sábado, 26 de agosto de 2017

Ruindades (2)

   Se veía venir: si la indecencia nacionalista no conoce límites, era de esperar que, tal y como insinué en mi artículo del pasado día 20, esta peña iba a seguir agregando basura a la que ya había empezado a segregar entonces. Vayamos, una vez más, a los datos concretos:
   -Carles Puigdemont. A solo una semana de los atentados de Barcelona y Cambrils, se descuelga acusando al Gobierno español y manipulando de una manera tan estulta como miserable la actuación de los mozos para hacer propaganda de su plan separatista. El fanatismo, la obcecación y la falta de principios de este sujeto son difíciles de superar, cómo será la cosa que hasta él mismo hace constantes alusiones a que la cárcel está en el horizonte que le espera.  
   -Ada Colau. ¿Cómo es posible que haya llegado tan alto un personaje como esta señora, cuyos principales adornos son la hipocresía, la mediocridad, el autoritarismo, la incompetencia y un rencoroso encarnizamiento contra todo aquello que su mentalidad de ácrata apolillada señale como enemigo, ya sea lo español, los aficionados a la selección o unos militares que van a presentar su oferta educativa en una feria? Para explicarlo no basta la anómala situación política que han dejado en España la crisis y la desmesurada corrupción de las últimas décadas, sino que hay que tomar en consideración que lo de la política catalana es muchísimo peor: aquello es ya un repugnante esperpento. Entonces se empieza a entender. En su afán por capitalizar la manifestación de hoy, se  ha permitido declaraciones como estas
    El acto seguirá como tenemos programado. Todo aquel que venga tendrá un lugar. Hemos vivido una semana intensa atendiendo a las víctimas. La ciudadanía ha tenido una respuesta ejemplar que culminará con una manifestación por la paz.
    En apariencia, estas palabras son impecables, pero, contextualizándolas en la actual situación política española, ocultan una serie de mensajes implícitos muy lastimosos. Está en primer lugar ese "tenemos" que subrayo: o es un plural mayestático o es un plural a secas que incluiría a ella y a los de su bancada, esos que han conseguido secuestrar la respuesta mediática a los atentados, pero desterraría a todos los demás: en cualquier caso, es una traición del subconsciente, una forma que confirma lo que todos sabemos: que la señora Colau ha puesto un particular empeño en relegar a un segundo plano a todo aquello que no fuera de su gusto, o sea, el rey, el presidente del Gobierno, los ministros...: lo "español", el "Estado", en suma. Y si alguien no lo ve así, que observe cómo la alcaldesa que padece Barcelona, con las siguientes palabras que pronuncia, insiste en recalcar que ella es la dueña de la manifestación: "Todo aquel que venga tendrá un lugar". ¡Pues claro, señora Colau!, muchas gracias por darnos permiso para adherirnos a "su" manifestación, pero no era necesario, ¿o es que no se ha enterado de que en España existía el derecho de manifestación desde mucho antes de que a usted la hiciera alcaldesa un delicado equilibrio de fuerzas políticas? En este país cualquiera tiene lugar en cualquier manifestación, incluso aunque no lo diga usted. Queda, por último, lo de la manifestación "por la paz"; sí, la paz está muy bien, pero sucede que España no está en guerra y esta manifestación está motivada por unos brutales actos terroristas, así que no es una manifestación por la paz, es una manifestación contra el terrorismo. Desde su primera reacción, la alcaldesa de Barcelona ha estado eludiendo este término e intentando taparlo con las palabras "paz", "solidaridad" y otros dignísimos conceptos que no venían al caso, sin darse cuenta de que este truquito de los eufemismos hace mucho tiempo que ya no cuela, porque ya lo dejaron muy resobado los batasunos, el PNV y otros farsantes de parecido pelaje. 
    Me temo que esto continuará.   
    

5 comentarios:

  1. Amigo, qué razón tiene y lo que nos queda por ver....

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  2. Muchas gracias, Paco. Acerca de lo que nos queda por ver, o quienes pueden cortar esto (o sea, el PP y el PSOE, que lo han dejado crecer durante 30 años) se ponen muy serios o el final va a ser una razón más para el desencanto, eso, como mínimo.

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  3. Aunque del P ni S, ni O, y menos aún E, no espero nada. Del Partido Pastueño, poco la verdad

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  4. Ninguno de los dos inspira demasiada confianza, la verdad, pero, esta vez, tal y como se están poniendo los independentistas catalanes, no le va a quedar más remedio al Gobierno que ponerse serio, haga el PSOE los aspavientos que haga, porque esto ya nadie duda de que es un golpe de estado (hace unos años, cuando usaba esta expresión, algunos me llamaban exagerado) y los golpes de estado hay que pararlos.

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