lunes, 28 de septiembre de 2015

¡Se acabó!

   ¿Se acuerdan de aquella canción de María Jiménez? Es de hace más de 25 años, pero parece que se hubiera hecho ayer para Artur Mas y su prusés: ¡se acabó!

María Jiménez: "Se acabó"
   Es como un castigo divino lo que les ha pasado a Mas y compañía: decían que lo de ayer era un plebiscito y no unas elecciones, y al final, van y ganan las elecciones pero pierden el plebiscito, o sea, que les ha estallado el artefacto en sus propias manos, con la agravante de que ahora, como no habían hecho planes para gobernar (ni una palabra de esto en su campaña), sino para independizarse (cosa que no va a suceder), se encuentran perdidos en el espacio y organizados en una coalición que no estaba pensada para gobernar, sino etc., etc., etc. ¿Cómo piensan encajar para formar un gobierno esa portada del Sargent Pepper's que es la lista de Junts pel Sí, con Mas y los suyos, Junqueras y los suyos, Mister Proper, entrenadores de fútbol, cantautores que se van a ir a Senegal, la número 2, la número 3, monjas y otras heterogeneidades? Me temo que ahí va a ser difícil entenderse para repartir tareas de gobierno, y más aún, con unas elecciones generales a dos meses vista, las cuales algo me dice que esta Armada Invencible electoral va a afrontar en plena desbandada.    
   Lo dicho: ¡se acabó!
   La CUP ha advertido ya que, de DUI, nada (DUI es el nombre que le daban a la fantasía esa de la declaración unilateral de independencia), porque no se reúnen las condiciones. Que Mas y los suyos, después de haber estado insistiendo en que la independencia no implicaría salir de Europa, hayan hecho cálculos para sacarla adelante contando con la CUP, un partido inequívocamente antieuropeo, da idea del cinismo de estos señores, de su ambición grosera y de su falta de sensatez, en la que la CUP no está dispuesta a seguirles hasta el final y ya les ha dicho esto que dice María Jiménez en su canción: 
No me vengas con pamplinas
ni me pidas que  te ayude.
   Lo dicho: ¡se acabó!
   Otros que deberían ir pensando que también su tiempo se acabó son esos que no se enteran, empezando por José María Aznar, que hoy ha hecho un análisis muy desacertado de la situación del PP, que, según él, de cara a las generales, es la peor posible por culpa, entre otras cosas, de la estrategia de firmeza de Mariano Rajoy en este asunto. Sinceramente pienso que no puede estar más equivocado: aunque el PP ha perdido en Cataluña y Rajoy tiene, es verdad, caudalosas fuentes de impopularidad, no es por estas elecciones, de las que creo que, paradójicamente, ha salido muy fortalecido, como prueba el hecho de que hoy mismo se haya permitido hacer un llamamiento al diálogo, con lo que demuestra que está más lúcido que todos sus adversarios de otros partidos (y del suyo, si hemos de juzgar por el patinazo de Aznar, que parece pensado antes que nada para fastidiar a Rajoy). Después de mantenerse firme ante tanto canto desafinado exigiéndole que dialogara con Mas cuando no debía, porque la única tarjeta de visita de este era una chulesca amenaza de saltarse a la torera leyes y derechos, Rajoy ha lanzado la oferta de diálogo justo en el  momento más oportuno: cuando las ínfulas de Mas no tienen ningún agarre, cuando ha perdido el reto y se ha visto que iba de farol, cuando está en una posición de tener que afrontar las responsabilidades de gobernante que lleva años relegando, cuando se le ha cerrado la salida de emergencia de los últimos cinco o seis años, o sea, disfrazarse de antisistema. El diálogo al que otros querían arrojar a Rajoy habría sido sonrojante y muy beneficioso para Mas y sus planes, mientras que ahora no es así. Ahora es Mas quien va a tener que demostrar si quería diálogo de verdad o también en esto iba de farol. Se acabó esta coartada del diálogo, se acabó eso de poner por rutina al representante del Estado central como el malo de la película  (particularmente penoso estuvo anoche Pablo Iglesias cuando de lo único que se le ocurrió hablar fue de una amenaza de Rajoy con la vía militar, amenaza que desde luego, yo no recuerdo haber oído). Ese buenismo que han tratado de explotar los "progres", el PSOE, ciertos tertulianos y algunos medios de comunicación, que era tan perverso como disparatado y que les ha dado muy pocos réditos, también se acabó, ¡cuánto daño ha hecho durante lustros ante los sucesivos chantajes nacionalistas! Lo que los votantes han castigado no ha sido esa inventada falta de diálogo, sino el oportunismo de querer desgastar al adversario aun a costa de beneficiar a alguien que llevaba las destructivas intenciones de Artur Mas.
   Insisto, pues, en que Aznar se equivoca, no hay que ser cortoplacistas: la jugada de Cataluña, aunque allí el PP haya perdido (de todos modos, no tenía grandes esperanzas), a la larga y en el contexto de unos comicios ante todo el electorado español va a beneficiar a Rajoy, porque una gran parte del electorado español va a valorar que se mantuviera firme en no concederle nada a Mas, como va a valorar la claridad de su postura en las elecciones de ayer. Por contra, en el contexto nacional, somos muchos los que no vamos a ver con buenos ojos la tibieza del PSOE o las inclinaciones identitarias de demasiados miembros del PSC (de allí salió el inefable Frances Oms), ni el vetusto mensaje de libertad de elección de los pueblos y tal que se gasta Podemos. Resulta irónico comprobar como del desafío de Mas, al final, muy probablemente, los más beneficiados vayan a ser dos de sus bestias negras: el PP y Ciudadanos.
   Termino ya. Anoche, en una de las conexiones con el local de Ciudadanos, los allí presentes empezaron a corear aquello de "¡Yo soy español, español, español!". Gritar algo así en cualquiera de las comunidades de mandarinato nacionalista ha sido durante ya demasiados años una temeridad, porque en esas comunidades, la catalana y la vasca, se ha proscrito y perseguido todo lo que oliera a español. Es indispensable que esto también se acabe de manera rotunda, es indispensable que se acabe la clandestinidad a que en algunos lugares de España se está sometiendo a lo español, incluso desde estamentos oficiales. Tienen que acabarse las pitadas al himno y al rey, las quemas de banderas, las trabas a ser educado en castellano, el hostigamiento a quienes se expresen en esa lengua, la prohibición de usarla en cualquier ámbito público, el no poder cantar que uno es español, el exilio impuesto a muchos por el nacionalismo, el que policías autonómicas carguen contra aficionados que celebraban la victoria de la selección española, el que en ciudades catalanas  se pueda rotular en cualquier lengua menos en la española (cosa que se podría hacer en cualquier lugar del mundo, y que tenemos que ver cómo se prohíbe precisamente en España), el que los símbolos del estado español se arrinconen o incluso se ultrajen... Hay que acabar con eso, ya no por cuestiones identitarias o no identitarias, sino por la mera razón de que la gente tiene derecho a vivir en paz y a que se la respete en todas partes, y más aún, en su propia tierra. Cuando se llegan a dañar la convivencia, la alegría y la concordia, se ha alcanzado un nivel intolerable, y nadie podrá negar que los nacionalistas son expertos en ese tipo de prácticas. Nuestros gobernantes tienen que hacer los mejores esfuerzos para conseguir que esas cosas pasen al olvido. Hoy decía Rajoy que los planes de Mas tenían la desaprobación de las leyes y ahora ha quedado demostrado que también tienen la de la ciudadanía. Es importante que esto se recalque, como también lo sería que quienes han sostenido durante años un proyecto que atentaba contra la integridad de la nación y ha causado importantes brechas sociales paguen el precio de ser mandados al ostracismo político; hay que alejar del poder a los que atentan contra bienes tan sagrados.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Un 62% de los españoles perderían el pelo si Cataluña se independizase

   Según un estudio realizado por un instituto de prospecciones americano muy importante, si la secesión de Cataluña se llevase a efecto, un 62% de los españoles perdería el pelo. En lo referido exclusivamente a Cataluña, donde los efectos de la independencia producirían mayor impacto, el porcentaje de alopécicos se elevaría al 81%. Según la misma fuente, los efectos sobre la economía serían inmediatos y devastadores. Así, la deuda española caería de forma inmediata a la calificación de bono basura y sería de nuevo Cataluña quien sufriría consecuencias peores, ya que su bono descendería hasta el  nivel de bono basura con olor a gato muerto, categoría reservada únicamente a países hundidos en el caos y la miseria. Ni siquiera el mundo del deporte escaparía a la catástrofe, pues sería prácticamente imposible que los nueves del Barça fueran catalanes, ya que, como todo el mundo sabe, los remates de cabeza de los calvos se van siempre por encima del larguero. 
   Pero probablemente el impacto más drástico sería el relacionado con la integración en Europa. Fuentes próximas a Bruselas aseguran que el estudio lleva días sobre la mesa de Jean-Claude Juncker, quien habría llegado a afirmar que "tanto calvo no es compatible con el nivel de prosperidad europeo. Si finalmente estos datos se confirman, para Cataluña y para España se habrá acabado definitivamente la Unión Europea".   

viernes, 25 de septiembre de 2015

Manual de perversiones

Alfred Bosch coloca una estelada en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona (24 - IX - 2015)
Alfred Bosch exhibe una estelada en el Congreso de los Diputados (12 - VI- 2012)
   Lo que sin duda alguna no deja de ser un incidente menor, o sea, la provocación llevada a cabo ayer por Alfred Bosch al colocar una estelada en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona, tiene sin embargo una gran envergadura a la hora de facilitarnos información muy sustanciosa para ver en qué niveles se está moviendo la ética de algunos de los personajes estelares/estelados del prusés y, de paso, la objetividad (mejorable) de algún que otro gran medio informativo de nuestro país. Procederé por nombres, como si  esto fuera un fichero.
1. Alfred Bosch
   Entre su acto de ayer colocando la banderita estelada y sus disculpas de hoy, este señor se ha retratado como un demagogo y un provocador de altos vuelos, adornado con fuertes dosis de hipocresía y cinismo. Dudo mucho de que ni Cataluña ni España (ni el mundo, si bien lo vamos a mirar) se merezcan la prepotencia, el desprecio y la frivolidad que acostumbra a exhibir este político, pero es con lo que Dios nos ha premiado, algo habremos hecho.  Después de su arriesgada hazaña de ayer, con la que se expuso a ser víctima de la persecución y las represalias del feroz y represivo Estado español, hoy muestra en los medios su arrepentimiento con estas palabras:
   "He reflexionado sobre mi acto y debo reconocer que no estuve acertado. Seguro que no era el momento ni el gesto que hacía falta"
    Leyéndolas, cualquiera se enternecería pensando que el hecho del que Bosch se arrepiente fue fruto de un arrebato instantáneo y de la irreflexión eufórica, pero como sucede que el guachimán no cree ni en la ingenuidad del señor Bosch ni en las caras de Bélmez, me he puesto a buscar en internet y he encontrado esa foto de arriba en la que este ejemplo de honestidad política perpetró una payasada/provocación similar en el Congeso en el año 2012, la cual no deja lugar a dudas: el señor Bosch acostumbra a usar la estelada para encubrir sus provocaciones, de la misma manera que otras personas la usan

para cubrir su anatomía. No puede, por tanto, hacerse el tontico, porque está claro que ya es reincidente: colocó la bandera en el balcón con toda premeditación y para buscar bronca, conducta habitual en él, lo que me hace expresar un deseo: ojalá este señor no alcance nunca puestos de verdadera responsabilidad, ya que estos es muy desaconsejable que sean ocupados por camorristas. 
   Pero este impenitente provocador, que no da puntada sin hilo y siempre busca zaherir (lo que me hace pensar que quizás en su fuero interno se albergue alguno de esos resentimientos freudianos), todavía se permite una gracieta más. Después de ofrecer sus más sentidas disculpas, aclara que se dirigen:
"sobre todo a las miles de personas que hace días que trabajan por el objetivo más noble que nos hemos marcado cono pueblo y que ahora se hayan podido sentir perjudicados."
    ¿Qué nos habíamos creído los españoles -según su terminología, y aprovecho para recordar lo obvio: que él también lo es, y me temo que lo va a seguir siendo por muchos años- o quienes tienen que vigilar por la limpieza del proceso electoral? ¿Que las disculpas por colocar su banderita donde y cuando no debía eran para nosotros? ¡Pero hombreeee...! Los españoles y la limpieza electoral al señor Bosch le importamos un c_ _ _, como aprovecha para demostrarnos con ese nuevo chiste, a la medida de su sentido del humor, de su ética y de su respeto por  el adversario: él se disculpa ante quien únicamente le importa: los suyos, faltaría más, aunque maldita la ofensa que sea para ellos lo que hizo. Me lo imagino como uno de esos cómicos romos y penosos de teatrucho barato, después de hacer este chiste de tan elevada suitileza, acercándose al borde del escenario y haciendo un guiño cómplice ("Lo habéis captao, ¿verdad?"), en espera del aplauso desatado: "Mu bueno, Alfred".
2. Mas y Trías
   Si os fijáis en la primera foto del artículo, veréis a dos individuos de actitud contrita que parecen dos monaguillos en penitencia, aunque ya son mayorcitos y sus galones van muy por encima de los de un simple rapavelas, porque uno es el presidente de la Generalitat y el otro fue hasta hace muy poco el alcalde de una ciudad como Barcelona, nada menos. No obstante, a los que hemos leído a Clarín, Galdós, Baroja y otros fustigadores de la hipocresía clerical, nos tienen que recordar por fuerza, insisto, a dos monaguillos, dos monaguillos que muestran una actitud de aduladora sumisión ante una autoridad, autoridad que para aquellos monaguillos clarinianos no podía ser otra que la del cura; ahora bien, no siendo Mas ni Trías monaguillos, ¿cuál es la autoridad ante la que estos señores se humillan? Naturalmente, una de las poquísimas a las que de verdad temen nuestros políticos de hoy: la de la imagen, la de los medios de comunicación, la de esas cámaras que estos dos taimados farsantes sabían muy bien que tenían permanentemente encima. Y lo mismo que los monaguillos al cura, lo que Mas y Trías quieren decirles a esas cámaras es esto: "Nosotros no hemos sido; a nosotros que nos registren; nosotros no sabemos nada; nosotros estamos aquí devotamente rezando". Subid arriba y miradlo bien; da un poquito de pena, la verdad, no por ellos, sino por nosotros, que tenemos que aguantar que sujetos como estos hayan llegado muy alto en política (demasiado, creo yo) y nos estén machacando con sus dislates. 
   Pero ¿qué es eso que ellos no han hecho? Naturalmente, la patochada que han dejado en manos de un pelele,  alguien manejable, más idiota que ellos y menos calculador, para que sea el que pague las culpas en caso de tormenta, fijaos, mirad las caras: ¿os dais cuenta de que, por lo bajini, los dos se están partiendo de risa, viendo la que han liado con mando a distancia? Artur Mas y sus risitas, veremos dónde acaban. De estos trucos sabemos mucho los profesores, porque la galería de los malotes es rica en tipos y uno de los más repelentes es ese individuo cobarde y retorcido que pone todo su empeño en dinamitar la clase, pero sin mancharse las manos él, sino dejando el trabajo sucio en las de otros más tontos, para el hipotético caso de que haya culpas que purgar. Esta vez está claro que a Mas y Trías les ha salido bien, porque el que ha tenido que pedir disculpas es otro, debe de ser un tonto útil de confianza.      
 3. Ada Colau
   A los que llevamos años siguiendo la política española, es ya muy difícil que nos cuelen el hueso de la equidistancia, somos perros ya viejos y resabiados. Volvamos a la foto de arriba o vayamos al vídeo de abajo: después de verlos, ¿alguien puede creerse que la señora Colau no se enteraba de que "el numerito" del que luego hablaba en apariencia muy indignada se inició ante sus propias y risueñas narices?  Es evidente que  solo empezó a parecerle un "numerito" cuando salió a relucir la bandera española y que hasta ese momento la cosa le había parecido normal y hasta simpática, lo cual la deja en muy mal lugar:  hubiera merecido más credibilidad si hubiese actuado desde el instante en que apareció la estelada; lo de arrugar el morro solo cuando apareció la española deja muy claro quiénes son en el fondo sus buenos y sus malos, cosa que en su cargo no es justificable. 
4. Gerardo Pisarello
   ¿Y qué decir de este caballero? Si echamos un vistazo a este vídeo, uno de los muchos que se han divulgado sobre el momento en que se colgaron y se descolgaron las banderas, podremos sacar muchas conclusiones:

   Antes de nada, he de deciros que sobre este incidente hay muchos vídeos en internet, pero me he decantado por este porque ayuda mucho a sacar esas conclusiones, ya que es el que más claramente nos muestra la muy distinta actitud ante ambas banderas tanto de Colau como, sobre todo, de Pisarello: ambos miran con pasividad la maniobra de Bosch, mientras que, cuando Fernández Díaz quiere sacar la bandera española, Pisarello intenta agriamente impedírselo. ¿Qué juego se trae este señor? ¿Quién es él para permitirse esos desafueros? Y luego se descolgó con esa bobada de que le ha salido el alma republicana. Muchos se han indignado, y con toda la razón del mundo, ante la torpeza y la demagogia del teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona (nada menos), que empezó faltando al respeto a la bandera del país que le acoge y "lo arregló" luego faltándole al respeto a su historia, con esa salida de pata de banco sobre la República, de la que seguro que no tiene ni puñetera idea. Que después Colau y sus correligionarios hayan echado mano del recurso de llamar racistas a quienes le criticaron es un síntoma muy preocupante, ya que indica que el progresismo español sigue empeñado en "argumentar" con descalificaciones de la demonología "progre", en lugar de hacerlo con ideas. Si estos son los actos, las razones y las caras de Podemos y sus afines, en diciembre no van a llegar ni al ocho por ciento y en 2019 pasarán al olvido. Se sabía que uno de sus exámenes fuertes iba a ser su posición ante los nacionalismos y, de momento, lo están suspendiendo.
5. Curso de ética periodística
   Apena ver una maniobra tan repugnante como la de Bosch, pero más apena aún el comprobar lo bien que le ha salido. Si os fijáis en los muchos vídeos que hay, veréis que todo le fue de cara desde el principio: colocó la bandera con toda la tranquilidad del mundo, mientras que la española fue obstaculizada; se permitió ir de buen chico y hacer constantes gestos apaciguadores, cuando fue él quien montó el conflicto (ahí se le ve exultante) y, encima, no solo se le colocó al mismo nivel que al concejal del PP, que simplemente replicó a su calculada provocación, porque ya se la esperaba (otro que lo conoce), sino que hoy todavía se ha ido más lejos: ahora va a acabar siendo él el bueno, ya veréis por qué lo digo. Leyendo cómo cuenta hoy "El País" la petición de disculpas de Bosch, me vienen a la memoria aquellos excelentes análisis de manipulaciones informativas que hace ya bastantes años realizaba Juanjo de la Iglesia en "Caiga quien caiga": qué torpeza la de este periódico, el cual, cuando se trata de tirar contra el PP, pierde todo sentido del equilibrio, júzguese por el titular con que encabeza la noticia:
 Bosch se disculpa por la guerra de banderas y Fernández Díaz, no
   ¡Pues claro, hombre!, ¿de qué otro modo podía ser? Por las guerras quienes tienen que disculparse son quienes las empiezan: hemos visto muchas veces a los alemanes disculparse por la Segunda Guerra Mundial, pero, que yo sepa, nunca se han disculpado los franceses, los ingleses, los americanos, los rusos... Es el que las monta el que está obligado a disculparse, nunca el que las sufre, aunque haya tenido la osadía de defenderse. "El País" hace gala en ese titular de una repugnante hipocresía, una equidistancia que pone en el mismo nivel de culpa al agredido y al agresor. Esto es una auténtica aberración de la que, por desgracia, el estulto e hipócrita sentido de la corrección política nos ha dejado lamentables ejemplos en España. Es imperdonable que "El País" todavía siga con esas, y más aún, si los beneficiados van a ser filibusteros sin miramientos como Alfred Bosch o pescadores de río revuelto como los dos monaguillos de los que hablé unas líneas más arriba.     
   

jueves, 24 de septiembre de 2015

Asimetría

   Acabamos de ver en los medios de comunicación la escaramuza acaecida en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona, fruto, una vez más, de una provocación de los separatistas, en este caso, de Alfred Bosch, concejal de ERC. Este señor, demostrando el respeto que él y su partido tienen por las instituciones, las formas y los marcos democráticos, se ha permitido colgar una estelada junto al tapiz que pende del balcón municipal, acto respondido por el concejal del PP Alberto Fernández Díaz, que ya se esperaba la jugada de Bosch y tenía preparada una bandera española que ha colgado también del balcón. El incidente ha durado poco, ya que ambos han sido obligados a retirar las banderas de un sitio que no les correspondía. Aun siendo cierto esto último, está claro que entre ambos símbolos hay una abismal asimetría, ya que, mientras que la bandera española es una enseña institucional de un Estado, integradora, que abarca a todos y que nadie podrá negar que desde 1978 ha avalado siempre inciativas y propuestas de concordia, la estelada es un símbolo de partido, que abarca solo a sus seguidores y que (los hechos de las últimas décadas son incontrovertibles) ha sido izada por defensores de propuestas segregadoras y sembradoras de conflicto, y ojalá que no lo acaben siendo de odio.
   Por lo demás, aunque no sea en ese balcón y aunque algunos fanáticos (cómo no, nacionalistas) le nieguen su derecho, a la bandera española le corresponde estar presente en lugar visible a la entrada de organismos e instituciones, incluido, la pese a quien le pese, el Ayuntamiento de Barcelona, mientras que la estelada, solo mediante violentos, amenazadores y abusivos actos (cómo no) de los nacionalistas, ha usurpado en Cataluña lugares de privilegio que no son los destinados a una enseña extraoficial y partidista. 
   Así pues, digan lo que digan los provocadores de este tipo de grotescas charlotadas, hay una gran asimetría: no es lo mismo, ni de lejos, la bandera española que la estelada. 
   En la noticia se maneja el término "guerra de banderas", término que, usado en España, es de una flagrante falta de propiedad, porque en la España democrática nunca ha habido guerras de banderas, sino una repugnante, prolongada y unilateral ceremonia de ultraje a la bandera ajena y delirante exaltación de la propia perpetrada (cómo no) por el cerrilnacionalismo, tanto catalán como vasco. Mientras que son casi inexistentes las quemas de ikurriñas o senyeras, ¿cuántas banderas de España han sido quemadas en manifestaciones, concentraciones o cualquier tipo de acto de los nacionalistas? ¿Cuántos de ellos han terminado con una salvaje y visceral quema de la bandera "enemiga", quema que retrata muy bien lo que son en realidad los nacionalistas y el destino, que, si tuvieran la fuerza y los medios, reservarían a quienes no piensan como ellos? Aún no hace nada, hemos visto a un troglodita imbécil hacer pedazos la Constitución española nada menos que en el Parlamento español y todavía nos andamos con especulaciones sobre sí hizo mal o hizo bien, sobre si hay que sancionarle o pagarle unos txikitos: después de todo lo que hemos pasado, todavía no hemos aprendido a tratar a las bestias peligrosas para la convivencia, habrá que pensar que somos todos tan imbéciles como él. 
   Una pregunta que muchos nos hemos hecho: ¿se imaginan lo que pasaría si a alguno se le ocurriera quemar una ikurriña en el casco viejo de San Sebastián, o una senyera frente al palacio de la Generalitat? Es una pregunta que debería formularse en foros de más eco que este blog, porque pienso que anima a interesantes reflexiones. 
   En España aún exite el fascismo y su muestra (no pequeña) son los nacionalismos catalán y vasco. Rasgos fascistas son el fanatismo y la rigidez ideológica; la santificación de los mitos propios, que se consideran intangibles, como intangibles se consideran los propios símbolos (por ejemplo, las banderas), mientras que los de los otros aparecen como objetos indignos o risibles, que pueden ser víctimas de cualquier ultraje; el seguimiento incondicional a líderes portadores de mensajes mesiánicos; la tendencia a la radicalización en el rechazo del otro, sin excluir la violencia o la amenaza; el segregacionismo; la manipulación de la historia y la información; el sentimiento de superioridad... Todas esas cosas están -y aún muy vivas- en el nacionalismo catalán y en el vasco, así que tienen razón quienes hablan de problema catalán y problema vasco. Si queremos solucionarlos, será bueno no volver la cara a la realidad y afrontar a estos nacionalismos teniendo muy claro su verdadero pelaje, lo cual, a lo mejor nos sirve para no caer en la tentación de ceder a sus amenazas, trampas y chantajes, porque, con los nacionalistas esto lo único que garantiza es que sigan aumentando sus exigencias y su soberbia.        

jueves, 17 de septiembre de 2015

28 de septiembre de 2015: la Generalitat declara unilateralmente la independencia

   El pasado día 7, el ministro Luis de Guindos se pronunció rotundamente -ya lo hizo al menos en otra ocasión, el 23 de agosto- acerca de la imposibilidad de la independencia de Cataluña, lo que generó, como ocurre cada vez que alguien manifiesta en voz alta esta verdad incontrovertible, la consabida reacción reprobatoria del remilgado coro de papagayos equidistantes y la furibunda respuesta del cada vez más batasunizado mundo del independentismo catalán. Lo que está ocurriendo en torno a la aventura de Mas y sus seguidores se parece cada vez más al cuento aquel del traje nuevo del emperador: nadie o muy pocos se atreven a decir la verdad evidente, por temor, huelga decirlo, a la agresiva y/o inquisitorial respuesta que cabría esperar de esos sectores que he mencionado y algunos otros, temor que viene ya de hace muchos años, que alcanza a todos los sectores de la vida catalana y al que se refería hace nada García Albiol; resulta curioso que últimamente, mientras algunos se dedican a bailar, en lo referido a la política catalana, descartados UPyD o Ciudadanos -que lo han hecho siempre- sea el PP el que más se esté atreviendo a cantar esas verdades evidentes que todos han callado durante años. ¿Qué hubiera pasado si este amor a la verdad, esperable en todo buen político, se hubiera empezado a ejercer hace todos esos años? Probablemente, que no estaríamos ante la kafkiana situación a que ahora nos enfrentamos.    
   Pero volvamos al principio: la verdad es lo que dice Guindos, que la independencia de Cataluña es imposible; las amenazas de Mas o las sonrojantes mentiras para niños que cuentan acerca de lo guay que va a ser Cataluña en cuanto se independice no son más que un delirante engaño y un ejercicio de  demencia política; los loables esfuerzos que desde sectores políticos, culturales o económicos se están haciendo para explicar las graves consecuencias que traería la independencia son un ejercicio de buena voluntad y sentido común, el intento de que la cosa se arregle sin llegar a males mayores, males mayores que no parecen espantar a Mas, Romeva, Junqueras, Forcadell, Casals, las monjas esas que no me acuerdo de cómo se llaman y otros líderes del prusés, a juzgar por su arrogancia y agresividad verbal. Pero que no se engañen ni quieran engañarnos: esos males mayores están ahí y pueden ocurrir, porque supongo que ellos, como todos, se habrán hecho estas preguntas, me niego a pensar que hayan sido tan mentecatos de no hacérselas: ¿qué pasará si Mas (sería un chiste decir Romeva) gana? ¿Qué pasará si le da por cumplir todas las insensateces que, en broma en broma, lleva años diciendo? Insensateces que, no me cansaré de repetirlo, están a la altura de un golpe de estado: que CDC y ERC estén planeando romper el país no es menos grave que meterse en el Congreso pistola en mano, por muchos miles de personas que estos señores reúnan en la Diagonal: como yo no tengo responsabilidades políticas, puedo permitirme decir que también Franco o Hitler o Stalin o Gaddafi reunían multitudes.
   Imaginémoslo: 28 de septiembre de 2015: la Generalitat declara unilateralmente la independencia. Junts pel Sí o cualquier cálculo independentista ha obtenido un número de escaños que considera suficiente y Artur Mas y Raül Romeva, juntos y sonrientes, abrazándose y alzándose las manos el uno al otro, se asoman al balcón del palacio de la Generalitat y proclaman unilateralmente la independencia de Cataluña. Y después de ese brillante momento, después de ese cuartito de hora de vino y rosas, ¿qué? ¿Qué van a hacer? ¿Convocar a los millones de catalanes que queremos seguir siendo españoles para decirnos que ellos nos han cambiado la nacionalidad? ¿Qué cara cree que vamos a poner? ¿Darle un telefonazo a Mariano Rajoy y otro al rey para decirles cómo tienen que entregarles toda la inmensa serie de posesiones y responsabilidades estatales que, a partir de ese día, porque lo dicen ellos, serían ya de otro país? ¿Qué imaginan que les van a responder? ¿Los empleados y funcionarios del Estado español -del que la Generalitat forma parte-, los edificios, los vehículos, los terrenos -el propio territorio-, las vías de comunicación, las infraestructuras, las diferentes administraciones de las diferentes parcelas de la vida, los fondos económicos... en fin, el enorme y complejo universo humano y material que compone un país o una parte de él, se les va a dar a los señores Mas y Romeva porque ellos interpreten que ya es suyo lo que es y durante siglos ha sido español, por mucho que las políticas segregacionistas del nacionalismo estén intentando acabar con todo lo que huela a español? Es un voluntarismo necio el que se ha exhibido: por mucho que los nacionalistas se nieguen a verlo, Cataluña es una parte de España, no voy ahora a ponerme a explicar la evidencia. 
   ¿Puede hacer todo eso la Generalitat? ¿Puede romper un país el voluntarismo de una tendencia política enloquecida? Tiene razón Guindos: esa catástrofe, por suerte, es imposible. El problema era político y muy simple, y los políticos hace ya mucho tiempo que se lo tenían que haber hecho ver al nacionalismo en toda su simpleza: es imposible la independencia: la naturaleza de Cataluña es catalana y española, son inseparables, le disguste a quien le disguste. Cuando yo era pequeño y vivía aún en Barcelona, se decía -y con razón- que el franquismo quería ahogar a la lengua y la cultura catalanas: ¿puede hoy alguien negar que el nacionalismo lleva décadas haciendo lo mismo con la lengua y la cultura españolas? En lo referido a este particular, no hay mucha diferencia entre unos y otros. 

viernes, 11 de septiembre de 2015

Praxis educativa. 17: cuando llegue septiembre

1. Guachimánicas nostalgias
   "Cuando llegue septiembre" (1961) fue una alegre comedia de Robert Mulligan protagonizada por Rock Hudson y Gina Lollobrigida que obtuvo un extraordinario éxito, un clásico, vamos. De la pegadiza melodía que se hizo más popular de su banda sonora, hay varias versiones, como una insatrumental de un grupo llamado The ventures, otra de The rocking boys u otra de Gelu, estas dos últimas, en español. Si abrís los enlaces, veréis que ambas empiezan con aquellas míticas y sugerentes palabras:
Cuando llegue septiembre,
todo será maravilloso
   ¡Ja, ja, ja! ¡Me río yo, maravilloso! Es que me da la risa floja, vamos.
2. En efecto: un año más, llegó septiembre y...
   ...tuvimos los exámenes que cierran el curso. Repasando los archivos de este blog, me encuentro con que por estos días están siendo revisitados estos dos artículos: La guerra escolar, que es de 2012, y El vuelco en la educación tampoco puede demorarse, que es de este mismo curso, de febrero de 2015.  ¿Por qué a algunos de mis lectores les ha dado por volver precisamente a estos dos artículos? La razón es muy sencilla: porque ambos tocan el tema de la cada vez más feroz presión que sufrimos los profesores para regalar aprobados, materializada estos días septembrinos bajo la forma del derecho a la reclamación, tema que toqué de forma explícita en La guerra escolar
   Me figuro que algunos habrán venido a buscar consuelo porque les habrá pasado algo parecido a lo que comento en aquel artículo: que se habrán visto envueltos en una demencial noria de peticiones de revisión de exámenes e incluso reclamaciones para subir la nota, y digo demencial noria porque el noventa y nueve o el cien por cien de esas peticiones habrán estado referidas a exámenes sonrojantes, o, mejor dicho, que serían sonrojantes para las personas que tuvieran vergüenza, virtud que empieza ya a escasear de manera muy ingrata. Lo afirmo de manera tan rotunda porque en mi departamento lo hemos vuelto a vivir, como todos los años: treinta o cuarenta peticiones de revisión de examen, todas ellas referidas a exámenes que, en el mejor de los casos, se merecían un tres. Y más aún: en algún caso, los alumnos implicados, después de ver los numerosos y gruesos errores de sus exámenes, han tenido aún la desfachatez de elevar peticiones de modificación de nota por parte del departamento. Un año más, ya digo, y con una cosecha más abundante que el anterior, siguiendo una tendencia que parece asentarse.
    Algunos me dirán que esos alumnos están ejerciendo un derecho, cosa que yo no negaré, e incluso voy más lejos: a veces hay exámenes injustamente suspendidos, lo cual hace que sea muy legítimo ese derecho a revisar o reclamar. Pero ¿es legítimo pedir revisión de un examen que sabes que era un desastre? ¿Es legítimo ascender al escalón de la reclamación al departamento cuando ya el profesor te ha explicado con todo género de detalles los fallos que justifican tu suspenso? Los derechos deben ejercerse con fundamento, pero me temo que hoy en día esto se suele dar de lado: la mayoría de la gente que se queja sabe que tiene un suspenso muy merecido, y a lo que viene es a ver lo que se pesca. Algunos vienen bajo la cédula del "tenía que intentarlo", ese cínico "tenía que intentarlo" que hoy está muy de moda y que más de un alumno me ha esgrimido literalmente, como si dieran por supuesto que ese "argumento" vale para convertir en justa cualquier necedad, cualquier impertinencia o cualquier abuso. Quizás deberíamos hacer una reflexión general acerca de la ética del "tenía que intentarlo" y de la desvergüenza, que, si fuese admisible y llevada hasta sus extremos, podría eximir de responsabilidad para cualquier aberración. ¿Os imagináis este diálogo?:
   -¿Por qué se enriqueció usted con las preferentes? -le pregunta el juez al banquero corrupto.
   -Porque tenía que intentarlo.
   -Absuelto.
   Son exageraciones, claro. 
   También los hay que se acercan a reclamar pensando que, si intimidan lo suficiente al profesor, dada la falta de respaldo en que estos se encuentran y que todo el mundo conoce, a lo mejor se arruga y les acaba aprobando: estos ya son harina de otro costal. 
   Pudiendo, ¿qué harán sino hacerlo?, como diría Garcilaso. Pero quizá la clave está en lo de la vergüenza. Este año, me he encontrado con una madre que, después de ver lo mal que estaba el examen de su hijo, me ha pedido reiteradas disculpas por solicitar revisión: hacía años que no me encontraba algo así, ha sido realmente excepcional, y reconforta ver que hay personas que sí que tienen vergüenza. Lamentablemente, lo que ha abundado ha sido lo contrario: mequetrefes que, con sus fallos delante de las narices y escrupulosamente explicados, aún insistían en que merecían aprobar, o que se quedaban con cara de sentirse víctimas de una injusticia (en ambos casos, sin la menor disposición a reconocer la evidencia), o incluso algo peor: diosecillos soberbios que, con un 1 o un 1'5 y un examen penoso, aún se atrevían a decirte mirándote a los ojos sin ningún recato que ellos habían estudiado mucho y que merecían aprobar. Esto solo se puede explicar por la desvergüenza que nuestra sociedad no afea y por las expectativas de que todos sus caprichos deben cumplirse que estamos fomentando en un amplio segmento de nuestra juventud, porque esta sociedad hipócrita tiene una frívola tendencia a "educar" omitiendo la mención de los antipáticos deberes o las adustas responsabilidades. Demencial, ya digo, y muy poco esperanzador. A ver qué ocurre el próximo año cuando llegue septiembre. 

sábado, 5 de septiembre de 2015

Leña al funcionario (para variar)

   Como cualquiera podía imaginar y como verbalicé (¡qué fashion soy!) en mi artículo sobre algo que dijo un día González Pons y en algún otro sitio, la estrategia del PP para esta legislatura iba a ser empezar arrancándonos la piel a tiras para ir poco a poco soltando la mano hasta llegar a los últimos meses, en los que se iban a prodigar los guiños, las sonrisas, los mimos, las palmaditas en la espalda e incluso -como decía un chiste de Eugenio- algún tortellet para los domingos. Si con alguien ha seguido puntualmente este guión, ha sido con los funcionarios, el último capítulo, la devolución de otro 25% de la paga extra que el Gobierno nos arrancó por su santa voluntad en 2012, además de los "moscosos" y "canosos" que todavía no había devuelto. Como siempre que hablo de este tema, quiero dejar constancia de algunos extremos:
   -Que los "moscosos" y los "canosos" no afectaban para nada ni al cumplimiento del servicio ni al gasto, ya que los funcionarios que se los toman (cosa que no es posible para todos) no son sustituidos y además las tareas que dejan pendientes, en sus días de ausencia, son realizadas por sus compañeros. Tampoco está de más recordar que esos días se concedieron a los funcionarios en sustitución de subidas salariales, luego quitárselos ha sido como quitarles dinero, además de traicionar un compromiso, cosa que al PP no parece disgustarle. Conclusión: suprimir esos días fue un acto aberrante, injusto e inútil para la sociedad, aunque supongo que útil para la demagogia pepera. 
   -Que todavía quedan muchas cosas por devolver, tales como el restante 50% de la paga, la rebaja del 5% e incluso más perpetrada por el inestimable Zapatero y los derechos y puestos de trabajo recortados aquí y allá en Sanidad y Educación, recortes estos que, además, han redundado en un empeoramiento del servicio público.
    Una vez dicho todo esto, quisiera hacer algunas observaciones en torno al tratamiento que esta medida ha suscitado en diferentes medios políticos, informativos y económicos. 
   Hace hincapié ABC al presentar la medida en que los 252 millones de euros que supone se obtendrán a través de un crédito extraordinario. Desconozco exactamente las intenciones de esa focalización sobre el asunto del crédito, aunque me temo que son tan poco sostenibles como el ensalzar demagógicamente el supuesto esfuerzo del Gobierno y hacer que los funcionarios nos sintamos un poquito en deuda, cosa absurda además de inicua: de alguna parte tendrá que salir el dinero, como para todo, y, desde luego, no tenemos para nada que avergonzarnos de que se nos pague el dinero que nos hemos ganado con nuestro trabajo y encima se nos arrebató.
    En la primera página de su edición en papel, "El País" introduce la noticia bajo este titular (que no aparece en la versión digital): El Gobierno premia a los funcionarios cerca de las elecciones. ¿Premia? ¿Desde cuándo devolverle a alguien lo que se le ha quitado es premiarle? El titular es bastante desafortunado, pero se queda en nada comparado con la postura mostrada por la portavoz del PSOE, que se manifiesta de una manera tan torpe que parece que le molesta no solo el oportunismo implícito en la medida, sino la propia medida. El PSOE no está fino, como demuestran mil cosas, como esta o su estúpida e inoportuna reacción acerca del catalán en Aragón: ¿cómo acabará?  
    La palma de la demagogia, sin embargo, se la adjudica "El Mundo". Ya en primera plana, titula: Uno de cada 4 euros de los presupuestos es para pagar los salarios públicos. O yo soy muy suspicaz o lo que subliminalmente pretende el diario dirigido por don David Jiménez es que, al primer golpe de vista, el lector exclame escandalizado: "¡Pues sí que nos salen caros los funcionarios!", lo cual puede que sea cierto, aunque no perdamos de vista que, en ese inmenso colectivo, están las personas que gestionan el funcionamiento de los ministerios, la seguridad de las calles, la salud, la limpieza, la educación y guarda de nuestros hijos, el apagar los incendios, el custodiar nuestras costas y otras mil tareas cruciales que sería prolijo enumerar, pero es que además la noticia de "El Mundo" va bastante más lejos y creo que debería leerla entera todo aquel que quisiera saber exactamente cómo es una vil manipulación informativa. ¿Por qué digo esto? Porque así vería que, en lo que llama "salarios públicos", basándose en un estudio que manejan la OCDE y el Círculo de Empresarios, mezcla los siguientes ingredientes: funcionarios, personal laboral, empleados de las empresas públicas, esa plaga que conocemos como asesores y altos cargos políticos. Esto es jugar muy sucio con la confusión: si estamos hablando de funcionarios, no podemos decir que nos salen muy caros y luego contar como tales a colectivos que nada tienen que ver con ellos. Todos sabemos lo que son los asesores: el gran coladero con el que los partidos políticos colocan a los suyos con pingües sueldos (que pagamos entre todos) por no hacer nada y sin demostrar mérito alguno.  Lo que son las empresas públicas, por su parte, un gravísimo problema político y económico, es algo parecido: un procedimiento absolutamente opaco y corrupto de extender el clientelismo y derivar el dinero público hacia favorecidos, todos ellos, naturalmente, empresarios. Asesores y empresas públicas son incluso adversarios de los funcionarios, porque parasitan sus lícitas tareas o parte de ellas, así que no deben confundirse deliberadamente con lo que somos nosotros, salvo que uno quiera mentir de manera repulsiva para defender oscuros intereses, en este caso, los de la OCDE y el Círculo de Empresarios. 
   Nada, pues, nuevo bajo el sol: populismo barato a base de apalear al funcionario. Resulta curiosa una coincidencia: en las versiones en papel tanto de "El Mundo" como de "El País", junto a la noticia que nos ocupa viene esta otra: en 2013, el fraude del IVA (en su práctica totalidad, cosa de empresarios) supuso algo más de 12.000 millones de euros, esto sí que es intolerable, no lo que cuesten o dejen de costar los salarios de un colectivo que se los gana con su trabajo. Sin embargo, parece que sigue siendo rentable disparar contra el funcionario, aunque sea a base de inexactitudes y mentiras y haciendo omisión de lo que en justicia le corresponde a cada cual. Mal asunto que los tres periódicos señeros de nuestro país tropiecen en la misma piedra, menospreciando una vez más a millones de personas cuya labor es indispensable para que los servicios públicos funcionen. Sus salarios cuestan miles de millones, de acuerdo, pero ¿acaso quieren ABC, "El Mundo" y "El País" que trabajen por la cara o por una miseria, o que se les arranque impune y unilateralmente parte de su sueldo? De la OCDE y del Círculo de Empresarios era esperable, pero de medios de comunicación pretendidamente serios...