martes, 24 de noviembre de 2015

El mejor amigo del PP

   Estamos a menos de un mes de las elecciones generales y de aquí al día 20 de diciembre tengo intención de escribir unos cuantos artículos relacionados con este asunto. El planteamiento del que parto es el siguiente: puesto que las malas políticas se pagan, el PP, que en los cuatro años de gobierno de la declinante legislatura ha sido responsable de una no pequeña serie de errores y medidas contrarias al interés general, debería sufrir el castigo de un importante bajón electoral, como en 2011 le ocurrió al PSOE. Las encuestas y los análisis señalaban en este sentido hasta bien entrado 2014, pero en el último año ha habido una serie de factores que han hecho que el partido de Rajoy se haya recuperado bastante. El más importante de ellos ha sido sin duda el demencial desafío soberanista, ante el cual, los hechos han quitado la razón a aquellos que errónea o interesadamente se pasaron meses acusando al presidente del Gobierno de un "intolerable" inmovilismo: todo lo contrario: Rajoy hizo lo que tenía que hacer, o sea, como representante de la legalidad, no conceder el rango de interlocutores válidos a quienes se descolgaban con el dislate de separarse de España. Con quienes tienen pretensiones aberrantes y abusivas no se negocia, así que el mantenerse en esta postura, a la larga, ha hecho ganar puntos a Rajoy y ha despalazado hacia planos secundarios de la foto a Podemos, el PSOE, el grupo PRISA y todo el autodenominado progresismo en general. 
   Ayer mismo, muchos españoles aplaudíamos a Hacienda cuando advertía que va a controlar hasta el último céntimo los fondos que va a liberar para la autonomía catalana: esos fondos tendrán que utilizarlse para lo que es debido, cosas, por ejemplo, como pagar la vergonzosa deuda que Cataluña tiene por gastos de Farmacia. Se acabó eso de despilfarrar en levantamientos separatistas el dinero que debía destinarse a cosas importantes en beneficio de todos. Hoy, el desahuciado Artur Mas (¿acabará en la cárcel? Soy de los que piensan que méritos no le faltan, a él y a algunos de sus correligionarios), se ha descamisado y ha bramado un torrente de amenazas disparatadas en nombre de la sacrosanta independencia y todo su libreto de chifladuras. Está acabado, hasta su imagen física lo proclama.
   Resultado de este penúltimo episodio: más simpatías para el PP.
   Hace poco más de un año, el PP estaba moribundo, asediado por todos sus errores, que deberían pasarle factura como es de ley en política; vino el prusés y le brindó una providencial cortina de humo que ha hecho que su horizonte se vuelva bastante menos gris. No cabe la menor duda: al final, Artur Mas ha resultasdo ser el mejor amigo del PP.

viernes, 20 de noviembre de 2015

José Antonio Marina y Groucho Marx: ¿parecidos razonables?

   El jueves 19, participó José Antonio Marina en un foro con los lectores de "El País". En la noticia en que se da cuenta de ello, se incluye una frase que últimamente ha repetido más de una vez el filósofo: "Un niño que pasa de 1 a 4 ha progresado más que uno que pasa de 9 a 10". Inevitablemente, cada vez que lo leo, me viene a la cabeza esta otra de Groucho Marx: "La humanidad, partiendo de la nada y con su solo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria". Puede que parezca una broma, pero no lo es en absoluto, ya que Marina está pronunciando esta frase siempre en contextos referidos al libro blanco que está preparando para la mejora de la enseñanza. Cabría, pues, hacerse con cierta inquietud una pregunta: ¿el proyecto de mejora que prepara el señor Marina apunta al horizonte del 4? Pues, como profesor y como ciudadano deseoso de que su país progrese, le diré que no me motiva. Le diré también otra cosa: que esta fórmula ya está, no probada, sino archicomprobada, y no solo es que no funcione, sino que además ha hecho estragos en la educación española, pues lo que subyace en ella es ese relativismo paidocentrista que animaba la LOGSE, según el cual, al alumno había que calificarle no por unos logros marcados externa y objetivamente, sino por su propia evolución particular. 
   Con este dogma en la mano, lo que durante décadas han ejercido en los centros los comisarios de la LOGSE y sus herederos ha sido una feroz presión sobre el profesor para que aprobase a cualquier precio, porque, claro: ¿cómo no íbamos a aprobar a Fulano o a Mengano, que tanto se han esforzado aunque haya sido para sacar un miserable 3'5? Para mayor escarnio, habría que contar lo que durante las últimas décadas se ha hecho pasar en los institutos como "esfuerzo" por parte de determinados alumnos. Este menosprecio del alumno que se esfuerza de verdad, el que estudia y aprende (y aprueba, porque lo que se da hoy en los institutos, si se estudia, se saca) para volcarse sobre el que no muestra ningún interés, tiene ya un nombre bastante antiguo: igualación por abajo, y es no sé si decir la clave o una de las claves de nuestro desastre educativo de los últimos años. No somos los profesores, mal que le pese a la galaxia de los expertos y los pedagogos: es el empeño de ellos mismos, los políticos y la sociedad en entontecer y maleducar a ese amplio segmento de nuestra juventud que, si ve que le van a dar el aprobado gratis, no se va a molestar en ganárselo aprendiendo, que eso es una pesadez, profe. ¿Es esta la estación a la que nos quiere llevar el tren del señor Marina, la de poner el 5 al que ha llegado al 4 "esforzándose horriblemente" desde el 1? Pues le comunico que ya llevamos en ella mucho tiempo, y no es precisamente la Arcadia educativa.
   Otro apartado de la noticia que llama la atención es ese en el que, hablando de lo que distingue al buen profesor del malo, se dice que la diferencia puede estar en la relación del profesor con las familias o en el progreso del alumno en esas clases, para terminar con unas palabras que, al estar entrecomilladas, debemos suponer que son cita textual de lo dicho por Marina: "Hay criterios transparentes, implacables y objetivos de evaluación". Estoy muy de acuerdo con él en que los hay, pero, o se matiza mucho más lo dicho, o me temo que esos que se proponen no son. En lo referido a las familias, basta con echar un vistazo al informe del Defensor del Profesor de este año  para ver que la relación con ellas es cada vez más problemática, y no por culpa de los profesores, así que mal se puede esgrimir el dominio de esta relación como un criterio "transparente, implacable y objetivo" de evaluación. ¿Qué decir de la progresión del alumno? Es tan obvio que depende fundamentalmente del propio alumno que sorprende que un docente tan experimentado como Marina la presente como un criterio transparente, etc., etc. de valoración del profesor: el alumno progresará si quiere, esta es la condición sine qua non de toda relación didáctica, de manera que esto, de criterio objetivo, no tiene nada, porque no puede hablarse de objetividad cuando la valoración de uno va a depender en buena parte de lo que quiera hacer otro. Busque otros criterios, señor Marina, algunos de los cuales tendrán que ver, lógicamente, con lo que el alumno aprenda, pero no planteado de una manera tan simplista y desatinada. 
   Cada vez que el señor Marina aparece afirmando algo o al señor Marina le adjudican cualquier afirmación acerca de su libro blanco y su cruzada para evangelizar a esa turba de salvajes idólatras que debemos de constituir los profesores, sale un nuevo motivo de inquietud. A ver si de una vez por todas se produce la epifanía del dichoso libro blanco, vemos lo que dice exactamente y salimos de dudas. Desde luego, lo que pícaramente se nos ha ido destapando hasta ahora no produce locura de amor.      

martes, 17 de noviembre de 2015

Un lance que no se merece una placa

   
   A través de una breve noticia de ABC, me entero de que en la madrileña plaza de San Martín, pegada a la de las Descalzas, se encuentra la placa que veis en la imagen, la cual deja constancia de que en ese lugar, en el año 1611, el escritor Francisco de Quevedo asestó una estocada mortal a un adversario.
   Al parecer, el hecho ocurrió el Jueves Santo de aquel año. Estando Quevedo en la iglesia de San Ginés, un hombre dio una bofetada a una mujer. Quevedo intervino en defensa de la dama y el suceso se fue complicando hasta llegar al final que recuerda la placa. Por lo que se cuenta aquí, Quevedo se vio obligado a huir de España por este lance. También nos enteramos de que el oficio al que asistían los participantes en el suceso era el dedicado al Amor Fraterno, curiosa manera de practicarlo y honrarlo la del genial poeta y la de su desdichado contrincante. 
   Como señala la noticia de ABC, en aquella época era fácil que un incidente de estas características terminase tan dramáticamente, pero también hemos visto que, incluso en el XVII, la conducta de Quevedo, aun siendo quien era, debió de considerarse desaforada, lo que le obligó a convertirse en prófugo. No cabe duda de que, tanto en aquella época como en esta, pegar a una mujer es un acto abominable, pero tampoco la hay de que acabar llegando a matar a un hombre por ello es un exceso más abominable aún. Siendo esto así, me parece aberrante e incluso una humillación para la víctima que la memoria de este suceso haya sido perpetuada mediante una placa, y más aún, si nos fijamos en su texto:
   En esta plaza 
hirió mortalmente 
FRANCISCO 
DE QUEVEDO 
a un caballero el
 Jueves Santo de 1611 
en defensa de 
una dama
   Por mucho que el autor de la estocada fuese una cumbre de nuestras letras, el hecho no deja de ser un acto criminal, por lo que es un contrasentido perpetuar su memoria en esos términos tan benévolos con el matador, que tienen toda la apariencia de ser la celebración de una hazaña. Y no lo es; no es en absoluto un hecho que deba celebrarse: ni añade gloria a su autor -sino que más bien se la resta de la mucha que obtuvo por sus méritos- ni resulta propio que en un país civilizado del siglo XXI las instituciones coloquen placas de dudosa sensibilidad y que parecen ser fruto de un sentido del honor acartonado y caduco. Quizás sería lo más sensato que el Ayuntamiento la quitase, ya pasaron los tiempos en que se aplaudían los duelos a espada.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Para profesores buenos, los del futuro, los de hoy son todos una...

   Como ya estaba la peña un poco harta de tanto prusés, tanto C's, tanto Podemos, tanto Pedro, tanto Mariano, tanta elección, etc., etc., etc., ha habido que echar mano de un buen animador cultural para cambiar de disco, así que por  ahí ha aparecido el experimentado José Antonio Marina y se ha sacado de la manga un auténtico temazo (1) que está dando mucho que hablar, el titulado "Los buenos profesores no pueden cobrar lo mismo que los malos", el cual ha interpretado vestido de pontifical, lo que a muchos ha hecho sospechar que esas palabras van a ser el meollo del libro blanco de la educación que prepara el filósofo a instancias del ministro de Educación. Asombra que a menos de dos meses de unas elecciones un ministro que para Reyes seguramente será ya exministro encargue nada menos que un libro blanco sobre su ámbito de gestión, pero convendremos todos en que el PP, en lo tocante a la educación, ha dado sobradas muestras de que acostumbra a llegar a la estación cuando el tren hace tres horas que ha salido. 
   La frase de Marina tiene algunas inferencias, en general, bastante envenenadas, lo que ha producido la lógica indignación entre el profesorado, la cual queda muy bien reflejada en los artículos de las notas 2, 3 y 4, cuya lectura recomiendo. La primera inferencia envenenada es una obviedad: que los profesores malos, hoy en día, están cobrando lo mismo que los buenos, lo cual no es sino un reflejo de la injusticia universal: esa inmerecida igualación sucede en mil ámbitos vitales, y no solo profesionales. Incluso voy más lejos: muchas veces, a los malos les va no ya igual, sino mejor que a los buenos: yo conozco, sin salir de la docencia, a un respetable puñado de inútiles que ocupan puestos que les hacen percibir mejores salarios que el resto de sus colegas, lo mismo que hay en el mundo miles de canallas a los que la vida les sonríe mientras existen bellísimas personas que están sufriendo. Pero alguien como Marina no se pronuncia para soltarnos semejante perogrullada, de ahí que todos hayamos rascado un poquito más y hayamos llegado a otras inferencias (las que a él le interesaban y que también van envenenadas, huelga decirlo), he aquí las que me parecen más relevantes, algunas de las cuales se han formulado de manera explícita:
   1. Tal injusta homogeneidad hay que liquidarla.
   2. El PP va a hacerlo con mi libro blanco en la mano.
   3. Lamento decir que el problema de la enseñanza actual son los profesores.
   4. Habrá que afinar en la selección de los profesores para elegir a los mejores (y para darles los puestos que molan y pagarles más).
   5. Esa selección debería caer en manos de los directores. 
   Nadie pondría objeciones a las inferencias 1 y 4 (si son llevadas a cabo con seriedad), mientras que la 2, la 3 y la 5 son abiertamente discutibles. Añádase a esto que por fuerza han tenido que salir al tapete otros dos asuntos polémicos: la formación y qué se entiende por buen profesor o por mal profesor, los cuales son esenciales y han sido tratados muy a fondo por los articulistas de las notas 2, 3 y 4. Y nos hemos encontrado con que el problema sigue planteado como sospechábamos: no puede haber discusión en que la formación que va a defender Marina (5) va a ser la formulada en los términos del pedagogismo, el comprensivismo, lo emocional y todas esas vaciedades con que los burócratas, los mercaderes, los "expertos" y los políticos tienen idiotizada la enseñanza; no puede haber discusión en que los buenos profesores, en su libro blanco, van a ser los que estén pendientes de esas bobadas y los que crean que eso de los contenidos, el conocimiento y tal son antiguallas que se suplen con creces con un buen smartphone. Contra esta aberración es contra lo que nos rebelamos, contra esto y contra que los que decidan quién es buen profesor y quién no lo es sean los directores, porque cualquiera que esté un poco al tanto de lo que pasa hoy en España con los directores de centros educativos sabrá muy bien que el 99% de ellos quitarían gustosos la Filosofía para poner en su lugar un Taller de Masterchef.
   Esta es la gran batalla que se está librando hoy en la educación española: profesores contra vendedores. Es batalla -perdón: guerra- desigual, pues los profesores que la libran son solo una minoría que abiertamente se manifiestan y ejercen su magisterio contra la adulteración de la enseñanza, pero lo hacen silenciados, aislados y afrontando las tremendas presiones de sus adversarios: la burocracia -en la que militan la mayoría de los directores y los inspectores-, la administración dominada por políticos ignorantes y que contemplan la educación como un asunto de márketing y de control, los partidos políticos (todos, es decir: t-o-d-o-s), la prensa, la vieja guardia pedagogista, las nuevas e indocumentadas olas del pedagogismo y los poderes económicos. La manera en que esta Santa Alianza tritura a la educación y a los docentes la he tratado en muchos artículos, de los que quizás el más explícito es uno de 2014 que titulé Expertos y directores nos desvelan sus amores (6). 
   Los profesores somos el enemigo a abatir, el viejo trasto que estorba. Lo que se busca ahora son una especie de monitores de tiempo libre que sean así como muy emocionales con los alumnos, se plieguen entusiastas y sin rechistar ante todo plan presentado por sus directores y jamás osen contrariar a un padre. Esos que pretendemos que los alumnos aprendan cosas, que valoramos el respeto, el orden y el trabajo y que creemos que nada valioso se consigue sin esfuerzo, puesto que somos el obstáculo, estamos bajo una verdadera campaña de exterminio cuya principal arma es el desprestigio, con múltiples descalificaciones calumniosas: desmotivación, holgazanería, falta de compromiso, mala formación, falta de actualización, la lista de los reyes godos, la clase magistral debidamente demonizada... Y eso lo hacen todos, incluidos los que se presentan como nuestros amigos. Qué decir de nuestros enemigos patológicos, como Fernández Enguita: echadle un vistazo al artículo de la nota 6. Esto a veces llega a unos extremos aberrantes; así, en un reciente artículo (7), la periodista Olga R. Sanmartín sostiene inicuamente que en España "deciden ser profesores los alumnos más ramplones". Con una generalización tan desacertada, injuriosa y frívola sobre un colectivo de cientos de miles de personas altamente cualificadas, esta señora retrata su talla de profesional de la información (?), puesta penosamente al servicio del fin político que persigue su artículo, que no es otro que dar sostén al brindis al sol de Marina. ¿De dónde se saca tal bajeza? ¿Ha visto todos nuestros expedientes, nos conoce personalmente, está al tanto de lo que sabemos y de nuestro bagaje cultural para insultar con esa suficiencia a tantísima gente? Para más inri, señala en ese mismo artículo, unas líneas más abajo, que los docentes tienen el problema de que "no se les trata con suficiente respeto y dignidad". No hace falta que lo jure: ella misma lo hace unas líneas más arriba: sáquense conclusiones del inteligente planteamiento del artículo.
   En fin, toda esta Santa Alianza que parece odiar a los profesores es en realidad una triste comunidad de intereses: presentan de manera sistemática al profesor como un desastre porque con ello favorecen su negocio. El profesor de hoy no vale nada, es la causa de todos los males, es un desecho, parecen decir: hay que eliminarlo y poner otro nuevo, el que vale de verdad, el que lo resolverá todo, el del futuro, el "guay", que es, casualmente, el que vendemos nosotros. Tarda en llegar, la verdad, y no espero gran cosa del producto de tales artífices. Mientras tanto, ayer, hoy y mañana, al tiempo que estos charlatanes graznan su mercancía en púlpitos privilegiados, en el día a día, esos cientos de miles de personajes ramplones según el parecer de la señora Sanmartín vamos sacando adelante en silencio y no sin dificultades la insignificante tarea de educar a millones de alumnos.    




lunes, 2 de noviembre de 2015

Lo haces y punto: una banalidad plagada de intoxicaciones

   El 17 de mayo de 2015, en mi artículo Una de deberes, reflexioné en torno a una noticia de "El País" que nos hablaba acerca de Eva Bailén, una madre que llevaba recogidas 100.000 firmas en demanda de la supresión de los deberes escolares; hoy, cinco meses y medio después, la iniciativa de la señora Bailén vuelve a salir en los medios, esta vez, en ABC (parece que los grandes buques de nuestro periodismo tienen las mismas preferencias educativas), el cual nos cuenta que lleva ya 155.000 firmas y que ha difundido el vídeo titulado Lo haces y punto en refuerzo de su campaña. Como ya señalé en mi anterior artículo, yo reconozco que el exceso de deberes puede convertirse en un verdadero problema para los alumnos, de ahí que en mi práctica profesional recurra a procedimientos como dedicar, siempre que me es posible y en la mayor cantidad que es posible, tiempo de clase a su realización: tengo dicha mil veces -mientras me paseo entre los pupitres- esta frase: "Lo que se hace aquí no se hace en casa", pero he de advertir que, aun así, siempre hay alumnos que remolonean, lo que tenemos que interpretar como síntoma de que este es un asunto con muchos actores y facetas, de esos que no se resuelven de radicales plumazos del tipo "quedan suprimidos los deberes por decreto", fin que parece perseguir la señora Bailén y cuyo propio maximalismo debería hacerle entender que es imposible. Es  este maximalismo lo que rechazo de su propuesta, así como ciertas insensateces y simplificaciones con que en el artículo de "El País" y en el de ABC se pronuncian ella misma, algunos espontáneos y los inevitables expertos, pero el capítulo de hoy incluye otra importante fuente de desacuerdo: el vídeo, que está plagado de manipulaciones.     
   Amigo como es de las frases altisonantes, en uno de sus titulares dice ABC que, en el vídeo, "un niño demuestra con sus respuestas simuladas cómo vive bajo el yugo de los deberes igual de sometido o más que cualquier adulto en su desempeño profesional". Siento desilusionar al encanecido decano de nuestro periodismo, pero este vídeo no demuestra nada, así que sería bueno que anduviese con más tacto a la hora de manejar verbos de tan rotundo significado, lo digo porque este diario está demasiado acostumbrado a frivolizar con la educación (F1, F2, F3), asunto demasiado serio como para andarse con frivolizaciones. De ningún modo puede ese vídeo demostrar nada porque es un juguetito promocional, sentimental, superficial y parcial (todo en -al), hecho con tan nulo rigor que al final ni siquiera sabemos si  ese "niño" de que habla ABC es en realidad un niño o un niño y una niña y terminamos sospechando que sus interlocutores (que se nos presentaban como desconocidos que no sabían de qué ni con quién hablaban), con la enternecedora ristra de abrazos, arrumacos y cuasilágrimas del desenlace, son "desconocidos" tales como sus abuelos, sus tíos, algún amigo de sus papás... 
   La falta de rigor, no obstante, no se queda ahí. En el desarrollo del vídeo, el informador oculto les va encogiendo el corazón a sus interlocutores con los horrores de lo que ellos "creen" que es su trabajo de currante adulto y que luego resultan ser los deberes. El guachimán se ha tomado la molestia de recopilar esos horrores y le salen los siguientes:
   1.- Tener ocho horas de trabajo en el centro más tres en casa. ¿Ocho horas de trabajo en el centro? ¿Qué centro es ese? Esto es, además de una exageración interesada, una mentira: no hay en España centros con un horario de ocho horas diarias de trabajo, no entre los públicos, desde luego. Esto, o es mentira -repito-, o es que la señora Bailén lleva a su hijo a algún centro muy particular y con alguna organización extraña, con lo que su problema podría haberlo evitado ella misma simplemente con no llevar allí a su hijo, y así se habría ahorrado de paso el andar recogiendo firmas, haciendo vídeos y llamando a periódicos.
   2.- Haber llegado la hora de cenar y no haber terminado.- Esto sí puede ocurrir cuando hay muchos deberes, pero no pasa todos los días y lo hemos afrontado con éxito millones de padres e hijos. Respondo a ello en mi otro artículo. 
   3.- Trabajar los fines de semana.- Digo lo mismo de lo anterior, pero advierto algo que les señalo a mis alumnos todos los principios de curso: una semana tiene 168 horas, que dan para mucho. Cada año, les demuestro en la pizarra que, si saben organizarse, podrán sacar una media de siete horas diarias para ocio de libre disposición más estudio (incluso reservando horas para esas actividades a las que sus padres les llevan, que eso es algo que también omite la señora Bailén). Solo es cuestión de distribuir bien... y no vaguear.
   4.- Trabajar durante las vacaciones.- Esto, soltado a la buena de Dios como se suelta en el vídeo, me parece una intoxicación. Solo en una situación están generalizados los deberes -que no son exactamente deberes- para las vacaciones: cuando el niño suspende. Pero es que lo que se suspende hay que aprobarlo, y ya me dirá doña Eva Bailén qué hay que hacer para recuperar los suspensos. 
   5.- Estar tan agobiado que la familia tiene que ayudarle.- Ver los puntos 1 y 2. 
  6.- Recibir como respuesta: "Hay que hacerlo y punto".- Nueva intoxicación; esta conducta despótica no es generalizable entre el profesorado, a no ser que, torticeramente, se entienda que decirle a un alumno que debe cumplir sus obligaciones es decirle eso. 
   7.- Recibir una bronca como respuesta ante las quejas e incluso ser humillado ante los compañeros.- Nueva generalización intoxicadora; la respuesta habitual ante las quejas es dar explicaciones, y solo cuando son muy inapropiadas o groseras reciben la comprensible bronca. La bronca como respuesta sistemática -que es lo que insinúa el vídeo- no existe y los profesores que la practiquen a título personal me parecen muy censurables. No digamos ya lo de la humillación ante los compañeros, algo legalmente prohibido y repugnante para cualquier profesor que se precie: insinuar que esto se hace de forma regular es una auténtica indecencia.
   Puede que algunos os hayáis preguntado si realmente un asunto como este merecía tanta atención, pero me parece que, si habéis llegado hasta aquí, habréis visto que sí que la merecía, y eso que no me he referido aún al factor que, por razones personales, más me ha indignado del vídeo, que no es otro que ese "profesor" que figura entre los "desconocidos" que dialogan con el ordenador. Ese profesor afirma que trabaja veinte horas semanales y lo subraya diciendo cínicamente: "¡Qué suerte!", al tiempo que sonríe. Menos mal que al final lo arregla poniendo tono de disculpa cuando le dice a la niña que es profesor. ¿Es este personaje un rencoroso dardo de doña Eva Bailén contra el colectivo que, mientras disfruta de unas cargas horarias escandalosamente privilegiadas, es responsable de las torturas a los alumnos que previamente ha presentado el vídeo? Por desgracia, mucho me temo que sí, lo que me obliga a recordarle que las famosas veinte horas de un profesor de secundaria son solo las lectivas, pero que luego están otras como las que se dedican a guardias, reuniones o atención a padres. Habréis notado que en estas no incluyo, por supuesto, las dedicadas a preparación de clases, corrección y otras cosas que eventualmente puedan surgir, como actividades extraescolares, por ejemplo. No tenemos nada de que avergonzarnos, cosa que sí les ocurre a algunos que se dedican, por ejemplo, a este tipo de manipulaciones burdas y envenenadas. Quiero recordar que la mayor virulencia de estas manipulaciones se produjo allá por 2010 y 2011, impulsada por políticos que nos utilizaron como chivo expiatorio, algunos de los cuales se hallan hoy incursos en procesos por corrupción. 
   Creo por tanto que merecía la pena refutar esta noticia y este vídeo -aunque este artículo solo lo vayáis a leer cuatro gatos-, por contener la enésima vileza contra los profesores, por ser una manipulación y por estar plagado de las incongruencias y falsedades perjudiciales para la imagen de la escuela que he analizado más arriba. Y lanzo unas preguntas: ¿cuánta gente va a leer esa noticia de ABC? ¿Cuánta gente va a ver el vídeo? ¿Cuánta gente se va a dejar atrapar por su tramposa ñoñería? ¿Cuánta gente se va a tragar las intoxicaciones de las que he hablado? Nos quedará, desgraciadamente, el inevitable saldo de confusión y de descrédito. Doña Eva Bailén es muy dueña de emprender sus cruzadas, aunque debería ser más respetuosa de ciertos límites, pero ABC, que llega a mucha gente, debería estar cuidadosamente al tanto de lo que publica, ya que puede perjudicarnos a muchos que no lo merecemos.