martes, 27 de diciembre de 2016

La Generalitat valenciana y la identidad de género

   Llega a mis oídos y me produce una gran preocupación una reciente medida del Gobierno de la Comunidad Valenciana, cuya consejería de Educación ha dictado unas instrucciones "para garantizar el derecho a la identidad de género, la expresión de género y la intersexualidad". Pulsad este enlace si queréis conocer el texto original:
    Lo primero que le llama la atención al guachimán es un detalle trivial: la norma está publicada a dos columnas, una en catalán (al que en Valencia llaman valenciano, que es como si en Cáceres llamaran cacereño al castellano) y otra en español. Os reproduzco aquí los encabezamientos, que es donde está lo que me llama la atención:
Columna en catalán
Columna en castellano
Conselleria d’Educació,
Investigació, Cultura i Esport
Conselleria de Educación,
Investigación, Cultura y Deporte
    No tengo nada que comentar a lo escrito en catalán, pero, en lo que se refiere al castellano, ¿alguien podría decirme lo que es una conselleria? Aunque, bien mirado, también yo es que me paso de meticuloso: ¿a quién se le ocurre esperar cuidado en formalidades como esta, que son lo de menos, cuando estamos hablando de una ley que disparata en sus disposiciones, que son lo importante?
    Porque estas instrucciones son un pavoroso disparate en su conjunto, en su intención, en su concepción: leedlas y lo veréis, porque, al contrario de lo que suelo hacer, en este caso, no voy a entrar en una disección a fondo del documento, pues me saldría un artículo demasiado largo.  Garantizar los derechos que pretende amparar este texto me parece una intención encomiable, pero eso se hace actuando contra los que los ataquen o los impidan, no creando un protocolo ultraprotector e inquisitorial. Pongo un ejemplo: desde la misma Constitución, los españoles tenemos garantizado el derecho a la libre circulación: ¿acaso hace falta un protocolo especial para ampararlo? Naturalmente que no: basta con que se apliquen las leyes ordinarias.
    La corrección política, esa colosal invención del ingenio humano que sirve en la actualidad para ejercer un control totalitario en países que son o pretenden ser democráticos, tiene (al menos en España) en lo relativo a los derechos de las minorías, un suculento filón por el que hincarnos el diente a todos con el fin de convertir sociedades libres en inquisitoriales sociedades de la vigilancia: siempre diré que la corrección política es la Santa Inquisición de nuestros tiempos. Este documento de la consejería valenciana es una prueba palmaria de ello: a remolque de amparar unos derechos que en España hoy están muy consolidados, se saca de la manga un protocolo de 17 páginas en el que exhaustivamente establece: un muy ideologizado vocabulario de términos relativos a la identidad sexual (sesgado punto de partida que ya pone en duda toda la norma), unas serias responsabilidades, una descripción de las actuaciones, un organigrama, unos registros, unos indicadores: ¡a ver quién se escapa! ¡Una apabullante máquina de vigilar edificada sobre la discriminación en materia de orientación sexual, pasando por alto el hecho de que, por fortuna, en la mayoría de los centros no va a haber nada que vigilar!
   ¿O sí?
   Echadle un vistazo al protocolo y veréis lo terrible que puede llegar a ser la vigilancia por la vigilancia. Encontraréis en él la obligación impuesta a todos de estar vigilantes al más mínimo indicio, so pena de incurrir en responsabilidades, de buscar tanto al divergente como al que lo rechaza (con lo que ya es la propia norma antidiscriminatoria la que empieza por discriminar al "diferente"), de incluir la intersexualidad en los programas educativos hasta unos extremos de ridiculez a la altura del puritanismo monjil (apartado 6.3.3)... En la página 36049, podemos leer como estas instrucciones otorgan a los centros educativos una nueva función, feliz y muy acorde con su naturaleza: la de vigilar si las familias son diligentes o tibias en materia de inclusión sexual, ¡cuidado!, con potestad de denunciar ante las autoridades pertinentes: si esto no es inquisición, se le parece bastante. Pues sí, amigos, hay algo que vigilar: tenemos que vigilarnos todos a todos.
   Ahora se han puesto de moda este tipo de protocolos, muy en especial, para casos de acoso. Cabría preguntarse una cosa: ¿por qué? Sí, claro, es alarmante la cantidad de casos de acoso que se detectan, pero también diré una cosa: casos de acoso los ha habido siempre, y los resolvíamos sin protocolos. En el año 1990, participé en la resolución de un caso bastante grave. Durante dos o tres meses, un chico estuvo amenazando a otro con matarles a él y a toda su familia si no le daba todo lo que le pedía; consiguió sacarle mucho, en dinero y diversos bienes, hasta que la víctima no pudo más, nos  contó lo que le ocurría al equipo directivo y el asunto acabó con una expulsión fulminante del acosador durante dos semanas y una severísima vigilancia a partir de entonces. A la familia de la víctima, le dijimos que nosotros solo podíamos llegar hasta ahí, pero que para mayores reclamaciones, estaban los juzgados. Veinte años después, la cuestión es que alguien, no diré quién, introdujo en los centros la práctica de ser benevolentes con los acosadores y, por supuesto, nada de recomendar eso de ir al juzgado: ¿será esta una de las causas de que hayan ido proliferando y hayamos llegado a casos tan dramáticos como algunos que por desgracia hemos visto?
    Muy típico de ciertos sectores seráficos es repartir las culpas: después de décadas de roussoniana benevolencia con los energúmenos, ahora se pone de moda la crudeza, pero no con ellos, sino repartida y ejercida, vía protocolo, con los nuevos depositarios de la responsabilidad: padres, profesores, directores... El niño -aun el que estigmatiza, acosa o pega- sigue siendo eufemísticamente intocable; hacia esa angelical abstracción en que lo hemos convertido solo se dirigen propósitos expresados bajo untuosidades como "medidas correctoras", "actuaciones reeducadoras", etc. Nada de sanciones patentes y perceptibles, todo se envuelve en una hojarasca de protocolos pseudopreventivos. Muy típico de burócratas y políticos hipócritas. Buenismo, burocracia, demagogia, hipocresía: corrección política. Inquisición destinada a amordazar al que señala las disfunciones antes que a resolver los problemas: esto impera en la enseñanza desde hace treinta años o más.
   Termino con una reflexión acerca de uno de los puntos más patéticos de este superprotocolo valenciano, que ha sido resaltado por los medios de comunicación y que quizás a algunos les haga gracia por lo ridículo, pero que puede encerrar su peligro, me estoy refiriendo al apartado que dice: "conviene estudiar y repensar la disponibilidad y distribución de lavabos de chicos y chicas, o la posibilidad de que sean mixtos".   Cuando uno ve -y plasmado en una norma legal- una estupidez, un despropósito de las colosales dimensiones de este, no tiene más remedio que preguntarse quién ha podido redactar este engendro, qué poderosísimo compromiso tendrá con la intersexualidad, tan grande que le lleva al punto de arriesgarse en su nombre a disponer que los chicos y las chicas vayan a los mismos servicios. Está claro que le importan mucho los derechos de los intersexuales, pero minimiza los riesgos de que en los lavabos puedan ocurrir cosas muy lamentables entre chicos y chicas. Porque ese tipo de cosas pueden darse (¿o ese alguien es tan simple que piensa que no?), sería un auténtico crimen facilitarlas, aunque ya me imagino que, para esa eventualidad, la conselleria valenciana ya tendrá pensados los pertinentes protocolos. No doy crédito; asquea pensar que gente con responsabilidades de gobierno pueda llegar a tal nivel de frivolidad y falta de perspectiva.  

viernes, 23 de diciembre de 2016

Las verdaderas motivaciones de Eva Bailén

   Para quienes no lo recordéis, comenzaré por aclarar que Eva Bailén es la persona que inició la virulenta cruzada contra los deberes que actualmente padecemos. Los despropósitos y mentiras de sus planteamientos los he desmenuzado -y creo que desmontado- en estos dos artículos: 
    Sobre todo el vídeo que comento en el segundo, rezuma un resentimiento contra el profesorado que por sí solo bastaría para desacreditar el discurso de esta señora y deja claro que ese resentimiento es una de las grandes motivaciones de su campaña. Yo siempre había sospechado que había otra: su incapacidad de organizar sus propios asuntos, de la que sencillamente ha optado por autojustificarse culpando a los deberes, a los profesores, al empedrado, al mundo mundial. Hoy, hojeando el libro que ha publicado recientemente (que, por supuesto, no he comprado), he encontrado unas palabras referidas a los profesores que me confirman esa sospecha, aquí las tenéis:
    Pero otras veces la presencia nos resulta incómoda. Especialmente cuando habías hecho planes y te recuerdan que no puedes salir porque tu hijo tiene que hacer un trabajo en equipo y vienen sus compañeros a casa, o porque tiene que hacer un montón de deberes o leer por obligación un libro que no le gusta nada
    El libro se titula Cómo sobrevivir a los deberes de tu hijo y estas palabras están en la página 100, en el capítulo 8, titulado "La posición de los docentes". Más claro no puede estar: ¿qué es lo que resulta incómodo del docente y de los deberes? Que chafan los planes. Razones pedagógicas o educativas: cero, toda la reflexión (?) gravita en torno al impacto de los deberes sobre sus planes corrientes. Fiel a su costumbre, la señora Bailén recurre a la manipulación más grosera: con este ejemplo pobre y superficial, quiere darnos a entender que SIEMPRE que hay planes se frustran con un inexcusable trabajo en equipo para ese día. Pero no funciona así, y cualquiera con dos dedos de frente lo sabe: nunca un trabajo en equipo es de un día para otro, nunca ese montón de deberes es tan grueso como para no poder acomodarse en un hueco para no estropear los planes y, sobre todo y lo que más la delata: la lectura de libros se manda siempre con mucho tiempo de antelación, luego si a ella se le ha dado el caso de que le han estropeado planes, es porque o ella o sus hijos los han dejado para el último momento: como yo decía, esto es descargar sobre los demás las negligencias propias. Y me quedo con una duda: ¿seremos capaces esta gavilla de inútiles que somos los profesores de recomendar un solo libro que guste? 
    Muchos de los que hemos reaccionado contra esta insensata y aberrante campaña contra los deberes hemos señalado la mayor de sus inconsistencias: que no resulta creíble eso de que absorban la vida familiar. Deberes se han hecho siempre, durante siglos, y esto nunca se había dicho: ¿qué es lo que está pasando ahora en realidad? Algo que también ha sido señalado desde muchos ámbitos: que a demasiadas familias les "resultan incómodos" (por usar las palabras de doña Eva), pero por razones ajenas a los deberes: por horarios laborales aberrantes (¿por qué no se encaran con sus jefes, ya que tan rebeldes son?), por vidas sociales demasiado intensas, por demasiado smartphone (¿por qué no se lo quitan al niño?), por demasiado tenis, por divorcios mal resueltos... 
    En nuestra sociedad actual, abundan los niños caprichosos de entre 0 y 90 años, niños caprichosos que no aguantan la menor frustración y llevan malamente las obligaciones. En este asunto de los deberes, estamos comprobando que algunos de ellos, desde particulares hasta asociaciones y partidos políticos, están dispuestos a arremeter contra el buen desempeño de la educación de nuestros hijos con tal de que no los saquen de la sala de juegos. Mal asunto en los adultos, y peor aún en quienes rigen la vida de todos. Una vez más, quiero hacer patente mi agradecimiento a Íñigo Méndez de Vigo, quien en reiteradas ocasiones se ha pronunciado en contra de este demencial acoso a los deberes, pero me pregunto: ¿servirá de mucho? Sabemos por experiencia de años que aquí en España, en educación y en muchas otras materias, la voz de la sensatez, aunque salga de la boca de un ministro, suele ser aplastada por la demagogia halagadora de los gustos más disparatados, y esa demagogia está del lado de la rebelión contra los deberes, como se prueba por el apoyo que ha tenido en los medios comunicativos más poderosos o por el hecho de que el librillo de la señora Bailén lo haya publicado nada menos que Planeta. 
   En España estamos mercantilizando la educación hasta unos extremos vomitivos  y me temo que lo estamos pagando ya desde hace mucho.    
    

sábado, 3 de diciembre de 2016

Praxis educativa. 21: nuevos criterios de calificación

   Como parece claro que está en marcha el proceso para alcanzar un gran pacto sobre la educación, he decidido aportar mi granito de arena a tan crucial iniciativa. Visto, además, que esta tiene ya trazado un esbozo de hoja de ruta bajo la forma de los quince puntos anunciados por el ministro Íñigo Méndez de Vigo, como quiero ser realmente útil, voy a proponer una serie de ideas exclusivamente prácticas en un capítulo importantísimo, acerca del cual, en la tabla del señor Méndez, no aparecen referencias, al menos, explícitas: el de la evaluación.
   Aunque, bien mirado, hablar de evaluación sería hablar de valoración de aprendizajes y aquí lo que a la gente le importa no es lo que los alumnos aprendan, sino las notas que saquen, o sea, la calificación. Y como el clientelismo ante los padres hace tiempo que se ha adueñado de la escuela, los menos remilgados acuden ya a presionar por el aprobado sin el menor pudor, pues que el alumno lo merezca o no es algo que no cuenta: en los últimos años, con más frecuencia de la que me hubiera gustado, me he visto frente a padres que, aun delante de exámenes desastrosos, se quedaban con gesto de disconformidad, o padres que me discutían la idoneídad de las preguntas, los contenidos o la forma de corregir. Situaciones como estas me han acarreado algunas discusiones fuertes y algún que otro conflicto, uno de ellos, muy grave. 
    En este marco, creado por una doctrina complaciente que durante años han ido segregando las corrientes pedagógicas más fashion y la propia administración educativa, si queremos estar en la onda, forzoso será que nos dejemos de evaluación, pasemos a hablar directamente de calificación, enunciemos los criterios por los que de verdad se está rigiendo y, finalmente, nos ajustemos a ellos. A esos criterios el guachimán les viene siguiendo la pista desde hace tiempo. Aquí los tenéis:
    1.- Derecho fundamental a protestar. La Santísima Iglesia de la Pedagogía, ciertos padres en posesión del diploma de Abogao de Secano, la Confederación de Asociaciones de Expertos de Cola de la Pescadería y otras acreditadas fuentes de jurisprudencia educativa sostienen que es no solo un derecho, sino incluso un deber. La práctica docente también apunta en esa dirección: en los últimos años, se está haciendo cada vez más usual a la hora de entregar exámenes ya corregidos que los alumnos suspensos pasen por alto si sus respuestas están bien o mal y te sometan a un bombardeo de protestas disparatadas, por la obviedad de sus fallos. Decenas de veces he tenido alumnos que me han preguntado por qué estaba mal una respuesta cuando ya se lo había dejado claramente explícito en el propio examen; más de una vez alguno, con gesto de fastidio, me ha preguntado: "¿Había no se escribe con "v"?", o burrada semejante, habida cuenta, además, de que era su profesor de lengua el que le había corregido el error: no les ha importado, tan empecinados han estado en negarse a admitir que se les suspendiera un examen que traían mal preparado que no se han parado a pensar en lo ridículo y prepotente de su pregunta. El ejemplario de protestas sin fundamento podría ocupar páginas y páginas. Este vicio procede de un mal bastante extendido: muchos padres endiosan a sus hijos, les dicen sí a todo y acaban convirtiéndolos en pequeños monstruos de soberbia que creen que todo les está permitido y tienen cerradas a cal y canto las puertas a la menor corrección. Esto tiene unas consecuencias bastante desastrosas, y no solo para la escuela. Ni que decir tiene que el derecho a protestar por este tipo de "injusticias" alcanza también a los padres.
   Criterio inferido del apartado 1: será mejor que apruebes a todo el mundo, de lo contrario, te freirán a protestas. 
    2.- Derecho inalienable a no reconocer nunca. En el ámbito de las protestas por las calificaciones de los exámenes, es frecuente encontrar alumnos que, cuando les explicas dónde estaba el fallo que han cometido, se obstinen en no verlo. En estos casos, suelo acabar invitándoles a que vengan durante el recreo a mi departamento para que se lo explique con tranquilidad, y he de decir que son poquísimos los que acuden, porque la mayoría de las veces, en realidad, saben muy bien que habían respondido mal. Una variante de este derecho se da en las situaciones de conflicto, o sea, en esas situaciones en las que te ves obligado a llamar la atención a un alumno por su mal comportamiento y, antes que admitir que estaba haciendo algo mal y obedecerte sin más, ese alumno se inventa unos malos modales de tu parte para agarrarse a un cínico: "Dígamelo de buenas maneras"; en otras palabras: no es que él se haya portado mal, es que el profesor le ha faltado al respeto. Para mayor ironía, no es inusual que esta exigencia de buenas maneras venga formulada de muy malas maneras.
   Criterio inferido del apartado 2: será mejor que apruebes a todo el mundo y no llames nunca la atención a nadie, pues lo que pasa es que o has calificado como mal algo que estaba bien, o has ofendido a un pobrecillo que no estaba haciendo nada.
    3.- Despenalización de la mentira y la manipulación. En el ámbito de las motivaciones alegadas contra los suspensos en los exámenes o las conductas indebidas, cada vez oigo con mayor frecuencia entre el profesorado quejas contra la abierta utilización de la mentira. Soy un maniático de la puntualidad y el primero en practicarla; por otra parte, jamás pongo en un examen nada que no haya sido tratado y explicado en clase, y además, con reiteración. Pues bien, alguna vez me he encontrado quejas del tipo: "Llegaste tarde y por eso no dio tiempo", o "Eso no se explicó en clase", aunque reconozco que han sido muy muy infrecuentes. Donde la mentira hace estragos es en casa: buena parte de los conflictos que he tenido con padres han procedido de mentiras que sus hijos les han contado sobre lo que yo hacía y... los padres las han creído y han venido predispuestos contra mí sin preguntar. De nuevo la ultraprotección de los hijos resulta desastrosa. Una variante de la mentira es la inasistencia a exámenes por enfermedades falsas, recurso cada vez más utilizado, lo que nos ha llevado a muchos a no creer más que en justificantes de médicos, hospitales o cualquier institución externa, nunca de la familia, ya que son cada vez más los padres que se prestan a colaborar con sus hijos en esto.
    Criterio inferido del apartado 3: cuando un alumno se queje de que su suspenso se debe a algo que tú hiciste, apruébale aunque estés seguro de que no lo hiciste. Si un alumno falta a un examen por enfermedad, apruébale directamente, no seas tan inhumano de encima suspender o ponerle el examen a alguien a quien le dolía la tripa.   
    4.- Principio de la relatividad funcional. Lo que el profesor y/o los libros digan no tiene por qué ser la única verdad. Si un alumno sostiene que La Celestina la escribió Gonzalo de Berceo, ¿por qué no va a ser así? Él tiene derecho a pensarlo y tú no tienes derecho a suspenderle por eso, ¿o es que estabas allí para ver quién escribió el libro? Cada cual tiene su opinión de las cosas y debe respetarse por encima de todo, como consagra la Constitución.
    Criterio inferido del apartado 4: cualquier cosa que diga o escriba un alumno debe ser considerada desde múltiples perspectivas, miles, quizás. No te molestes en analizarlo desde todas y apruébale directamente, porque seguro que habrá alguna desde la cual tenga razón.
    5.- Principio de presunción de culpabilidad del profesor. Aunque en algunas comunidades existen leyes que consideran que la palabra del profesor, por principio, debe prevalecer ante la del alumno, este disparate entra en abierta contradicción con una enseñanza moderna, democrática, libre, progresista e innovadora, como se desprende del solo hecho de que las comunidades que lo tienen son las más fachas. Si el pacto educativo quiere avanzar de verdad hacia una enseñanza integrada en el siglo XXI, deberá incluir normas que establezcan de forma explícita la presunción de culpabilidad por parte del profesor.
    Criterio inferido del apartado 5: debes suspender a todo el mundo, esperar al inevitable escándalo que eso producirá y, cuando merecidamente te echen la culpa, poner sobresaliente a todos. Otra cosa que puedes hacer es declararte de antemano culpable de lo que sea y poner el sobresaliente directamente  (la formulación de este criterio está pendiente de consenso entre los expertos).   
    6.- Cláusula de "tenía que intentarlo". En ocasiones (escasísimas) he tenido alumnos a los que he pillado intentando copiar. Otras veces, he recibido solicitudes de revisión de exámenes por parte de alumnos que tenían un 1 o un 2, las cuales no han prosperado. En ambos casos, ante la tentativa fallida, la disculpa más frecuente por parte del alumno ha sido decir después: "Tenía que intentarlo, profe".
    Criterio inferido del apartado 6: Cuando un alumno se acoja a la cláusula de "tenía que intentarlo", recibirá automáticamente la nota de aprobado precisa para superar el periodo evaluado.
    7.- Ley de prioridad de los tantos por ciento. Ocurre en ocasiones que hay grupos que jamás estudian para un examen y se dan por ello casos de que alguna clase suspenda en su totalidad uno, varios o todos los que se les ponen y que incluso parte de sus alumnos los entreguen en blanco nada más recibirlos del profesor. Muy a menudo (por no decir siempre), los componentes de estos grupos son conscientes de que a los profesores les da miedo suspender a un porcentaje demasiado alto de sus alumnos (véase también el apartado 5), con lo que practican una falta de estudio generalizada, en espera de que sea el profesor quien habilite fórmulas para aprobarles sin tener que hacer nada.
    Criterio inferido del apartado 7: aprueba directamente a todos tus alumnos mediante el procedimiento de poner pruebas facilísimas y evitarás enojosos problemas de porcentajes.
    8.- Ley de la igualdad docente universal. Muy relacionada con el apartado 4, esta ley está destinada a consagrar de manera definitiva el derecho que tienen -y ejercen- algunos padres que, cuando van a protestar ante un profesor -generalmente, sin tener el menor conocimiento de la materia que este imparte-, deciden poner en duda sus correcciones y valoraciones, la oportunidad de las pruebas que ha puesto y hasta sus conocimientos sobre la materia o, preferentemente, su solvencia didáctica, amparándose en el conocido hecho de que los profesores de instituto sabrán mucho de sus asignaturas, pero no saben enseñarlas.
    Criterio inferido del apartado 8: dado que, en efecto, tienes que reconocer que, como han demostrado multitud de expertos y pedagogos, tu capacidad para enseñar esa asignatura que das es muy limitada (véase además el apartado 5), lo más justo y sensato que puedes hacer es no suspender jamás a nadie.
    9.- Ley del inalienable derecho a denunciar. En última instancia, España no deja de ser el país de la Inquisición y, si uno puede reclamar por lo que sea y sin tener que dar argumentos muy sólidos, las cosas no son muy distintas cuando se trata de denunciar ante escalones superiores: cualquiera puede entrar en el despacho de un jefe de estudios, un director o un inspector, contar lo que le parezca y poner con ello en marcha un proceso de averiguaciones. Sean o no fundadas sus demandas, el denunciante queda al margen de toda consecuencia, pero, para el que se ve metido en ellas, las tribulaciones pueden llegar a ser de intensidad muy diversa, y casos de denuncias sin razón no han faltado.
    Criterio inferido del apartado 9: joder, ¿es que aún te lo tenemos que decir más claro? ¡Aprueba a todo el mundo ya y déjate de complicaciones!
             Supongo que en su momento se creará la debida rueda de comisiones para establecer los contenidos del acuerdo educativo; espero que esta modesta aportación mía en lo que toca al asunto de la calificación pueda resultarles útil. No creo estar exagerando si afirmo que incluir estos criterios en la futura ley acordada y experimentar un subidón en PISA va a ser todo uno.