miércoles, 30 de septiembre de 2009

Ni 1, ni 2, ni 3: ¡0'3!

Bien, queridos, nos acabamos de enterar por fin de la subida que nos corresponderá para el próximo ejercicio: el 0'3%. Era esperable que no fuese alta, porque, en tiempos de vacas flacas, los presupuestos de un estado siempre tienen que ser restrictivos en unos capítulos para poder poner parches en los sectores más necesitados, y un capítulo que siempre se resiente es el de gasto en salarios. Además, si a nosotros nos han congelado el sueldo hasta cuando las cosas no iban mal, ¿qué podía esperarse? Debemos aceptar los recortes, dados los tiempos que corren, pero eso no representa que tengamos que callarnos como muertos y no decir las verdades, algunas de las cuales yo ya he proclamado en mi blog y hasta en una cartita que se avino a publicarme la Biblia del periodismo patrio. Recordemos dos de las gordas:
-Verdad número 1. A los funcionarios no puede considerársenos en modo alguno responsables de la crisis, sino que, más bien al contrario, hasta sufrimos el agravio de quedarnos igual mientras a nuestro alrededor todos se beneficiaban de los tiempos prósperos.
-Verdad número 2. Aun así, es probable que seamos los más paganos de esa crisis -y hablo de paganos, no de perjudicados-, ya que estamos en todos los colectivos de los que se van a sacar cuartos: los ciudadanos que sufrirán la subida del IVA, las clases medias que soprtarán las subidas de impuestos y los funcionarios a los que medio congelan el sueldo.
¿Se puede pedir más? Está claro que no recibimos un trato muy justo. Terminaré haciendo algunas preguntas:
¿Os habéis dado cuenta de cómo al final los sindicatos no estaban dispuestos a defender ni ese 1%? Yo ya preví algo así en un artículo de mi otro blog, Enemigos públicos lo titulé. Y es que, para los sindicatos que cortan aquí el bacalao, somos el último mono: ¿por qué este mal acuerdo -uno más- nos lo quieren presentar como bueno? Al menos, que se callen y no mareen; no pueden presentar como logro lo del mantenimiento del poder adquisitivo, porque eso es algo que nos correspondía por justicia, ya que lo tiene todo el mundo, como no podía ser de otra manera.
¿Por qué esos mismos sindicatos han proclamado que en las empresas no admitirán subidas de menos del 2% y ya las han negociado hasta del 2'7%?
¿Qué dirán ahora los demagogos como Esperanza Aguirre, que llegó a decir la gran mentira de que nuestros sueldos iban a subir un 5%? ¿Cuánto han subido los ingresos y los patrimonios de gente de su partido que estos días se está haciendo muy famosa en los medios?
¿Y qué dirá toda esa gavilla de imbéciles conocidos y anónimos que han pululado en los últimos meses por foros y medios de comunicación cebándose en los funcionarios y arreglando el crecimiento del paro con geniales propuestas que iban desde la congelación salarial (de los funcionarios, por supuesto, no la suya) hasta el despido masivo de empleados públicos, es decir, creando más paro? ¡Qué lástima que no se nos fuguen estos cerebros, con la falta que hacen los genios como ellos en otras partes del mundo!
En fin, un desahogo. No os preocupéis: volverán los buenos tiempos y... podremos ver lo que las distintas administraciones y gobiernos entienden entonces por "mantenimiento del poder adquisitivo". Harán trampa, ¿qué os apostáis? ¿Hacemos una porra?

domingo, 27 de septiembre de 2009

Muy recomendable

Me refiero a una película argentina que he visto hoy mismo: El secreto de sus ojos. La historia se estructura en torno a un repugnante asesinato sobre el que alguien que lo investigó en su momento, años después, empieza a escribir un libro, pero, a partir de ahí, hay bastantes más cosas. Un argumento muy interesante, un entrelazamiento muy logrado de las diversas historias y planos temporales, un buen tratamiento de temas importantes, magníficos diálogos, personajes muy atractivos, un desarrollo muy coherente del relato cinematográfico, estupendas interpretaciones, algo más de dos horas de buen cine...: no os la perdáis, no creo que vayáis a encontrar nada mejor por los seis o siete euros que vale ir al cine. No quiero entrar en más detalles porque sería una pena que estropease algo.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor

Hoy ha sido rechazada en el parlamento una propuesta de IU que solicitaba que nuestras Cortes reprobarán las palabras de Benedicto XVI en las que el Pontífice, durante su último viaje a África, sostuvo que el uso de preservativos no solo no contribuía a frenar el SIDA, sino que además, hacía que se incrementara. No entraré en las razones que los diversos grupos han manejado para su negativa o su abstención, aunque sí diré que creo que, mal que nos pese, no es función del Parlamento español como institución dedicarse a ese tipo de condenas.
Lo cual no representa, por supuesto, que lo dicho por el Papa no sea condenable. La propuesta de IU tachaba de inadmisibles las palabras del Sucesor de Pedro por ser una radical mentira, una negación de lo que ha demostrado la experiencia empírica: que el uso de preservativos es un recurso muy eficaz para prevenir el contagio del SIDA. Luego el Papa miente. Pues mentir es pecado. Y no solo eso, sino que yo voy más lejos (como habrán hecho otros); dado que esa mentira puede inducir a muchos a no usar preservativo y, en consecuencia, arriesgarse a contraer el SIDA, puesto que esta enfermedad produce aún -sobre todo, en África, mire usted por dónde- una elevada mortalidad, ¿sería el Vicario de Dios en la Tierra responsable de las muertes de quienes fallecieran por haberle hecho caso? Yo solo lo pregunto, ¿eh?, no soy moralista ni teólogo, pero debe además tenerse en cuenta que África, con unos treinta millones de infectados por SIDA (el 70% de los totales en el mundo), es el continente más afectado por esta pandemia, o sea, que tal vez el Pescador fue a elegir un sitio muy poco apropiado para decir, precisamente, esa mentira. Porque, además, miren ustedes, si esa trola, que es por otra parte una memez propia de beatas o de vejestorios ignorantes, la hubiese soltado el Papa, por ejemplo, en la universidad de Roma (que la tiene al ladito, por cierto), dado el nivel de formación del país, la cosa habría dado para unas risas y nada más, pero dicha en África... En África, la ignorancia y la credulidad hacia cualquier doctrina que lleve el envoltorio de religiosa pueden ser letales. Por ejemplo: en Suráfrica -país con millones de infectados- y tal vez en más sitios, el SIDA se extendió dramáticamente entre las jovencitas porque existía la creencia de que la enfermedad se curaba manteniendo relaciones con una mujer pura, es decir, virgen. Esta estupidez tan gigantesca como criminal se extendió y llevó a miles de hombres infectados a violar a jóvenes y adolescentes para curarse, con el resultado de que ellos no se curaron, pero a ellas las contagiaron. No sé si esta monstruosidad sigue produciéndose, pero sí sé quiénes fueron sus responsables: los sacerdotes de las doctrinas animistas africanas, fabricantes de la mentira. Pues bien, en estas condiciones, si en África hay miles de hombres dispuestos a creer tamaña estupidez porque la digan unos personajes tan cutres como los sacerdotes animistas, ¿cuántas personas no estarán dispuestas a creerse lo del condón si lo dice Ratzinger, a quien allí muchísimos verán poco menos que como a un dios? Mi propuesta es la siguiente: o este hombre deja de decir mentiras, o Dios debería cambiar urgentmente de Vicario, porque, sobre todo en sitios como África, la palabra del Sumo Pontífice sigue siendo para algunos palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Nazionalistas y hortografía

¡Qué gracioso ha estado lo de la propuesta plagada de faltas de ortografía que se presentó anteayer en el parlamento vasco! Los autores del desaguisado, los esperables: los del PNV y los de Ezker Batua. Hinundación, provar, emtorno... estas tres perlas en un texto de solo tres líneas. Los responsables (?) dicen que se trata de tres gazapos y desde el PP, a la vista del tamaño de lo que más bien parecen tres respetables liebres, ironizan con que en ese documento parlamentario firmado por diputados de esas formaciones quizás se estén viendo los resultados de 30 años de política educativa del PNV. Mi mujer y yo comentábamos ayer el asunto y ambos veíamos otra posibilidad más perversa: la de que, a través de esa minusvaloración de la ortografía, los nazionalistas y sus lacayos no estén haciendo otra cosa que lanzar su desprecio hacia la odiosa lengua del invasor español, que les oprime con torturas e injusticias como el concierto económico con que se discrimina a su comunidad. Diréis que nos pasamos de malpensados, pero del PNV sabemos que pueden esperarse cosas como estas y peores. Sí, objetará alguno, pero entonces, ¿qué pintan en ese juego los de Ezker Batua? Bien, sabida es la vocación de burro de Troya que distingue a este partido.

lunes, 14 de septiembre de 2009

El pancismo escolar

Aún no hará ni una semana, leí en El País un artículo de Rafael Argullol que se titulaba "Disparen contra la Ilustración" y me pareció realmente notable. El asunto esencial sobre el que versaba era el desencanto que se está produciendo entre buena parte del mejor profesorado universitario, desencanto que Argullol lamentaba y que está produciendo, entre otros resultados perniciosos, que esos profesores estén cada vez menos motivados y sean cada vez más los que miren hacia la jubilación con los ojos anhelantes con que se mira a una puerta de escape en un desastre. Según el escritor, a esta lamentable situación ha llegado la universidad española por dos causas: el pésimo nivel del alumnado y la presión de la burocracia. Recomiendo la lectura de este artículo, pues en él su autor describe muy bien el semblante que estas dos pestes de la enseñanza adquieren en la universidad.
Cuando yo lo leí, lo primero que pensé fue: "El virus está cada vez más extendido", enunciado en el que virus es igual a desastre de las enseñanzas medias, el cual, en efecto, ya ha llegado a la universidad, pero no ahora, sino hace bastante tiempo, como sé gracias a lo que me cuentan testigos tales como amigos que tengo trabajando allí o mis propios hijos, universitarios ambos. Los dos agentes infecciosos que menciona Argullol son, por desgracia, bien y desde hace tiempo conocidos por los profesores de instituto; quiero hoy reflexionar en torno al segundo, la deletérea acción de los burócratas, quienes, como defensores a ultranza del catecismo logsiano, pueden en buena medida ser considerados al menos coautores de lo otro, lo del bajo nivel del alumnado. Antes de entrar en materia, no obstante, quisiera llamar la atención sobre un detalle, el de que los profesores universitarios miren a la jubilación como un remedio y estén deseando que les llegue, postura que mantienen desde hace ya tiempo buena parte de los profesores de instituto: la mayoría de ellos, en cuanto se acercan al entorno de los cincuenta años, empiezan ya a hacer cálculos con la jubilación. Yo ya estoy en los cincuenta y dos e intento por todos los medios sustraerme a ese juego, porque pienso que desear la jubilación implica necesariamente desear el envejecimiento, que maldita la gana, pero el asunto es que esto no es un hallazgo mío: nadie desea enevejecer; la obsesión por la jubilación en la que he visto caer ya a unos cuantos colegas es consecuencia de su deseo de abandonar la enseñanza a cualquier precio, aun el de las canas, lo que da idea del penoso estado en que ha caído este oficio, ahora también, por lo que se ve, en la universidad.
Pero bueno, los burócratas. Decía en uno de mis últimos artículos que uno de los apoyos que ha tenido la enseñanza logsiana han sido los burócratas, o, para ser más exactos, toda esa constelación de paniaguados compuesta de leguleyos de despacho, inspectores, asesores de no sé qué, miembros de equipos de no sé cuántos, psicólogos, pedagogos, orientadores, formadores de formadores, paquistaníes, sindicalistas, etc. que han representado sin duda la quinta columna que ha sostenido y ayudado a imponer el mensaje logsiano dentro de los insitutos, donde desde el principio fue mayoritariamente rechazado. No quiero decir que todos los miembros de estos colectivos que menciono sean unos beneficiados de la LOGSE y que la defiendan interesadamente, sino que estos son los colectivos donde tales defensores interesados más abundan. Pues bien, estos son los burócratas, los que han sostenido el absurdo entramado legal que ha terminado por desencantar al profesorado, por hacerle desear la jubilación, igual que parece que sucede en la universidad, solo que desde mucho antes. Y, de paso, por suministrar desde los institutos unas cuantas hornadas con altos porcentajes de alumos alarmantemente mal formados y con el interés por la cultura y el conocimiento más bajos de las últimas décadas.
A estos burócratas los llamo pancistas porque ese era el término que, allá por los años sesenta, se daba a los partidarios del régimen franquista que, una vez enganchado un puestecillo, se afanaban en defender el sistema con uñas y dientes, en jalear y aplaudir cualquier disparate que de él procediera, porque era el que les daba de comer y de medrar, de ahí que también se les llamase estómagos agradecidos. Nuestros burócratas de ahora también hacen eso, también son el sostén de un sistema que se cae a pedazos, también son capaces de ir a las juntas de evaluación a defender el aprobadillo regalado, de abrumarte con papeleos absurdos que anteponen a la transmisión del saber, de someterte a presiones y críticas infundadas y arteras si te muestras partidario de la seriedad y el rigor; es decir, el pancismo escolar está dispuesto a sostener todos y cada uno de los pilares del desastre logsiano por muchas evidencias que haya de que es eso, un desastre, tan solo porque es el desastre al que algo tienen que agradecer.
¿Y qué es lo que tienen que agradecer? Habrá que reconocer que el pancista escolar se conforma con poco, tiene una panza frugal. La recompensa más sustancial es la que proyecta hacia puestos que tienen alguna recompensa económica, que tampoco da para grandes alegrías, los sueldos funcionariales son lo que son, pero lo más común es una recompensa en especie ¿Y cuál es la especie? La especie es la huida del aula: la mayoría de los pancistas suelen refugiarse en despachetes, en horarios con menos clases, en grupos reducidos..., lo cual a mi juicio lleva ímplicito el reconocimiento de que eso que defienden algo tiene que no lo hace apetecible: ¿no hay en esto una cierta ruindad?