viernes, 29 de septiembre de 2017

Parecidos surrealistas razonables

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                 Cubo de basura barato                       Urna del referéndum segregacionista                                        

jueves, 21 de septiembre de 2017

Praxis educativa. 23: el crimen del calendario

   Siguiendo los pasos de Valencia y Cantabria, la comunidad de Madrid (y creo que algunas más, pero no sé cuáles) se ha decidido por fin en su calendario escolar para el curso 17 - 18 a perpetrar el crimen de trasladar a junio las pruebas extraordinarias que de toda la vida se han celebrado en septiembre. Como establece el artículo 3 de ese calendario oficial, en los IES, centros de FP y similares, las actividades lectivas terminarán el 22 de junio de 2018 y la evaluación final ordinaria deberá estar concluida antes del 8 de junio. En el lapso que queda entre las dos fechas, lo que habrá que hacer será lo siguiente: 
   -Con los alumnos que ya estén aprobados desde el día 8, tenerlos dos semanas entretenidos con lo que la norma llama "actividades de ampliación".
    -Con los que estén suspensos, desbrozando la hojarasca terminológica de la norma, una preparación para las pruebas extraordinarias y esas mismas pruebas, que podrán alargarse hasta el día 26.
    Llevo mucho tiempo previendo que nuestros "responsables" políticos acabarían perpetrando este atropello y señalando que no hay razones pedagógicas para llevar a cabo una medida así, la cual solo se sustenta en motivaciones de cálculo político, en especial, la de colgarse la medalla de haber acabado con esas impopulares vacaciones de los profesores (pues, con reclamaciones y demás, a muchos les va a tocar perder días de julio), para apuntarse un tanto demagógico en la eterna campaña electoral en que viven nuestros políticos. Hace unos días, me comentaba una amiga que este cambio también podría perseguir un ahorro en los sueldos vacacionales de los interinos, no lo sé, pero tampoco sería extraño. Frente a esto, se me ocurren unas cuantas objeciones muy serias que paso a referir: 
    1.- Representa un auténtico despropósito condenar a un alumno que ya lleva encima la saturación de todo un curso a afrontar esos exámenes extraordinarios dos semanas después del final de la actividad regular, semanas que se nos quieren colar como un periodo de preparación, pasando por alto que este, dadas las circunstancias en que se sitúa, va a ser en realidad una tortura de eficacia nula, lo afirma alguien que lleva décadas viendo la desgana con que los alumnos llegan al mes de junio. ¿Cree acaso el legislador que, porque él lo diga en una orden oficial, los alumnos van a estar superenérgicos, motivadísimos e inmunes al calor entre los días 8 y 22 de junio? Mucho confía en sus virtudes y en las de los boletines oficiales. ¿Por qué tenemos que sufrir en la enseñanza que se legisle con absoluto desprecio de la realidad y de las personas? 
    2.- Por lo mismo, siempre he defendido la idoneidad de las pruebas de septiembre, porque dejan al alumno tiempo suficiente para tres cosas muy importantes: descansar del curso, preparar sus pruebas extraordinarias y reflexionar sobre sus errores. Esto último lo podrá hacer reforzado además por la visión de ese verano descargado de responsabilidades de que disfrutan los compañeros que lo han aprobado todo.
    3.- Esa visualización de que le va mejor al que estudia, la vamos a perder con el nuevo calendario. Como (por desgracia) parece norma en este sistema educativo nuestro, nos hallamos nuevamente ante una penalización disparada contra los alumnos que han cumplido con sus obligaciones: ¿por qué se les toma como rehenes y se les obliga a estar dos semanas en el centro aunque ya hayan aprobado su curso? Eso de las "actividades de ampliación" es una sandez insultante: ¿para qué las quieren? ¿Acaso no han realizado ya las que debían? ¿O es que el legislador está mandando el mensaje subliminal de que aquí se programan cursos de contenidos insuficientes? ¡Con qué facilidad castiga nuestro sistema al que no lo merece y desalienta así al que demuestra mérito, seriedad o esfuerzo!  ¿Se imaginan en la Consejería el agrado con que van a recibir esos alumnos esta absurda medida, esta penalización gratuita e injusta? Deberían entender los responsables de educación que nuestros alumnos ni son idiotas ni se merecen zarandeos caprichosos. 
    4.- Tómese además en consideración el desbarajuste en que se va a convertir el final de curso: a 8 de junio, tendrán que estar resueltas las evaluaciones ordinarias, lo cual representa que, hacia finales de mayo, se harán las últimas pruebas regulares de la tercera evaluación; en la primera semana de junio, los exámenes globales de suficiencia para quienes hayan suspendido (supongo que el legislador no habrá contado con que esto se quite) y, por último, a partir del 22, las pruebas extraordinarias. Resultado: en un mes o menos, los alumnos con asignaturas suspensas tendrán que hacer frente a tres tandas de exámenes: ¿a nadie en la Consejería se le ha ocurrido que esto es una locura? ¿De verdad creen que este calendario ofrece el menor beneficio educativo? ¿Y los sindicatos, qué opinan? Al principio de la orden que establece este calendario, se dice que "han sido oídas las organizaciones representativas del profesorado": ¿es que no han tenido nada que decir, es que han estado de acuerdo o es que no se les ha hecho ni el menor caso? Ya me gustaría saberlo. 
    Sería deseable que, por una vez en la vida, hubiera gobernantes que reflexionasen y, para el curso 18 - 19, volviéramos a las pruebas de septiembre. Ya veremos dentro de un año.   

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Apollardats y renegats

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    Me entero a través de un artículo de Muñoz Molina titulado Los impuros de que han aparecido por Cataluña fotos de Juan Marsé adornadas con la palabra "renegao". Este feo atentado estigmatizador y segregador del nacionalismo catalán me recuerda un par de episodios de la vieja mili.
   El primero me ocurrió a mí. Estaba un día hablando con un compañero que era catalán y otro que era riojano y les contaba que yo había nacido en Barcelona, pero vivía en Madrid. El riojano resumió mi trayectoria con un chiste ácido: "O sea, que eres un catalán renegat". Nos echamos los tres a reír.
   El segundo es una anécdota que me contó un amigo. En su cuartel había un sargento un tanto guasón que, a los que eran particularmente idiotas o estaban particularmente descolocados, los llamaba apollardaos, salvo si eran catalanes: a estos los diferenciaba con la denominación de apollardats.  
   Parece ser que la actual Cataluña ya está acuartelada y con los papeles repartidos: a personajes tan dignos como Marsé, uno de nuestros mejores escritores vivos, alguna capillita inquisitorial les ha colgado el cartelito de renegats, mientras que el de apollardats se lo han reservado para sí mismos el cóctel de energúmenos, manipuladores, incendiarios, iluminados y  corruptos que navegan en la nave de los locos separatista.  

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Juana no está en mi casa (por fortuna)

   Me resultaría increíble que alguien no recordara la que a mi juicio ha sido la serpiente de este verano: el asunto de Juana Rivas, la mujer granadina que, cuando tenía la obligación legal de devolver sus dos hijos a su expareja, que tiene la custodia legal, escapó con ellos y se ocultó nadie sabe dónde, alegando que los niños corrían peligro si retornaban con su padre. Naturalmente, esto pudo suscitar en la ciudadanía muchas reacciones, entre las cuales era una posibilidad razonable hacerse estas preguntas: ¿puede alguien desobedecer un mandato judicial? ¿No es lo que ha hecho esta señora un secuestro o algo equivalente?  Estas preguntas resultaban muy pertinentes, dado que, en lugar de activarse una diligente búsqueda de Juana Rivas, lo que se produjo fue una especie de relajada pasividad, envuelta en una insólita feria de concentraciones de apoyo (aquellos cartelitos y aquellos gritos de "¡Juana está en mi casa!"), ruedas de prensa en las que una tal Francisca Granados la defendía con sobreactuada agresividad, reacciones de apoyo de políticos y famosos y una respuesta especialmente desafortunada, la de Mariano Rajoy, quien por aquellos días, a propósito del desafío soberanista, no paraba de decir que las leyes hay que cumplirlas, de manera que no debió contestar eso de "A las personas hay que comprenderlas" cuando le preguntaron por una Juana Rivas que estaba desobedeciendo un mandato judicial. En este contexto, acabó resultando también muy pertinente hacerse esta otra pregunta: ¿qué habría pasado si Juana Rivas hubiera sido Juan Rivas? Nadie puede negar que la violencia de género es un asunto delicadísimo, pero la ley que la afronta en España tiene notables grietas, eso lo han dicho muchas voces muchísimo más autorizadas que la mía. 
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    El resultado fue este: un lamentable esperpento en el que, a una persona que se había fugado con unos menores, la sociedad española la arropaba y jaleaba, los medios de comunicación sin duda la apoyaban (mírese el eco que le daban a la señora Granados) y muchos mandatarios le transmitían su solidaridad o su comprensión. ¡Qué imagen dimos! ¡Debimos de quedar como un país en el que las normas no valen para nada! Nos faltó frialdad y seriedad, racionalidad; una vez más, como ya viene siendo demasiado habitual y conducidos por unos medios de comunicación que parecen encontrarse comodísimos instalados en la demagogia, la corrección política y el sensacionalismo, nos dejamos arrastrar por la irreflexión. Desconozco lo que habrá de realidad y de mentira en los respectivos relatos de Arcuri y Rivas, pero nada justificaba tanta benevolencia y tanto respaldo para esta: era ella quien incumplía las normas, era ella quien arrebató a los niños; por otra parte, su conducta incluía cosas que no eran coherentes: después de la sentencia de maltrato de 2009, ¿por qué volvió con ese hombre e incluso tuvo otro hijo con él? Tampoco parece que hablasen en su favor el espectáculo que montó o su histrionismo: mirad las fotos que adjunto: ¿cuál es la verdadera Juana Rivas? Desde luego, rara vez la vimos serena ante las cámaras.
   Pero la cosa no ha terminado. Hoy se publica la noticia de que Francesco Arcuri, que durante todo este jaleo se mantuvo bastante discreto, ha decidido por fin pronunciarse, pero ya en serio, y no en la prensa rosa, y lo que piensa hacer tiene bastante enjundia. Si leéis la noticia que enlazo, su abogado afirma que Arcuri considera que en España fue zarandeado y difamado por medios de comunicación y políticos, así que piensa poner una demanda exigiendo una elevada indemnización. Otra cosa que piensa hacer es denunciar ante los tribunales europeos la ley española de violencia de género, a la que considera vulneradora de los derechos humanos de los hombres que viven en España, cosa con la que estoy absolutamente de acuerdo, y añadiría además que es terriblemente discriminatoria, algo bastante incomprensible. La noticia es interesante, os recomiendo leerla. ¿Acabará resultando que este carnaval de Juana Rivas es la vía por la que accedemos a la derogación o la reforma de la ley contra la violencia de género que tenemos en España, que tiene importantes defectos? Entonces, habrá merecido la pena pasarse el mes de agosto con este culebrón. 

Llevo dos horas mirando...

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...y no veo ninguna diferencia.