miércoles, 6 de septiembre de 2017

Juana no está en mi casa (por fortuna)

   Me resultaría increíble que alguien no recordara la que a mi juicio ha sido la serpiente de este verano: el asunto de Juana Rivas, la mujer granadina que, cuando tenía la obligación legal de devolver sus dos hijos a su expareja, que tiene la custodia legal, escapó con ellos y se ocultó nadie sabe dónde, alegando que los niños corrían peligro si retornaban con su padre. Naturalmente, esto pudo suscitar en la ciudadanía muchas reacciones, entre las cuales era una posibilidad razonable hacerse estas preguntas: ¿puede alguien desobedecer un mandato judicial? ¿No es lo que ha hecho esta señora un secuestro o algo equivalente?  Estas preguntas resultaban muy pertinentes, dado que, en lugar de activarse una diligente búsqueda de Juana Rivas, lo que se produjo fue una especie de relajada pasividad, envuelta en una insólita feria de concentraciones de apoyo (aquellos cartelitos y aquellos gritos de "¡Juana está en mi casa!"), ruedas de prensa en las que una tal Francisca Granados la defendía con sobreactuada agresividad, reacciones de apoyo de políticos y famosos y una respuesta especialmente desafortunada, la de Mariano Rajoy, quien por aquellos días, a propósito del desafío soberanista, no paraba de decir que las leyes hay que cumplirlas, de manera que no debió contestar eso de "A las personas hay que comprenderlas" cuando le preguntaron por una Juana Rivas que estaba desobedeciendo un mandato judicial. En este contexto, acabó resultando también muy pertinente hacerse esta otra pregunta: ¿qué habría pasado si Juana Rivas hubiera sido Juan Rivas? Nadie puede negar que la violencia de género es un asunto delicadísimo, pero la ley que la afronta en España tiene notables grietas, eso lo han dicho muchas voces muchísimo más autorizadas que la mía. 
 Resultado de imagen de juana rivas
 Resultado de imagen de juana rivas
    El resultado fue este: un lamentable esperpento en el que, a una persona que se había fugado con unos menores, la sociedad española la arropaba y jaleaba, los medios de comunicación sin duda la apoyaban (mírese el eco que le daban a la señora Granados) y muchos mandatarios le transmitían su solidaridad o su comprensión. ¡Qué imagen dimos! ¡Debimos de quedar como un país en el que las normas no valen para nada! Nos faltó frialdad y seriedad, racionalidad; una vez más, como ya viene siendo demasiado habitual y conducidos por unos medios de comunicación que parecen encontrarse comodísimos instalados en la demagogia, la corrección política y el sensacionalismo, nos dejamos arrastrar por la irreflexión. Desconozco lo que habrá de realidad y de mentira en los respectivos relatos de Arcuri y Rivas, pero nada justificaba tanta benevolencia y tanto respaldo para esta: era ella quien incumplía las normas, era ella quien arrebató a los niños; por otra parte, su conducta incluía cosas que no eran coherentes: después de la sentencia de maltrato de 2009, ¿por qué volvió con ese hombre e incluso tuvo otro hijo con él? Tampoco parece que hablasen en su favor el espectáculo que montó o su histrionismo: mirad las fotos que adjunto: ¿cuál es la verdadera Juana Rivas? Desde luego, rara vez la vimos serena ante las cámaras.
   Pero la cosa no ha terminado. Hoy se publica la noticia de que Francesco Arcuri, que durante todo este jaleo se mantuvo bastante discreto, ha decidido por fin pronunciarse, pero ya en serio, y no en la prensa rosa, y lo que piensa hacer tiene bastante enjundia. Si leéis la noticia que enlazo, su abogado afirma que Arcuri considera que en España fue zarandeado y difamado por medios de comunicación y políticos, así que piensa poner una demanda exigiendo una elevada indemnización. Otra cosa que piensa hacer es denunciar ante los tribunales europeos la ley española de violencia de género, a la que considera vulneradora de los derechos humanos de los hombres que viven en España, cosa con la que estoy absolutamente de acuerdo, y añadiría además que es terriblemente discriminatoria, algo bastante incomprensible. La noticia es interesante, os recomiendo leerla. ¿Acabará resultando que este carnaval de Juana Rivas es la vía por la que accedemos a la derogación o la reforma de la ley contra la violencia de género que tenemos en España, que tiene importantes defectos? Entonces, habrá merecido la pena pasarse el mes de agosto con este culebrón. 

2 comentarios:

  1. Son muchos los críticos a la Ley de violencia de género española, por la perversidad que según expertos juristas entraña.
    Me remito aquí, Pablo, a lo que escribí en su momento alrededor de la violencia de género, en este país nuestro, tan peculiar y tan llevado de la emotividad como casi ningún otro. Porque desde que este problema, de índole universal, se tomó en Hispania como cuestión de Estado, cada caso se emite regularmente desde hace años en todos los medios (¿será así en el resto de países, que en su mayoría sufren esta lacra en mayor grado?), como el parte de un desastre natural. Y a pesar de los teóricos esfuerzos llevados a cabo desde diferentes frentes, el número de víctimas anuales se mantiene en torno a sesenta (como contraste, mueren aproximadamente la mitad de hombres a manos de mujeres).
    En fin, las estrategias no parecen haber sido demasiado afortunadas hasta ahora y en cambio se han enrarecido las relaciones humanas, pretendiendo que la mujer siempre es víctima y el varón culpable (demonizado por el hecho de serlo), estableciendo una perversa división maniquea. Necesitamos apelar menos a las vísceras y más a la razón.

    http://medymel.blogspot.com.es/2015/11/alrededor-de-la-violencia-de-genero.html

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  2. Había leído ya tu artículo, Pepe, pero está bien que lo enlaces, porque es muy interesante. La violencia de género es una conducta delictiva y en los delitos cuenta mucho el factor personal, es decir, el particular perfil del criminal, por lo que, como con todo tipo de delitos, las medidas de prevención que se tomen siempre están expuestas a unas perspectivas de éxito inciertas. Sin duda, hay una cosa clara: criminalizar de oficio a todos los hombres ni es eficaz ni respeta nuestros derechos. Estoy muy de acuerdo con lo que se dice en tu artículo acerca del parlamento que votó nuestra ley sin debate y por unanimidad: demostró tener un bajo nivel democrático y una nula disposición a afrontar la realidad con frialdad y valentía. En España pesa demasiado el poder de la corrección política y los grupos de presión.

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