domingo, 23 de octubre de 2016

Maestros y petimetres

   Dado que me hallo en una coyuntura de nostalgias y revisiones, me acordaba ayer de un episodio de cuando saqué mi primera oposición, la de profesor de EGB. A todos los que la habíamos aprobado y éramos licenciados y no graduados en Magisterio, ya que se suponía que no poseíamos la sapiencia pedagógica que estos últimos obtenían en sus asignaturas de psicología y  pedagogía, se nos obligó a hacer un curso acelerado que duró dos o tres semanas, el cual consistía básicamente en pasarnos las mañanas y alguna tarde asistiendo a unas ponencias que organizaba la inspección.
   El día en que se nos informó de cómo iba a organizarse esto, se nos dividió en grupos de trabajo para uno de los apartados del curso y se nos dijo que al final cada grupo debía presentar una especie de memoria. Fue en ese momento cuando se dio a conocer un compañero a quien llamaré Aquiles, por la cólera con la que tomó entonces la palabra y se opuso a la obligatoriedad de hacer el trabajo. Su salida nos resultó sorprendente y un tanto fastidiosa al resto de los presentes, primero, porque no tenía sentido perder tiempo protestando contra algo que estaba estipulado en la convocatoria de la oposición; segundo, porque, a la vista de cómo se nos explicó el asunto, todos nos habíamos olido que la memoria tenía que ser más bien una "memoria" para salir del paso: ¿qué otra cosa podía pedirse en pleno verano y con las oposiciones ya resueltas? Naturalmente, sus quejas no sirvieron de nada, pero lo mejor vino al final: el día en que presentamos las famosas memorias, todos los grupos entregamos la esperable chapucilla de trámite, todos menos el de Aquiles, que se descolgó con un desproporcionado trabajo de extensión muy superior a las de los demás y fashionablemente encuadernado. La incoherencia de aquel furibundo protestón nos dejó a los demás bastante perplejos, más aún, al pensar que su rechazo del primer día había tenido tintes de invitación a secundar una rebelión.
   El curso siguió su andadura. La mayoría de las ponencias consistían en charlas que nos daban personas que acudían allí para contar su experiencia en algo. Muchas de ellas eran inspectores y os aseguro que de lo que dijeron aprendí bastantes cosas que luego me fueron muy útiles, como me ocurrió también con lo que dijo un ponente que representaba una figura muy peculiar: la del maestro que se había pateado mil pueblos en escuelas rurales de los años 50, 60 y 70. Se trataba de un profesor que había sido miembro de uno de los  tribunales, a quien llamaré don Pedro. Estaba ya a punto de jubilarse y la escuela que había conocido era muy diferente de la que ya despuntaba en aquellos años 80 de mis oposiciones, de modo que su visión era también muy distinta de la imperante en el momento. Pudo así, entre las sabrosas anécdotas en que consistió su charla, que fue la más informal de todas, deslizar un comentario que no he olvidado a pesar de los años; hablando de lo que aprenden los chicos, dijo: "A algunos habría que abrirles la cabeza y meterles el libro dentro, y aun así, muchos de ellos seguirían sin aprender". Dicho en el ámbito de unas oposiciones a EGB y de unas charlas organizadas por la inspección, en aquellos años 80 de fervoroso paidocentrismo, esas palabras eran una auténtica irreverencia, hacía falta un buen par de narices para pronunciarlas, y yo creo que don Pedro tuvo entre sus motivaciones la de hacernos un favor: el de advertirnos a aquel puñado de jovenzuelos la mayoría convencidos de las bondades del paidocentrismo que no todas las prédicas del buenismo imperante eran ciertas, que los niños no son ángeles perfectos y que había, como ha habido y habrá siempre, muchos que no pueden o no quieren aprender. Fue muy honesto: la finalidad de aquellas charlas era ponernos en contacto con lo que nos íbamos a encontrar y él se atrevió a hacerlo aun rompiendo un tabú de los más sacrosantos. A la hora de las preguntas, Aquiles le enderezó algunas bastante malintencionadas y luego, en los pasillos, se dedicó a criticarle por tener un discurso plano y poco científico (Aquiles era psicólogo). La advertencia de don Pedro se confirmó y me fue muy útil al empezar pocos meses después a dar clase, y es que don Pedro, fuera o no científico, no se podía negar que era un maestro, de modo que Aquiles, cuando quiso dar lecciones a un maestro sin serlo él, quedó como lo que era: un petimetre.
    Pocos años después, en 1988, entré en un centro en el que ejercía de director uno de los compañeros de los que más he aprendido en la vida, mi amigo Rodrigo (nombre falso, como acostumbra a ocurrir en los artículos del guachimán), al que entonces me unía la coincidencia de pertenecer al mismo sindicato, Comisiones Obreras, yo como feliz novato de épocas plácidas y él como viejo militante que había saboreado circunstancias peores, en las que le había tocado sufrir muchos palos, uno de ellos, un esperpéntico destierro... a Ávila. El caso es que era uno de  aquellos tipos que, desde una épica huelga de 1978, habían llevando sobre sus hombros la movilización entre el profesorado madrileño y, el año en que nos conocimos, estaba muy ilusionado por la creación del comité de CCOO en la zona en la que trabajábamos, cosa que, en efecto, llevamos a cabo. Rodrigo era otro tipo con un par de narices, y no solo por lo que llevo contado. El año en que trabajamos juntos, era director del colegio en que coincidimos y tenía allí un fuerte conflicto con la mayoría de los profesores de plantilla del centro, de hecho, estaban todos contra él, el jefe de estudios y el secretario (un par de elementos difíciles de intimidar, dicho sea todo), así que les vino muy bien que los recién llegados, que ese año éramos muchos, tuviéramos la lucidez de entender que, aunque estaban en minoría, tenían toda la razón del mundo, y rompiéramos el aislamiento en el que estaban. El conflicto era muy sencillo: sus oponentes querían cuidar el comedor y cobrar por ello, pero eso suponía trabajar en el comedor de una a dos, cosa que era imposible, porque esa era la hora de la dedicación exclusiva, obligación que no podían saltarse y por la que cobrábamos todos una sustancial parte del sueldo. Qué fácil hubiera sido resolver esto por parte de la Administración, ¿verdad? Pues bien, lo tuvo que resolver el equipo directivo de Rodrigo, a base de coraje, honestidad, tenacidad, desvelos y desgaste en un absurdo cruce de escritos con los otros profesores ante la Administración, que, en lugar de cumplir con su obligación (por parte de la inspección o de quien fuera), adoptó una equidistancia abandonista e hipócrita.
   Muchos habréis pillado ya que, para mí, Rodrigo era un auténtico maestro. Aprendí mucho de él acerca de la lidia sindical y del trabajo con profesores, padres, niños y Administración. En aquel 1988 se produjo la última gran huelga de la enseñanza en España. Rodrigo y los de su generación, un manojo de cincuentones que habían llevado la movilización de todas las zonas de Madrid  y a los que en las asambleas (entonces las había, y muy concurridas) conocíamos todos por su nombre, ya no estaban en la dirección del sindicato, pero fueron los que organizaron el trabajo en las distintas zonas. Uno de los primeros actos de aquella gran huelga fue una asamblea general y unitaria de todo el profesorado de Madrid. No recuerdo por qué, aquella asamblea fracasó y se convirtió en un auténtico caos del que conservo la imagen de una enorme barahúnda de gente, creo que en la plaza de Colón, con un compañero de CCOO subido en una especie de pedestal ejerciendo de Lenin a grito pelado y sin que nadie le hiciera ni puñetero caso. Al día siguiente, lo comentábamos Rodrigo y yo en el colegio. Él era muy crítico con la organización y con la imagen que dieron los sindicatos, en especial, CCOO. Recuerdo que me dijo: "Y luego el compañero, allí subido dando gritos...".
    Sí, lo habéis adivinado: el compañero era Aquiles. Unos pocos años después de sacar la oposición, cuando todos los demás estábamos aún dando bandazos y sin plaza fija, él ya había huido del aula y se había encaramado a la cúpula del sindicato más importante. Seguía siendo un petimetre, pero eso sin duda era un inconveniente para ser maestro, pero no lo era para ser sindicalista: algo me dice que, en el sector de la enseñanza, fue entonces cuando empezó a ser así.
   Don Pedro tal vez se jubiló el mismo año en que nos desveló aquel secreto; Rodrigo se ha jubilado también, hace ya bastante, aunque en 2011 me lo encontré casualmente en el metro: veníamos los dos de una manifestación contra los recortes, estábamos los dos sintomáticamente escépticos; del amigo Aquiles dudo mucho que siga en la enseñanza y estoy convencido de que, si sigue, no será dando clases a grupos de treinta niños... Lo veo -insisto: si no se ha mudado a nidos mejor amueblados- como asesor, como orientador, como formador de formadores, como director con muy poquitas horas... Que siguiera aún como sindicalista sería espeluznante, pero no imposible. En todo caso, dudo mucho que haya dejado de ser un petimetre.
   ¿Y por qué te permites dudarlo?, diréis algunos. Pues porque, me vais a perdonar el pesimismo, corren mejores tiempos para los petimetres que para los maestros. Es más cómodo, tienen más garantías de una existencia sin sobresaltos, por no hablar de que, como el mismo caso de Aquiles demuestra, aquí -y quizás en todas partes-, los petimetres, por su falta de escrúpulos y su inconsistencia, lo tienen mejor para ascender; los tipos sólidos como Rodrigo, aun con su honestidad a prueba de bomba y su labor impecable -o me temo que por culpa de ellas- hacen poca gracia en las altas esferas; por ejemplo, en el caso de su disputa con los jetas que querían cuidar en el comedor y dejar de hacer la exclusiva pero sin dejar de cobrarla, es muy probable que, para esas altas esferas, pesase más el fastidio que les producía el cruce de papelotes inducido por los otros que su ejemplar persistencia en defender el buen uso del dinero de todos: ¿por qué no me dejan ya en paz? -se diría quien fuese en el despacho que fuese- ¿al pelma este qué le importa si cuidan o dejan de cuidar el comedor? Y estoy tan convencido por una cosa: porque a esas altas esferas les hubiera resultado muy fácil resolver el asunto, y no lo hicieron, luego está claro que lo hubieran dejado correr de no haber estado ahí Rodrigo.
    Lo dicho: si sigue en este mundillo, Aquiles estará cómodamente situado, seguro que es orientador, o director. Un dato: cuando Rodrigo dejó la dirección de su centro, pasó a ocuparla uno de sus oponentes, un perfecto petimetre capaz de protestar con cólera homérica -yo lo vi una vez- por "agravios" como que le pusieran clase a última hora con un 8º de EGB, con lo insoportables que, según él, se ponían. Esa es la gente que triunfa, petimetres sin carácter que digan que sí a todo lo que venga de arriba o a la menor queja de los padres, por descabellada que sea. Y el que sean unos jetas no es un obstáculo, al contrario, es una ventaja, porque los jetas son más dóciles con los que tienen la vara. Los que les perturban la siesta, por el contrario, molestan, por muy rectamente que actúen,  mucha razón que tengan o muy maestros que sean.
      

martes, 11 de octubre de 2016

Reacción histérica... ¿de quién?

   Entre las decenas de estrategias perversas del independentismo figura la de trivializar o ningunear al adversario, y no está de más recordar aquí que el nacionalismo es una ideología tan excluyente que convierte al que es distinto en adversario y al adversario, en enemigo. Pongo algunos ejemplos: el que no es uno de los nuestros es un maketo o un charnego, o sea, un personaje de calidad inferior; la bandera que no es la nuestra se puede quemar; al himno que no es el nuestro se le puede silbar y abuchear; a la selección que no es la nuestra se la puede censurar o podemos mentir sobre sus triunfos; a sus aficionadas, las podemos moler a golpes y robarles el bolso; a la lengua que no es la nuestra, la podemos echar a coces de las escuelas o de los parlamentos, o expulsarla de la rotulación comercial... Todos estos hechos reales que menciono son repugnantes, pero se quedan en juego de niños si se comparan con la máxima expresión del ninguneo, o sea, la aniquilación, que fue practicada durante años y con centenares de víctimas por el nacionalismo radical vasco, conviene que no olvidemos la historia.
    Nunca dejará de sorprenderme la enorme paciencia (por no decir repulsiva pasividad) que durante años y años han tenido la sociedad y las autoridades españolas con estos abusos, paciencia que en algunos sectores ideológicos progresistas ha llegado incluso a una estulta compresión: parece ser que, si el que aporrea a una señora lo hace en nombre de la estelada, la cosa puede perdonarse.
    Por lo dicho hasta aquí, podréis entender que haya visto con satisfacción que se haya puesto coto a la penúltima extralimitación del independentismo: la estúpida y provocadora decisión de declarar no festivo en Badalona el 12 de octubre, día de la fiesta nacional, y solo me molesta que se haya tenido que recurrir a la decisión de un juez, porque es elemental y de sentido común que lo que se marca como calendario estatal por el Gobierno de la nación no pueden cargárselo un alcalde y cuatro concejales borrachos de poder, no es de su menguada competencia, aunque por lo visto estas cosas los podemitas y los nacionalistas no las entienden, no sé si por ser muy revolucionarios, por ser muy ignorantes o por las dos cosas juntas.
    Leo en "El País" una noticia sobre Dolors Sabater, la alcaldesa de Badalona y por tanto principal artífice de esta alcaldada, que se queja con estas palabras: "Nunca ha habido una reacción histérica de la caverna mediática como ahora", y lo dice porque el jueguecito este de ningunear la fiesta nacional ya se había practicado antes (y se sigue practicando) en Cataluña sin que pasase nada, entre otros, por el personaje que hoy preside esa comunidad, a la que veremos a dónde lleva entre sus prudentes manos, miedo me da. ¿Reacción histérica de quién, señora Sabater? ¿De las autoridades estatales que por una vez se han decidido a impedir un desmán del nacionalismo o de ese nacionalismo que no tiene más perspectiva que la marcada por sus (muy discutibles) objetivos? ¿Con qué derecho llama usted histéricos o cavernícolas a quienes desean que se respete la legalidad de su país? ¿Acaso la razonable es usted, que se ha extralimitado en sus potestades y se ha querido saltar los derechos de los ciudadanos apoyándose en algo tan sólido como la ocurrencia esa de "12 de octubre, nada que celebrar"?  ¿O me va a decir ahora que su "inocente" medida no tenía para nada la intención de ser un acto más de esa memez tan cómica (y esperemos que no pase a tragicómica) de la "desconexión con España", que no aspiraba usted a ser tan guay como Ada Colau en eso de despreciar lo español? Apelo directamente a la señora Sabater, aunque ya sé que no va a leer este artículo, es solo una licencia artística. 
    Así gobiernan los nacionalistas y estos recién llegados del mundo alternativo: en cuanto agarran "cacho", ya parecen tener la conciencia de que su poder es absoluto, de que si uno es presidente en Cataluña o alcalde en Badalona, en Cataluña o en Badalona puede hacer lo que le dé la gana, que para eso es el que manda, sin demasiadas limitaciones y por su sola posesión de la verdad. Sería este un motivo para la reflexión, ya que estamos hartos de ver cómo, de una forma tan paradójica como cínica, cada vez que hacen alguna de las suyas, en cuanto alguien muestra la menor objeción, le lanzan una batería de descalificaciones ya consabida: retrógrado, inmovilista, facha, antidemócrata, cerrado al diálogo... Y suelen tener mucho éxito con algunos medios de comunicación, particularmente, los que se han adueñado de la patente de progresismo, ya he hablado antes de esto. Pero a mí se me ocurre una cosa: ¿qué pensaría la señora Sabater si el día 13 el director del colegio de sus hijos, sobrinos o nietos lo cerrase fundamentándose en su autoridad como director? Seguro que en algún momento pensaría que los cargos tienen límites. Lógico: eso también la alcanza a ella, a Ada Colau, al señor Puigdemont...: a cualquiera que no tenga un poder omnímodo y tiránico. ¿Qué pasaría si el próximo 11 de septiembre al alcalde de cualquier localidad catalana le diera por decir que no había nada que celebrar y que, por tanto, ese día no sería festivo? ¡Pobre de él, no me gustaría estar en su pellejo!, pero he de reconocer que sí que me gustaría una cosa: reírme un poco con los "argumentos" para crucificarle que iban a tejer Puigdemont, Forcadell, la señora Sabater, Iceta, Ada Colau... más un montón de medios, asociaciones y partidos "progresistas".       

sábado, 8 de octubre de 2016

Significativa objeción al bilingüismo: tres hurras por el "Palomeras Bajas"

   Siguiendo con mi popósito de ocuparme hoy de cosas importantes que tenía pendientes, voy ahora con el bilingüismo. Leí en "El Confidencial" un artículo sobre la implantación del bilingüismo en la educación madrileña que es de esos alegatos que, aun presentándose como una vocecilla perdida en la inmensidad de un océano de silencio cómplice y vergonzoso, tienen la virtud de dejar con las vergüenzas al aire a uno más de esos reyes que se pasean por el mundo pomposamente desnudos, en este caso,  su Majestad don Bilingüismo I de las Canalladas Educativas. No voy a extenderme mucho, sino que voy a limitarme a recomendaros la lectura del artículo y a entresacaros algunas de las cosas más notables que dicen en él los padres y profesores del Colegio Público "Palomeras Bajas" de Madrid:
   -Empecemos por una frase del titular: "Es muy difícil explicar la fotosíntesis en inglés". Lo es en general (añado), y ya, obligar a hacerlo en una lengua ajena cuando los niños aún no dominan siquiera la propia es un crimen.
    -"La forma de implantar el bilingüismo es agresiva y muy dañina para un grupo muy importante del alumnado".
   -Una madre afirma que inscribió a su hija mayor en un colegio bilingüe "fruto del engaño por el que han pasado muchas familias". Incontrovertible: la implantación de este programa ha sido un engaño a la sociedad perpetrado por los gobernantes, con la complicidad y/o el silencio de partidos y sindicatos. Incontrovertible y vergonzoso.
    -Conocimiento del Medio ha sido el área más perjudicada. Los alumnos que la han estudiado en el sistema bilingüe la han aprendido peor que los demás (la han aprendido muy mal, me temo, si es que la han aprendido).
    -Como los niños no pueden con esta carga ellos solos, el bilingüismo se lo está sacando adelante a la Comunidad de Madrid la ayuda de los padres. Eso es trampa.
    -El bilingüismo se ha implantado en Madrid a base de imposición, chantajes a los centros (y casi casi a las familias) y falta de debate. O sea, por puros bollocks, o just because, I say.
     -Y termino con esta frase para enmarcar:
                Por mucho que lo llamen "bilingüe", es falso, es imposible que un niño redacte y hable en inglés igual que en castellano.
          Ahí queda, y no son diatribas del guachimán, es lo que piensan (y se atreven a decirlo) un puñado de padres y profesores cuyos hijos o alumnos están padeciendo el bilingüismo a la madrileña. Tres hurras por ellos.

Pública: pierde 23.416 profesores; privada: gana 9.091

   Una serie de circunstancias me han impedido en los últimos 20 días hablar aquí de algunas cosas que resultaban muy interesantes, una de ellas, un informe de CCOO que suministra datos concretos acerca de cómo en los últimos años nuestros gobernantes se han dedicado a perjudicar a la enseñanza pública mientras favorecían a la privada, o, dicho en otras palabras, de cómo los que mandan, en lo relativo a la enseñanza, han volcado los recortes y el pago de la crisis sobre la enseñanza pública. El dato más escandaloso es el que revelo en el título: así trata el PP a la enseñanza pública, pero no solo el PP, porque en Cataluña, donde han gobernado los independentistas con sus diversas quinielas, hay 90.000 alumnos (el 9% del total) escolarizados en barracones; eso sí, dinero para financiar sus mil disparates secesionistas ha habido de sobra. 
   La noticia es clara, breve, precisa y muy reveladora, os recomiendo su lectura. Ni que decir tiene que lo que destapa es mucho peor que la LOMCE y poco tiene que ver con ella.