jueves, 22 de noviembre de 2012

Imán

   Hace pocos días terminé de releer Imán, la extraordianaria novela que Ramón J. Sender escribió en torno al desastre de Annual, aquella carnicería de 1921 en Marruecos en la que murieron unos 12.000 soldados españoles. Pensaba dedicar un artículo al libro, pero me impedían ponerme manos a la obra numerosas ocupaciones, y resulta que hoy se le ha concedido al regimiento Alcántara 14 la Laureada de San Fernando por su heroica actuación en aquella campaña, así que...
   Así empecé el pasado 1 de octubre este artículo, y así me lo hicieron dejar ocupaciones diversas. Como estoy viendo que o me decido o no lo termino nunca, voy a darle final ya de una vez, aunque sea a costa de no hacer un artículo tan largo como me gustaría, porque sigo estando bastante liado. Vamos con ello:
   ...voy a aprovechar la ocasión para hablar de esta impresionante novela. La publicó por primera vez la editorial Cenit en 1930 y vuestro amigo el guachimán la leyó en la edición que hizo Destino en 1976, primera que se lanzó después de la Guerra Civil, pues durante el franquismo estuvo prohibidísima, y en su tiempo también tuvo bastantes problemas, ya que en ella Sender dejaba en evidencia con nombres o referencias perfectamente identificables la corrupción y la ineptitud de los generales y muchos mandos responsables de aquella histórica tragedia. En una breve nota incluida al inicio, el autor la presenta como una serie de notas recogidas durante su servicio militar en Marruecos a raíz del desastre del 21, lo que da fe veraz de su carácter de documento directo; más adelante, señala que "el libro no tiene intenciones estéticas ni prejuicios literarios": lo segundo hasta me lo creo, porque a menudo se percibe en él cómo el autor deja que prevalezca la fuerza expresiva del lenguaje directo y cronístico, pero lo primero es una trola fruto sin duda del viejo tópico de la falsa modestia, porque está claro que la novela está escrita con una sabiduría literaria y una voluntad de estilo guiadas precisamente, creo, por ese afán de sencillez y de fuerza expresiva, por no hablar del hecho de que su autor siembra en sus páginas un buen muestrario de su dominio de los recursos estilísticos, compruébelo quien la lea. El más notable de todos, a mi juicio, es de muy largo alcance, ya que afecta a la estructuración del relato en su conjunto, paso a explicarme.
   En el inicio del libro, en los cuatro primeros capítulos, la voz narrativa es interna y en primera persona y se corresponde con el personaje de un sargento periodista (que entiendo trasunto del propio autor) que se encuentra en un campamento en el que todos están ociosamente dejando transcurrir la rutina castrense. Allí entabla amistad con Viance, un veterano poco recomendable y medio chiflado que no es que sea amigo de meterse en líos, sino que más bien los atrae (de ahí viene el nombre de la novela: su protagonista atrae los males como un imán). Pero a partir del capítulo cinco, de forma abrupta, el relato pasa a tercera persona: ahora es Viance el que habla y le cuenta al sargento (y al lector), una historia pasada: su testimonio del terrible episodio de Annual, que vivió en carne propia. Este relato es muy extenso (ocupa 142 páginas) y termina en el capítulo 13, en cuya primera línea reaparece el "yo" narrativo del sargento. Hemos vuelto del pasado, a un momento de relativa calma y de dominio de la situación frente a ese enemigo aniquilador de la historia de Viance. Ahora su situación es otra: en la rutinaria tranquilidad del campamento, le veremos anularlse y luego licenciarse y volver a la península y a su pueblo convertido en un auténtico pelele, porque una de las intenciones de la novela, en paralelo al retrato de la guerra de Marruecos, es hacer un homenaje a esos soldados que fueron sus primeras y más numerosas víctimas, a los que nos presenta como unos pobres miserables que llegaron a la contienda arrastrados a la fuerza para ser, por un lado, aniquilados por los moros, y por el otro, humillados, explotados y maltratados por sus propios mandos, con el resultado de abandonar la pesadilla con solo dos posibles condiciones: la de cadáver o la de ruina humana. 
   La parte medular del libro la constituyen sus páginas centrales, es decir, el relato de cómo Viance, tras escapar milagrosamente vivo de la posición de R. al ser tomada esta por los rebeldes rifeños, lleva a cabo una demencial huida, un pavoroso paseo por el horror sembrado de muerte, cadáveres, irracionalidad, fuego, destrucción, ruina, posiciones conquistadas por el enemigo... La locura del ser acorralado en que se convierte Viance, que a veces no sabe si prefiere estar vivo o muerto, está jalonada de episodios e imágenes apocalípticas, de violencia y crudeza increíbles. En la pesadilla irreal que constituye su relato, una de las escenas más extraordinarias la protagoniza, precisamente, el regimiento Alcántara 14.
   A menudo se dice que, después de la Generación del 98, no hubo en la narrativa española grandes libros hasta la publicación de La familia de Pascual Duarte de Cela en 1942. No sé si se deberá esto a sus problemas con la censura o a despistes de la crítica, pero lo cierto es que Imán debe reivindicarse como una gran novela de la época del vanguardismo; de hecho, algunas de sus escenas y recursos son muy innovadores. En cuanto a su calidad, es indiscutible: la fuerza y la crudeza del relato siguen siendo impresionantes aún hoy, lejos ya de la época en que se compuso, lo que es un rasgo indiscutible de excelencia.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

La huelga general y la imagen de España

   Hoy ha habido una jornada de huelga general en España, huelga que no he secundado porque creo que los sindicatos están volviendo a un camino muy estéril por el que, por desgracia, han transitado de manera habitual durante los últimos quince o veinte años: el de la estrategia equivocada. A principios de septiembre de 2011, con el conflicto de la enseñanza en Madrid, a pesar de que estaba muy desencantado con los sindicatos y era muy crítico con ellos, los defendí en las asambleas y en este blog y secundé todas sus convocatorias, porque creí que eran las únicas organizaciones con la potencia y la capacidad de convocatoria para conducir el conflicto, incluso aunque estuvieran tan desprestigiados como estaban (en las últimas elecciones sindicales de la enseñanza, el porcentaje de participación en Madrid fue de un pobre 38%). Con un año de perspectiva y a la vista de los resultados, ya podemos decir que la estrategia fue equivocada y perdedora, porque, con su timorato calendario de huelguecitas con cuentagotas, lo único que conseguimos fue llevarnos de todos modos los tan temidos descuentos, no intimidar a nuestro adversario y estar ahora peor que antes. Pues bien, aun con estas experiencias, los sindicatos siguen igual: con la estrategia timorata de movilizaciones esporádicas o de huelgas generales de un día, cuyo resultado, todos lo sabemos, ha sido siempre este: patalear el día de la huelga y seguir al siguiente igual que estábamos en su víspera. En la situación actual, por cierto, nuestros sindicatos mayoritarios han dado además bandazos como aquella ocurrencia del referéndum de tan solo hace unos meses, que hoy parecen haber relegado a un segundo plano y que fue un claro síntoma de que estas organizaciones no tienen las ideas muy claras. Ayer mismo pintaba Toxo un panorama muy negro en España, así que, si la cosa está tan mal, las respuestas deberían ser más contundentes, estas actuaciones efímeras no valen para nada, y lo que no vale para nada beneficia al adversario, como sabemos muy bien los profesores, que el año pasado teníamos recortes de sueldos, despidos y aumento de horarios y este, después de una huelga mal hecha, tenemos eso mismo y además una paga extra birlada.   
   Termino con una puntualización acerca de gente como el secretario general del PP de Almería, el presidente de la CEOE o el presidente de la Comunidad de Valencia, los cuales hoy han mostrado su dolorido sentir sobre la mala imagen de España que la huelga puede dar en el exterior: que no se preocupen, porque la huelga es un derecho reconocido y ejercido en todas las democracias, así que los huelguistas de hoy no están dando mala imagen. Para mala imagen, los casos de corrupción y de despilfarro que hemos padecido durante años, de los que se sabe mucho en Valencia, o hechos como el que la policía aporree a niños de la manera tan injustificada y brutal con que lo hizo en Tarragona: estas cosas si que nos hacen quedar como chorizos o como energúmenos de los que no hay que fiarse. 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Sobre ciertos asuntos de educación

   En el año 2002, escribí un diario sobre las cosas que me iba encontrando en el desempeño de mi trabajo. Lo empecé justificándome con el hecho que todos los cursos, al corregir los primeros exámenes, me llevaba una pequeña depresión al ver los increíbles niveles de indiferencia y falta de estudio a que llegaban mis alumnos, y en aquel 2002 mi "depre" vino por lo siguente: el día en que me decidí a empezar el diario, había corregido 53 exámenes y había aprobado solo tres. Luego, para que se entendiera mejor mi disgusto, incluía esto:
Reproducción literal de un dictado
Ya he echado la solicitud de enpleo, asique haora solo falta esperar la respuesta. por detras de la valla crecen unos esparragos trigeros tan grandes que se enrredan en el alambre. En Estados unidos hay un sistema bipadita [por "bipartidista"], osea, que el poder se lo disputan dos partidos politicos. Habeces debes pensar muy cuidadosa mente lo que ballas adecir. Cuando hiba ha desacer la maleta, sono el telefono y me entretube media hora hablando.
Veinticinco faltas en setenta y seis palabras. Júzguese, además, el calibre de la mayoría de ellas.
   Este texto lo había escrito una alumna de 15 años, de 3º de ESO, y ni es una invención ni ha sido objeto de modificación alguna.
   Diez años después, se da la casualidad de que he vuelto a encontrarme con un comienzo de curso desesperante, y así, este fin de semana he corregido los exámenes de lectura de mis dos grupos de 4º de ESO (61 alumnos) y me he encontrado con datos como estos: me han dejado evidencia de haber leído lo que correspondía 20 alumnos (solo un tercio), pero luego, tras descontar los puntos por faltas de ortografía, los aprobados se han quedado en doce, es decir, un quinto, y os aseguró que he sido benévolo a la hora de penalizar, pero os hago una pregunta: ¿se pueden pasar por alto en 4º de ESO cosas como que un alumno escriba "habeces" (= a veces) o "devía" (= debía)? Pues eso.
   Seguramente, algunos os estaréis preguntando qué era lo que tenían que leer, así que os lo voy a decir: tres artículos de Larra, tres leyendas de Bécquer y dos cuentos de Clarín, algo absolutamente incardinado en el programa y que, en conjunto, venía a ocupar poco menos de cien páginas. Ni por la extensión, ni por el lenguaje ni por los contenidos, como habréis deducido, representaban estas lecturas la menor dificultad; dado que este examen importaba mucho para el sacrosanto aprobado, os preguntaréis por qué han podido supender tantísimos de mis alumnos. Pues también os voy a responder y supongo que os quedaréis tan perplejos como me he quedado yo.
   -Una de las causas ha sido la no lectura de todos o (buena) parte de los artículos o relatos. Una obviedad, os diréis: si no han aprobado, será porque no han leído. Sí, de acuerdo, lo que ya no es tan esperable es que muchos de mis alumnos creyesen que, aun así, iban a aprobar, como deduzco del hecho de haberme encontrado bastantes ejercicios en los que se me respondían disparates inventados (mañana voy a proguntarles si acaso creen que no me leo los exámenes, lo digo en serio).
   -Otra de las causas ha sido el no saber leer, o bien las preguntas o bien los relatos, pues de muchas respuestas se deduce que habían leído el episodio por el que se preguntaba, pero lo habían entendido mal.
   -La tercera ha sido el no saber escribir: bastantes respuestas, por la incorrecta construcción de las frases y el mal uso de enlaces y signos de puntuación, eran incoherentes, no significaban nada. 
   No estar dispuesto a leer un libro corto ni bajo amenaza de suspenso (= indiferencia absoluta), no saber leer o no saber escribir: tales han sido las razones que han llevado al ¡ochenta por ciento de mis alumnos! a suspender este examen. Estoy hablando de alumnos de entre 15 y 17 años en el último curso de su educación obligatoria. A lo mejor en otros grupos los resultados hubieran sido distintos, pero, para lo que nos importa en este artículo -que no es el caso particular, sino su  proyección general-, he de decir que estos males afectan aproximadamente al cincuenta por ciento de los alumnos de nuestros institutos de ESO.
   Las conclusiones no pueden ser más preocupantes. En lo que se refiere al no saber leer ni escribir, representan un fracaso del sistema, ya que uno de los objetivos al finalizar la ESO es dominar estas dos destrezas básicas; pues bien, repitámoslo: muchos de nuestros chicos llegan a los 16 años (con un buen montón de años de escolarización a sus espaldas) sin dominarlas, y es más, a bastantes de ellos, aun así, se las da el título de graduado en ESO, lo cual es una contradicción, un alarde de hipocresía o las dos cosas.
   En lo que se refiere a la indiferencia absoluta, son más complejas. En primer lugar, os diré lo que me comentó hace unos días un alumno después de que les echara una bronca por su bajo rendimiento: "Profe, el problema es que tú mandas las cosas y luego nos las pides y nosotros estamos acostumbrados a que si no las hacemos, no pase nada". Se acercó a mí al acabar la clase y así me lo dijo, no es ninguna invención. ¿Qué hay detrás de esto? Algo muy viejo, algo que nació con la LOGSE hace veinte años: que los alumnos saben que, con las presiones a las que está sometido el profesorado, muchos docentes no se complican la vida y conceden el aprobado fácil. Así, los alumnos se han hecho inmunes a la amenaza de suspenso, saben que tampoco hay que cometer la locura de ponerse a estudiar, solo es cuestión de esperar a que el profesor se ablande. Entre los muchos efectos perversos de la LOGSE, está el de haber hecho pasar a los alumnos de estudiantes a especuladores. Y esto no ocurre porque sí, porque la presión sobre el aprobado existe de verdad: os aseguro que, desde que ha empezado el curso, ya han venido a verme unos cuantos padres, empujados por sus hijos o por su propio temor a que al niño se le complique el aprobado. En segundo lugar, la indiferencia de bastantes de mis alumnos se debe a que eso de leer libros no va con ellos, el hacerlo es superior a sus fuerzas; ante estos siempre me pregunto: ¿qué hacemos aquí tú obligado a leer cosas que no quieres leer y yo obligado a pedirte lo que no me vas a dar y a supenderte por ello? ¿No podría el sistema a tus 14 o 15 años tratarte como a una persona que sabe lo que quiere y darte un buen abanico de opciones?
   ¿Cuándo nos quitaremos de encima de una vez los pesos que nos colocaron los prejuicios del pedagogismo? ¿Cuándo elevaremos un sistema en el que al alumno no le queden dudas de que, si quiere aprobar, tendrá que aprender y demostrar que lo ha hecho, cosa que solo podrá conseguir a través del estudio? ¿Cuándo erradicaremos la presión sobre el aprobado, una práctica que ha hecho muchísimo daño a la educación en nuestro país y que es una de las principales causas del fracaso escolar que padecemos, ya que ha sido lo que ha empujado a miles de nuestros alumnos a despreciar el estudio? ¿Cuándo crearemos un sistema realmente dotado de una oferta diversa, con una clara diferenciación entre las vías para la formación porfesional y para la universidad y entre sus programas? ¿Cuándo podrán nuestros alumnos, ya desde los catorce años, elegir la vía educativa que más les atraiga, sin los impedimentos creados por el hipócrita concepto de segregación escolar que nos impusieron la LOGSE y los pedagogos? No avanzaremos en educación hasta que estos males no estén resueltos.


domingo, 11 de noviembre de 2012

Haberlo hecho antes

   Hoy me he enterado de quién es Mohammed Aziz, un marroquí que durante años ha vivido en España y que, en 2007, tuvo la fortuna de caer en las garras de Caixa Tarragona, entidad bancaria que, cuando a Mohammed le resultó imposible pagar la hipoteca que había suscrito con ellos, se lanzó sobre él con la bestial falta de escrúpulos y la repugnante avidez con que la banca ha zarandeado y expoliado a los españoles durante muchísimos años, con el resultado en los últimos veinte de habernos arruinado a todos mientras el dinero se lo quedaban cuatro sinvergüenzas que, no nos hagamos ilusiones, jamás pisarán la cárcel. Por suerte para Aziz, para su familia y para muchísima gente, el acierto de su abogado al pedir la nulidad de la hipoteca por claúsulas abusivas, la entereza del juez José María Fernández al admitir a trámite la demanda (ya sabéis que no todos lo habrían hecho) y la receptividad de los organismos jurídicos europeos, es posible que nos estén llevando al final feliz de tumbar la aberrante y abusiva Ley Hipotecaria, un texto de 1.944 que fue refundido por un decreto de 1.946 y que ha hecho muchísimo daño. Los pormenores del asunto, incluida la enternecedora conducta del banco, podéis verlos en la notica que os enlazo.
   Al final de ella, hace el señor Aziz estas reflexiones: "He visto que estas semanas se han movido mucho los políticos y los jueces... Tendrían que haberlo hecho antes, y no esperar a que la gente se suicide. Las familias se van a la calle y los pisos están vacíos. Los bancos viven de nuestro sufrimiento". Inapelable. ¿Qué ha podido pasar en España para que una ley del periodo franquista (adjetivo tan socorrido para anatemizar cuando a mano viene) haya aguantado sin tocar durante 34 años de democracia? ¿No habían visto nada raro los jueces? ¿No habían visto nada raro los gobiernos y los partidos? Me refiero especialmente a los de izquierda, claro, de los de derecha como el PP o CiU, no era esperable, aunque hoy mismo ha habido patéticos y demagógicos guiños de ambos, mirad los medios; eran los de izquierda, IU y PSOE, o los sindicatos, que para algo se presentan como los defensores de las clases asalariadas, quienes tenían que haber hecho algo contra esto: ¿en qué han estado pensando todos estos años frente a esta ley de la que parece que dentro de nada Europa nos va a decir que es abusiva? ¿No lo habían visto, no se habían parado a pensarlo? ¿Estaban amordazados por el servilismo frente a los bancos que han generado los créditos que les conceden y, al parecer, les perdonan si son buenos chicos? ¿O quizás estaban muy ocupados siendo testigos y cómplices de los chanchullos desde los consejos de administración de las cajas a los que pertenecían? La historia de Mohammed Aziz es una muestra palmaria de dejación de responsabilidades: lo que tenían que haber evitado instituciones en las que creíamos los ciudadanos, al final se resolverá por el talento y el coraje de unos particulares. Ahora, sindicatos y partidos lanzan ayes de plañidera, obligados por la presión ciudadana y después de que el mal que no se quiso arreglar haya llegado incluso a cobrarse vidas, muy típico de España. Pero están muy calados, sabemos que lo hacen porque no hay otra, ya no cuela: quienes dejaron crecer los problemas tal vez porque les convenía no pueden extrañarse de que los ciudadanos les vuelvan ahora la espalda.