sábado, 28 de junio de 2014

La insuficiente natalidad española



   El presente artículo lo pubiqué el pasado mes de marzo en el número 3 de la revista El ballet de las palabras. Como hace unos días el asunto ha estado de actualidad, ya que han salido los datos de 2013 (que son peores que los ya malos de 2012), lo incluyo ahora aquí. Una vez más, el guachimán y su amiga Patry se adelantan a los grandes medios, más ricos, pero menos eficaces.
                                                                                 
            A finales del pasado mes de enero, produjo eco y también disgusto un documento del Ministerio de Justicia que sostenía que la ley del aborto propuesta por Ruiz Gallardón tendría un impacto positivo en la economía española, entre otras cosas, porque incrementaría la natalidad (1). A pocos convenció esa afirmación, pero, al menos creo que tuvo un aspecto positivo, el de que una instancia gubernamental reconociera, siquiera de forma implícita, que la baja natalidad es un problema en la España de hoy. Yo soy de los que piensan que es además uno de los más importantes, a pesar de que no suela aparecer en esas encuestas sobre percepción de problemas por parte de la ciudadanía y de que los estudios y estadísticas sobre población suelen orillarlo con pretextos diversos. Así, es cierto que se suele reconocer que la población se va envejeciendo cada vez más, haciendo hincapié en asuntos como la esperanza de vida, la dependencia o las pensiones, pero nunca se entra muy a fondo en una causa tan crucial de ese envejecimiento como es la baja natalidad. Otras veces (esto, hace unos años, cuando se podía decir) se minimizaba esa baja natalidad diciendo que era paliada en parte por el índice mayor de natalidad que presentaba la población inmigrante, pasando por alto el hecho de que mucha de esta no tenía como proyecto definitivo el establecerse en nuestro país.
            En el año 2012 nacieron en España 454.648 niños, lo que representa una tasa de natalidad (número de nacidos por cada 1.000 habitantes) del 9’7 por mil y un índice de fecundidad (número medio de hijos por mujer) del 1’32. España, pues, está muy lejos del 2’1, que es considerado el índice de reemplazo, lo que no nos garantiza una pirámide de población estable. Si vemos la tabla (2) que acompaña a estos datos, comprobaremos que el último año en que cumplimos ese índice de reemplazo fue 1980 y que desde entonces, con altibajos, tanto la natalidad como la fecundidad no han parado de disminuir. Otra cosa que se observa es que los niveles más bajos se alcanzaron en el periodo 1995-99, cinco años en que el último de ambos indicadores nunca alcanzó la cifra de 1’2. Durante los años 60 y 70, España era un país de natalidad más bien alta, como puede comprobarse también echando un vistazo a la tabla. Se solía decir que, en este factor, teníamos un comportamiento de país subdesarrollado o en vías de desarrollo. Ciertamente, parece que el despegue económico nos ha puesto en la línea del entorno de Europa, un continente que en su conjunto acusa el problema del envejecimiento. Si vemos la tabla continental (3), observaremos que ocupamos una posición media. De los países más fuertes, nos superan el Reino Unido o Francia, pero están por debajo de nosotros Italia y Alemania, país este último donde la natalidad es preocupantemente baja. Pero el problema no deja de ser un problema porque lo padezcan también los países de nuestro entorno.
            Un artículo de estas características no permite profundizar demasiado, por lo que, a la hora de reflexionar sobre las causas de este problema, apenas voy a poder hacer algo más que enumerarlas. La cuestión ya es vieja, pues recuerdo que, hace ya muchos años, en una reunión de amigos –todos de cuarenta para arriba y con hijos- hablábamos de ella y había básicamente dos bandos: los que sostenían que los jóvenes no querían tener hijos porque su hedonismo les llevaba a rechazar la carga que representan y los que creían que no era que no quisieran tenerlos, sino que no podían, atemorizados básicamente por dos factores: la precariedad laboral y el excesivo precio de las viviendas. Esto sucedía a mediados de los 90: ¿qué hubiéramos dicho ahora? En todo caso, se echaba en falta alguien que hubiera defendido una síntesis de las dos posturas, pero, entiéndase, éramos todos españoles.
            Pero no cabe duda de que los dos factores operaban. Es un hecho probado que el desarrollo económico abre amplias posibilidades de emancipación y disfrute personal y de proyección profesional, para las cuales los hijos suelen representar un obstáculo. En las sociedades desarrolladas, por lo general, los hijos no se tienen si no se quiere, y muchos no los tienen por conveniencia personal, sea hedonista o de cualquier otra índole. Pero, aun así, centrándonos en España, quedarían aún millones de personas que sí desearían tener hijos o no les importaría tenerlos. Y a mediados de los 90, desde luego, a muchas les era imposible por factores ajenos a su voluntad, y hoy, en 2014, las cosas en este terreno han evolucionado hacia muchísimo peor: la precariedad laboral, sobre todo para los jóvenes, es espantosa; los precios de la vivienda siguen imponiendo respeto; el dejar de pagar una hipoteca puede hundirte la vida (¿para cuándo la dación en pago?); las compensaciones por hijo son más bien insuficientes; el ser mujer, el quedarse embarazada o la sola posibilidad de ello siguen (todos lo sabemos) siendo factores con peso a la hora de que no te contraten o te despidan; lo de la conciliación entre la vida familiar y laboral va pareciendo cada vez más una leyenda… Si escarbase un poco, seguro que podría encontrar algún motivo más, pero creo que con estos, por su cantidad y su envergadura, ya es suficiente para hacerse esta pregunta: ¿para cuántas parejas el tener un hijo puede representar meterse en una arriesgada aventura?  
            Se me podrá argumentar, y con mucha razón, que, si uno desea realmente tener hijos, también debe estar dispuesto a afrontar alguna posibilidad de riesgo, porque a la vida no podemos pedirle garantías de que todo nos vaya a salir bien al cien por cien, pero, mirando cómo lo teníamos los jóvenes de aquellos años 80 en que empezó a bajar la natalidad y cómo lo tienen los de hoy, aun siendo el país más rico y con mejores servicios en algunos aspectos, entiendo que se retraigan: en los años ochenta, si te comprabas una casa y a los dos meses perdías el trabajo, la catástrofe no era tan grande para tu economía como lo puede ser ahora; en los años ochenta, te independizabas entre los veinticinco y los treinta años y no eran tantas como ahora las personas que con esa edad o más aún vivían con sus padres ni las que, después de independizarse, se veían obligadas a volver a casa de sus padres por culpa del paro o de una hipoteca. Una cosa esta clara: hay que pensárselo antes de tener hijos en estas condiciones.   
            Pero el caso es que, aunque se me llame antiguo, he de decir que es bueno tenerlos, no parece que sea muy necesario argumentar a favor de la perpetuación de la especie. Y, por si este pequeño motivo no bastara, están otros, como la realización personal que para muchos representa el hecho de tener hijos, lo que alegran la vida y las calles los niños o –esto, para los más preocupados por la economía- que a la larga para un país y una sociedad el envejecimiento es un pésimo negocio: ¡qué caro y qué inviable acabaría resultando un país de viejos ocupándose de cuidar a viejísimos! Vamos camino de ello, a no ser que como sociedad consigamos alcanzar e incluso superar ese 2’1 de índice de fecundidad, al que, si llaman de reemplazo, será por algo. Cualquier gobierno realmente preocupado por un resurgir en todos los sentidos, debería tomarse muy en serio el diseñar políticas a favor de la natalidad: ¿ha oído alguien a algún partido pronunciarse en serio a este respecto?

martes, 24 de junio de 2014

Praxis educativa. 14: en el nombre del padre

   He de deciros que este curso, en su período regular, he acabado con 67 entrevistas con padres contadas y apuntadas, más unas cuantas que, con toda seguridad, he olividado apuntar. Esta cifra, aunque he sido tutor, me parece exagerada y síntoma de una serie de males que se perciben hoy en muchos institutos, entre ellos, el mío.
   Os he señalado ya en alguna ocasión que tengo comprobado -gracias, entre otras cosas, a las muchas veces que me he entrevistado con padres- que el diálogo con ellos es necesario y beneficioso para la educación de los alumnos, ya que muchos problemas se resuelven al intercambiar información desde distintas perspectivas y, a menudo, los consejos que los profesores les damos acaban siendo útiles. Otra cosa que tengo comprobada es que los padres tienen una leyenda negra entre el profesorado; con frecuencia, oigo a colegas clamar contra ellos, en general, después de haber tenido algún encuentro que no ha brillado por la cordialidad, pero, nuevamente desde la experiencia, si he de juzgar a partir del número de entrevistas desagradables que he tenido, puedo afirmar que los padres conflictivos, groseros o que aparecen con pretensiones inadecuadas representan, como mucho, el diez por ciento del total. Sucede, naturalmente, que la normalidad no da pie a comentarios, al contrario que los sucesos problemáticos, por eso las relaciones entre padres y profesores aparentan ser peores de lo que son.
   Con lo expuesto hasta aquí, algunos os estaréis preguntando: si tan maravillosas son las relaciones con los padres, ¡oh, guachimán!, ¿por qué decías al principio que las 67 entrevistas que has tenido te parecen excesivas? Deberías estar lamentándote de que hayan sido solo 67, y no 670. ¡Cómo sois! Voy a demostraros que lo uno no está reñido con lo otro, por una sencilla razón: aun habiendo sido cordiales y hasta positivas, tanta entrevista resulta un exceso. La razón es muy sencilla: el 60% o quizás más eran de padres que querían saber por qué sus hijos suspendían en mi asignatura y la mayoría de ellos venían inducidos por una actitud manipuladora de sus hijos.
   De un tiempo a esta parte, observo con preocupación que se están multiplicando los alumnos que fían el aprobado a procedimientos espurios, es decir, distintos a los únicos válidos: atender, trabajar y estudiar. Entre esos procedimientos espurios, está la reclamación paterna. Especialmente tras los periodos de evaluación, recibo las visitas de padres que están muy extrañados de que sus hijos hayan suspendido y vienen a preguntarme qué ocurre. En estos casos, hace ya tiempo que me dejo guiar por un expeditivo dicho aragonés: "Hablen cartas y callen barbas": no explico nada, no monto argumentaciones, me limito a sacar los exámenes de los niños y enseñárselos a los padres. Algunos, incluso, cuando me ven proceder así, me dicen que no quieren ver los exámenes, que no vienen a reclamar, que lo que quieren es dialogar para entender las causas de los suspensos, y entonces yo les digo que justamente a eso vamos. El procedimiento es de unos resultados extraordinarios: como, salvo en rarísimas excepciones, la causa de los suspensos es la falta de estudio o el estudio deficiente y eso se refleja en los exámenes, los padres, en cuanto los ven, encuentran lo que venían buscando y comprenden (la mayoría, porque algunos recalcitrantes todavía se empeñan en especulaciones tan absurdas como perjudiciales... para sus propios hijos). ¡Qué explícitos son los exámenes!  ¡Qué claras dejan las cosas a los padres, particularmente, esos de calificaciones desastrosas, un 2'75, un 1'5, un 0'75...! ¿Qué se puede decir ante algo así? Para esos padres que venían engañados por las justificaciones embusteras de sus hijos, los cuales les habían hecho creer que estudiaban hasta la extenuación y que el problema estaba en el c_ _ _ _ _ del profesor, esto resulta utilísimo. Entonces ya se puede hablar. Entonces ya se puede decir lo que hay que hacer: sabemos ya todos dónde está el mal, sabemos cómo afrontarlo. Lo que el guachimán lamenta es constatar que cada vez son más los padres que podrían haberse ahorrado la visita, que, hace unos años, para comprobar lo evidente, a lo largo de un curso, venían solo diez o doce padres, y ahora vienen cuarenta: la capacidad de los hijos para manipular a los padres se está disparando, se nota también en que bastantes de esos padres vienen predispuestos contra mí.
   Terminaré contando dos casos. Una de las personas que más agresivamente me han abordado este año fue una madre a la que atendí primero por teléfono. Me dijo que tenia problemas de horario en el trabajo, por lo que le respondí que, en tal caso, puesto que había poco que contar, se lo podía transmitir por teléfono, y me respondió, ya bastante indignada, que lo del trabajo me lo decía para ver cómo encajábamos la hora de visita, que, por supuesto, quería hablar conmigo personalmente. Días después vino al instituto, con una actitud que rozaba la insolencia. Quería ver los últimos exámenes de su hijo. ¿Qué pasó? Que después de ver uno de los no peor calificados (tenía un tres), el cual era desastroso, malevolamente le dije que le iba a enseñar los demás, pero ella misma me dijo que ya no hacía falta. Aquella señora acabó llorando y vuestro humilde guachimán, tratando de darle ánimos. Pero la historia tiene un final feliz: a partir de entonces, el genio de su hijo empezó a aprobar los exámenes, para los que ya sí estudiaba. Su madre sacó las conclusiones adecuadas y tomó las medidas pertinentes.
   La segunda historia no es tan ejemplar y no es mía, sino que le sucedió a un amigo. A una alumna que faltó al examen de suficiencia, mi amigo se lo hizo un par de días después. Al siguiente, le dio el examen para que lo viera corregido: tenía un 0'5. Dos día después, fue al instituto su madre, que quería ver el examen. Mi amigo se quedó de metacrilato. Le dijo que su hija ya había visto el examen y que tenía un 0'5, pero ella insistió en verlo, así que él se lo enseñó: tenía los fallos esperables en un examen de 0'5. Le preguntó a la madre qué le había contado su hija, pero ella le reespondió con evasivas; luego le dio las gracias y se marchó. Mi amigo se quedó perplejo, no entendía nada, pero unos días después, en mitad de la junta de evaluación del grupo de esa niña, apareció la orientadora de su centro, que no tenía nada que ver con ese grupo, y les pidió a él y a otros dos profesores que habían suspendido a esa niña que le dijeran qué pasaba con ella, porque su madre estaba muy preocupada. Alguien le pidió tímidas explicaciones sobre tan anómala conducta, eso de meterse en una junta final con semejante motivo, pero el asunto terminó en que uno de los otros profesores, allí mismo, cambió el suspenso de la niña por un aprobado. Mi amigo ya entiende algunas cosas, pero sigue estando perplejo. 

domingo, 22 de junio de 2014

Més que un club

   Por si alguno no lo sabía, yo soy del Barça. Recuerdo que hace unos años, probablemente en la final de la recopa que ganó en 1997, fue cuando por primera vez empecé a sentirme indignado por el secuestro en que el nacionalismo tiene cautivo a este gran club, que, como les dije una vez en el foro del diario Sport a un puñado de mentecatos, tiene una dimensión universal y está muy por encima de los cuatro gatos de visión aldeana que son ellos. Al acabar aquel partido, alguien le dio al portugués Figo una bandera de su país, que el jugador paseó orgulloso por el campo, en el cual había también unas cuantas senyeras, pero... ni una sola bandera española. Me pareció indignante que la bandera del país del equipo campeón estuviera vetada en esa celebración por la dictaorial exclusión a que la tiene sometida el fanatismo nacionalista.
   Pero el caso es que con el tiempo ese secuestro se ha ido agudizando, cosa de la que tenemos muchas muestras, ya sea a propósito de la inmersión lingüística o del himno nacional, en general, bastante vergonzosas y demostrativas del talante fascista y excluyente del nacionalismo catalán (como todos). Una cosa que solía llamarme la atención era lo prudentes que eran todos los jugadores en este terreno, prudentes a veces en demasía: ¿es que no había ninguno que se sintiese español o respetase lo español? Bueno, pues parece que sí que los hay. En uno de los artículos citados unas líneas más arriba, ya hemos visto cómo Sergio Busquets le daba al expresidente Laporta una lección de prudencia en este sentido y en los últimos días hemos tenido estos dos señaladísimos ejemplos:
   -Hemos visto nada menos que a Pau Gasol asistiendo como invitado a la coronación de Felipe VI, me figuro que para regocijo de Artur Mas, que verá con satisfacción cómo el formidable jugador, que es amigo personal de los reyes, ya no podrá ser manipulado por su causa excluyente. 
   -Cesc Fábregas ha puesto de uñas al cerrilnacionalismo al negarse a responder en catalán en una rueda de prensa y al afirmar en su despedida que iba a defender los colores de su país, España. ¡Huy lo que ha dichoooooooooooooo! ¡Cómo se atreve a decir que su país es España, y no Catalunya! ¡Ah, claro, es que ya no es del Barça! y así ya no está sometido a chantajes, ya no tiene que ocultar delitos como ese de sentirse español, porque ya está fuera del alcance de las iras de estos señores. Esta situación es realmente vergonzosa. Cuando se puso de moda aquella frase de que el Barça era "més que un club", fue para distanciarlo de una dictadura: que tenga todo el mundo en cuenta que hoy este gran club esá siendo manipulado y secuestrado por otra. Bien por Busquets, Gasol y Fábregas.

martes, 17 de junio de 2014

El verdadero objetivo del programa bilingüe

  
   Hoy reflejan los medios comunicativos la noticia de que el programa bilingüe de la Comunidad de Madrid se ha hecho ya extensivo al bachillerato. Quiero llamaros la atención sobre la presentación de la noticia en el informativo madrileño de RTVE. Pinchad este enlace y podréis verlo, no os llevará más de tres minutos.
   Puede que alguien no avisado vea en estas imágenes un acto educativo al que han asistido políticos, pero que nadie se equivoque: es un acto político en el que se exhibe a unos niños con el fin de que esos políticos saquen provecho político de sus habilidades. Una manipulación, porque, entre otras cosas, a esas habilidades se puede llegar muy bien sin implantar un programa bilingüe extensivo tan draconiano y demencial como el de la Comunidad de Madrid. Esto es lo que llevo diciendo mucho tiempo: todo el programa bilingüe de la Comunidad de Madrid está montado al servicio de breves instantes de gloria como este: no importan para nada las cuestiones educativas, no importan ventajas o inconvenientes, no importa lo que pueda haber detrás o por debajo de una exhibición de un minuto y medio en la que participan un puñado de niños: lo que importa en realidad es poder salir algún día en la televisión diciéndole al elctorado: ¿ven lo bien que hablan inglés nuestros niños? Es gracias a nuestro programa bilingüe. Vótennos.
   Para los que no conozcáis mis argumentos contra el bilingüismo escolar, dejo estos enlaces:
   2.- Un damnificado

 

martes, 10 de junio de 2014

Las andanzas del PP en el sector energético

   Al paso que vamos, la indisimulada sumisión del actual Gobierno a las apentencias de los sectores económicos más voraces y menos cotemplativos con todo lo que no sea su lucro va a dejar el país en solo cuatro años completamente arrasado. Si pensamos en lo referido a la conservación del medio ambiente, su estreno fue una muy polémica retirada de ayudas del anterior Gobierno a la producción de energías renovables que fue muy criticada, representó una muestra de que en España (al menos, cuando manda el PP) no hay seguridad jurídica y atrajo buen número de reclamaciones, parte, de países extranjeros. Luego vino la Ley de Costas, donde el señor Cañete procedió al revés: perdonó a infractores de lustros, además de ampliar considerablemente la "libertad" de agredir al territorio de todos. De Cañete, que ha demostrado su verdadera talla en las últimas elecciones, conviene no olvidar su vinculación con las empresas que realizan bunkering, esa contaminante actividad de repostado en el mar: a individuos como este pone el PP de ministros de medio ambiente. En el día de hoy, la prensa refleja en cuatro pinceladas lo que defiende el PP en políticas energéticas, aquí las tenéis:
   1.- El Gobierno del PP publica un decreto que recorta las retribuciones a las energías renovables. O lo que es lo mismo, que las hace menos rentables y competitivas, y además, cargándose derechos. En algún lugar de la noticia que enlazo, se señala que España se ha convertido en el país que acumula más litigios internacionales por la inseguridad jurídica que está generando.
   2.- La central nuclear de Cofrentes seguirá funcionando hasta 2044. Compárese el diferente trato dado a la nuclear y a las renovables.
   3.- El Gobierno censura un informe desfavorable al fracking. Es del Instituto Geológico Minero y no era ya el primero de los que había encargado el propio Gobierno que se mostraba contrario a esta práctica. Bien, pues a pesar de que es probadamente peligrosa contra la salud y hasta provoca terremotos, el Gobierno del PP sigue apostando por ella.
   4.- También está a favor de las prospecciones petrolíferas en Canarias, que no solo es que encuentren gran oposición, sino que parecen reunir bastantes amenazas contra el medio ambiente y la economía de las islas.
   Hay una cosa clara: el PP no se para en barras, y la del cuidado del medio ambiente es de las que menos le impresionan, cosa lógica, si pensamos que el consejo de ministros reúne a bastantes representantes de los intereses del gran capital. Con sus políticas, sin embargo, no parecen ir muy a favor de los intereses generales. ¿Recordaremos está legislatura como un verdadero cuatrienio negro? Me temo que sí. Creo que a la salud democrática, al medio ambiente, a la economía y a los derechos de los ciudadanos de este país les conviene mucho que el PP se lleve un gran descalabro en las próximas elecciones.

domingo, 8 de junio de 2014

Cacao español

   Hace un par de años, salió publicada en este blog y en "El País" una reflexión mía en la que me preguntaba si los monarcas, como seres humanos que son, no deberían ejercer el derecho a jubilarse. A la vista de esta capacidad de anticipación de los acontecimientos históricos, espero, hombres de poca fe, que en adelante prestéis más atención a las previsiones de vuestro amigo el guachimán. Echando una ojeada a la situación española  de los últimos años, aparece como un monumental cacao, cacao que se ha ido incrementando desde las elecciones europeas y que es previsible que se agudizará a medida que se acerquen las locales y generales de 2015, de las cuales solo Dios sabe cuáles serán los resultados y los resultados de los resultados, que tal vez acaben siendo lo realmente importante. Las perspectivas que se abren hoy en día son tan inciertas que deberían preocupar y es esta la razón fundamental que, a mi juicio, ha motivado la abdicación de Juan Carlos I. Aquí puede pasar cualquier cosa, aunque algunos estén empeñados en no querer enterarse, y la Casa Real, dando una vez más muestras de que no participa de la ceguera, frivolidad y ensimismamiento de la clase política, parece haberse dado cuenta de que la situación es seria y de que entre esas cosas que podrían pasar hay algunas muy graves, por lo que ha decidido anticiparse y adoptar las medidas oportunas para afrontar esa deriva en la posición más sólida posible.
   Harían falta muchas páginas para describir ese cacao, que, por lo demás, cualquiera puede percibir, a poco atento que esté a las cosas, de manera que me limitaré a presentaros algunas pinceladas que considero significativas tal y como yo lo veo. Si me dejo guiar por las estadísticas, seguramente no obtendré la verdad absoluta, pero sí una herramienta que me va a ayudar mucho a construir este artículo. Según los datos de la última encuesta del CIS conocida, la mayor preocupación de los españoles sigue siendo el paro, que inquieta a un 80'6% de los ciudadanos, mientras que la tercera es la situación económica, con un 28'6%. Si tenemos en cuenta los datos de la EPA del pasado abril, que arroja un porcentaje del 25'93% de desempleados y una cifra de 5.933.300 parados, me parece que poco más hay que decir (no obstante, pulsad el enlace y mirad las cifras en detalle, que también tienen lo suyo): la economía española está alarmantemente mal, con las terribles consecuencias sociales de todos conocidas que esto acarrea. Frente a ello, los mensajes del Gobierno, el PP y sus aliados económicos transmiten a veces un optimismo excesivo y demagógico, más destinado a tapar la realidad que a infundir ánimos, como pretenden hacernos creer. El PP sabe que este es un tremendo nubarrón que se cierne sobre su continuidad en el poder, por eso trata de ocultarlo como sea. Por otra parte, un reciente informe nos desvela que el fraude fiscal anual alcanza los 40.000 millones de euros y que hay 144.000 millones de euros españoles en paraísos fiscales, y no desdeñemos lo relativo al fraude a la Seguridad Social. Tenemos, pues, un importante cacao económico, que se agrava por el hecho de que el Gobierno y los grandes poderes económicos (entre los que no me olvido de la banca) están dispuestos a dejarlo caer exclusivamente sobre las espaldas de los ciudadanos. ¿Cómo piensan resolver esto?
   Volviendo a la encuesta del CIS, refleja que un 36'2 % de los ciudadanos están preocupados por la corrupción, cosa lógica y en la que sería ya cansino insistir, pero es que no puede dejar de preocupar por varias razones muy graves: está muy extendida, afecta a demasiados partidos y sectores (empezando por el propio partido gobernante), la respuesta de los afectados es de una alarmante indiferencia (casos como Gürtel, Bárcenas o los ERE deberían haber producido auténticos cataclismos en las formaciones afectadas, pero aquí  no pasa nada) y hay una inquietante sensación de que el final va a ser la impunidad: ¿qué va a pasar con Fabra? ¿Qué va a pasar con Blasco? ¿Por qué el fiscal no ha recurrido la vergonzosa sentencia de Caixa Penedés? ¿Por qué Blesa está en la calle y Elpidio Silva en la picota? ¿Es que aquí la casta político-económica tiene impunidad y puede hacer lo que quiera, que no va a pisar la cárcel? Perdón por haber usado la palabra casta, que ahora parece que es cosa de populistas. Está claro que tenemos un importante cacao de corrupción, que a su vez está implicando un cacao en la justicia, la cual, con ejemplos como los que cito, no puede aspirar a la confianza de los ciudadanos. Todo esto es gravísimo, por la corrupción en sí, porque no se resuelve y porque no hay democracia sin una justicia eficaz y creíble. ¿Cómo vamos a resolver esto?  
   La encuesta señala también que los políticos preocupan a un 25'6% de los ciudadanos, cosa también lógica solo por lo visto hasta aquí. Sin duda, el mayor cacao que tenemos ahora es el cacao político. ¿Dónde va un país gobernado por un partido afectado por una sospecha más que seria de financiación irregular? En las recientes elecciones europeas, el PP ha perdido, en comparación con las elecciones generales de 2011, 6.756.330 votos, mientras que el PSOE ha perdido 3.377.556, pero que nadie se engañe, porque partía de unos resultados miserables. ¿Dónde va el país con los dos partidos hegemónicos desprestigiados por su ineptitud y la corrupción y sometidos a un descalabro de votos? ¿Caminamos hacia un cambio de régimen? ¿Hacia un balance de fuerzas diametralmente opuesto a lo que hemos tenido hasta ahora y que nos ha traído a esta ruina? La irrupción de Podemos, con sus 1.245.948 votos, ha puesto muy nerviosas a todas las fuerzas asentadas, desde UPyD hasta el PP, porque, ciertamente, su comienzo ha sido espectacular y, de confirmarse la progresión, podría literalmente cargarse el bipartidismo; podría ser un factor que impulsase (entre otros) una nueva transición hacia... ¿qué? Desde luego, si fuese hacia lo que se puede leer en su programa, sería hacia algo muy distinto de esto que tenemos ahora, de ahí el nerviosismo en el statu quo, pero conviene no anticiparse, entre otras cosas, porque, de cara a unas generales, tal vez ese programa a Podemos no le haga crecer, sino al contrario, ya que lo que tenemos ahora no es todo malo, ni mucho menos. Tendremos que seguir con atención a este partido, aunque solo sea por el hecho de haber sacado de sus casillas a los responsables de los mayores males que nos aquejan hoy. Está luego el cacao del PSOE: ¿en qué acabará el proceso en que ha entrado este importantísimo partido? ¿Seguirá hundido en el zapaterismo? ¿Seguirá cautivo del PSC? ¿Seguirá en manos de los políticos de aparato? ¿Se empecinará en huidas hacia delante como esa del federalismo? Porque otro buen grano de este cacao es el delirio nacionalista, del que también he hablado ya mucho aquí. ¿Qué os parece la última de Francesc Homs, esa grosería del negocio familiar, más aún cuando él tiene un partido lleno de corruptos? Y el público le rió la gracia; a mí, por el contrario, hace tiempo que me preocupan las payasadas de este pirómano imbécil. ¿Quién puede haber hecho portavoz de un gobierno a semejante bufón, que más que voces porta rebuznos? ¡Ah, claro!, ha sido Artur Mas, que finalmente dice que acudirá a la coronación por respeto institucional, parece ser que hasta ahora no se había enterado de que él es un cargo institucional, y no un perroflauta. Así se explica, menos mal que en Cataluña empiezan a organizarse las voces que están claramente en contra de sus delirios, me estoy refiriendo a la plataforma Societat Civil Catalana, y esperemos que cojan fuerza, porque el excluyente proyecto de los catalanistas ha reavivado el siniestro y luctuoso indepedentismo vasco; hoy se ha formado una cadena en la que, por cierto, había gente de CCOO y del PSOE: lo dicho, cacao político, por no hablar del cacao mental de algunos, que también cuenta, y lo dejo aquí, que ya me estoy alargando mucho.
   Esta es, en fin, una breve sinopsis del cacao español que se encuentra Felipe de Borbón tras la abdicación de su padre, con lo que se ha añadido el cacao monarquía / república. A raíz del anuncio de Juan Carlos, el debate ha saltado a los medios de comunicación, a las conversaciones particulares, a los foros políticos y a las calles, en muchas de las cuales se han producido manifestaciones pidiendo un referéndum por la forma de estado. Respeto el derecho a ser republicano y a pedir estas consultas, pero creo sinceramente que ese referéndum ni es necesario ni es oportuno, por no hablar del hecho de que, seguramente, los republicanos estarían promoviendo un referéndum para que se lo ganasen los monárquicos. Y todo eso... ¿para qué? El país tiene hoy retos y problemas mucho más urgentes que resolver, creo haber mencionado algunos de los más importantes, recalco: solo algunos. Por el contrario, ¿puede alguien sostener que todos esos males son culpa de la monarquía? Difícilmente; lo más que se ha señalado en los análisis de estos días es que el rey, después de haber sido clave para la implantación de un régimen que mejoró sensiblemente el país, en los últimos años ha estado dormido ante todo lo que sucedía. Algunos podrán hablar de Urdangarín o del elefante de Botswana, pero hasta estos casos, en parte, hablan en favor de la corona, porque ¿qué partido ha tratado a sus corruptos como el rey ha tratado a Urdangarín?  ¿Y quién en la política española, donde se han hecho cosas mucho peores, ha pedido perdón como hizo Juan Carlos por el asunto de la cacería? E insisto en algo ya dicho: cuando la situación lo ha requerido, ha abdicado: ¿cuántos han sido los políticos españoles que se han aferrado obcecadamente al puesto? La conclusión es, una vez más, favorable a la institución monarquica, que ha tenido conductas de las que algunos políticos (que son los verdaderos gobernantes y los verdaderos responsables de males como la corrupción o la crisis) deberían haber tomado ejemplo.
   Así pues, pienso que el debate en torno a la monarquía no tiene sentido en la actualidad; no digo que sea maravillosa, pero ha funcionado razonablemente y, en ocasiones, muy bien. De todos modos, Felipe VI no podrá dormirse, porque su situación no será la de un rey consolidado. En el momento actual, todos esos problemas de los que he hablado están sin resolver y millones de ciudadanos estamos pendientes para ver en qué quedan. Las elecciones de 2015 van a ser importantísimas y de ellas podría salir una nueva transición, término que ya empieza a no ser extraño; a Felipe VI podría tocarle un papel muy parecido al que en los años 70 le tocó a su padre: el de ser el conductor de un proceso que nos sacase de una situación muy indeseada hacia otra que generase ilusión y en la que el país mejorase realmente. Después de 2015, tendremos que saber, por ejemplo, si el futuro laboral de los españoles va a estar amenazado por las leyes del PP; si los derechos que se nos han quitado se nos van a devolver; si los corruptos pagarán por sus delitos; si la justicia va a ser igual para todos; si esto va a parecerse en un estado de bienestar; si salimos de este pozo de paro; si cuatro iluminados ambiciosos hacen trozos España o no; si los banqueros van a seguir mangoneando en nuestras vidas y van a seguir siendo intocables; si el territorio nacional va a seguir siendo ante todo potenciales solares para que se forren con un neoladrillazo unos chorizos muy bien organizados; si se implanta la dación en pago; si se hace una ley electoral equilibrada; si va a existir alguna casta de impunes...
   Naturalmente, Felipe VI será Felipe VI, no Ricardo Corazón de León, por lo que esas cosas no las va a tener que hacer él solito, ni mucho menos, tendremos que apencar todos (también la falta de compromiso de los españoles ha tenido su cuota de culpa en lo que está pasando), pero a él le va a tocar un papel esencial y complicado (huelga decir que lo sabe): el de hacer de guía. Yo pienso, repito, que quizás estemos en puertas de un periodo muy parecido a aquellos años 70, y ojalá sea así, porque fueron ilusionantes y fértiles. En caso contrario, en caso de que después de las elecciones de 2015 esto siga instalado en la inaceptable situación de hoy y de que en lugar de ilusión aquí se genere frustración, entonces sí que pienso que la monarquía podría empezar a peligrar, porque ya sería muy difícil de aceptar que, en el paquete de corrupción, paro, injusticia, pérdida de derechos, empobrecimiento o ataques a lo público que estamos padeciendo, viniera también un monarca que no trajera nada nuevo ni nada bueno; la gente podría ya preguntarse con razón: ¿para esto queremos un rey?
  
   

sábado, 7 de junio de 2014

¿Esto es lo mejor que saben hacer?

   Sabéis que desde hace algún tiempo soy bastante crítico con con los excesos del estado de las autonomías, por razones muy prolijas que van desde lo económico a lo político, pasando muy especialmente por la desetabilización, los conflictos y hasta la violencia terrorista que tienen su origen en los excesos nacionalistas, con ejemplos que todos conocemos. En los últimos días, tres ilustres presidentes autonómicos me han dado razones para reforzar mi cada vez menor confianza en este sistema.
   El primero de ellos es el presidente de Rioja, Pedro Sanz, que cree que abrir este verano colegios con comedor para atender a niños con problemas económicos daría una mala imagen de la comunidad. Repulsiva es la mezcla de estupidez e inhumanidad de la postura, pero lo que ya resulta patético es la cara y las palabras con que la defiende este señor.   Hay que verlo, no os lo perdáis.
   El segundo es el presidente de Madrid, Ignacio González, también del PP. Como su partido recortó brutalmente las becas de comedor en una época en la que multitud de estudios señalan el alto número de familias con dificultades para dar de comer a sus hijos, se descuelga diciendo que no hay problemas de nutrición infantil en la comunidad de Madrid. Naturalmente, no se trata de eso: se trata de atender o no atender a quienes están pasando apuros, cosa en la que su gobierno no está dando la talla. Ahora González anuncia que van a aumentar el año próximo las becas escolares en un 33'5%. Vean la jugada: primero te quito lo tuyo y luego te lo devuelvo poco a poco, y encima, me tienes que estar agradecido y votarme, que para eso el año que viene será electoral. Repugnante.
   El tercero es Artur Mas, presidente de Cataluña, de CiU. Ante el anuncio de la próxima coronación de Felipe de Borbón, nos comunica que ese día él se va a California, donde por lo visto tiene cosas más importantes que hacer. A eso se le llama ejercer con acierto la representación de los catalanes y tener olfato para priorizar las cosas importantes. Ha tenido suerte: el propio Rajoy le ha echado un cable acusándole de hacer política pequeña y es de suponer que, entre bambalinas, también alguien de su entorno le habrá señalado que no es bueno tanto hacer el idiota pretendiendo aparentar que sacamos pecho. Resultado: ya va recogiendo velas.    
   Viendo a estos tres señores, me pregunto: ¿esto es lo mejor que saben hacer? ¿Para elevar a altas magistraturas que representan jugosos sueldazos a personajes como estos tenemos un estado de las autonomías? Con un presidente del gobierno, ya vamos bien, no me explico que haya que añadir diecisiete autonómicos para que "gestionen" y "gobiernen" de esta manera.