domingo, 28 de febrero de 2016

El señor de Buil. 1: el guachimán recibe un premio


   Hace unos meses, husmeando en una página sobre premios literarios, vi que el Ayuntamiento de la localidad asturiana de Nava convocaba un premio de novela corta sobre asuntos fantásticos o de terror. El tema y la extensión se ajustaban a un relato que yo tenía escrito, el cual se titula El señor de Buil, así que me decidí a mandarlo, aunque, si he de decir la verdad, en lo de la extensión me ajustaba por los pelos, ya que mi relato tiene 52 páginas y la mínima de las bases era de 50.
   A finales del pasado septiembre, salía yo del instituto un día a eso de las dos y media y recibí una llamada telefónica: era la presidenta del jurado del premio, para decirme que había ganado. No hará falta que os jure que fue una auténtica sorpresa, porque en los premios lo difícil es ganar, y seguro que también me creeréis si os digo que el alegrón que me llevé fue todavía más grande que la sorpresa. Una parte del premio consistía en la edición del relato por parte del Ayuntamiento de Nava, de ahí que haya transcurrido tanto tiempo entre aquel septiembre ya un tanto lejano y el día de ayer, 27 de febrero, en que fui a la ceremonia de entrega. 
   Esta se celebró en la Casa de la Cultura de Nava y fue un acto muy bonito, no porque se saliera de lo habitual, ya que hubo discursos por parte del alcalde, un miembro del jurado y este vuestro guachimán, sino porque, a pesar de que a la mayoría de las personas que estaban allí era la primera vez que las veía en mi vida, aquello transcurrió como una reunión de amigos, que finalicé firmando ejemplares a los asistentes al acto, cosa que produce un especial placer: da mucha satisfacción ponerle en un libro que has escrito una dedicatoria a alguien que lo va a leer.
  Quiero terminar este primer artículo expresando mi mayor agradecimiento a la gente de Nava, al jurado que consideró apropiado concederme el premio, a las personas con quienes he estado en contacto durante estos meses y a los miembros del equipo municipal que tan bien nos trataron a mis familiares y a mí después del acto de entrega. Este tipo de agradecimientos hay que hacerlos por educación, pero muy a menudo -como ocurre en este caso- son sinceros: para mí, esas personas de las que hablo ya son amigas. Una de las cosas que hicieron fue enseñarnos algunos de los puntos más peculiares de Nava, como su interesante Museo de la Sidra, que nos explicaron con mucha simpatía y que recomiendo visitar. Aquí os dejo un enlace para que veáis imágenes del pueblo:
   En cuanto a El señor de Buil en sí mismo... los que queráis saber algo de este relato (y no padezcáis del corazón) tendréis que esperar a un próximo artículo. 

jueves, 25 de febrero de 2016

"Están haciendo un teatro" y otras patadas al diccionario

    Hoy voy a dejaros una breve relación de expresiones erróneas que tienen cierto éxito. Ahí van:
   1.- "Comprensible" por "comprensivo". Con cierta frecuencia, me encuentro esta confusión en escritos de mis alumnos, en frases como, por ejemplo, esta: Perdí el autobús y llegué tarde a casa, pero mi padre es muy comprensible y no me regañó. La verdad es que se trata de un error que no me he encontrado nunca fuera del ámbito escolar, al contrario de lo que ocurre con los que os pongo a continuación, los cuales he oído o leído con demasiada frecuencia en los medios de comunicación.  
    2. Fueron abusados.- Supongo que este uso será un calco mal tomado del inglés, pero, sea lo que sea, lo cierto es que cada vez es más frecuente encontrar frases como esta: El joven fue abusado en su infancia por un familiar. El verbo "abusar" no es transitivo en español, sino que precisa un complemento regido, en otras palabras, podemos decir: Abusaron de ella en un despoblado, pero no La abusaron en un despoblado, de modo que tampoco podemos usarlo en voz pasiva. Si queremos usar el verbo "ser" en este tipo de contextos, podremos hacerlo con valor copulativo, en construcciones como esta: El joven fue víctima de abusos en su infancia
    3.- "Hacer aguas" por "hacer agua". Creo que contra este error ya hablaba Lázaro Carreter, de modo que, si aun así no solo se sigue cometiendo sino que lleva camino de imponerse, de poco van a servir las admoniciones de un simple guachimán; no obstante, me lanzaré a ello. La frase "hacer aguas" es un eufemismo que equivale a "orinar", mientras que la construcción "hacer agua" procede del lenguaje marinero, en el que se utiliza cuando en una embarcación empieza a entrar agua con el consiguiente peligro de que se hunda, de ahí que la utilicemos cuando en algún asunto las cosas van mal.  Particularmente aficionados a este mal uso son los comentaristas deportivos, entre los que son muy frecuentes frases como esta: La defensa del Barcelona hizo aguas en la segunda parte y sobrevino la debacle. Es completamente lógico: si Alves, Piqué, Mascherano y Alba se ponen a mear detrás de la portería, aparte de quedar como unos marranos y ganarse una merecidísma tarjeta roja colectiva, dejan solo al pobre portero, al que empezarán a caerle goles a granel. Aprovecho para llamar la atención sobre la palabrita "debacle", una cursilería que solo manejan, nuevamente, los comentaristas deportivos, que tendría muy a mano otras como "desastre", "catástrofe", "naufragio", "derrumbe", "hundimiento"...
    4. "Es buena gente".- Dicho de un colectivo, está bien, pero suena muy mal si se refiere a una persona en singular: podemos decir: El pueblo de Madrid es buena gente, pero no Alfonso es buena gente. En este mal uso he visto caer incluso a personas de elevada formación, ya que sospecho que su fortuna se debe en buena parte a un afán de aparentar campechanía, pero la verdad es que en origen es un tremendo vulgarismo. 
   5.- "Los del PSOE están haciendo un teatro".- O los del PP, o los de Podemos, o los de Ciudadanos, da igual, el caso es que "hacer un teatro", así, con el artículo, debemos entenderlo como el acto de construir un edificio que en su día será destinado a la representación de piezas dramáticas. Está claro que con esa expresión lo que se pretende señalar es que el PSOE (o el que sea) está fingiendo, es decir, haciendo teatro, así, sin artículo, en un sentido virtual que hace que aquí la palabra "teatro" no se refiera al edificio, sino al género dramático. Si queremos usar una frase con este sentido en la que sí tenga cabida el artículo, podremos recurrir a un buen número de expresiones sin necesidad de dar patadas al diccionario: "haciendo una comedia" (valdría también "haciendo comedia"), "haciendo una representación", "haciendo un sainete"...  
    He dejado esta expresión para el final porque me parece muy representativa de un hecho: quienes la usan no parecen saber muy bien de qué hablan, lo cual produce cierta preocupación, porque la usan muchos políticos, personas que tienen o podrán tener algún día responsabilidades de gobierno, en las cuales sería deseable un nivel cultural. 
    En los políticos y en los profesionales de la comunicación y en los medios en general: deberían todos ellos esforzarse en cuidar la cultura y el lenguaje, porque son el ejemplo, ya que, al llegar a millones de personas, son muchísimos los que los toman como modelo y en sus manos está elevar o rebajar el nivel cultural del país. Los responsables de los grandes medios, la gente popular, los periodistas... deberían ser muy sensibles en este terreno; todos queremos una juventud bien educada, así que deberían saber que un solecismo dicho en quince segundos por un famoso o un comentarista deportivo puede muy bien cargarse en solo ese lapso el trabajo de meses de un buen número de profesores. 
    

sábado, 20 de febrero de 2016

Que la metan en la cárcel


  Un día del proceloso 2011, año crucial de una nefasta época en la que los españoles contemplábamos como a diario se nos recortaban derechos, perdíamos puestos de trabajo, se cometían abusos e iban desvelándose casos de corrupción que implicaban a personajes que se habían enriquecido mientras arruinaban al país, a la hoy concejal de Madrid Rita Maestre se le ocurrió desnudar parte de su anatomía en una protesta que se quejaba, entre otras cosas, de que una universidad pública de un país aconfesional como España mantuviera un templo de una determinada religión, la católica. No tengo nada contra la religión católica, creo que la paz de los templos debe respetarse como me gustaría que se respetase la de mi casa y estoy de acuerdo con que algunas de las groserías que se gritaron en aquella protesta eran lamentables, pero… Pero más lamentable es el hecho contra el que protestaba la señora Maestre: si queremos blasonar de país democrático y aconfesional, la existencia de la capilla de la Complutense es una incongruencia que nos pone en duda, como nos pone en duda cualquier muestra de presencia de lo religioso -que es particular- en ámbitos de lo general y público; el ejemplo más grave de esas muestras es la presencia de la asignatura de religión en los programas educativos, algo que no es sostenible. Estas incongruencias deberían haberse resuelto hace mucho tiempo, pero no parece que quienes suelen gobernar estén muy dispuestos a ello.
   Puede parecer que me pongo maximalista, pero es incortrovertible esto que pienso: si se hubiese tenido la coherencia de eliminar la iregularidad que la provocó, la esperpéntica protesta en que tomó parte Rita Maestre no se habría producido: o sea, otro problema que se habría evitado se se hubiesen hecho las cosas bien. Pero, el hecho es que se produjo y, por esas descompensaciones que existen en nuestro país, los actos de sus participantes sí que han tenido la atención de nuestras autoridades. En cuanto a la condena que corresponda a la edil (no he oído que se vaya a condenar a otros por gritar las groserías que gritaron), no voy a discutir que quizás se merezca alguna por la invasión del templo ni por cuál sería, pero, desde luego, encarcelar a una mujer por quedarse en sujetador me parecería una aberración que nos acercaría un poquito a esos energúmenos del Estado Islámico a quienes con tanta razón criticamos. Tengo muy clara una cosa: toda esta campaña de la ofensa a los sentimientos religiosos por una nimiedad, la están moviendo los medios políticos y comunicativos más cavernícolas, asociados con sectores religiosos revanchistas y apocalípticos que me hacen dudar muy seriamente de su caridad evangélica. 
   Pero a mí lo que me importa es mi país, en el que, desde que el PP se alzó con el gobierno en 2011, hemos podido todos contemplar un brutal movimiento de involución, de siega de derechos y libertades y de actos represivos. ¿Podría alguien negar que lo que se ha levantado en torno a Rita Maestre es un linchamiento con tufo a la España más negra e inquisitorial? ¿Podría alguien negar que cada vez es aquí más fuerte un espíritu represivo que recuerda a esa España cateta, ultraconservadora, triste y pobre de la que creíamos haber salido?  ¿Podría alguien negar que este tipo de cosas son incompatibles con una verdadera democracia? Yo esa España injusta y con olor a sotana apolillada no la quiero, porque además de ser abominable, era una España de miseria, que nadie lo olvide. 
   ¿Condenarán a prisión a Rita Maestre por quedarse en sujetador? Podría ser, pero imaginen por un momento este titular el día de mañana en cualquier periódico extranjero: “España: encarcelada por un año una mujer por quedarse en sujetador en una capilla”. ¿Qué pensarían de nosotros las mentes civilizadas? ¿A qué clase de mentes les parecería una gran noticia?
                    Nada, hombre, que la metan en la cárcel.

jueves, 18 de febrero de 2016

Un espinoso asunto de maltrato... ¿de quién a quién?

  

 Resultado de imagen de antonio ruiz daza
María Salmerón Parrilla
 Resultado de imagen de antonio ruiz daza
Antonio Ruiz Daza
   Supongo que recordaréis que la semana pasada causó bastante revuelo el caso de María Salmerón Parrilla, una sevillana que estuvo a punto de entrar en prisión por sus reiterados incumplimientos en el régimen de visitas que tenía fijado desde hace tiempo para que su exmarido, Antonio Ruiz Daza, visitara a la hija de ambos. María protagonizó una corajuda resistencia a su ingreso en prisión y también a que Antonio visitara a su hija, alegando que no podía permitir que la joven -de 16 años- tuviese relación con un padre al que no quiere ver y que está además condenado por maltrato. Finalmente, el pasado cinco de febrero, un indulto parcial concedido in extremis por el Gobierno evitaba que María ingresara en prisión, pero la obligaba a 40 días de trabajos comunitarios y a pagar una multa, pues no se podía pasar por alto que era el segundo que obtenía por los mismos motivos. Esta solución tampoco la dejaba satisfecha del todo y yo mismo pude oírla en la radio anunciando que la iba a recurrir. El asunto proyectó sobre María una imagen de víctima de la injusticia: que pudiera ingresar en prisión una maltratada por impedir que su maltratador se viera con su hija era un atropello que escandalizó a medios políticos y comunicativos, que se volcaron en su defensa. En andaluces.es podéis leer la increíble y triste historia de María Salmerón y la justicia desalmada.  
    El pasado día 14, no obstante, publicaba "El Mundo" un reportaje titulado "El maltratado he sido yo", en el cual Antonio Ruiz Daza cuenta su versión de los hechos. María dice que su marido la maltrataba psicológicamente y que la humillaba y que de ahí viene su radical oposición desde el primer momento a que viera a su hija; Antonio dice que se separaron por los problemas psíquicos de ella y que, mientras estuvieron juntos, la animó a estudiar; María dice que su exmarido consiguió a base de denuncias que se le concediera un injusto régimen de visitas; Antonio dice que ella le dijo que jamás vería a su hija desde el momento en que supo que la dejaba y que le ha puesto en los juzgados 20 denuncias por maltrato, de las que solo ha prosperado una.  Esta guerra la arrastran desde 2001, año de su separación. Si queréis conocer más, ahí tenéis los enlaces.
   ¿Quién miente? ¿Ha sido Antonio un maltratador tan vil que no merece por tanto ni ver a su hija? ¿Es María una manipuladora que se ha ensañado con su exmarido? Mirando los hechos estrictos, las condenas que ha tenido Antonio ya están cumplidas, mientras que María ha ido eludiendo las que le han sido impuestas, con menoscabo de los derechos de su excónyuge, lo que hace que nos planteemos algunas preguntas: ¿estará María abusando de una condición de maltratada que su marido niega? ¿ha estado a punto de ser víctima de una injusticia o, por el contrario, a base de manipular a la opinión pública está consiguiendo que no se haga justicia? Si es lo primero, tendremos todos que alegrarnos por ella, pero, si es lo segundo, nos hallamos ante un inquietante caso de abuso de esa posición ventajosa que nuestras leyes conceden a las mujeres en este tipo de asuntos, condición que ha sido señalada incluso desde sectores jurídicos. Hay que tener mucho cuidado con esto; la corrección política y el papanatismo "progre" son campos muy abonados para quienes practican el victimismo y sería bueno que en España empezásemos a ver estos asuntos como más frialdad, porque, aunque algunas leyes parezcan suponerlo, ni todos los hombres son monstruos ni todas las mujeres son seres angelicales. Pero la corrección política en esto está funcionando como una feroz inquisición: cuando al juez Serrano Castro de mi anterior enlace se le ocurrió decir lo que dijo, desde sectores autodenominados progresistas le llovieron porrazos y algo parecido le pasó a Albert Rivera en las últimas elecciones: se le ocurrió insinuar que tal vez habría que revisar la ley de violencia de género y provocó una reacción que le obligó a recoger velas de inmediato. Siempre he creído que este episodio fue uno de los factores que le hicieron ganar menos votos de los que esperaba: con ciertos poderes fácticos no se juega.    

domingo, 14 de febrero de 2016

"Contra la nueva educación". 1: prólogo e introducción

   Ha llegado ya a mis manos el libro de Alberto Royo y voy a analizarlo en dos artículos: este, que dedicaré al prólogo (de Muñoz Molina) y la introducción (del propio Alberto), y otro que dedicaré al cuerpo de la obra.
   1.- El prólogo. Reconozco que quienes defendemos  para la enseñanza conceptos hoy tan impopulares como el rigor y el esfuerzo podemos equivocarnos en algo o en todo, pero, qué queréis que os diga, a mí, el hecho de que siempre hayamos contado con el respaldo inequívoco de intelectuales tan sólidos como Fernando Savater, Francisco Rodríguez Adrados, Víctor García de la Concha o el propio Muñoz Molina, me hace pensar que alguna razón tendremos. Naturalmente, no nos respaldan por nuestras lindas caras, sino porque coinciden con nuestros planteamientos, como lo  demuestra en este prólogo Muñoz Molina en lo referido a dos muy importantes: el rechazo absoluto de la psicopedagogía y la condena sin paliativos de la legión de farsantes que llevan años causando un grave perjuicio a la educación española. Su rechazo de la psicopedagogía se basa en la carencia de solidez científica de esta disciplina y en la prepotencia que muestran quienes la profesan; su condena a la legión de farsantes abarca los variopintos pelajes que la componen: psicopedagogos, "expertos", iluminados, etc., e incluso cita nombres tan ilustres como Punset o Coelho, ya veis que sabe por dónde se anda. Hemos de agradecérselo; hemos de agradecerle que sepa tanto por dónde se anda que hasta se escandalice al oír que el proyecto educativo de un político "emergente" que cita pero no nombra consista en acabar con la enseñanza memorística, y aquí hemos de agradecerle además que se escandalice de tres cosas: de la ignorancia de este político, de que no se haya enterado de que la memoria hace ya mucho que no pinta nada en nuestra enseñanza y de que en manos así esté y vaya a seguir estando la enseñanza en España. Es tremendo, pero así sucede: las hornadas de políticos que vienen desconocen la enseñanza lo mismo que los que llevan años cargándosela, así que el futuro que nos espera no es muy prometedor. No estará, en cualquier caso, de más un aviso para los políticos que vayan de "progres": los desmanes que Montserrat Gomendio perpetró en su corto paso por el MEC estuvieron destinados a... acabar con la enseñanza memorística, de manera que su "revolución" va a ser la misma que emprendió el PP. Debemos, en suma y por todo lo dicho, agradecerle este prólogo a Muñoz Molina, su comprensión, su apoyo, y yo muy especialmente le agradezco que, entre los méritos que atribuye a Alberto, incluya el de ser profesor. Así de sencillo y elemental: somos los que más conocemos la enseñanza por el simple hecho de que es nuestro trabajo. Pues bien: aun así, llevamos décadas silenciados, "molan" más los "expertos" y los pedagogos.
   2.- La introducción. En pocas páginas y de manera sencilla y muy clara, en esta introducción nos deja Alberto constancia de lo que nos va a contar en su libro y de su propósito. Eso de la claridad parece interesarle mucho y ya desde el principio señala la urgencia de "llamar a las cosas por su nombre". Como "educar es una actividad compleja" quiere recuperar para esta tarea el buen juicio, pues en ella se han implantado hoy demasiadas ocurrencias insensatas. Ni que decir tiene que esas ocurrencias insensatas son las propuestas de la legión de farsantes de la que hablaba más arriba, propuestas que han generado una endiablada confusión. Frente a este panorama y ante los problemas reales que aquejan a la enseñanza, propone Alberto un remedio muy recomendable: la racionalidad, pero inmediatamente nos señala él mismo un inconveniente: que, hoy en día, "lo racional no se lleva". Sumidos en un irracional combate de propuestas demagógicas, esos partidos que al final serán los encargados de implantar un sistema educativo parecen haber olvidado que solo será bueno aquel que realmente procure conocimiento y se base en el esfuerzo y el mérito. Y esto -aunque nos espante y parezca mentira- da la impresión de ser un obstáculo insalvable para los políticos de hoy, que no están dispuestos a empañar con tan odiosas palabras sus atractivas propuestas educativas, presididas todas por un "Aprender sin esfuerzo" fraudulento a todas luces, sí, irresponsable, de acuerdo, pero ideal para ganar el voto fácil de una ciudadanía narcotizada desde hace mucho (por no decir entontecida) y abierta solo a propuestas que vendan solo una vida en rosa, aunque sean colosales mentiras y baste pararse a reflexionar solo medio minuto para reparar en que la vida real presenta también otros colores. Sucede sin embargo que desde la política, los medios de comunicación y la propia escuela quizás no se está haciendo todo lo posible para que la ciudadanía acostumbre a reflexionar.
   En lo referido al mundo de la educación, el empobrecimiento intelectual que estamos viviendo hoy en día, que alarma a Alberto, como a mí y como a otros muchos y que tiene toda la pinta de ser, por desgracia, algo impulsado de manera premeditada (y no me importa que me llamen conspiranoico), tiene dos poderosísimos pilares en la tontuna de la novedad por la novedad y en los asnalizantes disparates de la legión de farsantes, disparates más peligrosos y perversos aún por su apariencia blandita, vacía e inocua, el envoltorio de colorines de una píldora muy venenosa. Metaforizados bajo la apariencia de parásitos, que es muy adecuada a su verdadera naturaleza, Alberto nos presenta a todos estos farsantes y saca a la luz sus vergüenzas. Bueno es que conozcamos a quienes nos pueden hacer mucho daño; muchas gracias, Alberto, por esta utilísima guía.

domingo, 7 de febrero de 2016

Una medida imprescindible para acabar con la corrupción

   Leyendo un tanto aburrido la prensa digital, llego por casualidad a esta petición de change.org que ya es de hace algunos meses:
   Como podéis ver si os decidís a leerla, lleva incluido un enlace a este interesante documental que también os enlazo yo aquí:
    Estamos a un mes y medio de las últimas elecciones y encallados en el embrollo para componer una mayoría capaz de gobernar que todos conocéis; cada una de las cuatro grandes formaciones tiene en esta partida su propio talón de Aquiles, y el del PP es la corrupción: por si no teníamos aún vivito y coleando el asunto Gürtel y en la memoria unos cuantos más, ahora va y estalla lo de la operación Taula, que no es nuevo ni sorprendente, y me temo que en Valencia no va a ser lo último. Pero no solo es por esto por lo que la corrupción es la pesadilla del PP, sino porque este partido es el que está mostrándose más tibio en su condena de esta lacra, para explicar por qué bastan tres palabras: "Luis, sé fuerte". Lo que percibimos los ciudadanos acerca de la corrupción es que es demasiada y que ha habido demasiada impunidad, aunque, en honor a la verdad, esta se hace cada vez menor, si bien persiste la sospecha de que la vaya a sustitiuir un sucedáneo más discreto: las condenas leves. Esta impunidad se ha debido a que, durante muchos años, los corruptos han manejado los hilos del país tan a su antojo que podían robar alegremente, incluso a la vista de todos. Y aquí es donde entran las personas que los han denunciado. Gran parte de los asuntos que se han descubierto habrían quedado ocultos si no se hubiera interpuesto una persona que estaba allí mientras se cometían -un interventor, un empleado, un funcionario- y decidió dar la voz de alarma en vez de callarse, cosa que, por cierto, a su alrededor hicieron muchos. Y mientras los ladrones robaban y los que callaban se iban tranquilamente a su casas, a esos que valerosa y cívicamente denunciaban, les empezaban a llover problemas provocados por los propios ladrones, que para esto tenían la misma impunidad que para robar y por las mismas causas. 
   Y los problemas podían llegar a ser muy serios: aislamiento, despido, amenazas, depresiones, ruina de la vida familiar, querellas, años de paro, empobrecimiento... Si queréis ver casos concretos, los hay en la misma petición de change.org y en esta página: 
    Inmaculada Gálvez, Maite Carol, Ana Garrido, Fernando Urruticoetxea, Itziar González, Ana Varela, Antoni Diéguez y otros muchos ciudadanos de a pie son personas que tuvieron  el valor de no cerrar los ojos y lo pagaron así de caro. Triste paradoja que los que merecerían los honores, la protección y la admiración hayan sido los que se han llevado los palos, la persecución y el aislamiento. Triste paradoja y triste país: ni valdremos gran cosa ni saldremos de la corrupción mientras esto persista: si denunciar la corrupción es más arriesgado que practicarla, las perspectivas no son muy alentadoras. Por eso está bien la iniciativa de change.org y por eso es inexcusable que una medida así se lleve a cabo. A este respecto y volviendo a lo que decía antes acerca del PP, resulta muy significativo el hecho de que, cuando esta petición se puso en marcha, Pablo Herreros, su impulsor, recibió respuestas favorables de Alberto Garzón, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. Preocupa que se eche de menos la de Mariano Rajoy, como podéis ver en el enlace. Ya sabemos qué partido es muy dudoso que mueva un dedo en esta dirección. 
   En el mundo anglosajón nos llevan en este asunto alguna ventaja, e incluso tienen acuñado un término para estos ciudadanos ejemplares que destapan asuntos de corrupción o abuso: whistleblowers. Traducido de una manera tan literal en exceso como esclarecedora, esta palabra significaría "los que soplan el silbato", como hacían los policías de las viejas películas inglesas para señalar por dónde andaban mientras perseguían a algún maleante. Alguna vez la he visto desafortunadamente traducida como "soplones", vocablo carcelario y peyorativo que lanza un estigma de condena sobre el que está haciendo las cosas bien, lo que sería ya lo único que les faltaría a esas personas que, en cualquier parte del mundo, sufren muy a menudo  el acoso y las represalias de la gentuza cuyos chanchullos descubren, como ya hemos visto, con consecuencias a veces muy graves. Tampoco tenemos que rompernos la cabeza: el término "denunciantes" les va muy bien, a falta de otro tan expresivo como "whistleblowers". He leído por ahí que estos gozan de una particular protección en Estados Unidos, país en el que hasta tienen una asociación, con esta página: NWC. En el mismo encabezamiento podéis leer su lema: Honesty without fear, o sea, Honradez sin miedo. ¡Cuánta grandeza de principios en solo tres palabras! Deberían marcarnos la ruta. 

miércoles, 3 de febrero de 2016

"Contra la nueva educación": Alberto Royo publica un libro

   Y aquí lo tenéis:

   Estará a la venta a partir del día 15 de febrero y, como veis, viene con excelentes avales: prólogo de Antonio Muñoz Molina y presentación en la Casa del Libro (en Barcelona, una pena no poder estar, porque seguro que va a ser un acto muy interesante) a cargo de Gregorio Luri.
   El título y el autor arrojan muy buenas perspectivas sobre este libro. De Alberto, todos sabemos lo bien que escribe (y el que no lo sepa, aquí tiene para comprobarlo un enlace a su blog: Profesor Atticus) y lo muy comprometido que está en la lucha por una educación digna y de calidad y contra toda esa legión de ignorantes, farsantes, fundamentalistas de no sé qué pedagogías o simples aprovechados que pretenden imponer su credo y/o sacar partido implantando en la educación  extravagancias de funestos y variopintos pelajes. De lo que sin duda podemos esperar por el título del libro, ha de ser este una seria denuncia de esta legión, que Alberto tiene muy estudiada y que tanto daño ha hecho ya a la educación.
   Es muy necesario que no puedan hacer más, por lo que resulta muy valioso un libro que los desenmascare. Adelante y mucha suerte, Alberto, estoy deseando leer tu libro.