a podrido desde hace ya mucho.
   Y mucho también me preocupa el PSOE: que Pedro Sánchez eche en falta en el discurso del rey las menciones al diálogo representa que o este señor no se entera o es un arribista carente del menor escrúpulo, porque ese diálogo hoy en día habría que mantenerlo con el golpista Puigdemont y su partida: ¿es eso lo que quiere el aspirante a gobernar España llamado Pedro Sánchez? Pues espero que jamás pase de aspirante; por suerte para su partido, Susana Díaz ha tenido más sensatez y mejor visión del grave momento en que nos hallamos y se ha puesto del lado de la legalidad sin ambigüedades.
    Ese momento es el de la amenaza de un golpe de Estado y fractura del país, cosas gravísimas. Voy a decir por primera vez en público algo que hasta ahora solo he dicho en privado, con el resultado de que me decían que deliraba: esto puede acabar en guerra civil. De hecho, la retórica de los nacionalistas es claramente guerracivilista desde hace mucho tiempo: el guachimán ya lo señaló hace cinco años, no me explico cómo nunca se le ha dado importancia a este detalle.
    Lo dicho: ya no es momento de postureos.

domingo, 1 de octubre de 2017

Este canalla tiene que acabar en la cárcel

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   Y, naturalmente, solo puedo referirme al de la foto, este Carles Puigdemont que ha ensuciado el cargo que se le confió. Y, ya de manera inexcusable, deberán acompañarle a ese destino todos sus cómplices en el bochornoso golpe de estado del referénum: méritos les sobran. No se puede sembrar la discordia y el conflicto, abusar del poder, extralimitarse en las atribuciones y, sobre todo, llevar a cabo acciones para cargarse una nación (la española, que no les quepa duda a estos insensatos de cuál es su nacionalidad) sin pagar las consecuencias de tan tremendos actos. 
     Ayer se lamentaba este señor de que Europa le había fallado, hoy descalificaba a la democracia española por el hecho de que las fuerzas policiales hayan tenido que obrar con contundencia frente a algunos que se empecinaban en incumplir las leyes: el cinismo de este tipo (exhibido por él y por muchos de sus colaboradores de forma machacona durante los últimos tiempos) no conoce límites: enciende una rebelión contra el orden de un país libre y democrático y luego finge una remilgada desaprobación cuando la víctima de sus excesos se defiende. 
     No ha podido quedar más clara una cosa: que el verdadero objetivo de este miserable y sus compinches era cargarse el prestigio internacional de España, hacernos quedar ante el mundo, con sus manipulaciones, como un país sin libertades, cuando cualquiera que esté un poco al tanto de lo que ha estado pasando en Cataluña en los últimos años sabe que lo que en realidad ocurre es que el nacionalismo ha atentado despiadadamente contra los derechos de los que no piensan como ellos. No tienen escrúpulos, principios ni límites: con tal de obtener sus fines, tan demenciales como inviables, no les ha importado ejercer el abuso, manipular o atraer la ruina, la violencia y el descrédito, descrédito nada merecido para un país que, si de algo ha pecado con los nacionalistas, es de haberles permitido demasiado.
     Otra cosa que no puede estar más clara es que ya nada podrá ser igual. Hemos asistido al insólito espectáculo de cinco años de acoso a la unidad del país, con insultos y excesos sin cuento, y con dos convocatorias de referéndum secesionista, una en 2014 y otra en 2017, que se dejaron crecer y crecer. No me explico cómo Artur Mas y Puigdemont no fueron depuestos y encarcelados ipso facto nada más hacerlas públicas, me niego a creer que vivo en un país cuyo sistema legal es tan débil que no tiene mecanismos para detener fulminantemente semejantes atentados contra su propia integridad y la convivencia; si de verdad es así, eso tiene que cambiar.
    Se lleva desde hace ya algunos días hablando de que, a partir de mañana, habrá que dialogar. En efecto, es así, pero me temo que, a la vista de lo que ha estado pasando en Cataluña desde al menos 2012 (aunque el mal es mucho más viejo), debemos de ser millones los españoles que pensamos que la cosa no podrá ser tan sencilla como parecen imaginar los políticos y los tertulianos: una vez se les pase el berrinche a los revoltosos, a ver qué quieren y qué se les puede dar. Si se hace eso, será el adiós definitivo a la credibilidad de nuestra democracia; habrá que negociar oyendo las voces de todos y equilibrando y quizás eliminando abusos ya viejos. ¿Por qué no se va a poder hablar del sistema de conciertos, o de las inmersiones lingüísticas, o de las policías autonómicas, que acabamos de ver que son de dudosa fidelidad a la nación (además de carísimas, porque los nacionalistas han privilegiado a los afines que han ido colocando en ellas), o de esas competencias educativas cuya posesión por las autonomías ha servido para que algunos hayan estado décadas usando las escuelas para adoctrinar en el odio y sembrar sus mentiras? Habrá que dialogar, claro, pero no solo acerca del encaje de Cataluña, como no dejan de repetir ciertos mentecatos, sino sobre muchas cosas. Los problemas son numerosos y, en cuanto al encaje de Cataluña, a lo mejor los que no encajan en realidad son unos cuantos fanáticos segregacionistas, lo cual va a representar un serio obstáculo, ya que, con gente así, llevamos muchos años viendo que resulta complicado razonar.