martes, 14 de septiembre de 2010

Las películas del PP


Aguirre, la cólera de Dios

O Das Gott Zotern, como dirían los alemanes. Esperanza Aguirre acaba de anunciar que va a reducir las liberaciones sindicales a los términos estipulados por la ley, con el fin de adaptarse a las actuales necesidades de ahorro. Mariano Rajoy lo ve razonable, por los mismos motivos, aunque, timoratamente, se escuda en un "estos temas tendrían que hablarse". La izquierda política recibe el anuncio como un ataque a la libertad sindical. Desde mi punto de vista, la actual medida de Aguirre, si es lo que se ajusta a la ley, me parece irreprochable, por lo que las preguntas habría que formularlas desde un enfoque inverso: ¿por qué no lo ha hecho siempre así? ¿Qué ataque al sindicalismo ven los políticos de izquierda en el cumplimiento de la ley? Hay mentes suspicaces que creen que los regalitos que hasta ahora les había hecho Aguirre a los sindicatos obedecían a su deseo de comprarlos. Piensan también esas mentes que el resultado es que, efectivamente, los sindicatos se vendieron y esa es la razón de que ahora los trabajadores a los que han dejado al pairo durante años no solo no se escandalicen por la medida de la presidenta, sino que incluso la aplaudan. Resultado: una vez deslegitimados y utilizados para decapitar la contestación a sus políticas antisociales, Aguirre puede permitirse el lujo de tirar a los sindicatos a la papelera: ya no le sirven para nada. Se explica menos que los sindicatos ahora se quejen: ¿acaso creían que doña Esperanza y ellos iban a ser amigos para siempre? Sorprende tamaña ingenuidad en tan avisadas organizaciones.




Invictus

Los miembros del grupo parlamentario del PP en las cortes valencianas han recibido hoy una agradable sorpresa: su jefe de filas, don Rafael Blasco, les ha puesto para enardecer sus espíritus la película Invictus. Al parecer, tenía además la intención de subrayar la triunfal trayectoria política de D. Francisco Camps, presidente de su partido y del gobierno autonómico valenciano, que no va a dejar de presentarse a las próximas elecciones por un quítame allá esos trajecillos. No me negarán que el parecido en la talla histórica, lo físico y lo moral entre los señores Camps y Mandela es indiscutible.


Así está la cartelera.




viernes, 10 de septiembre de 2010

Los palos de ciego de Ángel Gabilondo

El actual ministro de Educación accedió a su cargo envuelto en la vitola de gran figura, de hombre de prestigio y experiencia en su sector, capacitado por tanto para resolver los problemas que lo aquejaban, y de hecho se presentó señalando que su principal propósito sería acometer esa tarea, para lo cual anunció que abriría un gran proceso de pacto al que estaban llamados todos los sectores políticos, profesionales y sociales relacionados con la educación. Desde aquel 7 de abril de 2009 hasta este 10 de septiembre de 2010, su gestión ministerial ha constituido un rosario de palos de ciego, palos con los que nos ha llenado la cabeza de chichones y la espalda de cardenales, bueno será si no acaba un día saltándonos un ojo. 
En febrero de 2010, su anunciado proceso de pacto empezó a concretarse en forma documental con un primer borrador de lo que sería la propuesta educativa del MEC para el periodo 2010 - 2020. En marzo apareció un segundo borrador y, finalmente, el 22 de abril, llegó a nuestra manos el definitivo, bautizado con el nombre estremecedor y un tanto peliculero de "Documento final". Como en aquellos días analicé por extenso en mi blog y en Deseducativos todos estos textos, no voy a entrar ahora en profundizaciones que serían tediosas y no vienen al caso y me limitaré a decir lo que todo el mundo sabe: que aquellos tres grandes palos de ciego consecutivos, que pretendían aparentar reformas pero no tocaban ni una coma del sistema LOGSE-LOE, constituyeron un lamentable fracaso. El pasado agosto, en unas significativas declaraciones, Ángel Gabilondo pronunció estas palabras: "Parece que son malos tiempos para escenificar los acuerdos, casi hay que teatralizar las diferencias". Se percibe en ellas el desaliento por no haber logrado el perseguido consenso sobre sus propuestas, pero también y quizás inconscientemente, al insistir en sinónimos como "escenificar" y "teatralizar", Gabilondo nos está señalando que su intención no fue tanto alcanzar un pacto como aparentarlo. Mal asunto; la política de la mera imagen o es estéril o da frutos hueros. 
A principios de mayo, aprovechando que España ostentaba la presidencia de la UE, se descolgó con el plan de buscar el apoyo de los 27 para reducir el fracaso escolar en la UE al 10% para 2020. Esto sonaba muy bien, pero si tenemos en cuenta que procedía del representante de un país cuya presidencia estaba siendo seriamente criticada y cuyo fracaso escolar es del 30% (más el 10 o el 15 por cien oculto), no era más que una cortina de humo, una tomadura de pelo y su cuarto gran palo de ciego.
A finales de junio, presentó el Plan de Acción 2010 - 2011. Este documento es la formulación definitva de la propuesta educativa del MEC, el fruto de las negociaciones y propuestas que se habían ido produciendo entre febrero y abril. Es, pues, la confirmación de un gran fracaso, pero el ministro la adornó con un alto contenido en demagogia. Lo que al principio fue cultura del esfuerzo, lo cambia por cultura de la evaluación (para dejarnos bien claro quiénes mandan en el MEC), miente al hablar de un consenso mayoritario y un apoyo generalizado, y al decir (la más clamorosa de las mentiras) que en este proceso está y ha estado toda la sociedad: falso, porque al menos hemos faltado los profesores (que él se empeña en confundir con los sindicatos), que algo tendremos que decir cuando se habla de pactos educativos. El delirio se alcanza en el formato del documento: 142 páginas en las que los doce objetivos se desarrollan en unas fichas que parecen sacadas de un libro de primaria, lo que revela que el pedagogismo ha perdido el sentido del ridículo. Basta ver a Gabilondo en su intervención para explicar el proyecto ante el consejo de ministros, su manera de hablar y de actuar, para entender que ni él mismo se cree su famoso plan de acción, su quinto palo de ciego.
El sexto y de momento último, lo ha dado a principios de septiembre, cuando ha vuelto a aparecer, ahora, para deslizar la propuesta de adelantar a julio los exámenes de septiembre. Demostrando que ya tiene completamente aprendida la lección, esta pildorita ha intentado colarla envuelta en la apolillada retórica pedagógica y la presenta como una necesidad educativa y un beneficio para el tratamiento individualizado y no sé qué monsergas más sin otro fundamento que el soltarlas porque a algo hay que agarrarse. A nadie se le escapa el auténtico motivo de este nuevo disparate, que no es otro que el intento desesperado de un político fracasado por ganar apoyos y aplausos aunque sea a base de sonrojantes guiños populistas, como decir: “Miren ustedes, soy ese ministro tan progresista que se ha atrevido a hincarles el diente a las vergonzosas vacaciones de los profesores”. Pero no, eso no vale, porque ese no es para nada el problema de nuestra enseñanza; los problemas de nuestra enseñanza son otros que Ángel Gabilondo no solo no ha resuelto (aunque los conoce), sino que ni siquiera se ha atrevido a mirarlos de frente en sus insípidas propuestas. En apenas año y medio, Ángel Gabilondo se ha quedado sin credibilidad y sin proyecto, por no haber afrontado la verdad elemental: que no se pueden resolver los problemas de la educación en España manteniendo la LOGSE, haciendo enjuagues con las autonomías, sindicatos y partidos que se avienen a ello, sometiéndose a la secta pedagógica, preservando sus privilegios y asumiendo su discurso, porque todas estas cosas son, precisamente, algunos de los principales problemas de nuestra enseñanza. A base de huidas hacia adelante y palos de ciego o de pseudosoluciones como hincarle el diente al mes de julio, lo único que se consigue es perpetuar el desastre. Gabilondo y Zapatero deberían darse cuenta de que ya no vale ocultar la ineptitud y la falta de programa en darle toquecitos a la chistera con una varita mágica, porque, desde hace ya bastante, en lugar de salirles un precioso conejito blanco que encandila al auditorio, lo único que sacan son patatas podridas y raspas de sardina. Es lo que tiene el empeñarse en políticas vacías y ajenas a la realidad.

martes, 7 de septiembre de 2010

¿Una ofensiva a gran escala del nacionalismo vasco?

No soy amigo de interpretar la historia ni la política en claves conspiratorias, pero, viniendo del nacionalismo vasco, dada la ejecutoria que presentan sus formaciones estrella, estoy abierto a esperarme cualquier bellaquería y sucede que, últimamente, está envuelto en tantas noticias y operaciones que uno empieza a preguntarse si, lejos de tratarse de episodios inconexos, no estarán ligados en una estrategia premeditada y nada casual. Las marcas políticas del nacionalismo vasco se encuentran en muy mal momento y les urge una revitalización, porque la miseria es muy mala compañera, y más si se añoran los días dorados de Ibarrretxe, del pacto de Estella, de las arbitrariedades de Balza, ¡qué tiempos aquellos! En cambio ahora, ¿qué hay?: ETA, en caída libre; Batasuna, frita y refrita por esa odiosa ley de partidos que la tiene en la que debería haber sido siempre su zahúrda natural, la ilegalidad; el PNV, despojado del trono de Euskadi y suspirando por él como suspiraba por la Alhambra aquel moro fantasma de la vieja canción.
Así no hay forma: el glorioso nacionalismo vasco necesita cuotas de poder. Y sucede que la coyuntura política ha puesto a su alcance algunas parcelas donde pillar tajada. Así, para el PNV se presenta la ocasión de sacar sus réditos a cambio de apoyar a Zapatero en la aprobación de los presupuestos de esa España-chollo a la que tanto van a añorar como algún día se independicen, mientras que, para los batasunos, una vez más, se acerca una posibilidad de enganchar fondos (también de las repulsivas arcas del estado español, miren por dónde) si consiguen colocar concejales en los ayuntamientos, pero ocurre que, para eso, necesitaría ser legal, lo que no es el caso, de modo que se presenta, como ya ha sucedido en ocasiones anteriores, la gran cuestión: ¿qué subterfugio se puede hallar para ser legalizados y pillar pasta y concejales?
La hipótesis que voy a presentar ahora parte de mi convicción de que estos grupos siempre han jugado en equipo, convicción que no es caprichosa, sino que viene abundantemente avalada por experiencias anteriores. Lo que planteo es que, cuando al PNV se le abrió una vez más la oportunidad de agarrar las riendas a través del pacto presupuestario, se puso en marcha el mecanismo de agregación de beneficiados,  no por generosidad, sino por conveniencia. Si el PNV, podía "pillar" en Madrid, bueno sería que la prima Batasuna "pillase" también en Euskadi, porque ya se sabe que así "pillaría" también la pobre tía ETA, que está tan necesitada. El siguiente paso de ese mecanismo puesto en marcha fue el comunicado de EA y Batasuna pidiendo a ETA no se sabe muy bien qué, pero pretendiendo con ese papelucho dos cosas: la derogación de la Ley de Partidos y la consiguiente posibilidad de que Batasuna concurriese a las municipales. Al servicio de este propósito estaría también el tercer paso: el nebuloso comunicado en que ETA acaba de anunciar que dejaría las armas... en las condiciones que solo ella sabe, con lo que subliminalmente lo que quieren decir, más o menos, es: ahora que hemos demostrado lo buenos chicos que somos, a cambio, dejen ustedes que Batasuna participe en las elecciones. Supongo que quienes tengáis buena memoria recordaréis que esto ya se hizo en la última tregua, y funcionó. El cuarto paso y colofón lo pone el nacionalismo democrático (?), es decir, el PNV, con su fantasmagórico comunicado de hoy, que no es ni más ni menos que el elemento de ambientación de otras veces: para dar verosimilitud a la comedia, el actor que se ha puesto la máscara de buen chico finge estar muy indignado con ETA, pero, nótese, no se muestra remiso a aceptar la pildorita envenenada de Batasuna, lo que equivaldría a decir que no le importaría -de hecho, lo ha defendido siempre- que esta formación se presentase a las elecciones municipales, sin pararse a reflexionar demasiado en lo que los batasunos hacen con los fondos que les llegan cuando tienen concejales. 
En definitiva, lo que pregunto es esto: ¿no estaremos ante un gran circo, una nueva estrategia coral en la que, a base de crear falsas expectativas, los nacionalistas vascos se están apoyando entre sí para sacar todos tajada y poder seguir siendo fuertes en su estrategia común? No estaría de más que nuestros gobernantes tomasen precauciones ante esta hipótesis, porque las tajadas que saca el PNV suelen llevar el sello de la insolidaridad, mientras que las que sacan Batasuna y ETA se destinan directamente a sus planes criminales. Ojo: algunos forman equipo aunque quieran aparentar otra cosa.