jueves, 25 de mayo de 2017

"Acongojado" no es "acojonado"

   Lo oí hace un par de días en un medio de comunicación de mucho alcance, no sé si una televisión o una radio. A propósito del trágico atentado en el Manchester Arena y de la necesidad de no hacerle el juego al terrorismo, decía el locutor que los ciudadanos de Manchester iban a demostrar que no estaban acongojados y no se iban a quedar encerrados en sus casas. Está claro que quería decir que pensaban demostrar que no tenían miedo, pero lo que dijo -me temo que sin saberlo- fue que pensaban demostrar que no tenían pena o aflicción, que es lo que significa estar acongojado, o sea, tener congoja, cuando no puede haber duda, por las muchas imágenes y otras pruebas que hemos visto, de que aflicción en Manchester hay mucha, como no podía ser de otro modo.
   La confusión con el significado de "acongojado" viene, tengo la impresión, de los años setenta, en los que hicieron efímera fortuna expresiones como "tener los congojos de corbata", creo que no hace falta que explique el significado que se da aquí a "congojos". Luego, en los últimos años, los comentaristas deportivos -especialmente, los radiofónicos y más especialmente aún los de cierta cadena- han venido haciendo el resto con la eficacia que los caracteriza: me he hartado de oírles decir cosas como que "el árbitro está acongojado por la presión del público" o que "Ronaldo no se acongoja por las entradas de los rivales". Esto es lo que a menudo hacen con el lenguaje los medios de comunicación, deberían ser más cuidadosos.

sábado, 13 de mayo de 2017

"El molino de La Barbolla": primera reimpresión

   Pues sí, amigos, este ha sido un buen año para El molino de La Barbolla, ya que lo han puesto como lectura en algunos centros más y se han agotado los ejemplares, así que he tenido que hacer una nueva reimpresión. Aparte de lo que aparece en la columna de la derecha, acerca de este libro también podéis informaros en el primer artículo que escribí sobre él
    Cuando me decidí a arriesgar con El molino de La Barbolla, fue porque percibía que en el nivel de 1º de ESO había un cierto vacío de libros que pudiesen resultar atractivos para los lectores, así que me lancé a componer uno que reuniera una serie de ingredientes que yo creía que a ellos les gustan, tales como la amistad, el dinamismo o el misterio. Aunque me esté mal el decirlo, creo que acerté, y me baso en lo que he visto en las ya bastantes charlas con lectores que he dado, tanto en lo que ellos me transmiten como en lo que me dicen sus profesores. Estos últimos suelen insistir en una cosa: en que ellos y sus alumnos están más bien hasta la coronilla de tanto tema transversal embutido malamente en historias mohínas, aviso para las editoriales y su corrección política, tan oportunista como hipócrita. Quiero añadir algo más: junto a los ingredientes que he mencionado más arriba, me preocupé también de otras cosas, como el estilo literario, la riqueza del vocabulario o la inclusión de elementos de cierto nivel cultural: la calidad y la diversión no solo pueden, sino que deben ir juntas: entretener a un lector joven no tiene por qué significar empobrecerle. 
    Para que os hagáis una idea de cómo es la historia, voy a terminar dejando tres fragmentos que considero significativos, cada uno de un capítulo diferente, y empezaré por el comienzo del libro. 
Primeras líneas del capítulo I (La cuerda)
    Era una hermosa mañana de mayo. En la plaza de la iglesia, la brisa cantaba entre las ramas de un olmo y los ciprinos de la fuente surcaban de lado a lado las aguas entibiadas por el sol. 
    Irene y Emma, dos niñas de doce años, descansaban de no hacer nada tumbadas sobre el montón de tierra que unos albañiles habían dejado en un rincón de la plaza. A pocos pasos yacían sus bicicletas con los manillares retorcidos hacia atrás, como si estuvieran vigilando a sus dueñas por temor a que escapasen. 
Del capítulo III (El fantasma de las salinas):
    Ese pozo que habéis visto se hizo allá por los años cuarenta, mejor dicho: se empezó a hacer, porque nunca llegó a terminarse; fue como un maldición. Los dueños de la salina quisieron aprovechar la bolsa de agua que había debajo de la nave, así que un buen día vino una empresa de prospecciones, instaló el taladro más grande que nunca se había visto por aquí y comenzaron a perforar el suelo. A las dos semanas, habían profundizado ya más de treinta metros y dieron con un yacimiento pequeño y con muchas impurezas, de modo que decidieron seguir en busca de otro mayor; ojalá no hubieran tenido nunca esa idea.
Del capítulo V (La casa de Villacorza):
    Tenía un par de estatuas de mármol y dos de sus paredes estaban cubiertas de libros de todos los tamaños, algunos, llamativamente grandes. La mayoría parecían ser muy viejos. Tal vez por sus tonos oscuros o el olor a papel rancio que exhalaban, había en ellos algo que repelía, pero a Irene no le extrañó, porque lo cierto -pensó mientras los observaba- era que, pasados los primeros días, habían podido ir comprobando que no todo era maravilloso y atractivo en aquella casa: estaba siempre tan sombría...; y luego, las cosas: muy bonitas, muy valiosas, sí, pero ¡todas antiquísimas! A veces, además, encontraban objetos o rincones que resultaban como aquellos libros: inquietantes sin que se supiera por qué. 
    ¿Os ha parecido interesante? Me agradaría pensar que sí. La Barbolla, Imón (donde están las salinas del capítulo III), Villacorza...: sitios reales donde se sitúa una historia irreal y misteriosa; ese es uno de los aspectos que más atraen a los lectores del libro y por los que más suelen preguntarme los chicos en las charlas: ¿cómo son, qué hay allí de verdad? Siempre resulta fascinante el abrazo entre la realidad y la fantasía.    

viernes, 5 de mayo de 2017

"La sociedad gaseosa", de Alberto Royo

   El pasado mes de marzo, se publicó La sociedad gaseosa, segundo libro de Alberto Royo, del que hará una presentación aquí en Madrid el próximo jueves 18 a las 19:00 horas, en la Casa del Libro de la calle Fuencarral, os adjunto abajo el cartel.  
   Entrando ya en el libro en sí, se trata de un volumen no muy extenso (189 páginas), encabezado por un prólogo de Enrique Moradiellos y compuesto de una introducción, veintitrés capítulos de diversa extensión y dos epílogos. En lo referente al contenido, se concreta en tres ejes temáticos fundamentales. En primer lugar, el autor adopta un decidido posicionamiento en favor de todo lo que represente cultura y conocimiento, ya sea de ámbito científico, humanístico o artístico, posicionamiento que a menudo adquiere un tono de defensa, parece mentira que hayamos llegado a una situación en que cosas así necesiten ser defendidas, pero los hechos no dejan lugar a dudas. En este eje nos habla también de lo imprescindibles que son el esfuerzo, el interés y la dedicación para alcanzar frutos tan excelsos como el conocimiento profundo o la producción de belleza artística. En segundo lugar, y en coherencia con el título del libro, aborda Alberto el penoso panorama de baratija intelectual que se está imponiendo en nuestra sociedad y lo hace a través de una serie de reflexiones y ejemplos, que van desde Operación Triunfo como máximo exponente del escaparate musical hasta la variada gama de "expertos" educativos que, con sus esperpénticas recetitas milagro, están embaucando a la sociedad con una (interesada) mentira tan repugnante como funesta: que se puede alcanzar un conocimiento que valga la pena con tontorrones postureos lúdicos, sin necesidad de apurar el cáliz del esfuerzo, el interés y la dedicación. En tercer lugar, se interesa por algo que va implícito en lo que acabo de decir: las repercusiones -sin duda, muy nocivas para la sociedad- que la invasión de la estupidez gaseosa tiene en la enseñanza y sobre lo que representa hoy ser profesor.
   Cada uno de estos tres pilares es imprescindible en el discurso de La sociedad gaseosa, pero creo que el último es el más importante, y no voy a engolfarme en las múltiples razones que avalarían esta apreciación, sino que voy a ir a una sola muy explícita: el hecho de que la frase "Los profesores tenemos que enseñar y no entretener" se repita casi de forma literal al principio y al final del libro (páginas 23 y 187). Por algo será. Y, sin perjuicio de la altísima dignidad de los otros dos (de los que, por otra parte, difícilmente podría ser desligado), lo celebro, porque son muchas las afinidades que me unen a Alberto, pero esta cruzada quijotesca en favor de la afligida causa de una enseñanza merecedora de tal nombre es sin duda la más grandiosa. Estoy con él; estoy con él en esto y en lo demás, y más, en un momento como este, en el que algunos percibimos quizás no una conjura de los necios, pero sí una época de bonanza de la necedad, en la que cosas tan sagradas como la cultura, el conocimiento, las artes, la belleza o el tormento y el éxtasis de la verdadera creación están siendo asediadas, minusvaloradas y hasta ridiculizadas, mientras se manipula y entontece a la sociedad con orwellianos productos de masas que entronizan lo vano y lo ligero hasta la náusea. Releo el último párrafo y me hago una pregunta: ¿no estaremos en realidad asistiendo a una conjura de supermegalistos para convertirnos en necios a todos los demás? Ahora de quien me acuerdo es de Huxley.
   Todo lo que he dicho lo presenta Alberto en un libro a la vez rico y ameno, con el estilo limpio y ligero a que nos tiene acostumbrados. La composición en capítulos breves facilita una variedad en la que están presentes nuestros amados "expertos", una conferencia sobre sus embustes, múltiples y sustanciosas referencias a autores de diversas épocas y también apelaciones a diversas artes, en especial, la música, esa en la que el libro nos deja ver que Alberto ha experimentado el difícil camino de tormento y éxtasis que desemboca en el excelso logro de la belleza artística. Que habla por experiencia, vamos, justo lo contrario del 99% de los que, en el mundo educativo de hoy, se cuelgan la medalla de "expertos".  
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miércoles, 19 de abril de 2017

Otro que muerde el polvo

   La Guardia Civil acaba de detener a Ignacio González en el curso de una investigación por corrupción. 
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    A algunos nos parece que esto ha tardado en llegar más de la cuenta. Y no olvidemos que este señor es otro que estuvo muy cerquita de Esperanza Aguirre, como este o como esta. Que nadie olvide el feroz trato que estos personajes infligieron a la ciudadanía en general y a los empleados públicos en particular. 
   ¿Qué os parece si les dejamos a los Queen que le pongan la banda sonora a esta noticia?

Another one bites de dust - Queen

sábado, 15 de abril de 2017

Algunas observaciones sobre el pacto de los 250.000 interinos

   Hará un par de semanas, se firmó entre el Gobierno y los sindicatos CCOO, UGT y CSIF (1) un acuerdo que en general se ha presentado en los medios (2) como  una oferta de empleo que convertirá en funcionarios fijos a 250.000 interinos. El acuerdo ha sido recibido como una noticia excepcional (algún medio lo califica de histórico), pero ha generado cierta confusión y bastantes incógnitas. La confusión está principalmente en las cifras. En primer lugar, ni la Administración sabe exactamente cuántos interinos hay en España, aunque se calcula que están en torno a los 350.000; en segundo lugar, al menos los sindicatos no tienen muy claro a cuántas personas va a beneficiar esta medida, pues CSIF habla de 250.000, UGT, de casi 350.000 y CCOO, de entre 270.000 y 300.000. 
    El tiempo dirá a cuántas afectará exactamente, aunque seguro que no nos enteraremos, porque eso no lo van a ir publicando los periódicos. En todo caso, lo que más inquietud ha generado es esa coletilla que ha seguido siempre a la cifra de 250.000 plazas: que van a servir para convertir a interinos en funcionarios. Por indicación europea, el Gobierno español a lo que estaba obligado era a reducir la altísima tasa de temporalidad en la función pública de nuestro país, no a convertir en fijos a los que están ahora como temporales, que es lo que parecen haber entendido tanto el Gobierno como los sindicatos, es por tanto lo que han transmitido los medios, es lo que ha alegrado mucho a los que ahora son interinos, es lo que ha decepcionado a los que no lo son y tienen sus esperanzas puestas en las oposiciones y es lo que nos ha inquietado a los que creemos que los puestos públicos deben cubrirse respetando al máximo el principio de igualdad de oportunidades. Lo que todos nos tememos es que, aderezándolo debidamente en las convocatorias, se van a poner todos los elementos encaminados a que se queden los que están, y ello porque es esto lo que conviene a los que cortan el bacalao: el Gobierno (que quiere espantar al máximo el nubarrón de una millonada en indemnizaciones), los sindicatos (que en este asunto han obrado como los representantes de sus clientelas, o sea, los interinos que ya lo son) y los caudilletes de esos sitios donde el interino es el amiguete o el pariente que se pone a dedo, que no deben de ser pocos. Si al final es esto lo que ocurre, este proceso nacerá lastrado por una falta de limpieza y dejará en la cuneta a muchos que con lo único que cuentan es con su talento personal y sus derechos individuales, es decir, a esos que no tienen respaldos del poder o del grupo de presión. Dado que las democracias presumen de proteger los derechos individuales de los ciudadanos, la Administración e incluso el Gobierno deberían tomarse muy en serio que las convocatorias que emanen de este acuerdo garantizasen que se dieran las plazas a quienes más las merecieran, sean o no interinos en el momento actual. ¿Lo harán? Ya veremos. 
    Vengo ya a los apuntes finales. Una vez más, el PP ha dado muestra de su cinismo. ¿Os imagináis que un padre tacaño llevase a sus hijos medio desnudos y un buen día les comprase ropa y pretendiera por esto que le tomásemos por un padre ejemplar? Esto es ni más ni menos lo que ha hecho el Gobierno: cumplir con obligaciones que se llevaban escamoteando décadas y que él ha escamoteado todavía más y querer colgarse una medalla por ello. Y lo está presentando además como creación de empleo, cuando en realidad es dar otra categoría a empleo que ya estaba, increíble. Tampoco me sorprende el oportunismo de los sindicatos, que se han prestado a esta farsa del acuerdo para aparentar que hacen algo, cuando todos sabemos que llevan décadas mirando pasivamente cómo los funcionarios perdemos derechos, particularmente, desde 2010. Lo único que han hecho los sindicatos de la función pública desde 1988 ha sido convocar huelgas intermitentes completamente inútiles, que solo han servido para que se les descontasen días a los ingenuos que las secundaban. Y ahora salen con esto.
    Y la última, de verdad: me produce una enorme satisfacción ver que los funcionarios ya hemos dejado de ser una montonera sobredimensionada de parásitos odiosos: ahora resulta que servíamos para algo, que en España (como, por cierto, se ha sabido siempre) éramos incluso menos de los que haría falta, y que esa estabilidad por la que se ha llegado a injuriarnos era muy conveniente. Echad un vistazo a lo que decían en 2011 el PP, algunos de los medios que ahora echan las campanas al vuelo y la jauría de trolls que tienen distribuidos en la red.  

1.- El acuerdo en las páginas de los sindicatos: CCOO; UGT; CSIF.
2.- La oferta en diversos medios de comunicación: El confidencial; El Mundo; El País; El diario; La Razón.

jueves, 6 de abril de 2017

¿Ada o Adolfa?

  




¿Estará sufriendo la alcaldesa de Barcelona una indeseable metamorfosis?
    Queridos amigos:
    El empecinamiento rara vez es bueno y cuando se ejerce por parte de una institución pública contra los ciudadanos por razones espurias es, sencillamente, una de las formas más indignas del abuso de poder. Supongo que ya no quedará en el mundo ningún ingenuo que desconozca las abiertas preferencias independentistas de Ada Colau. Esta señora puede pensar como quiera, pero, en lo tocante a las actuaciones que afecten a los demás, es otro cantar, y más, en un cargo público. Existe una organización que se llama Barcelona con la Selección, que persigue fines tan subversivos como instalar en las calles de Barcelona pantallas gigantes donde se puedan ver los partidos de la selección española de fútbol. En el año 2016, cumpliendo todos los trámites legales pertinentes, instaló una en la plaza de Cataluña de Barcelona. Después de una rocambolesca actuación plagada de trampas y mentiras que se explica aquí, el Ayuntamiento de Barcelona les negó el permiso y les impuso sanciones que sumaban los 10.000 euros, aduciendo irregularidades y conflictos inventados para esconder la repugnante realidad: que se les prohibió y se les multó porque ni a la señora Colau ni a sus correligionarios les gusta la selección española. Y como no les gusta, acosan ferozmente a sus aficionados, haciendo sin ningún reparo un uso abusivo de su poder. Así de sencillo y de demoledor: se prohíbe el fútbol en Barcelona (España), porque a los nacionalistas catalanes y a la señora Colau les irrita la selección española. Esto tiene un nombre: totalitarismo. Pues bien, hoy nos hemos enterado de que el encarnizado Ayuntamiento presidido por la señora Colau ha impuesto a esta organización una cuarta multa, esta, de 1.802 euros, ¿entendéis ahora lo del empecinamiento?  
   Cuando fue sancionada en 2016, Barcelona con la Selección pidió ayuda a la ciudadanía (tuve la satisfacción de colaborar) y recaudó más dinero del que necesitaba. Aquí os dejo un vídeo en que vuelve a hacerlo y replica al último abuso de la señora Colau:

Barcelona con la Selección responde a la última multa y pide ayuda
    Volveré a echarles una mano, naturalmente. Ensañamientos indecentes como este no son admisibles en democracia, por no hablar de los temblores que produce una dirigente que es capaz de prohibir hasta el fútbol: ¿os imagináis a los responsables de esta persecución gobernando un país con mayoría absoluta? Miedo da.  

sábado, 1 de abril de 2017

Si Cassandra Vera representa la libertad de expresión...

   Acaba de salir la sentencia contra Cassandra Vera por sus desafortunados tuits contra Carrero Blanco y se ha formado el lógico revuelo por la desproporción de la pena: un año de prisión. Estoy en absoluto desacuerdo con esta condena, disparatada consecuencia de la desaforada, represiva y totalitaria legislación impulsada por el PP en materia de derechos civiles. En los países democráticos como el nuestro, este tipo de normas, además de ser inadmisibles por injustas, son inoperantes, pues, como está sucediendo ahora, al llegar el momento de aplicarlas, su gran inadecuación genera un fuerte rechazo social, lo que obliga a buscar recursos para no llevar a cabo sentencias de este tipo.
    Esto, a veces (como en este caso), tiene otra consecuencia negativa: la de hacerlas contraproducentes, ya que el resultado puede ser que el tener que perdonar un castigo abusivo deje impune a alguien que, como Cassandra Vera, haya realizado actos que sin duda merecen algún escarmiento. Conclusión: por justicia, inteligencia y sentido democrático, hay que tener un exquisito cuidado para fijar en las leyes castigos equilibrados. Mejor hubiera sido para nuestra sociedad y nuestro sistema judicial que a Cassandra Vera se le hubiera impuesto una pena razonable y así nos habríamos evitado el penoso espectáculo de ver como ella y sus partidarios convierten en víctima a alguien que ha obrado de manera muy ruin. Para demostrar esto, dejo aquí un par de noticias donde se recogen algunos de los tuits lanzados al mundo por esta muchacha: 
    -Antología general:
    -Contra Cristina Cifuentes cuando estuvo a punto de perder la vida:
    Supongo que, a la vista de estas perlas, nadie medianamente razonable defenderá los actos de esta mujer. Ella podrá tener lo que quiera contra Carrero Blanco, pero es una mezquindad inadmisible escarnecer continuamente y en medios de difusión general a alguien que murió en un atentado terrorista y basar las "gracias" en alusiones a ese atentado, como no son de recibo esas manifestaciones a tuitazo limpio de sus ánimos asesinos contra los sanfermineros, los canis o los fachas, ni -lo que, a mi juicio, es lo peor de todo- los deseos de muerte públicamente dirigidos contra Cristina Cifuentes cuando esta se hallaba en grave riesgo de morir. Si Cassandra Vera tiene toda esta porquería en su interior, que se la guarde o la comente en sus círculos privados, pero que la proyecte en medios de comunicación de largo alcance ni puede permitirse en una sociedad civilizada ni considerarse uso de la libertad de expresión, sino atropello grosero y cobarde de las personas contra las que ha lanzado sus penosas ocurrencias.
    No: lo que ha ejercido Cassandra no  es la libertad expresión, así que resultan un tanto cínicas sus quejas de ahora y lamentable el circo que han montado IU y Podemos sacándola en procesión. Cuando unos partidos hacen lo que están haciendo estos, ponen en duda su sensibilidad democrática; concretamente lo de Podemos, usando este asunto como cortina de humo para no condenar el golpe de Estado encubierto que está produciéndose en Venezuela, resulta una pirueta vergonzosa.     

martes, 21 de marzo de 2017

"La buena educación": los Von Siempre

   Resultado de imagen de imagenes de la buena educación elpais.com
   He podido ver hoy el programa que hace unos días emitió ELPAIS.com sobre nuestro actual sistema educativo, el cual llevaba el título de La buena educación, y he de decir que, tomando prestada una genial expresión de Martes y 13, allí, si exceptuamos a Ángel Gabilondo, estaban los Von Siempre: gente como María Acaso, Fernández Enguita y Pilar Álvarez, acompañados además por el presentador (Carlos de Vega), quien no desentonaba con el resto. Con estos mimbres, el programa resultó ser lo esperable: más de lo mismo, o sea: contenidos no, competencias vaporosas sí, propuestas supuestamente novedosas no contrastadas o ya fracasadas, también... No voy a poder, como en otras ocasiones, desmontar apartados completos, ya que este ha sido un programa en el que se ha hablado de forma torrencial acerca de muchas cosas, así que me limitaré a algunas pinceladas sueltas.
    Aunque ya sabéis que no suelo ser benevolente con María Acaso, quiero agradecerle esta vez un detalle: a la hora de plantearse el tema del abandono escolar, el presentador ha sugerido si la culpa podría ser de los profesores (este crimen, que yo sepa, no se nos había colgado hasta ahora) y ella ha respondido de forma fulminante que a los profesores no se nos puede hacer culpables de nada. El señor Vega no lo ha debido de encajar muy bien, porque, cuando minutos más tarde todos los invitados han coincidido en que era necesario mejorar la formación del profesorado, ha recordado lo dicho antes por Acaso y han tenido que aclararle que lo que había que cambiar era la formación permanente, no a los profesores. Pero ya era tarde, la incongruencia había quedado al descubierto: si parece implícito que los profesores de hoy no están bien formados, alguna culpa tendrán del desastre, algo habrán hecho, y todos sabemos que, de los presentes en el debate, al menos el señor Enguita (Enguita 1, Enguita 2), así lo cree. Lo que cada vez queda más patente es que, a poco que se rasque, la propuesta de los innovadores aparece muy endeble. Un ejemplo: hacia el minuto 30, se ha introducido un brevísimo vídeo en el que aparecía Tibor Navracsics, comisario europeo de Educación, para decir una serie de vaciedades sobre lo malo que es el conocimiento y lo necesaria que es la innovación, así sin más, pero lo peor de este vídeo no era su huero contenido, sino la voz que lo sostenía, un político profesional que no tiene ni idea de educación y que es muy discutido en la UE: ¿esta es la propuesta de los innovadores, los cuatro tópicos favorables al actual vaciado economicista de la enseñanza pronunciados por una autoridad desautorizada? Y no muy distinto es lo que ocurre con Fernández Enguita o María Acaso: se presentan como innovadores de algo que desconocen por completo: cada vez que ha salido un tema (deberes, calendario, formación del profesorado, evaluación...), se han descolgado con algo que estaba a años luz de la vida escolar real; en el tema de los deberes o el del calendario, ha tenido que salir Gabilondo a poner cordura y realismo; en el de la división de espacios (casi al final), Enguita se ha pronunciado con una "innovación" ya experimentada, inútil por completo y más anticuada que el No - Do, cosa que no extraña en alguien que se nos ha hecho viejo proponiendo innovaciones. Y esta es la gran cuestión: si se aplicasen las cosas que dicen estas personas, no se enseñaría nada, no se evaluaría como es debido y se implantarían unas "innovaciones" las más de las veces disparatadas y ni siquiera novedosas. 
   Más enjundia ha tenido esto otro. En el minuto 15:37 del programa, se ha mencionado a David Calle, el profesor que se ha hecho famoso por su participación en el concurso del mejor profesor del mundo. Se ha proyectado un vídeo en el que hablaba él y después los tertulianos han hecho algunas consideraciones. Como sabéis, este profesor tiene una línea de explicaciones y clases de matemáticas en YouTube que son seguidas por miles de personas, las cuales sacan de ellas mucho provecho. Es agradable, explica muy bien y no se le ha subido nada a la cabeza, al contrario de lo que ha ocurrido con algún otro participante en el concurso mundial. He ido a YouTube y he grabado una de las clases de David Calle, para que os hagáis una idea de su propuesta quienes lo desconozcáis. Como veis, lo que hace este señor es lo que hacemos miles de profesores en el mundo: explicar con el apoyo de una pizarra cuestiones prácticas o teóricas de su asignatura, Matemáticas, por lo que choca que, en el programa, el presentador se pregunte rotundo: "¿Por qué no todos los profesores son así?", y choca porque, repito, somos millares los profesores así, cada uno lo hará con más o menos gracia (eso, como ha señalado Enguita, dependerá del carisma de cada cual), pero en lo estrictamente didáctico, esos recursos suyos los usamos muchísimos. Por ello, no se entiende la proclama que ha lanzado a continuación María Acaso, afirmando que David Calle tiene éxito porque hace esas cosas en internet mientras que esas mismas cosas no están funcionando en el aula real, donde se produce un simulacro educativo y un fracaso. Solo conociendo el tremendo sectarismo que anima a esta "experta" se explica que haya sido tan incapaz de entender lo que está pasando en realidad: la diferencia entre David Calle y cualquier profesor que esté en un instituto y explique tan bien como él (que los hay, y muchos), no es pedagógica, sino de medios, unos medios, además, que ni se excluyen ni están enfrentados, sino que, como su propio caso demuestra, pueden llegar a ser complementarios: él en YouTube con su pizarra de grafos y el otro profesor en su aula con una pizarra como esa, con una digital o con la de toda la vida; él hablando con tal vez miles de alumnos a los que no ve y con los que se comunica mediante internet, mientras que el otro profesor se dirige a esos alumnos que tiene delante, sabe cuántos y quiénes son y guarda con ellos una interacción directa que le da la ventaja, por ejemplo, de poder resolver las dudas de forma instantánea y presenciando el proceso de asimilación. No hay diferencias esenciales, solo las hay de circunstancia y canal comunicativo: lo esencial, es decir, profesor que domina unos conocimientos (esos contenidos que tanto molestan a los innovadores) y los transmite a unos alumnos que no los dominan, es exactamente igual en internet y en el aula, y aun se permiten ambos coincidir en otra antigualla: la pizarra.
    Por lo tanto, resulta patética toda esa diatriba de María Acaso: tanto David Calle como los miles de profesores que, metidos en aulas, lo hagan tan bien como él (e insisto, son muchos, de todas las áreas) están triunfando en el mismo campo: el de la transmisión del saber. ¡Qué gran sandez eso del simulacro educativo!, uno de esos detalles que me hacen pensar que esta señora, en realidad, no tiene ni idea de educación y sospechar, por su virulencia contra la escuela, que tal vez este empeño suyo tenga algún interés inconfesable.
   Resulta lamentable, pero una y otra vez se corrobora que es cierto: los medios de comunicación, al tratar el tema de la enseñanza, llevan muchísimo tiempo optando por los de siempre -los del vacío discurso innovador-, con sus embustes de siempre y concediéndoles el trato privilegiado de siempre, no voy a aburriros con los mil ejemplos de otras veces. ¿Por qué lo hacen? Supongo que por muchas razones, entre las cuales me temo que debe de predominar un frívolo sentido comercial, una convicción de que estos vendedores de coloridas falsificaciones que sostienen que se puede aprender todo y llegar a ser maravilloso divirtiéndose y sin el menor esfuerzo tienen por fuerza que dar más audiencia (= más pasta) que aquellos aburridos moralistas que se dedican a decir la verdad: que aprender y estar bien preparado cuesta. El estilo telebasura ha terminado haciendo estragos. 

sábado, 11 de marzo de 2017

Paremos el golpe (de estado separatista en Cataluña)

   Me llega la noticia de que Societat Civil Catalana ha convocado para el domingo 19 de marzo a las 12:00 una manifestación, bajo el lema Aturem el cop, o sea, Paremos el golpe, pulsad este enlace para más detalles:
   En la página encontraréis un manifiesto con las motivaciones de la manifestación y un enlace para firmarlo, pero, a los que estéis interesados, vuestro amigo el guachimán os allana el camino:

    El golpe que se quiere parar, huelga decirlo, es el golpe de estado que el separatismo lleva años preparando a cara descubierta y a bombo y platillo, con la asombrosa pasividad de los poderes del Estado y de la sociedad española, pues los abusos de los nacionalistas catalanes, sus actos totalitarios, su violencia y sus provocaciones han sido desde hace tiempo lo suficientemente graves como para que ya se hubiera tomado alguna medida firme, lo que muy probablemente nos habría evitado la crítica y preocupante situación a que nos enfrentamos ahora. "Es hora de poner fin a esto", dice en algún punto el manifiesto de SCC: me voy a permitir hacerles una pequeña corrección: hace mucho tiempo que debió haberse abordado esa tarea, porque a los fascismos no hay que dejarlos crecer.
    Esperemos que se alcance una solución. 

miércoles, 1 de marzo de 2017

No es que sean idiotas

   Circula por las redes un vídeo -que me he hecho el firme propósito de no ver- en el que aparece una lamentable escena ocurrida en Colmenar Viejo hace unos días: en una calle solitaria, una horda de diez o doce energúmenos golpean y humillan con saña a una pobre chica. No contentos con esta canallada, ellos mismos la engordan grabándola con un móvil y subiéndola a la red. Por desgracia, alguno de los agresores es alumno de mi instituto, de manera que nos hemos visto envueltos en tan lamentable suceso, que, en lo que se refiere a la esfera escolar, va a acarrear sanciones que me temo que no van a ser suaves. En mi instituto nos tomamos muy en serio la lucha contra el acoso y las conductas violentas, de manera que algunos de mis compañeros, un tanto desolados, se preguntan si estos chicos no serán idiotas, a la vista de que sabían muy bien lo condenables que son esos actos, las duras sanciones que los castigan y lo inevitable que es que te descubran cuando tienes la brillante idea de colgar una fechoría en las redes.
   Pero no, no es que sean idiotas, es que han alcanzado la convicción de que, hagan lo que hagan, nunca van a pagar por ello. Después de años y años percibiendo que en la calle, en la escuela y en la familia, muy a menudo las faltas que cometen quedan sin el correspondiente castigo y después de años viendo lo fácil que -gracias a esa sobreprotección bobalicona de que gozan los menores en nuestra sociedad-, les resulta doblegar a supuestas autoridades como los padres o los profesores, nuestros jóvenes tienen muy interiorizada la idea de que poseen el don de la inmunidad y el de la impunidad. Como en la canción de Maldito duende, se sienten tan fuertes que piensan que nadie les puede tocar. Y por eso llegan a menudo malas consecuencias, en los estudios y en las hazañas.
    Nos toca desprogramar: llevamos demasiado tiempo en el pésimo camino de la permisividad, producida por modas sociales y leyes que vamos a tener que replantearnos. No estará de más que hagamos caso al juez Calatayud cuando nos recomienda ejercer nuestra autoridad de adultos con firmeza. Otra cosa que señala este juez es que los móviles son un peligro para los jóvenes, lo cual, en realidad, no es necesario que nos lo diga alguien tan experimentado en lo que se ve en los juzgados, porque casos como este del que hablo hoy hay por centenares, pero ahí seguimos: con ocho smartphones por cada diez españoles: ¿cuántos de ellos estarán en manos de menores que los están usando muy mal?
   Pero ¿podemos pedir prudencia a esos menores que cuelgan alegremente vídeos atroces o insensatos en internet cuando los medios de comunicación son luego tan imprudentes de reproducirlos en sus telediarios? El vídeo de Colmenar apareció en algunos, lo que me lleva a preguntarme: ¿de verdad era eso una noticia de interés general? ¿Nadie en esas cadenas se paró a pensar que sacar en la televisión vídeos en los que unos trogloditas publican vanidosamente sus burradas es animar a otros asnos a que los imiten? Uno o dos días después del suceso, a la puerta de mi instituto, había cámaras y reporteros poniéndole el micrófono delante al primer crío que se les cruzase para que les hablase del asunto. Es repugnante el nivel al que algunos han llevado la labor de informar. 

jueves, 23 de febrero de 2017

La hipocresía "progre": en el Reino Unido, también

    En todos los países de nuestro pelaje, con mayor o menor intensidad, se ha producido el fenómeno de la implantación de unos sistemas educativos que hacían extensiva la enseñanza a toda la población hasta más o menos los dieciséis años, pero con una escandalosa bajada en la calidad, los niveles de aprendizaje y de exigencia y la disciplina. Todo ello se imponía en nombre de un perverso sentido de la igualdad y de la libertad, que parecía partir de la convicción de que, para que un enseñanza fuera democrática, tenía que ser vacía y que consideraba represivo poner coto a la holgazanería, la grosería, el desacato a las normas e incluso la violencia. Este catecismo "progre", que aquí conocemos muy bien, es en realidad tremendamente clasista, porque arrebata a los que no son ricos el instrumento de ascenso social más útil que tienen a su alcance: la educación. Se ha señalado miles de veces la hipocresía y la incongruencia de esos voceros que, autodenominándose progresistas, izquierdistas y tal, defienden a capa y espada estos sistemas públicos ruinosos, y más aún cuando muchos de ellos tienen a sus hijos en centros privados. Mi amigo Ricardo Moreno me envía la traducción de un artículo titulado How hypocritical of the privileged elite to tell us that gramar schools are a bada idea, en el cual su autora, Allison Pearson, con el típico hablar claro de los británicos, nos muestra el estado de esta cuestión en su país. Aquí lo tenéis:

Qué hipócrita por parte de la élite privilegiada criticar las grammar schools
Allison Pearson (The Telegraph, 14 September 2016)
Tendrán que perdonarme, pero debo volver sobre el tema de las grammar schools. ¿Por qué? Porque la absoluta hipocresía que rodea este tema ya apesta, por eso. Al abrir The Guardian el lunes (lo sé, lo sé, puede producir alergia) encontré un columnista (educado en la privada, como tantos socialistas) imaginando a Theresa May intentando explicar a la “inteligente, escéptica y entrañable actriz Emma Thompson  por qué se necesitaban grammar schools”. La clara imputación era que quienes son inteligentes y entrañables (no como nuestra primera ministra, claro) deben oponerse a la educación segregadora.
     El único problema es que Emma Thompson enviaba a su hijo a una de las escuelas privadas más exclusivas del norte de Londres,  donde compartía clase con la hija de una amiga mía. Para que tu hijo pueda asistir a semejante sitio necesitas entregar más del sueldo medio nacional. Selección por talonario, en otras palabras. Y sin embargo, si eres lo bastante rico, lo bastante bien relacionado y lo bastante izquierdista, pareces disfrutar de algún tipo de extraña excepción a las reglas que quieres imponer a los padres que no pueden financiar la educación de sus hijos. 
      Realmente, hay un universo moral paralelo en Gran Bretaña donde una persona puede sostener apasionadamente que las grammar schools son socialmente discriminatorias mientras envía a sus propios bebés a Westminster, esa cuna de tantos de nuestros formadores de opinión progresistas. Es increíble que a comienzos del siglo XXI el número de columnistas de periódico que fueron a Westminster, Eton u otras escuelas privadas sea más numeroso que el de los que fueron a comprehensive schools. ¿Cómo es posible que el tipo de escuela que da servicio al 93% de la población esté infra-representada entre las filas de aquellos que pontifican sobre una educación estatal acerca de la cual, para ser perfectamente justos, no saben una mierda?
      A nadie le preocupa el periodismo, pero esa misma pésima discrepancia de clase se encuentra en todas las profesiones, en la política y en todo el firmamento de las estrellas del entretenimiento. Si miramos a los portavoces de la oposición, nos encontramos con el cómico espectáculo de un grupo de políticos laboristas que todavía creen en el sistema comprensivo, igual que el hombre primitivo creía que la tierra era plana. Personas como Jeremy Corbyn, John McDonnell y Diane Abbott se oponen violentamente a la revitalización de las grammar schools de la Sra. May, aunque no se atreven a decirlo porque (¿lo adivinan?) ellos fueron a grammar schools, las cuales les condujeron a donde están hoy. Y no me entiendan mal. Millonarios como Emma Thompson tienen perfecto derecho a dar a sus hijos la mejor educación posible. Mis descendientes han asistido también a escuelas privadas. Llámenme una loca Madre Tigre, pero preferiría que a la Hija y el Hijo, a diferencia de a su mami, les enseñara matemáticas alguien que no sea el profesor de educación física.
     Expertos que no saben de qué están hablando (véase arriba) dicen que el resultado de la grammar school se podría conseguir en una comprehensive si separas a los niños más adelantados. Lo siento, no se puede. Ethos lo es todo. Simplemente miren la inmundicia lanzada contra Matthew Tate, ese estupendo director de Margate que envió a cincuenta alumnos a casa por vestir el uniforme incorrecto. Por tratar de crear una atmósfera de autodisciplina y altos estándares, al Sr. Tate se le comparó con la Gestapo, un grupo no conocido principalmente por su línea dura con respecto a las zapatillas deportivas.
      Por eso los profesores están en aprietos todos los días en las comprehensive schools. Y no solo los padres protestones impiden el camino a la excelencia. Un amigo confesaba que su brillante niño había tenido horribles notas de ciencias en secundaria que podrían haber obstaculizado su futuro universitario. Luke había ido a la escuela comprensiva local donde le enseñó química el mismo zopenco que había enseñado a su hermana mayor al otro lado de la ciudad. El profesor en cuestión había sido despedido de la escuela de su hermana por incompetencia, para ser luego contratado en la escuela de Luke porque los tipos bien cualificados en ciencias y matemáticas no están precisamente haciendo cola para trabajar en las mediocres comprehensive.
      ¿No habría sido mejor si nuestra ciudad tuviera una grammar school donde a Luke y a otros chicos capaces de familias menos acomodadas pudiera enseñarles ciencia pura y dura alguien que no fuese un completo imbécil? Por supuesto que sí. Mejor para Luke, mejor para la sociedad en su conjunto, cuyos cuadros directivos se enriquecerían por una mezcla social más amplia, como acostumbraba a ser cuando millones de niños afortunados iban a las grammars. Demasiados chicos dotados como Luke son condenados a progresar sin hacerse notar en clases perniciosas, en las cuales entregar tus deberes te convierte en blanco de burlas, y padres descerebrados insisten en que vestir una falda tan escueta como un mensaje de texto es un derecho humano básico.
      En este punto, algunos expertos muy humanitarios, educados en escuelas privadas, señalan que las grammar schools hacen descender el estándar en otras escuelas de su área, y que menos del 3% de los alumnos que van a grammar schools tienen derecho a comidas escolares gratis. Ambas cosas son ciertas, pero el efecto en los logros de las non-grammars es en realidad muy pequeño. En cuanto a poner el foco en los alumnos con derecho a comidas escolares, es poner el listón demasiado bajo. Sólo alguien educado en Westminster, como Nick Clegg, puede estar tan fuera de onda como para pensar que los colegas de Oxbridge pueden ser metidos en el mismo saco que los hijos de desempleados analfabetos. Nick, dedica una semana intentando enseñar a alguno de ellos, y mira cuánto tiempo pasa antes de que te digan “¡Que te j…, pijo de m…!”
      Nuestro tiempo se emplearía mejor si nos preocupamos por los chicos de clase media-baja, que están sorprendentemente infra-educados en el presente sistema y que podrían realmente beneficiarse de una grammar school donde buenos profesores no tengan miedo de enseñar. Por supuesto, necesitas alguien que haya ido a (o enseñado en) una escuela estatal  para que te diga estas crudas verdades. Tristemente, no hay muchos de nosotros en posición de denunciarlo. Ya saben, todos los trabajos importantes han ido a parar a personas educadas en la privada. Gracias a Dios, nuestra nueva primera ministra ha visto a través de la asquerosa hipocresía y se ha presentado con un camino hacia adelante. ¡Es la grammar school, estúpido!

miércoles, 22 de febrero de 2017

Decálogo para un pacto de Estado por la educación

   
Desde el blog de mi amigo Xavier Massó e impulsado por la revista Catalunya Vanguardista, me llega un Decálogo para un pacto de Estado por la educación que viene avalado por las firmas de personas muy comprometidas con la dignidad y la calidad de la enseñanza. Acabo de firmar este documento, cuyo texto íntegro podéis encontrar en el enlace de dos líneas más arriba. Si os animáis a firmarlo vosotros también, podéis hacerlo en ese mismo artículo o directamente en este enlace:
     Ante los anuncios de cambios y grandes acuerdos que se reiteran, bueno será que se tengan muy presentes propuestas no complacientes, realistas y críticas como la de este decálogo.


lunes, 20 de febrero de 2017

Con todos mis respetos

   Veo en "El País" una noticia que se presenta con el titular "Hay que acabar con el formato de clases de 50 minutos", la cual consiste en una entrevista al neurólogo Francisco Mora, autor de esa afirmación. No voy a tener la osadía de quitar o poner una coma a lo que este especialista dice en lo tocante a su disciplina, pero sí señalaré que, cuando extrapola sus palabras al terreno educativo, dice cosas con las que estoy de acuerdo y otras con las que no. Entre estas últimas, están precisamente las palabras del titular y su contexto, lo reproduzco:
   Nos estamos dando cuenta, por ejemplo, de que la atención no puede mantenerse durante 50 minutos, por eso hay que romper con el formato actual de las clases. Más vale asistir a 50 clases de 10 minutos que a 10 clases de 50 minutos. En la práctica, puesto que esos formatos no se van a modificar de forma inminente, los profesores deben romper cada 15 minutos con un elemento disruptor: una anécdota sobre un investigador, una pregunta, un vídeo que plantee un tema distinto…
   No quisiera ser descortés con el señor Mora, pero de eso de que la atención no puede mantenerse durante 50 minutos, la inmensa mayoría de los profesores nos habíamos dado cuenta ya hace muchísimo tiempo, por eso, aunque se lo agradezco, el consejo de introducir elementos disruptores, no lo necesito, porque desde siempre yo -como la inmensa mayoría de los profesores, al menos, de infantil, primaria y secundaria- planteo unas clases con la suficiente multiplicidad de actividades e informaciones como para que la atención del alumno no decaiga. El formato actual de las clases está muy bien con 50 minutos, ya que es un tiempo no tan largo como para que se cansen ni el alumno ni el profesor pero suficiente como para integrar las diversas facetas que tiene o puede tener un acto educativo, cuyo desarrollo a menudo necesita esos cincuenta minutos. Presuponer que el profesor pretende mantener la atención del alumno fija en una sola cosa durante ese tiempo es desconocer cómo se trabaja en la enseñanza: que no se preocupen "El País" ni el señor Mora: conocemos nuestro oficio y sabemos desempeñarlo, no en vano somos profesionales. Por el contrario, debo suponer que eso de las cincuenta clases de 10 minutos es una exageración deliberada, una especie de licencia poética, porque, si esta dicho en serio, es un sinsentido que prefiero no comentar.
   Terminaré haciendo una observación acerca de la edad para empezar a leer. No entraré en el campo del señor Mora ni discutiré lo que dice acerca de los circuitos neuronales y su desarrollo, que le lleva a concluir que la edad ideal para empezar a leer son los seis años, pero sí quiero comentar algo acerca de estas palabras:
    Si se empieza a los seis, en poquísimo tiempo se aprenderá, mientras que si se hace a los cuatro, igual se consigue pero con un enorme sufrimiento. Todo lo que es doloroso tiendes a escupirlo, no lo quieres, mientras que lo que es placentero tratas de repetirlo.
   Empezando por mí mismo y por mis hijos, he visto a muchos niños que han empezado a leer antes de los seis años sin dolor, sin sufrimiento y sin escupir nada, como también debo decirle que la experiencia escolar registra no pocos niños que empiezan a leer a los seis años y tardan en aprender. Esta parte de su discurso, por lo tanto, ya que choca con la realidad, no me la creo, es probable que no esté lo suficientemente contrastada o que esté formulada con una simplicidad un tanto tendenciosa.   

viernes, 17 de febrero de 2017

Prevaricación en la enseñanza

   En los últimos días, ha sido reflejada por varios medios la noticia de que un profesor universitario de Granada que puso sobresaliente en un examen a una alumna que ni siquiera se había presentado ha sido hallado culpable de prevaricación y condenado a siete años de inhabilitación. Si leéis la noticia, veréis los delirantes extremos a los que llegó este docente de la especialidad de Ciencias de la Educación en el ejercicio real de uno de los vicios más aberrantes que predica el pedagogismo y combate esta garita: el aprobado regalado.
   Es necesario señalar que, aunque se hayan destacado mucho, la no presentación o el sobresaliente no fueron hechos esenciales, sino solo aspectos secundarios que, por su colosal torpeza, contribuyeron a que se destapase y acabara condenándose el verdadero hecho esencial, la verdadera prevaricación: el haber aprobado a una alumna a sabiendas de que no lo merecía. Y aquí es donde está lo maravilloso de este asunto y la gran novedad, porque, en el sistema educativo español, por conveniencia, presión y dictado de políticos, pedagogos, inspectores, directores, padres y demás, hay miles de profesores que llevan lustros poniendo aprobados a alumnos que no se lo merecen, es algo así como una norma oficiosa del sistema, todos lo sabemos, seremos hipócritas, pero no somos tontos. Digo más: es sin duda la gran mentira vergonzante en que se sostiene.
    Con arreglo a la sensatísima sentencia del Supremo que ha condenado a este profesor de Pedagogía, ahora resulta que cada vez que un profesor convierte en cincos lo que deberían ser cuatros, treses y hasta unos (y esto lo hacen muchos), está prevaricando; cada vez que un profesor, con el fin de aprobar a los alumnos de un grupo de esos donde nadie hace otra cosa que zanganear, echa mano de ese eufemístico coladero que se llama "adaptación de aula" (y esto lo hacen muchos), está prevaricando; cada vez que un profesor, cediendo a presiones de padres, directores u orientadores, aprueba a un alumno que debería suspender (y esto lo hacen muchos), está prevaricando; cada vez que una junta decide regalar uno o varios aprobados a un alumno que debería suspender (y de esto he presenciado decenas de lamentables sainetes), está prevaricando: tenemos un considerable problema.
    Está muy extendido esto de dar a sabiendas aprobados inmerecidos, ya veis, y es que, como digo, es un puntal oficioso del sistema, que lo avala, y más, si el alumno reclama cuando le suspenden. Hace algunos años, tuve uno al que suspendí 18 exámenes de 22; en todo el curso, solo aprobó cuatro, y no de los más importantes. Reclamó ante la inspección y, después de un tenso proceso con fuertes presiones, en el que al menos en dos ocasiones un inspector me amenazó de sanción, la Administración lo aprobó, lo cuento por extenso en mi artículo El papel de la inspección (en Deseducativos y en este blog). A esto es a lo que nos arriesgamos quienes no ponemos aprobados inmerecidos, así que, en parte, se entiende que muchos no quieran meterse en estos líos. Recuerdo que entonces quise recurrir, porque tenía mis dudas sobre si aquella decisión no habría sido una... prevaricación. Los tres abogados con los que hablé me aconsejaron que me olvidase de eso y de recurrir, pero mis dudas permanecieron, y con esto de ahora, ya son algo más que dudas.
    Pero tampoco hay que extrañarse. A fin de cuentas, España lleva años y años alojada en la megaprevaricación de la corrupción, de la connivencia entre políticos y banqueros, de la impunidad de los poderosos (compárese lo que ha hecho este profesor y lo que ha hecho Artur Mas; compárese luego lo que se ha pedido para cada cual), de los alcaldes corruptos reelegidos por mayoría absoluta...: lo de los aprobados regalados es muy coherente con este marco, y va a seguir así mucho tiempo, ¿o alguien piensa que los pactos de los que ahora tanto se habla van a cambiar algo? A ese pacto están llamados los políticos, los gobiernos, los sindicatos, los expertos, las asociaciones empresariales y esas otras que convocan huelgas contra los deberes, la Iglesia..., o sea, los amos y beneficiarios del sistema vigente: le cambien lo que le cambien, será para dejarlo igual.

sábado, 4 de febrero de 2017

Jiménez Losantos y el bilingüismo

   Rarísima vez he leído nada de Jiménez Losantos, pero hoy he visto que publicaba en "El Mundo" una columna titulada ¿Bilingües, para qué?  y me he animado, sobre todo, porque en la portada se anunciaba con esta frase: "Los odiadores del saber lo que quieren es desterrar el inglés". Me temía -y he acertado- que se refería a quienes rechazan el programa bilingüe en la escuela y, dado que pertenezco a ese colectivo, he sentido curiosidad por las razones que pueda tener el afamado columnista para incluirme en el grupo de los odiadores del saber, en el que, desde luego, no me incluyo.
   La verdad es que, leyendo el artículo, pronto se ve que Losantos a los que llama odiadores del saber es en realidad a "los comunistas de IU", no a todo aquel que esté en contra del bilingüismo escolar, pero también es verdad que lo hace a propósito de las críticas que aquellos vierten sobre este más que discutible programa. Y también es verdad que, en realidad, el asunto del bilingüismo a Losantos le importa muy poco, porque queda muy claro que lo que él quiere es atacar -de forma bastante desordenada, mezclando churras con merinas y sin otra justificación aparente que su fobia personal- a los que me da la impresión de que deben de ser algunos de los malos habituales de su película: Errejón, Podemos, los comunistas, IU, la izquierda... Por este motivo, no voy a entrar en los argumentos que toma como pretexto, porque lo que me interesa es lo que dice él.
   En primer lugar, me referiré al asunto del bilingüismo. Para Jiménez Losantos, el programa debe de ser buenísimo, ya que, según él, se imita en todas partes y es atacado por los odiadores del saber. Salta a la vista que el señor Losantos está hablando de algo de lo que no tiene ni idea y nos quiere colar sus bondades a través de unas valoraciones tan burdas como subjetivas y, por tanto, carentes por completo de validez. Si él o quien sea quiere saber que este programa no es ni de lejos tan maravilloso, hay mucho escrito por ahí. Ya solo en mi artículo titulado El verdadero objetivo del programa bilingüe, recopilo una buena cantidad de información, pero yo mismo tengo detectado y señalado aún mucho más. Está muy mal que un periodista del prestigio del señor Jiménez lance unos ataques tan tremendos basándose en cosas que desconoce por completo.
   Abordaré en segundo lugar la cuestión de la cultura. Jiménez Losantos carga contra sus adversarios acusándolos repetidamente de incultos, y lo hace sin escamotear términos insultantes, podéis verlo. Concretamente, en el segundo párrafo, dice: "La campaña parte de un larguísimo informe del Observatorio por la educación pública (que si no fuera de analfabetos sería para o de y no por) asumido por el Área de Educación de Izquierda Unida". Me parece muy fuera de lugar el calificar de analfabetas a las personas a las que critica, pero sucede además que, cuando uno tiene la soberbia de llamar analfabetos a los demás, se cae con todo el equipo si lo hace cometiendo tantas faltas como comete este señor en tan solo tres líneas. Vedlas aquí: 
   -Las palabras "educación" y "pública" deberían ir con mayúsculas, ya que forman parte del nombre de una entidad.
   -La frase "si no fuera de analfabetos" debería ir entre comas.
   -Las palabras "para", "de" y "por", al estar mencionadas y no usadas, deberían ir entre comillas.
   -Y la última y más penosa: critica como fallo de analfabetos algo que en realidad está bien: la preposición "por" encaja perfectamente en el nombre de la entidad, con el sentido de "a favor de", como se usa también, por ejemplo, en el nombre de la organización Jueces por la Democracia. Con este resbalón, Jiménez Losantos se pone en ridículo él solito de una forma un tanto patética.  
   Me referiré por último a algo que es una pésima práctica intelectual: el caer en lo que se critica, cosa que, en este caso concreto, el periodista hace en lo referido al odio y al sectarismo. No se puede calificar a los demás de odiadores cuando lo haces en un artículo rebosante de insultos, descalificaciones, desprecio y dardos envenenados. Y en cuanto al sectarismo, ¿cómo se permite acusar a nadie de tal cosa alguien que ha fundamentado su positiva valoración del bilingüismo en un subjetivo y muy discutible "Los colegios bilingües de Madrid, tan imitados en todas partes"? Si fundamentas tus posturas en una sectaria alabanza de los tuyos -que, en el caso de este periodista, son la derecha que gobierna en Madrid-, no puedes llamar sectarios a los demás.
   Me parece muy bien que Federico Jiménez Losantos tenga sus ideas y monte sus cruzadas, pero sería deseable que hablase de las cosas con conocimiento de causa y con veracidad. Y tampoco vendría mal que respetase un poquito a los demás.  

martes, 31 de enero de 2017

"La tarima vacía", de Javier Orrico

   Desde que se implantó la LOGSE, en España nos ha tocado padecer un sistema que impulsa el empobrecimiento de los programas, la falta de estudio y el desprecio al profesor, y a la vez favorece a sus insidiosos aliados, esa legión de "innovadores" que, bajo distintos uniformes y tanto desde dentro como desde fuera de los centros, se dedican a torpedear la enseñanza con propuestas que fomentan el colegueo, la tontuna, el vaciado de los programas, el aprobado regalado y otras pestes que nos torturan. Entre las voces más señaladas que se han alzado contra este despropósito, se encuentra la de Javier Orrico, que acaba de publicar La tarima vacía (editorial Alegoría), un ensayo que hace un exhaustivo análisis de las deficiencias del sistema, así como de sus causas y su evolución histórica, a la vez que señala cuáles son los caminos apropiados para un buen ejercicio de la enseñanza.
   Aparte de los males ya mencionados, Orrico reflexiona también sobre la desacertada gestión política, los nefastos resultados de la cesión de competencias educativas, los abusos y discriminaciones perpetrados por los nacionalistas, la concienzuda destrucción de la figura del profesor y la usurpación del control del rumbo de la enseñanza que, especialmente mediante el recurso de adueñarse de los másteres de formación del profesorado, han llevado a cabo los piscopedagogos, con el beneplácito o la pasividad cómplice de los gobernantes. Como antídoto para estas penalidades, Orrico propone medicinas tales como el prestigiar el conocimiento, el esfuerzo y  la excelencia, el reforzar la autoridad del profesor, que debe ser un referente por el dominio de su materia, es decir por su sabiduría -ya que la enseñanza es sobre todo transmisión de conocimiento- y la consecuente atracción por el saber que todo esto ha de generar, porque, como nadie puede discutir -y esta apreciación es mía, pero me parece que él también la suscribiría-, si no se lo somete al trato vejatorio que hoy en día sufre en algunas aulas, el saber es una cosa que atesora por sí misma un gran interés. Hacia el final del libro y dentro de este marco, hace Orrico unas reflexiones sobre la literatura y las nuevas tecnologías que arrojan mucha luz sobre el papel de ambas en la enseñanza.
    Todo esto se presenta con apasionamiento, un apasionamiento que adivino que procede del amor de Orrico hacia esas cosas que valora, tales como la educación o la literatura, y también de haber sufrido sobre su propio pellejo las dentelladas de mucho tiburón, de tanto comisario lingüístico o petimetre burocrático defensor de dogmas pedagógicos como por desgracia anda suelto hoy en día por ahí. Quiero terminar esta reseña con dos citas sacadas del libro, que traigo aquí porque me han gustado y porque me parece que reflejan bien el espíritu de esta obra. Están ambas en la página 217, aquí las tenéis:

   Creo que lo más importante que debe hacer un sistema de enseñanza es no estandarizar el trabajo de los profesores, no forzarlos contra su naturaleza y su capacidad, no hay un método para todos, ni las disciplinas pueden equipararse. El uso de las TIC no puede implantarse como nueva verdad revelada, porque terminará haciendo un estropicio. Lo que puede resultar muy provechoso para enseñar Biología o Física, no lo es necesariamente para la Literatura o la Filosofía.

   El principio esencial, no solo para la libertad, sino para la eficacia del profesor, es la libertad de cátedra. La libertad de elegir un método y de transmitir aquello -siempre insuficiente, siempre limitado- que ha conseguido aprender tras mucho esfuerzo. Porque la herramienta principal del profesor no es otra que él mismo. Un profesor es un modelo, no deberíamos olvidarlo. A un profesor hay que respetarle su autonomía y demandarle resultados. Y en España estamos haciendo exactamente lo contrario: uniformar, clonar, someter las diferencias, implantar métodos "infalibles", diseñados por pedagogos que nunca pisaron una clase, y obviar los resultados, eliminar las pruebas externas, las reválidas verdaderas que pondrían a cada uno en su sitio.

                              Comparto al cien por cien estas afirmaciones.

 
   
   

domingo, 29 de enero de 2017

Experimentos educativos

   Me ha tocado este año dar segundo de Bachillerato, curso en el que se lleva a la máxima expresión la aplicación en el comentario de texto de un enfoque pragmático-comunicativo en el cual el análisis se realiza tomando como guía la presencia en el texto de los elementos de la comunicación (ya sabéis: emisor, receptor, mensaje...) e identificando los factores de coherencia y cohesión textual. Esta modalidad de análisis es  demasiado formalista y abstracta, lo que redunda en que muchos alumnos nunca llegan a entenderla y en otra cosa peor: tradicionalmente, se pedía un análisis de la forma y el contenido, para tener claro que el alumno había captado el mensaje del texto y era capaz de identificar los recursos lingüísticos que manejaba, pero, con las formulaciones actuales -muy condicionadas por lo que luego se va a exigir en selectividad-, a menudo resulta que, o no se le deja lugar para que explique cómo ha entendido el texto, o los elementos interpretativos son escasos y se distribuyen de manera desordenada. Resulta curioso además que, en lo tocante al aspecto formal, este sistema aporta escasas novedades, pues se siguen pidiendo las cosas de siempre, solo que a algunas de ellas se les ha cambiado el nombre. El resultado está siendo este: que la implantación, por simple moda, de un determinado sistema está acarreando para los alumnos una peor comprensión de los textos y mayores dificultades al analizarlos. Como todos sabemos, este no ha sido el primer experimento educativo con resultados perjudiciales, y está claro que no va a ser el último, con los furores innovadores que hoy aquejan a políticos, gestores y expertos, o sea, los que mandan en la educación. Os dejo aquí un breve listado bastante informal de algunos de los experimentos catastróficos más conocidos que ha sufrido nuestra enseñanza.
   1.- Las matemáticas de conjuntos. Esto es de los años 60 y vuestro guachimán tuvo de niño el placer ser uno de los que sufrieron esta ventolera. Confieso que a mí me gustaban, pero había muchos chicos que no las entendían bien. La gran pega, sin embargo, era esta: no tenían demasiado sentido en los programas para alumnos de diez u once años.
   2.- El constructivismo. Durante el curso 1970 - 71, en el sitio donde hice 4º de Bachillerato (= 2º de ESO), se tomaron tan en serio las propuestas de la LGE (lo de la "innovación" ya viene de lejos) que nos tuvieron todo el año estudiando con unas fichas constructivistas y algunos otros camelos que nos volvieron locos. Al año siguiente tuvieron que renunciar a todo esto.
  3.- El análisis arbóreo. Chomsky tuvo la culpa de que, a partir más o menos de 1975, la rabiosa novedad del análisis sintáctico con arbolitos se impusiera en aulas y libros de texto de BUP y hasta en algunos de EGB (los más fashion); por fortuna, como -supongo- algunas oraciones generarían unos baobabs inextricables, la moda duró poco.
   4.- La lectura sintética o globalizada. Esto ya fue más grave y se extendió por los años 80 y tal vez los últimos 70. Las corrientes llegadas del mundo anglosajón nos trajeron unos sistemas para enseñar a leer en los que el niño lo que aprendía era la frase completa asociada de manera intuitiva a un dibujo. A base de leer miles o quizás decenas de miles de frases en las que se repetían las mismas letras, digamos que "cruzando datos", el infante acababa asociándolas a sus sonidos. Este sistema endiablado arrinconó -o estuvo a punto de hacerlo- el sistema silábico tradicional de las cartillas españolas, mucho más apropiado para nuestra lengua, las cuales pasaron a ser antiguas, anticuadas, obsoletas, rancias, inadecuadas, perjudiciales (según aseguraban multitud de psicólogos) y hasta franquistas, supongo que os sonará. Después de algunos años volviendo locos o disléxicos a millares de niños, esta catástrofe desapareció, abandonada poco a poco por los maestros de los primeros curso de EGB.
    5.- Empezar a leer a los 6 años. En parte asociado al azote anterior, apareció este, porque algunos psicólogos se dedicaron a sostener que empezar el aprendizaje de la lectura antes de los 6 años podía acarrear horrendas consecuencias para la salud de los niños. Como lo de empezar a leer a los 4 estaba muy arraigado en España, aquí se generó un serio debate. Cuando poco a poco empezó a  verse claro que muchos de los niños que empezaban a leer más tarde tenían dificultades para dominar la lectura, este mandamiento fue perdiendo prestigio.
    6.- Quitar los exámenes de septiembre. Uno de los disparates más perjudiciales de la LOGSE. En un alarde de cinismo, el PSOE aprovechó la breve vigencia de la LOCE (que los rescataba) para reponerlos -o, mejor dicho, dejarlos, ya que otros le habían hecho el favor de restituirlos-, a pesar de lo fulminantemente que Zapatero se cargó la LOCE. Está fuera de los límites de este artículo el contar los daños que hizo esta burrada, una prueba palmaria de que los padres de la LOGSE ni respetaban la enseñanza ni la conocían bien.
   7.- El bilingüismo, la educación emocional, las bobadas esas de la felicidad... Hoy en día, ya lo sabéis, España entera, parafraseando a Quevedo,
se abrasa de innovadores babilones,
imponiendo propuestas confusiones.
¿Qué pasará dentro de unos años, cuando, satisfechos ya el ego y/o la ambición de quien corresponda, se quiten por perjudiciales o inútiles? ¿Habremos tenido que soportar daños muy graves? Allá se verá. Pero una cosa es meridianamente clara: hay que tener mucho cuidado con los experimentos, porque a veces te estallan en las narices, aunque, bien mirado, a los geniales experimentadores educativos esto les preocupa muy poco, ya que, en su campo, las narices que reciben la explosión y quedan chamuscadas o rotas no son las suyas, son las de otros.