lunes, 28 de julio de 2014

Los argumentos de una venganza bíblica

   Cuando escribo este artículo, la operación de represalia desatada contra los palestinos por parte del estado de Israel lleva producidos 1.030 muertos, de los que 200 son niños. Tres de cada cuatro víctimas eran civiles y el número de hogares destruidos es también muy elevado. Por el lado israelí, han muerto 41 militares y tres civiles. Nadie podrá discutir que esta operación es una venganza, ya que se desencadenó por el asesinato de tres jóvenes israelíes que habían sido secuestrados por dos miembros de Hamás el pasado 12 de junio. La manera israelí de castigar los crímenes es muy curiosa: puesto que los asesinos eran de Hamás, se emprende una violenta pesecución contra Hamás que, al final, pagan los civiles palestinos con un alto tributo en víctimas mortales, dolor y destrucción. No es racional, humano ni comprensible que el protocolo de persecución de unos criminales consista en lanzar operaciones mortíferas e indiscriminadas contra su pueblo. Por si esto fuera poco, hoy leo en ABC la noticia de que los asesinos de los tres jóvenes israelíes, aunque componían una célula afiliada a Hamás, no actuaban bajo sus órdenes, sino que lo hacían por su cuenta y riesgo, como reconocen las propias autoridades policiales israelíes. ¿Qué argumentos le quedan ahora a Israel? Los tanques, las bombas, los aviones. Lo dicho: nada de justicia, nada de buscar a unos criminales para que pagasen por su crimen; lo que está llevando a cabo Israel es una represalia sangrienta e inicua, una venganza bíblica consistente en eliminar al que haya cometido el delito de ser palestino, aunque no haya hecho nada, aunque sea un niño. Obama, el papa, el mundo entero les están pidiendo que cesen. ¿Cuándo tendrán suficiente?

domingo, 20 de julio de 2014

Una lacra sangrante



   Como muy pocos deben de ignorar, aún existen hoy en día sociedades que ven con aprobación que una mujer sea ejecutada (muchos diríamos asesinada) por pecados, digamos, “femeninos”, o amplios colectivos de varones que parecen estar persuadidos de que, si es para obtener deleite o cualquier tipo de provecho, no hay por qué tener reparos en ultrajar o matar a una mujer. El problema no es de hoy, sino, por desgracia, tan viejo como la humanidad y al mismo tiempo tan aberrante que pone en duda la condición humana de quienes participan en él con el papel de verdugos. Existen delitos que se ceban especialmente en las mujeres, tales como el maltrato, la explotación sexual, las violaciones, los abusos o la violencia de género, los cuales, en efecto, son delitos… allá donde el respeto a los derechos humanos los considera como tales, allá donde las leyes los persiguen, las sociedades los condenan y hombres y mujeres se horrorizan ante ellos, pero la terrible cuestión es no solo que esto no ocurre en todos los países, sino que, además, en muchos, se añade el hecho de que las mujeres están expuestas a terribles castigos por una serie de motivos que en esos otros donde sí se respetan los derechos humanos serían aberraciones absurdas.
  Los casos son tantos que me limitaré a mencionar solo algunos de los más señalados. En Sudán, Meriam Yahya Ibrahim fue condenada a muerte por su elección religiosa y por casarse con un hombre no musulmán; sabemos que finalmente esa sentencia no se cumplió, pero fue sobre todo por la presión internacional, que ha salvado muchas vidas en casos así. En Afganistán, una joven llamada Gulnaz fue condenada a doce años de prisión por el “delito” de haber sido violada por el marido de su prima; la manera de eludir la pena que le brindan las leyes de aquel país es casarse con su violador. En Pakistán, la joven Farzana Iqbal ha sido hace poco lapidada por su familia ante las puertas de un tribunal y sin que nadie hiciera nada por impedirlo. La razón de tan brutal ejecución fue que ella había decidido casarse con el hombre al que amaba, y no con el que había señalado su familia. Después nos enteramos de que el hombre al que ella había elegido, llamado Mohammad Iqbal, previamente había asesinado a una anterior esposa para casarse con Farzana, pero eludió ser condenado tras llegar a un acuerdo económico con el hijo que lo denunció. Lamentablemente, los casos y las posibles situaciones de esta aberrante justicia divina son tan numerosos que darían para llenar páginas y páginas. Los que he citado hasta aquí, que a nadie se le olvide, son criminales abusos perpetrados contra mujeres con el respaldo en mayor o menor grado de las leyes y de las sociedades en que se producen, y quede claro que no se trata de historias excepcionales o aisladas, sino que cualquier mujer de aquellos países está, por el hecho de ser mujer, expuesta a verse envuelta en pesadillas como las que acabamos de referir.
   Pero estas aberraciones tienen otra posible versión, seguramente más monstruosa. Muy conocidos son los desmanes de Boko Haram, la banda de criminales nigerianos que perpetró el secuestro de más de doscientas niñas para usarlas como moneda de cambio en sus atroces planes. Si escalofriante es pensar en lo que pueda ocurrirles a esas desafortunadas jóvenes en manos de esa turba de asesinos sanguinarios, no menos lo es la historia que la periodista Caddy Adzouba nos refiere, sucedida en la República Democrática del Congo, un aquelarre de vejaciones, crueldad, violencia y muerte con odiosos componentes de sometimiento sexual, que señala a sus autores como algo de lejos peor que las peores alimañas, por mucho que envuelvan sus actos en la vitola de episodios de una guerra. Por otra parte, amplio eco está teniendo en el mundo la frecuencia con que en la India acaecen sucesos en los que se ven envueltos grupos de hombres que violan salvajemente a alguna mujer y a menudo finalizan sus indignos ataques  asesinando a la víctima. Los casos que han trascendido a los medios de todo el mundo son bastante numerosos y a menudo impresionan por la violencia brutal, la falta de piedad y las trágicas consecuencias. La inmensa mayoría de la sociedad india, tanto hombres como mujeres, rechaza estos crímenes y expresa de forma explícita su repugnancia y la petición de duros castigos, pero lo cierto es que la proliferación de casos en todo el país indica que hay en él un no pequeño número de varones lo suficientemente carentes de escrúpulos como para anteponer su placer a la menor consideración acerca del daño infligido a sus víctimas y enfangarse en un muestrario de aberraciones que los dejan a la altura de las peores bestias. Es este un caso similar al de Boko Haram o al de los soldados del Congo: si bien es cierto que sus actos son condenados y repudiados como criminales dentro y fuera de sus países, cierto es también que en ellos participa el suficiente número de depredadores como para hacernos pensar que en aquellos países la violación, la vejación o el asesinato de mujeres no son el crimen que en casos particulares y aislados se producen también y por desgracia en cualquier parte del mundo, sino que están demasiado arraigados en la población masculina, que son excesivos los hombres que parecen encontrar un especial deleite en ensañarse con las mujeres y no le conceden demasiada importancia al hecho de que estén torturando y a menudo también matando a personas. 
  Produce a la vez dolor, rabia y perplejidad que así sea. El dolor y la rabia no creo  que sea necesario explicarlos, pero me detendré algo en la perplejidad. A uno no le cabe en la cabeza que se pueda destrozar a pedradas a una persona, menos aún, que sea porque esa persona ha decidido casarse con quien ha querido y todavía menos aún, que eso lo hagan padres, hermanos o primos de la víctima: ¿qué entrañas hay que tener para cometer un acto así? No me lo puedo imaginar. A uno no le cabe en la cabeza que se tenga que hacer la guerra metiéndole objetos cortantes en la vagina a una mujer, u obligando a sus hijos a mantener relaciones sexuales con ella, o lanzándole una bolsa con los cráneos de esos hijos: ¿qué causa puede justificar semejantes métodos? No se me ocurre ninguna. A uno no le cabe en la cabeza que ocho o diez hombres se lancen en grupo a violar a una mujer, que hayan decidido que su diversión sea esa, que incluso suban al escalón de considerar “divertido” acabar ahorcándola, que en ningún momento a uno solo se le haya ocurrido que eso era una atrocidad: ¿qué clase de bestia repugnante hay que ser para actuar así? Una peor que las peores.   
   No lo entiendo, no me cabe en la cabeza que conductas así sean obra de personas como usted y como yo. Y, si se para uno a ver lo extendidas que están las prácticas de las que aquí he hablado, no hay razones para el optimismo, porque seguramente sean centenares de miles o quizás millones los hombres que están llevándolas a cabo. ¿Qué podemos pensar de ellos? ¿A qué conclusiones acerca de la condición humana nos llevan? Hay para echarse a temblar.

miércoles, 16 de julio de 2014

La justicia ahonda otro poquito su falta de credibilidad

   En los últimos tiempos, a pesar de que hay jueces de muy digna labor, no anda la justicia en su conjunto muy bien de imagen ni de credibilidad. Se entiende si se ven y se comparan casos como estos:
   1.- Los directivos perdonados de Caixa Penedés.- El caso ya es conocido: cuatro directivos de Caixa Penedés (es decir, una entidad crediticia pública), se apropiaron de 28'6 millones de euros para autoconcederse unas abusivas e ilegales pensiones. Los trincaron, pero no hubo problema: llegaron a un acuerdo con la entidad, devolvieron la pasta y el tribunal les concedió un perdón previamente pactado. Eso es saltar con red: que no me pillan, me quedo con la pasta; que me pillan, la devuelvo, finjo arrepentimiento y me perdonan: ¿cómo no van a robar algunos en España, si la aventura no comporta ningún riesgo? Aquí tenéis la foto de los cuatro honestos ciudadanos, sacada de "eldiario.es":
El fiscal rechaza un acuerdo y pide hasta tres años y medio de cárcel para la excúpula de Caixa Penedès
   2.- ¿Un preso político en la España del siglo XXI? .- Muy distinto ha sido el trato que le ha dispensado a Carlos Cano, un joven granadino de 25 años. Se le imputaba el haber cometido estos hechos cuando formaba parte de un piquete de huelga: entrar en un local con varios clientes dentro, proferir amenazas y expresiones vejatorias, realizar pintadas y poner pegatinas. Penas que se le han impuesto: tres años y un día de cárcel, una multa de 3.655 euros y otra de 767. A joderle la vida tocan, todo lo contrario que a los ejemplares ciudadanos de arriba: ¿será por no llevar traje y no haber mangado una desorbitada cantidad de dinero de todos? Me hago una pregunta: dado que está claro que este joven va a ser encarcelado en virtud de un endurecimiento legal provocado por el miedo del PP a las protestas y reacciones de la gente ante las aberraciones y abusos que se están cometiendo hoy en España, ¿sería descabellado considerar a Carlos Cano un preso político? Lo único que le faltaba a nuestra renqueante democracia. Tomo de "El País" la foto de este peligroso maleante, tan proporcionadamente castigado por nuestras leyes y nuestros jueces:





   Lo dicho: la justicia española vuelve a dar una muestra de desvarío (tenéis una buena colección de ellos bajo la etiqueta "Justicia" de este blog), asunto que debe preocupar por varias cosas: porque si algo carateriza a las tiranías es la falta de justicia, porque el país atraviesa una enorme crisis de credibilidad institucional y que afecte a la justicia es muy serio, porque la injusticia alimenta el cada día más gordo cabreo de la gente, porque afecta a nuestra imagen como país, porque los ciudadanos honrados no nos merecemos ver unas leyes que parecen estar hechas al gusto de ladrones y sinvergüenzas...: porque cosas como estas retratan a nuestro país como una puñetera mierda, y ruego que perdonéis los terminos groseros, que utilizo por parecerme los más adecuados.

jueves, 10 de julio de 2014

¿Cultura o competencias? Cuidado, que nos jugamos más de lo que parece

   Después de sacarse de la chistera un muchachete japonés más competente que todo un señor  licenciado español (ver aquí y aquí), los medios de comunicación vuelven a arrearnos hoy con el ariete de las competencias, esta vez, para descubrirnos los problemas que tienen nuestros chicos para interpretar las facturas, una nadería, si se compara con los que tenemos los adultos para pagarlas. Os relaciono aquí las últimas incompetencias de nuestros alumnos  de quince años que ha descubierto PISA, relativas esta vez al apartado de las finanzas:
   -Los alumnos españoles de quince años están deficientemente capacitados para interpretar una nómina.
   -Los alumnos españoles de quince años están deficientemente capacitados para que no les metan clavo en una factura.
   -Los alumnos españoles de quince años están deficientemente capacitados para comprar tomates.
   De todo ello se deduce que:
   El nivel de conocimientos financieros de los estudiantes de quince años es en general muy bajo, lo que frena el crecimiento económico, pero, sobre todo, impide a los consumidores tomar las decisiones adecuadas.
   Esta parece ser la principal conclusión del estudio, en palabras casi textuales. ¿Os dais cuenta? ¡Los hemos "pillao"! ¿Por qué no prosperaba el mundo? ¿Por qué hay crisis económica? ¿Por la economía sumergida, el fraude fiscal, la corrupción, las subprime, la burbuja inmobiliaria, los abusos de las multinacionales, el injusto reparto de la riqueza, el hambre de millones de personas? ¡Qué va, hombre! Era, una vez más, por culpa de los putos alumnos españoles de quince años, con su intolerable incompetencia financiera. Y por si aún no estáis temblando lo suficiente, escuchad lo que dicen al alimón los señores Ángel Gurría y Francisco González: 
   Con una mejor educación en este terreno todos los países habrían afrontado mejor la crisis. Los jóvenes de hoy no están suficientemente preparados para desenvolverse adecuadamente en el mundo financiero del siglo XXI y lo que propone la OCDE es que la educación en esta materia forme parte del currículo académico.
   Sí, señor, sin complejos: el secretario general de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (D. Ángel Gurría) y don Francisco González, presidente del BBVA (uno de los mayores bancos españoles y cofinanciador del estudio), barriendo para casa con toda la desfachatez del mundo, proponiendo, a partir de unas premisas burdamente manipuladas, que la economía y las finanzas metan sus zarpas también en la educación, como las han metido ya en los bolsillos de la gente, en las legislaciones laborales, en los recortes, en los rescates bancarios... ¿Tiene el señor González todas esas preocupaciones didácticas cuando ve que las leyes españolas permiten a la banca excesivas libertades, que la inexistencia de la dación en pago ha beneficiado a la banca a costa de la ruina de miles de españoles, que por ahí andan miles de afectados de las preferentes, que la banca española se permite mil prácticas abusivas, tales como las cláusulas suelo y comisiones sin cuento, que los ejecutivos bancarios han gando ilícitamente dinero (a veces, público) a espuertas, que se han puesto jubilaciones doradas y que cuando los han pillado se les ha indultado...? ¿Habríamos afrontado mejor la crisis sin esas pequeñeces bancarias? Ahora resulta que cuando un banco te imponía una hipoteca abusiva el problema era de educación del infeliz que la aceptaba.
   El secuestro de la educación para dejarla en manos de los poderes económicos no es una de esas cosas que salen casualmente, sino que cada vez veo más claro que es un inquietante plan en el que colaboran muchos sectores. Uno de los más activos es el Gobierno clasista del PP y en esta tarea se señala con especial brillo doña Montserrat Gomendio. He aquí su participación en el capítulo que hoy nos ocupa; empieza diciendo:
   Después de la crisis económica padecida y de la que empezamos a salir es importante que los ciudadanos tengan conocimiento sobre cómo funciona la economía nacional y global para que comprendan las repercusiones que tiene.
   Y luego añade esto otro:
  Es la primera vez que los jóvenes tienen que gestionar tarjetas de crédito, móviles prepago... y por ello es particularmente importante que adquieran conocimiento y destreza en este ámbito. 
   Ahí la tenemos, en plena forma. Huelga aclarar un sobreentendido: estamos saliendo de la crisis económica gracias a las benéficas políticas del PP, ¿acabaremos tragándonos esta pildorita? Muestra por otra parte su habitual desprecio a la ciudadanía cuando parece presuponer que no sabemos cómo funcionan la economía nacional y global, pero me temo que lo sabemos muy bien, ¿o se imagina que no leemos los periódicos y no tenemos las espaldas apaleadas? Sabemos lo que son las cifras millonarias de parados, sabemos lo que es el fraude fiscal, sabemos lo que son los tratos privilegiados a las grandes fortunas y a las multinacionales, sabemos lo que son las especulaciones bursátiles, sabemos lo que son los paraísos fiscales, sabemos lo que es la reforma laboral, sabemos lo que son los rescates hechos a costa de la ciudadanía, sabemos lo que es el despilfarro de políticos megalómanos, sabemos lo que es la corrupción, sabemos lo que son los recortes, sabemos lo que es la ley del suelo, sabemos lo que es la ley de costas, sabemos lo que es el pelotazo urbanístico, sabemos lo que son los sueldazos de alcaldillos, sabemos lo que son las legiones de asesores... Sabemos todo eso, señora Gomendio, es un alarde de cinismo tomarlo como pretexto para implantar sus disparatadas ideas en educación, de las que hablaré más adelante. 
   Siento que el artículo se esté extendiendo tanto, pero era preciso fijar estas premisas para exponer ahora mis inquietudes. Desde que el PSOE se sacó de la manga la LODE y la LOGSE, la educación ha sido un juguete sometido a la explotación de políticos y empresarios ambiciosos, pedagogos iluminados y ventajistas (ya fueran burócratas o gandules) de diverso pelaje, los cuales han perseverado en cargarse la calidad de nuestro sistema a base de desterrar el esfuerzo y la exigencia. Toda esta santa compaña ha cultivado con esmero flores como las destrezas, las competencias y demás engaños, porque eran un instrumento muy útil para sus políticas de vaciado de contenidos de los programas. Ya no hay que pedirle a un niño que haga una raíz cuadrada o sepa quién era Felipe II, sino que se  debe evaluar si es capaz de... la memez que se le haya ocurrido poner al "experto" de turno en los papeles oficiales. Ahora llegan el PP, los tecnócratas financieros y la OCDE y dan una vuelta de tuerca a todo esto, porque, según ellos, para lo que ha de servir la enseñanza es para que un niño sepa colocar a los invitados en torno a una mesa, ir a comprar tomates, estar despierto cuando le den la factura de Mango o "gestionar tarjetas de crédito, móviles prepago...", de acuerdo con la impagable aportación de la señora Gomendio, que no ha tenido ni la prudencia de pararse a pensar un poco antes de hablar: para la secretaria de Estado de educación, el asunto de que los chicos de quince años se manejen con esos instrumentos de gasto tan volátiles no suscita las reflexiones educativas que debiera (¿cuántos padres están preocupados por el uso que sus hijos hacen de los móviles y por lo que gastan? ¿Es razonable que chicos insolventes económicamente dispongan de tarjetas y móviles sin límite? Cosas así.), sino que simplemente las da por hechos consumados y lo que le interesa es que los estudiantes adquieran "conocimiento y destreza en el ámbito". ¿Conocimiento y destreza de qué? ¿De cómo gastar más? ¿De cómo obtener más puntos para que la compañía X los tenga amarrados con la promesa de un móvil más fashion en el que luego se gastarán facturas de muchos euros que tendrán que afrontar sus padres? ¿Estas son las inquietudes y los horizontes "educativos" de Montserrat Gomendio, secretaria de Estado de Educación de nuestro Gobierno? No puede caber mayor irresponsabilidad y mayor ignorancia acerca del área que gestiona; la única esperanza que me alegra, ya lo he dicho más veces, es que ya le queda poco tiempo de destrucción en el mundo de la enseñanza.
   Con sus últimas acciones, la OCDE me merece cada vez menos credibilidad; quizás nos lo deberíamos haber planteado antes: ¿qué hace un organismo económico pontificando sobre educación? Todo test está condicionado por quien lo hace y los objetivos que persigue: ¿son asépticos los test de la OCDE, especialmente, estos de competencias prácticas y financieras? A mí me parece que no lo son; me parece que están destinados a orientar a la opinión pública hacia un concepto educativo preconcebido e interesado. ¿No es sospechoso que esa prueba la financie el BBVA? ¿No es sospechoso el desembarco del Santander en el mundo educativo? Estos señores siguen ahí: ¿qué pinta tanta banca en la educación? ¿No es sospechoso que se fomente a "expertos" en educación como Sebastián Barajas (ver aquí y aquí), que sostiene que los niños van a la escuela para aprender a fundar empresas? Todos estos que cito son ardientes defensores de las competencias y esas zarandajas que comparten con la pedagogía progresista (?) del PSOE y demás, casi diría que se las arrebataron, pero son mucho más peligrosos. Los chicos de la LOGSE arremetieron contra la cultura porque les estorbaba por razones prácticas: el estudio esforzado y con contenidos era contrario a su estúpida utopía del aprender sin esfuerzo, del 100% de aprobados que ellos entendían como éxito escolar, mientras que los chicos de la banca puede parecer que lo que quieren es hacer de la escuela su negocio, pero, con sus actuales consideraciones acerca de las competencias y de la necesidad de que se conviertan en el norte educativo, mucho me temo que persiguen un objetivo mucho más ambicioso y alarmante: subvertir la enseñanza, cambiar "competencias" por conocimiento, meter cosas de esas prácticas y que se pueden comprobar en un test de PISA como la compra de tomates o la interpretación de facturas y darles una patada en el trasero a Arquímedes y a Cervantes, quizás, me temo, para conseguir ciudadanos más competentes (en apariencia) pero menos inteligentes.
   Lo que se persigue es un empobrecimiento de la escuela. ¿Debe esta dedicarse a enseñar cómo comprar tomates o cómo interpretar recibos? De ningún modo; estos conocimientos prácticos son en realidad cosa bien sencilla, que cualquiera puede aprender y llevar a cabo con bien poco tiempo y esfuerzo en cuanto lo necesite. No solo enseña la escuela, enseñan también la familia y la actividad cotidiana, y si nuestros chicos no están muy duchos en estas cosas, ocúpese quien debe de aleccionarles en ellas, porque sí que es cierto que están muy acomodados, que no saben hacer esas cosas porque ya las hacen otros por ellos. Pero dejarlas en manos de la escuela en perjuicio de los programas tradicionales de real conocimiento sería una aberración, no nos la traguemos: la escuela debe enriquecer humanamente, suministrar a las personas conocimientos y habilidades de amplio rango que, en su mayoría, no se le van a suministrar en ningún otro sitio. La escuela enriquece a la persona; a comprar tomates o a meter la tarjeta por la ranurita del cajero del BBVA o del Santander pueden aprender los chicos por sí solitos o con la ayuda de sus papás o de un empleado de la sucursal, y en cuestión de minutos; en contacto con Garcilaso, Mozart, Darwin o las leyes que rigen el movimiento, solo les van a poner en la escuela una serie de señores que entienden de eso y que cada vez andan más menospreciados: los profesores. ¿Nos tragamos el cuento este de las competencias que nos están vendiendo la OCDE y la señora Gomendio? ¿Qué elegimos, cultura y conocimiento o competencias, enseñanza de aspiraciones elevadas o romo adiestramiento en cuatro cositas de andar por casa, enriquecer humanamente o empobrecer? Cuidado con lo que elegimos, que nos jugamos más de lo que parece.

martes, 8 de julio de 2014

Un alumno de secundaria en Japón tiene el nivel de un licenciado español

   Cuando he visto esas palabras del título en la portada de "El País" de hoy (edición en papel), me he sentido muy contrariado: ¡y nos lo dicen cuando ya está todo el mundo de vacaciones!, ¿cómo vamos a averiguar de quién se trata en cada caso? Licenciados tenemos en España centenares de miles y entiendo que en Japón deben de tener millones de alumnos de secundaria, así que va a ser imposible. 
   ¡Vaya titular!, me recuerda aquel viejo chiste:
   -Según las estadísticas, en Nueva York, un hombre es atropellado cada minuto.
   -¡Joder, cómo estará el tío!
   Luego, cuando entras en la noticia (aquí tenéis su versión digital), ves que la frase es de Ángel Gurria, secretario General de la OCDE y que a lo que se refiere es al nivel de competencias. Empezaré por reiterar mi desconfianza hacia esto de las competencias, primero, porque debo decir con sinceridad que, en el marco educativo, no sé exactamente qué son, me parecen el concepto vago y movedizo que los textos legales sobre los que se fundamenta nuestro actual sistema utilizan para cargarse los contenidos de toda la vida e implantar una enseñanza chachiguay; segundo, porque, como ya manifesté en mi artículo sobre PISA y la memoria, es muy relativo delimitarlas y establecer los criterios para medirlas real o supuestamente: estoy seguro de que, dependiendo de quién, cómo y dónde diseñe las pruebas de verificación, el mismo alumno puede salir supercompentente o megaincompetente. 
   Con esto no quiero decir que nuestros alumnos estén maravillosamente preparados, porque sé que hay problemas, sino que conviene hilar fino: la frase del titular parece cargar el énfasis sobre los alumnos, cuando debería fijarse en los sistemas, que es donde aquí tenemos el problema real; la frase del titular podría hacer pensar, si la extendemos a la generalización, que todos los alumnos japoneses de secundaria tienen el mismo nivel de competencias que los universitarios españoles, lo cual representa una aberración, un absoluto desconocimiento de la realidad educativa y hasta una estupidez racista, porque, dentro de cada sistema, luego habrá alumnos buenos y malos en ambos países, tanto en Japón como en España; la frase podría hacer pensar que la culpa de lo que pasa aquí la tienen los alumnos, y era lo que les faltaba: la culpa de nuestros males la tiene un complejo entramado de causas achacables en general al sistema, la mala gestión o la manipulación de lo educativo en beneficio de lo político. Malos alumnos claro que los hay, por supuesto, pero solo tienen culpa (si la tienen) de lo que a ellos mismos les afecte, y uno de los fallos de nuestro sistema, que se distingue por buscar la igualdad igualando por lo bajo, es que parece estar hecho a la medida de estos, es tan buenista que al final se hace malista, con lo que genera diversos problemas, uno de los cuales es, precisamente, que permite llegar a la universidad a muchos alumnos que están dudosamente capacitados.
   A propósito de esto último, vuelvo para terminar al artículo de "El País". Al final, entre sus muchas "virtudes", tiene también la de la incongruencia entre el titular y el contenido, ya que de lo que habla sobre todo es de la sobrecualificación, es decir, del hecho de que gran parte de nuestros licenciados estén trabajando en  oficios distintos de aquello para lo que se prepararon y de menor nivel: ¿qué tendrá esto que ver con si son más o menos competentes que los japoneses? Leedlo y veréis que es un artículo bastante demagógico. De su contenido y de lo que cualquiera puede hoy ver, se desprende que una de las cosas que pasan en España es que sobran licenciados, no porque yo sea un elitista, sino porque nuestro mercado laboral no da para tanto titulado superior. Lo coherente, en tal caso, sería abogar por una adaptación de nuestro sistema a nuestra realidad, con una ampliación de la FP y una reducción de las universidades, las cuales, además, deberían elevar el nivel de exigencia en la admisión de alumnos, y así ya no tendríamos complejos frente a los chicos japoneses de secundaria, seguro. ¿Qué te encuentras en cambio en el artículo? Una interesada manipulación del asunto de las becas y una demanda, por parte de algún rector, de que se fomente el acceso a la universidad. En pocas palabras: no se hablaba de competencias, se hablaba de pasta.