domingo, 29 de enero de 2012

Dos enlaces a propósito de un plan inaceptable

   Hoy viene en El País un  reportaje sobre los negocios y la figura de Sheldon Adelson, el nada recomendable magnate que anda detrás de hacerse un poquito más rico creando una megalómana megaciudad del juego tal vez en España y tal vez en Madrid, según se acepten o no las capitulaciones que pretende imponer a quien acepte su proyecto. A propósito de este asunto, que viene de lejos, publiqué aquí en febrero pasado esta entrada, en la cual hacía hincapié en el aspecto medioambiental del  disparate, el cual no se toca en el artículo de El País.
   Muchos de vostros sabéis ya que la propuesta de Adelson era (¿es?) muy bien vista por el Gobierno madrileño y su presidenta, esos mismos que no tienen reparos en agredir a la sanidad y la educación públicas. Tampoco parecen hacerle ascos en la Generalitat catalana, esa misma que, mientras hace picadillo la sanidad pública, mantiene una red de embajadas, surrealista dispendio que nadie se explica cómo se le permite  a un gobierno que es autonómico y no nacional. Por último, entre los hinchas del invento de Adelson también militaba Miguel Sebastián, ministro de Industria del eficaz último Gobierno del PSOE. Os recomiendo la lectura del artículo de El País, así sabréis a qué personajes prestan oídos nuestros responsables políticos, a qué cataduras, a qué principios, a qué proyectos.   

miércoles, 25 de enero de 2012

¿Y no será el jurado lo que falla?

   Ya lo sabemos todos: según veredicto del jurado popular, no está probado que a Camps le regalase aquellos trajes la trama Gürtel ni que a Costa le hiciese otra serie de obsequios, así que ambos han sido declarados inocentes, no culpables o como usted lo quiera decir. De todos modos, aun con la absolución, política y personalmente no han salido muy bien parados. Las sentencias judiciales se acatan o se recurren, pero los blogueros, que nos movemos por la onda del comentario internáutico, podemos también comentarlas, y la verdad es que esta, a la vista de todo lo que ha ido saliendo en estos años, tiene poco que comentar: es un colosal error. A mí me recuerda, si no por el dramatismo, sí por la magnitud, a otro colosal error cometido por un jurado en 1997, me estoy refiriendo a la absolución de Mikel Otegi, el energúmeno aquel que asesinó a dos ertzainas que se acercaban a su caserio para una inspección rutinaria. Si queréis recordar algunas de las aberraciones que rodearon este caso -bastantes de ellas, relativas al jurado y su actuación- echadle un vistazo al enlace. La sentencia fue posteriormente invalidada por el Constitucional por carecer el veredicto de motivación absolutoria y Otegi, naturalmente, se largó por piernas tan pronto como pudo y no tardó en integrarse en ETA. Lo detuvieron en Francia en 2003 y fue entregado a España en 2009.
   Casos como estos, desde hace mucho tiempo, me hacen pensar que el jurado, a pesar de tener la vitola de ser una institución muy democrática, tiene excesivas grietas: está demasiado expuesto a contaminaciones, sus miembros no son tan expertos en leyes como para enfrentarse a una responsabilidad tan grande como la de dictar sentencias, esa falta de profesionalidad los deja al margen de las responsabilidades a que podría enfrentarse un juez en caso de cometer errores graves... ¿No será el jurado lo que falla?

sábado, 21 de enero de 2012

Con el viento solano

   Acerca de Ignacio Aldecoa (1925 - 1969), se encuentra menos información que de otros novelistas del siglo XX en general y de su generación artística (la de los  años 50 o del Medio Siglo) en particular. Podría entenderse que tal cosa se debe a su prematura muerte, pero esto no encaja del todo, ya que es cierto que cuando una úlcera sangrante le quitó la vida tenía solo 44 años, pero era ya un autor de prestigio bien ganado a través de una obra de más que aceptable volumen y de enorme calidad. Tampoco debía de ser un desconocido para el gran público, aunque solo fuera por el hecho de que la novela de la que voy a hablar, Con el viento solano, había sido llevada al cine por Mario Camus en 1966. Por lo que he leído aquí y allí, Aldecoa debía de ser un hombre muy vital, de trato alegre y de personalidad atractiva y así lo retrata precisamente el propio Camus en el prólogo de la edición de esta novela en que la he releído, una publicada por el diario El Mundo. Dejó escritos un gran número de cuentos muy elogiados (existe una buena selección de ellos en la vieja colección RTVE, la cosa va hoy de colecciones populares) y tuvo el propósito de llevar a cabo un vasto proyecto literario, tres trilogías que reflejasen "la épica de los oficios", nueve novelas de las que solo llegó a escribir cuatro: El fulgor y la sangre (finalista del premio Planeta de 1954, muchísimo antes de que este certamen se convirtiera en el circo comercial que es hoy), Con el viento solano, Gran Sol (premio de la crítica en 1958) y Parte de una historia.
   Aldecoa se inscribe en la corriente neorrealista y socialmente comprometida de la novela de su época. Sus obras se alimentan de "la pobre gente de España" y de "la realidad española, cruda y tierna a la vez", pero, como se señala en diversos libros y artículos, el rasgo que le singulariza es ser un autor de gran humanidad, en contraste con la frecuente frialdad de sus contemporáneos. Este aliento humanitario se percibe muy bien en Con el viento solano (1956) y también confirma esta sobresaliente novela lo dicho acerca de la pobre gente de España y de la realidad del país. La historia comparte detonante con El fulgor y la sangre, no en vano ambas forman parte de una de las trilogías que se propuso Aldecoa: en un olivar cercano a Talavera, un gitano de mal beber corona una colosal curda disparando contra una pareja de la Guardia Civil y matando a uno de sus miembros. El fulgor y la sangre se ocupa de la angustia vivida en la casa cuartel ante la confusa llegada de la noticia, mientras que Con el viento solano se ocupa del homicida. En las primeras páginas, se le presenta en su salsa: de juerga alcohólica con sus amigotes, aterrorizando a su novia prostituta que parece adorarle, rodeado de unos amigos que le aguantan más por temor que por afecto, alargando absurdamente la borrachera más allá del amanecer, pendenciero, violento, caprichoso, dominador, susceptible, malvado...: así es Sebastián Vázquez. Así es hasta que una de sus estúpidas bellaquerías se enreda y acaba con la muerte del guardia, porque desde ese momento el Sebastián libre y pletórico pasa a ser otro Sebastián, este, fugitivo, inseguro y muerto de miedo. Y esa fuga le cambia, le convierte en una persona mejor y le hace ver y valorar de otra manera las cosas que pasan y las que han pasado, a los seres con los que se cruza y a los que ha dejado atrás. El viaje exterior de su huida lleva aparejado un viaje interior hacia sí mismo y hacia lo que ha sido su existencia, en el que tiene ocasión de entender que no le han sobrado las razones para el orgullo y de comprender mejor la vida y a las personas, pues a una y a otras las ve ahora desde perspectivas que desconocía. Para este propósito es ideal el formato de "novela del camino", pues tal cosa es Con el viento solano, lo mismo que el Quijote, Camino de perfección o Guzmán de Alfarache, cuyos protagonistas, como Sebastián, también son enriquecidos por su viaje.
   La historia empieza un lunes y termina el siguiente sábado. A lo largo de ella, desfila una amplia galería de esas pobres gentes de España y se ofrece un buen trozo de su realidad, porque el escenario es grande: empieza en Talavera, roza Escalona y acaba en las proximidades de Cogolludo, con estaciones en Madrid, Alcalá de Henares y esos campos de Dios. En el despliegue de ese itinerario resplandece el arte narrativo de Aldecoa, y en otros adornos que aún no he mencionado, como el virtuosismo en la pintura de ambientes y el trazado de personajes -ya sean tiernos, miserables, brutales o grotescos-, la riqueza del vocabulario, la frescura de los diálogos o la perfección de su estilo limpio y preciso. Otro gran acierto es el final, que tiene a la vez la linealidad propia de las novelas del camino y un componente de circularidad, pues ambas cosas conviven en ese último capítulo de titulo tan sugerente: Sábado...
  

lunes, 16 de enero de 2012

¿Será el Ladrillazo II la fórmula secreta del PP?

   Probablemente estaréis al tanto de que, más o menos desde principios de los años 90, España experimentó una especie de frenesí inmobiliario que nos llevó en algún momento a construir más que Francia, Italia y Alemania juntas y a meternos en el actual macrocementerio de viviendas vacías o a medio construir en que moramos, cosa que ya se preveía, al menos, desde 2007. La vivienda se había convertido en un bien cuyo demencial ritmo de crecimiento en los precios lo convertían en una inversión que reportaba o prometía fáciles y suculentas ganacias para bancos, constructores, promotores, especuladores, ayuntamientos, partidos políticos, corruptos puros y duros y demás buitres, así que nadie de los que debieron hacerlo puso freno. Esto, además, se llevó a cabo a costa de hacer sudar sangre al comprador. Tampoco se pensó demasiado en el daño al medio ambiente, y ahí están Seseña o mil urbanizaciones fantasma del litoral para demostrarlo.
  ¿Pensáis que hemos aprendido? Yo no estoy muy seguro. Desde mediados de la semana pasada, se viene aireando en los medios de comunicación el propósito del actual ministro de Agricultura, Alimentación y (ejem) Medio Ambiente de "poner en valor" (son sus palabras) el litoral español y meterle un hachazo (estas son mías) a la ley de costas. Traducido: que el PP quiere poner en marcha un nuevo ladrillazo: ¿será esta su receta para salir de la crisis? Pues cuidado, porque además parece que este señor ministro de (ejem) Medio Ambiente no piensa respetar ni los espacios protegidos. Hoy traen los medios otra noticia (una más) de las que vienen a demostrar que todo ese torbellino de obrones faraónicos, autopistas a ninguna parte, AVES excesivos, aeropuertos sin aviones y demás megalomanías que hemos sufrido estaban en realidad puestos al servicio de los negocios (cómo no, inmobiliarios) de sus promotores o de la ambición de perpetuarse en el poder de la casta política. Ya sabemos dónde nos ha traído todo esto, y también a quién se lo están haciendo pagar. Y el señor Arias Cañete (¡qué gracioso!) aún sale con la copla de que estos planes están pensados para crear empleo.  

sábado, 7 de enero de 2012

Precious

   Vi Precious hará cosa de un mes en la televisión, aunque hacía tiempo que estaba interesado en esta película por todo lo que se dijo de ella en 2009, año en que se estrenó. Es, como ya sabéis, una dura historia acerca de cómo les pintan las cosas a los estadounidenses que no viven precisamente en el sueño americano, y no estaría mal recordar en estos momentos que en Estados Unidos los abismos entre los ricos y los pobres son monstruosos, que, al lado de triunfadores inmensamente ricos con limusina y superpisazo en la Quinta Avenida, hay allí una buena porción de personas que se arrastran en la miseria, y llamo miseria a vivir debajo de un puente (hace poco salió en la televisión un hermano de Madonna que vivía exactamente así), residir en una roulotte asquerosa o amontonarse en uno de esos barrios marginales en los que da miedo hasta asomarse a la ventana, caso este último en el que se encuentra Precious, la protagonista de esta película. Tampoco sería ocioso recordar que en EEUU, el país de Goldman Sachs, viven por debajo del umbral de la pobreza 43'6 millones de personas.
   Por todas estas cosas interesa ver la historia de Precious, una niña (aunque parezca otra cosa) a la que la miseria física y moral en que habita dentro de su opulento país la ha llevado a una obesidad mórbida, un absoluto abandono familiar, escolar y social, un convivir con la violencia cotidiana, una incultura rampante, una doble maternidad y otros maravillosos premios: mejor que la veáis. Interpretada en términos políticos y de justicia social, Precious es demoledora, pero yo, yendo a mis monotemas, voy a interpretarla en términos educativos, a través de dos detalles de la película que a un docente no se le pueden pasar por alto, os los señalo:
   -Primer detalle. Precious es -no por su culpa- un caso perdido en su escuela, por lo que le aconsejan ir a un centro donde de manera abnegada se ocupan de chicos así. Allí, lo primero que hacen con ella es obligarla a leer y entonces descubren que, con dieciséis años, ¡apenas sabe silabear! Esto es sin duda una muestra de un sistema educativo catastrófico, aberrante, merecedor de una valoración por debajo de la palabra fracasado.
   -Segundo detalle. Después de ese descubrimiento, Precious reflexiona y se dice a sí misma que ya era hora de que se fijasen en ella, porque se ha pasado años en la escuela sin abrir la boca y, por solo eso, en Lengua le ponían un nueve, con los resultados ya vistos. Esto es sin duda otra muestra de lo anterior y de los lamentables efectos a los que puede conducir el aprobar a los alumnos por el solo mérito de no dar la lata.
   Precious es una película muy actual, tanto por mostrarnos las aberraciones de injusticia social a que puede llevarnos el liberalismo salvaje, como para desenmascarar los no menos lamentables efectos que en educación tiene esta monstruosa suma: buenismo + abandono de la educación pública, o sea, la unión de los disparates educativos de la izquierda con la indecencia en este terreno de la derecha. El resultado siempre es el mismo: perpetuación de las clases menos favorecidas en la miseria, ¿caminamos hacia ello?