lunes, 31 de marzo de 2014

Expertos y directores nos desvelan sus amores

   Leo en "El País" un artículo titulado Profesores a medida y voy del asombro a la risilla sarcástica, porque los muchachos del grupo PRISA nos quieren colar como innovadora maravilla una medida que es discutible que lo sea, pero además con un cinismo argumental digno de los más cualificados manipuladores. Como sucede con todas las esferas que tienen voz y voto en esto de la educación (o sea, partidos, gobiernos, sindicatos, secta pedagógica, patronales y prensa), cada vez que dicen, hacen o proponen algo, nunca lo hacen desde un limpio posicionamiento en el que el asunto se enfoque desde la simple óptica de su repercusión en la enseñanza, sino que siempre se abordan los temas bajo el condicionante de un cargamento de prejuicios y de intereses partidistas. Como era de esperar, eso es lo que sucede con este artículo. La medida en cuestión es la siguiente: el Gobierno catalán ha aprobado una norma que permitirá a los directores de los centros públicos seleccionar a la mitad de su plantilla. Por el sesgo del artículo, se ve claramente que "El País" ve con buenos ojos la medida, lo cual representa el primer motivo de asombro, porque esa medida está también en la LOMCE, y resulta que lo que propuesto por la Generalitat se contempla como un avance que mejorará la calidad de la enseñanza, si lo propone Wert supone un nefasto giro hacia la asimilación entre la gestión de los centros públicos y los privados: ¿puede saberse qué juego se trae "El País"? Da la impresión de que, como señalo más arriba, no importa lo que se diga, sino quién lo diga: si lo dice alguien tan progresista y "salao" como CiU, la señora Rigau, el nacionalismo o la Generalitat, es el colmo de las bondades, pero, si lo dice la ley del PP, es una horrenda aberración. Penoso, además de letal para la educación.
   Vayamos con la famosa medida. En su defensa podemos oír voces tan variopintas como la de la consejera Rigau, algunos representantes del colectivo de directores y ese fantasma colectivo conocido como Los Expertos, del cual, en el artículo en cuestión, hemos visto materializarse la voz de don Mariano Fernández Enguita, quien, como es habitual en él, se despacha con una generalización llena de desprecio y descalificaciones hacia el colectivo profesoral, luego volveré sobre este sujeto. Como el artículo es largo, lo analizaré en términos globales. La tesis que defiende (aunque quiera aparentar de manera bastante burda que es neutral) es que la medida de dejar en manos de los directores la selección de parte del profesorado es acertada. Maneja para ello una serie de datos y argumentos sobre los que quisiera hacer algunas puntualizaciones.
   1.- El director tendrá la libertad de cubrir las vacantes que se produzcan por jubilación, enfermedad o traslado. Si esto va a ser así, tendrá lógicamente que incendiar el sector educativo catalán y el de toda España, porque los demás vamos detrás. Si las bajas por jubilación o traslado se cubren por personal elegido por los directores, eso significará que ciertas plazas de funcionarios (puestos indefinidos) van a ser cubiertas por interinos (puestos temporales), ya que un director no puede asignar plazas de funcionarios de carrera, lo que significará un paso más en la degradación de los puestos de trabajo. Sabemos que ya la tasa de reposición de las jubilaciones de funcionarios están en torno a un 10%, pero, sinceramente, creo que el colectivo docente debería luchar por que en la enseñanza no fuera así, dadas las necesidades del sector. En consecuencia, este jueguecito de dejar a los directores parte de la configuración de las plantillas puede convertirse en otro factor de empeoramiento del mercado laboral español, un pretexto más para ir creando cada vez menos plazas de funcionarios de carrera, que son las buenas. No se olvide que los puestos de funcionario son también puestos de trabajo, ni que un empleo indefinido, por mucho que algunos echen interesadamente porquería sobre la estabilidad profesional de los funcionarios, es beneficioso para la sociedad. En cuanto a lo de las bajas por enfermedad, sinceramente, para una cuestión como la que aquí tratamos, me parecen el chocolate del loro.
   2.- La calidad educativa la da el profesor en el aula, así que es importante poder seleccionar a los mejores profesores. Sentencia  Juanjo García, presidente de la asociación de directores catalanes. ¿Y de dónde se saca él que esa facultad la tengan los directores? Está claro que esta medida es muy del gusto de la derecha (pues derecha son el PP y CiU, partidos ambos que defienden la medida), porque su modelo de centro es un modelo empresarial, en el cual el director es el propietario del centro o su representación, y por tanto debe tener la facultad de hacer o deshacer, contratar o despedir. Se presenta entonces una objeción: ¿están los mejores profesores en la red educativa donde los selecciona el director, es decir, en la enseñanza privada? Me permito dudarlo, aunque solo sea por una razón: un altísimo número de profesores de la privada no están en la pública (donde las condiciones de trabajo y los sueldos son mucho mejores) porque no han superado los procesos selectivos; dicho más claramente: no están en la pública porque los que sí están han demostrado ser mejores que ellos. Este dato puede ser crudo, pero lo considero incontestable, no obstante, este blog está abierto al diálogo. Podría decir bastantes cosas más sobre este particular, pero no quiero extenderme mucho, aunque sí añadiré algo acerca de lo de dejar la selección del profesorado en manos de los directores: en la enseñanza pública, se dan casos en que, mediante procedimientos arteros, los directores consiguen retener a profesores que ellos deciden en plazas que no les corresponden. Conozco pocos casos, pero en todos ellos el beneficiado lo fue por ser amigo o fiel al director que le favorecía, lo de su calidad docente era secundario o, simplemente, no se tenía en cuenta. Quiero recalcar una cosa que en el artículo, manipuladoramente, ni se menciona: lo de dar a los directores de centros públicos facultades de selección de personal es una medida -nada inocente- destinada a llevar la enseñanza pública hacia modelos de gestión privada. Lo es si lo propone Wert y lo es también si lo propone Irene Rigau. Lo haga quien lo haga, forma parte de un plan de largo aliento destinado a convertir la prestación de un servicio público en un negocio del que se beneficiarán una serie de empresas, que sepan "El País" y el señor Enguita lo que defienden, aunque a lo mejor ya lo sabían.
   3.- Tenemos directores que no dirigen porque no tienen mecanismos reales para gestionar los centros, profesores que no son evaluados ni rinden cuentas y un mecanismo burocrático de asignación del profesorado. He aquí la puñalada del señor Enguita, el Experto. Comprometido hasta la médula con ese desastre para la educación de millones de españoles que ha sido la LOGSE, no encuentra mejor manera de defender el engendro que echarles a otros la culpa de su fracaso. Y esos otros suelen ser los profesores. ¿Qué es eso de que los profesores no son evaluados  ni rinden cuentas? Pocos oficios debe de haber en España más puestos bajo la lupa que el de profesor: nos miran alumnos, padres, directivos e inspectores; tenemos que ajustar nuestro trabajo a programaciones públicas; tenemos que atender a consultas y reclamaciones de padres y alumnos (este año llevo 43 entrevistas con padres; en septiembre de 2013, atendí a once reclamantes, con exámenes de entre 1'5 y 3'5 puntos); estamos, por último, expuestos a peticiones descabelladas e injusticias de la inspección hasta unos límites indecentes. En gran parte, esto último se debe a cierta mentalidad de que en la escuela se puede reclamar cualquier cosa, extendida en la sociedad por esa laxitud con que los españoles nos hemos tomado el asunto de los derechos, pero también por engendros buenistas como la LOGSE o por francotiradores sin demasiada idea ni el menor asomo de ética como el señor Enguita. ¿A quién rinde cuentas él? ¿Qué procesos siguió para ser seleccionado como profesor universitario? Pero me salgo del tema: hundida su penosa LOGSE, el señor Enguita reclama que los directores puedan seleccionar al profesorado para poder llevar adelante proyectos y tener mecanismos para quitarse de en medio a los profesores que no comulguen con ellos. ¡Cómo se ha retratado usted, don Mariano! ¿A que le hubiera gustado disponer de un arma así para darnos sin contemplaciones una patada en el trasero a todos los profesores que no comulgábamos con sus envenenadas ruedas de molino? ¡Qué progresista, qué democrático! Sepa que yo lo he sufrido, sé de qué pelaje despótico son usted y los esbirros de sus dogmas que hay sembrados por los centros, porque alguna vez me han querido hacer exactamente eso que dice usted: echarme a empujones porque no estaba de acuerdo. Pero aquí estoy, ya ve, así que se lo comunico: ya está experimentado y no ha servido: por muchos mecanismos que se pongan en manos de inspectores, directores u orientadores, siempre existirán personas dispuestas a llamar disparates a los disparates.    
   4.- Estos mecanismos (los de elección del profesorado por parte del director) son los que se usan en países que han aparcado el funcionariado.- Eso se afirma en el artículo. Seguimos con la lapidación de los funcionarios (¡qué significativo ese "han aparcado"!). Tendremos que tener cuidado con "El País" y los partidos "progresistas" a los que halaga: en el fondo, siguen creyendo lo que Zapatero o Esperanza Aguirre: que los funcionarios tenemos la culpa de la crisis. Hay gente que no aprende.
   5.- El actual sistema de selección de los directores está en la senda de la meritocracia. Solo por esta estupidez, dicha -supongo- para justificar su defensa de que se deje en manos de los directores la elección de los profesores, la autora del artículo demuestra su absoluto desconocimiento del mundo de la educación, ya que el actual sistema de elección de los directores lo único que garantiza es que lo sean los más sumisos ante la Administración: se puede no ser especialmente brillante y llegar a director, no solo hay pruebas de ello, sino que parece incluso que es lo que se busca, pues muchos centros públicos están hoy dirigidos por mediocres sin el menor liderazgo, pero que se ajustan a la perfección al perfil ideal que se busca desde el poder: un personaje dócil y dispuesto a acatar sin rechistar cualquier cosa que venga de arriba.
   6.- Y la última: "No puede ser que a un centro llegue un director y lo haga su cortijo". Esto afirma don José Antonio Martínez, presidente de la Asociación Estatal de Directores de Instituto. ¡Hombre, claro, ya lo sabíamos! Y seguro que él también lo sabe: el director nunca es el señorito, el director es como mucho el capataz. Los que sacan estas normas las sacan sabiendo muy bien que los señoritos van a ser ellos. El problema es precisamente ese: que, de un tiempo a esta parte, la inclinación de los directores a portarse como cortijeros y defender su estatus arreando fustazos al profesorado está demasiado extendida, por eso alarman normas como esta, que no pretenden mejorar nada en la educación ni en los centros, sino reforzar el dominio de los que ya los controlan.  

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